Foto por Danielle Halley (@the.spinny.eye). EIDI: ser consciente del personaje que representas
Una nueva generación de artistas está emergiendo en la escena musical en Cuba, desde géneros muy variados, haciendo fusiones, transformando el concepto clásico o propagandístico de lo que se suele considerar música cubana. Con la motivación no solo de seguir de cerca el rumbo de estos artistas emergentes, sino también de apoyarlos y contribuir con la difusión de sus propuestas, ha nacido la plataforma Bonus Track. En colaboración con este proyecto, podrás descubrir en Magazine AMPM qué significa ser un artista independiente en el contexto actual de la Isla, a través de la historia de estos músicos con los que hemos tenido el placer de conversar. Sus carreras apenas comienzan, pero los aportes son ya evidentes, así como lo es el deseo de crear un futuro musical cubano mucho más heterogéneo y dinámico.
EIDI: ser consciente del personaje que representas
Con veintitrés años y a punto de licenciarse en Filosofía, EIDI tiene un par de cosas muy claras: quiere ser parte de la historia del rap en Cuba y que el género no muera. En medio de una escena del hip hop en decadencia debido, en parte, a la falta de apoyo, la incompetencia institucional y los prejuicios que han marginalizado desde sus comienzos a esta cultura, el joven rapero apuesta por la unidad entre los exponentes, por la innovación, por la búsqueda constante de originalidad y calidad estética.
Al comienzo no era más que un muchacho tímido, aunque inquieto, subiendo a la tarima de un concurso, nervioso y lleno de ganas de expresar sus ideas en unas rimas que terminaron olvidándosele en medio de la presentación. Sin embargo, se las arregló —cuenta entre risas—; quedó en segundo lugar y dejó impresionado a más de un participante con su flow y su concepto del rap. Por un lado, tenía la influencia de su abuelo, que hacía décimas; por otro, la reminiscencia del break dance que practicaba su padre. Todo esto se conjugó con la necesidad adolescente de reconocerse y comunicar su mundo: con XX años, Abel David Sardiña decidió convertirse en EIDI (el sonido de la inicial de sus dos nombres pronunciadas en inglés), un rapero con una estética diferente que debutó en las plataformas de streaming precisamente cuestionando hasta qué punto es posible ser distinto al resto.
Desde ese primer tema, en colaboración con Elephanto, EIDI se ha encargado de crear nexos con otros artistas de la escena underground, que rápidamente han notado su talento y la pasión que pone en cada barra. Ha trabajado junto a Milton McDonald, Jotabarrioz, Chezca Zana, La Reina y La Real, Papá Humbertico, Tobías Alfonso, Rasiel Aldama, y otros. No busca rivalidad, sino cooperación, y su sueño es poder posicionarse para apoyar a “los suyos”, los que recién comienzan.
Los artistas independientes cubanos se enfrentan a una industria global movida a velocidades insospechadas por las plataformas digitales, y una realidad local que los limita en muchos sentidos (industria musical nacional prácticamente inexistente; inaccesibilidad a las pasarelas de pago y a las plataformas de alto impacto como Spotify; falta de reconocimiento por parte de las instituciones culturales y de los espacios para presentar su música en vivo).
“Primero, eso es una desgracia, no se lo recomiendo a nadie —se apresura a decir EIDI cuando tocamos el tema—. Ser artista emergente en Cuba es súper malo, y más si no es una música popular. Al final, todos los que estamos haciendo esto lo hacemos por amor al arte y porque nos gusta; sabiendo que lo más posible es que no podamos vivir de esta música. Al final es todo por amor”.
El contexto se vuelve aún más demandante para ellos, pues deben tomar las riendas de su carrera con mucho esfuerzo, aprender sobre producción, marketing, comunicación, diseño, gestión…, y explotar al máximo el espacio de las redes sociales.
En EIDI se aprecia una conciencia muy evidente de todo ello; parte del éxito que ha logrado hasta ahora está en su forma de conectar con la audiencia, en la originalidad de su promoción, los recursos del humor, la autocrítica, el lenguaje desenfadado y de registro popular. Se trata de crear una imagen, para lo cual muchas veces es importante desprenderse de uno mismo y actuar en función del momento, del beat, volverse un antihéroe. Si algo impresiona de EIDI es su capacidad para reconocer el peso de esta diferencia —“no soy el personaje que represento”, recuerda en Fuera de lugar—, a pesar de que en sus temas trata de mostrarse sincero y transparente en cuanto a lo que siente o piensa.
