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Entrevistas Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. Foto: Tomada de las redes sociales. Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. Foto: Tomada de las redes sociales.

El sonido terrorífico de Sectarium: treinta años después

No es posible contar la historia del metal cubano de los 90 sin Sectarium, una banda que logró ser conocida a lo largo del país durante esos años en que se configuraba la escena del metal en Cuba. Como su coterránea Cronos, otra alineación del centro de la isla, impulsada por Eric y Jorge Domenech, que había sorprendido a los seguidores cubanos del metal con el sonido extremo de su Epílogo Fúnebre  y su performance en el Festival de Alamar de La Habana a inicios de esa década, Sectarium impactaba con su cavernoso death metal y las influencias del grind, pero, tenía además su propia forma de conmover en el espectro de esta música.  

La voz de Franto Paul Hernández, quien ya había asumido las influencias del death metal en su primera banda, Infestor, reproducía una tormenta. Abel Oliva, creador de Nekrobiosis, un laboratorio musical también alrededor del sonido death, se inclinaba —como Franto— por la búsqueda de las mezclas menos recurrentes en el ámbito extremo de ese tiempo: death, doom y efectos sonoros como los de la música sinfónica, distorsiones y atmósferas poéticas, todo aunado a la sencillez del rock. El responsable del drum, Duvier Quirós, era una máquina. 

En común, estaban la curiosidad por prácticas estéticas y emociones anticonvencionales, lo cual se reflejaba en su música, pero también en la literatura, como en la de horror que escribían Franto y Abel, y en las formas monstruosas con metal y madera salidas de las manos artesanas de Duvier. Juntos, insuflaron oxígeno a Nekrobiosis cuando casi se desintegra, y concibieron un proyecto más cercano a sus intereses en la imaginación oscura, Sectarium. Así, esta alineación los internaba en un sonido terrorífico. 

Duvier solía dedicarse a la chapistería en su natal Caibarién. Franto y Abel se habían conocido en la Universidad de Santa Clara, cuando llegaron de Sagua La Grande y Caibarién para estudiar Ingeniería Industrial y Arquitectura, respectivamente. Aunque todos se habían involucrado con las transformaciones del heavy metal hacia los subgéneros extremos, Franto había recorrido zonas más intrincadas de esa música. Quizá, como ha dicho Abel Oliva, porque en ese tiempo los rockeros en Sagua La Grande tenían una conexión fuerte con la Florida, y desde ahí llegaban olas como la del death. Quizá también por los intercambios musicales entre los devotos de estas sonoridades en el territorio villaclareño, interesados en lo más radical del momento. Si bien Duvier, Abel y otros en Caibarién eran “aves extrañas”, todavía al comienzo de los 90 allí predominaba el heavy metal y algo de thrash. 

Abel Oliva (izq.), Duvier Quirós (centro), Franto Paul (der.). Caibarién, años 90.

Abel Oliva (izq.), Duvier Quirós (centro), Franto Paul (der.), en Caibarién, años 90. Foto: Tomada de las redes sociales.

¿Podía crearse una música que fuese como leer un cuento de Poe o estar ante un acto de magia negra? Sectarium lo hizo, transformando en expresión artística las filosofías y los sentimientos sobre la realidad circundante que sus miembros compartían en esa época.

Con una sonoridad salvaje, cual metáfora de un alma indómita, sobre el escenario Sectarium daba miedo. Tanto en Villa Clara como en Camagüey y en La Habana, sitios donde se presentó, los relatos del público hablan de ese poder de la banda. Uno de los conciertos del grupo, el de la Casa de Cultura de Calzada y 8, en La Habana, bajo “un cielo enrojecido”, “una frialdad invernal” y “la brisa que movía de manera espectacular el pelo de Franto, que recitaba un intro como poseído por el mismísimo diablo”, sigue impresionando a Dyango Pulido, testigo de esa y muchas otras presentaciones de distintos exponentes del metal cubano. 

La alineación no es solo leyenda por la partida temprana de su vocalista y bajista —como lo recoge la biografía de la banda, el asesinato de Franto el 2 de enero de 1997, a sus 27 años, en Sagua La Grande, paralizó por un tiempo el espíritu del grupo y generó un clima de frustración e indignación al interior de la escena del metal cubano—. El culto que la ha envuelto está relacionado sobre todo con el ingenio artístico y musical de sus integrantes y el carácter que Sectarium mostró sobre el escenario desde su debut. En la factura y el concepto de su producción también ha dejado su huella el guitarrista Manuel Varela, quien se unió al proyecto a mediados de los 90. 