El mensaje es lo más importante, dice, más allá de que se preocupe por lograr buenas producciones. Para EIDI, “muchas veces en el rap latino a la gente se le olvida que el rap es ritmo; el flow es muy importante, pero el plato fuerte siempre va a ser el mensaje, independientemente de que las producciones estén muy letales. Y si eres rapero y no tienes nada que decir, estás muy embarcado”. Esto, acompañado de un enfoque claro, autopreparación, estudio de la técnica, un poco de teoría musical y mucha práctica. Pero la esencia está en lo discursivo, en lo que eres capaz de transmitir entre rimas y silencios, en la responsabilidad que implica que tus ideas sean escuchadas y reproducidas por un gran número de personas.

Foto por Samu Llanes (@samullanes).
Si bien no escapa de algunos tópicos recurrentes que han acompañado al género, como la indiferencia ante el qué dirán, la confianza en sí mismo y la celebración de los méritos personales, EIDI está desarrollando un estilo diferente, que muestra facetas más sensibles del rapero; que se cuestiona sus logros, que percibe la complejidad de la vida y la representa como es y no como quisiéramos verla. Desde 06/01, su primer álbum, de carácter autobiográfico e introspectivo, podemos apreciar la génesis de un artista que busca romper estereotipos y crear un sello propio dentro de la escena cubana del hip hop.
El entorno cubano actual influye particularmente en sus composiciones; los códigos comunicativos del lenguaje urbano, los fenómenos y preocupaciones que afectan a su generación. EIDI no se permite ser un ente pasivo, no quiere atajos; sabe que lo que piensa hoy puede cambiar mañana, que vivimos en un proceso de evolución constante, que no se puede juzgar desde el privilegio y que lo que pone en barras debe ser consecuente con su realidad. Esta madurez —tanto a nivel de pensamiento como a nivel artístico— es muy apreciable en sus dos últimos EP, Despegó la nave y Nos vemos a las 4 y 20, que cuentan con la acertada producción de LoseMyName, Dos20, Jacob Janzen, y en los que la experimentación es más libre y certera (autotune, sintetizadores, instrumentación, lo-fi caribeño, música tradicional cubana).
Una trayectoria tan corta y a la vez tan prolífica conduce a preguntarse qué vendrá después, qué quiere para su futuro. EIDI espera que con el esfuerzo que están haciendo ahora los raperos más jóvenes junto a figuras más consagradas, la escena cubana del hip hop cobre vida, encuentre nuevos espacios y alcance mayor reconocimiento para que próximas generaciones tengan una experiencia diferente. Su reclamo es directo: “Hace falta ahora mismo crear mucho foco alrededor de lo que se está haciendo, porque es tremendo contenido, y nadie lo está viendo. [Somos] súper anónimos, huérfanos; y no tenemos ni apoyo de instituciones, ni de nadie, estamos independientes”.
Es también crítico con su medio: no deja de reconocer que la mediocridad es un problema que afecta al movimiento y que los exponentes carecen muchas veces de una visión objetiva. “Tenemos que enfocarnos en que esto también es un negocio, esto es arte primero que nada, pero si queremos vivir de esto, tenemos que hacer [del] arte un negocio, tienen que existir más colaboraciones, tienen que existir promotores. Es lo que una vez me dijo Milton [McDonald]: ‘no todo el mundo puede ser rapero’, tienen que [haber] medios de comunicación que promocionen rap, y tiene que existir gente que quiera invertir”.

Foto por Samu Llanes (@samullanes).
Descubrir a EIDI es sentirte parte de un momento de mutación, de una generación que defiende la diversidad y no teme innovar, de una escena emergente que promete ser un antes y un después para la música cubana; es ahora, cuando está aún conformándose, que hay que seguirla de cerca. De sus temas prefiero los de ritmos un poco más reposados, en los que su voz parece más nítida y las palabras llegan con menos prisa por salir. Pero hay para todos los gustos, y seguramente habrá más.
Casi a punto de terminar nuestra conversación, le propuse el ejercicio de intentar en pocas palabras convidar a consumir la música de la escena emergente a una audiencia que no acostumbra a hacerlo. Con una agudeza tremenda y mucha confianza en “los suyos”, me dio una respuesta que resulta, cuando menos, difícil de ignorar: “Para las personas curiosas [a] que les interese un poquito más la música y no tanto el ‘postureo’: si se acercan a la escena underground cubana van a ver que hay propuestas de chamacos que están súper duros, que son súper interesantes, que tienen un discurso. Lo más interesante es que están tocando temáticas de tu realidad, no de la realidad que tú quisieras vivir. Eso es una cosa muy importante de esta escena y pienso que la gente no lo valora lo suficiente”.
Si no eres muy aficionado al hip hop, o si habías perdido la fe en el rap que se hace en Cuba; si crees que la nueva música cubana está en decadencia; te recomiendo que detengas tu mirada y escuches lo que está haciendo este muchacho inquieto. EIDI, rapero y casi filósofo, te garantiza un buen viaje.
Puedes escuchar la música de EIDI en sus canales en YouTube y Spotify.