En la radio de Caibarién, en 1994, se produjo el demo God’s Wrath, que recoge el emerger de Sectarium. A través de cartas, intercambios de casetes y entrevistas ofrecidas a fanzines cubanos e internacionales —Franto también había confeccionado y promovido el fanzine Dissection—, sus miembros fueron dando a conocer su música. El segundo demo, Larvae, terminó de grabarse en los estudios Koinonia, pertenecientes a una iglesia evangélica de Santa Clara, apenas dos años después de la muerte de Franto. Las relaciones con productores de ese lugar se reforzaron durante la década, y permitieron contar con un nicho para una creación de actitud independiente. La arrancada otra vez del grupo a finales de los 90 era dedicada a Franto y a sus ideas que también permeaban ese nuevo demo. 

El sonido extremo del grupo atrapó en ese tiempo a productoras independientes que se interesaban en el metal de la región, como fue el caso de la American Line Prods, de México. En compilaciones de la American…, como en la primordial Massacres From The Jungle, cuyas tres ediciones resultaron una vitrina sonora de lo que surgía en esta parte del mundo, también quedó grabada el aura terrorífica de Sectarium para los oídos de la escena global. 

Luego de emigrar a Suiza en el 2012, Abel Oliva se mantuvo desde allí dando forma visual, recreando viejos temas y produciendo otros con el estilo original de la banda. En el 2017, vio la luz el CD Larvae of God, a través de Hatemetalrecords America

Bajo ese impulso, que sigue hasta hoy, el sonido de Sectarium se ha hecho audible y otras alineaciones cubanas también han elegido rendirle tributo. En el LP compilatorio The Cuban Wall of Death, de la compañía The Lucy Fer Music Factory, fue incluido el tema Dethrone the Master de la banda, regrabado utilizando la voz de Franto. Como homenaje al demo God’s Wrath, que afincó a Sectarium en la escena metalera nacional y global en los 90, el CD The Wrath of God vuelve a dar vida a esa oscuridad sónica en el 2022. En esta producción, varios grupos cubanos de metal interpretan clásicos de la alineación. 

El año 2022 finaliza con el trabajo en un nuevo álbum del grupo, Ab Infernum, a cargo de Abel. Con excepción del conocido Dethrone the Master, está integrado por temas recientes, inspirados en la época más gloriosa de la banda.  

Durante mi investigación sobre la escena del metal extremo de los 90 en Cuba, me comuniqué varias veces con Abel Oliva. Como guitarrista, en paralelo a Sectarium llevó adelante su proyecto de doom industrial Godes Yrre en ese decenio. Franto hizo las voces y el tecladista Ernesto Prida asumió el debut grabado. Igualmente, Franto dio vida a      Spiritus, junto a Manuel Varela, en 1996. Un pulso de la etapa fue, precisamente, la constante inventiva de quienes expresaban inconformidad y sueños a través del metal extremo.

La reorganización de algunos de mis intercambios con Abel pretende mostrar, desde sus memorias, cómo fue el camino hacia Sectarium, o lo que es lo mismo, el universo del que emana el misticismo de esta banda cubana. 

Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. 

Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. Foto: Tomada de las redes sociales.

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—¿Qué recuerdas de tu encuentro con Franto?

—Fue a través de un colega de Arquitectura que resultó ser el drummer de Infestor. No recuerdo el día ni qué pasó, pero seguro había ron y metal… En general, éramos pocos los raros en la Universidad de Villa Clara, así que no era muy difícil llegar a conocernos. 

[Franto] quería seguir (al igual que yo) su propio camino, sin importarle lo que dirían los demás. Un tipo silencioso y raro, para los que no lo conocían. Un lector empedernido, y un conocedor del metal increíble.

Me llevó por el camino del metal más extremo. Pero yo ya era un raro cuando lo conocí. Quizá en ese punto nos autoinfluenciamos. No escuchábamos solo metal extremo, sino cuanto proyecto nos resultara interesante dentro del rock. Ya por aquel entonces yo estaba desarrollando la semilla de un proyecto de doom industrial…

Nekrobiosis: aprender a hacer metal 

Estaba por entrar en Infestor cuando este se desintegra, así que pensé hacer mi propia banda con amigos de mi ciudad. De Nekrobiosis solo yo estaba implicado en el metal extremo, y poco después el drummer. Los demás escuchaban hardrock o heavy metal (…), así que me fue difícil convencerlos. Al surgir Nekrobiosis, más jóvenes de la ciudad se atrevieron a iniciar sus propios proyectos, entre ellos Alien, que surge de la disolución de Nekrobiosis.

En casa de Duvier, que era el drummer, nos reuníamos a escuchar metal.

[Nekrobiosis] fue la semilla, donde enfrentamos los problemas para hacer y mantener una banda, el trabajo en equipo, la composición y los arreglos. Fue un laboratorio donde aprendimos a crear.

Sectarium: arte oscuro, rebelde y extremo  

En esa época, al igual que hoy, todos querían “sonar a”, y nosotros queríamos sonar a Sectarium. He sido y sigo siendo partidario de la experimentación; he hecho y haré lo que sienta que es correcto para mí. Las críticas (buenas o malas) se las dejo a los críticos y a los que escuchen mi música.

Éramos los únicos que teníamos lo “blasfemo” y el horror como centro de inspiración; aunque llegamos allí por gustos personales y no creo [que fuera] premeditado. Lo oscuro, perverso e incierto tiene una atracción extremadamente fuerte para ciertas personas, más allá de la edad. Quizás queríamos provocar en la gente las mismas emociones que sentíamos al leer, por ejemplo, a Poe. Sectarium bebe más de la literatura de horror y del cuestionamiento bíblico que de lo puramente satánico.

Franto estaba interesado en la religión afrocubana, en función de entender su conexión mediante ritos con espíritus y demonios, con el “más allá”. Yo en el espiritismo y su vocación de predecir el futuro. Teníamos interés en el conocimiento y eso nos movía a investigar. Yo soy curioso por naturaleza y a causa de esto siempre estaba dispuesto a adentrarme en algún toque de tambor o sesión espiritista.

Creo que más que banda, el binomio Franto-Abel tenía (yo aún tengo) interés en hacer arte más allá del modo de expresión que asumiera ese arte. Pero sobre todo de autoconmovernos y hacer catarsis con nuestras pesadillas. Eran tiempos duros también, quizá en lo profundo yacía una tendencia rebelde. 

Descubrimos a [Gustave] Doré en unas antiguas ediciones de La Biblia y La Divina Comedia, y quedamos extremadamente sorprendidos con la imaginación oscura de este artista. Así, lo convertimos en un ícono del arte visual de la banda.

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Creo que más que distinción de estilos, la época de los 90 estuvo signada por la experimentación. Aunque teníamos referencias, no eran tan fuertes y marcadas como en el mundo real (fuera de la isla): no MTV, no magazines, apenas fanzines, no radio especializada, nada. Eso dio quizá un toque diferente a las bandas iniciales. Nosotros decíamos “suena a cubano” (y no para bien) cuando no seguía patrones internacionales.

Todos los que vivimos esos años terribles sufrimos y fuimos influenciados de una manera u otra. Quizá la desesperanza y la falta de casi todo lo material fue lo que impulsó a los artistas a tener un especial período creativo. El exilio, la familia, los desaparecidos en el mar, la falta de alimentos, la represión, los conflictos familiares, una amalgama de situaciones y posibilidades que pusieron la inventiva a galopar salvajemente.

Creo que fueron los 90 y la gran crisis lo que contribuyó a que, entre tantas escaseces, muchos jóvenes se unieran alrededor del metal, también un modo de expresar rebeldía social, pues pelos largos, t-shirts negros y jeans ajustados no eran bien vistos. También influyó la emigración y retroalimentación con esos emigrados, pues comenzaba la ola de death metal floridana y muchos de los que se fueron enviaban grabaciones a quienes estábamos en Cuba.

Con ese proyecto, podíamos desatar nuestras frustraciones y angustias sin ningún freno… cuando eres joven los sueños (o las pesadillas) te mantienen vivo. 

Los grupos del período 

¿Filosófico? Ninguno. Musical: Agonizer, pura energía, de lo mejor que ha dado el metal cubano. Cronos, un hito en el metal extremo cubano. Symphony of Doom, depresivo y diferente, primera banda (y única) de doom en Cuba. Destrozer, rápido, potente, casi black metal sin serlo (poco después Mephisto). Tendencia, simbiosis, excelentes músicos. Combat Noise, un poco después con su demo de metal industrial y posterior carrera. Para mí esos son pilares del metal extremo cubano, sin demeritar a otras bandas actuales o contemporáneas.

Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. 

Sectarium, banda de metal extremo del centro de Cuba. Foto: Tomada de redes sociales.

Ya tenía un mundo personal creado cuando decidí hacer una banda de rock; dibujaba mucho de pequeño, escribía cuentos cortos, me interesaba el cine (…). Leíamos mucho horror, fantasía, en mi caso también ciencia ficción. Esoterismo, historia de los clásicos, cultos paganos… En fin, una mezcla que debió influenciar nuestra manera de pensar y afrontar la música que hacíamos.

[En música] fui autodidacta, aunque por métodos clásicos. Creo que fue mi pasión por la grandiosidad y compleja sencillez de las composiciones clásicas. También mi cinefilia y las sensaciones de la conjunción de imágenes y música.

Lo de leer textos de Eliphas Levi, Anton LaVey, Nietzsche… fue una búsqueda personal hacia el yo interno. Había un interés de adentrarse en caminos ocultos, desafiar lo establecido y quizá explorar el mundo del “más allá”. 

En ese mundo puedes refugiarte siempre, y para mí fue la válvula de escape a otros pesares y desdichas (…). Creo que lo que lo unía todo era cierto feeling dark, y mi búsqueda de senderos oscuros, tenebrosos, en una inmersión en mundos de pesadilla, esa fantasía autoimpuesta que aún hoy me hace soñar despierto.

Miriela Fernández Más publicaciones

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