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De cuando rediseñé la Tribuna o Protestódromo para un futuro distópico y me quedó regulero

El parque 4 de julio, ubicado en el malecón habanero y rebautizado en abril del 2000 como Tribuna Antimperialista José Martí, fue trastocado en plaza política. Allí tuvieron lugar la “Batalla de Ideas”, la devolución del niño Elián, la liberación de los Cinco y multitud de marchas, actos políticos y de reafirmación que se celebraban en la capital. Algunos jodedores lo conocen como El Protestódromo.

Sin embargo, una gran parte de los conciertos internacionales “duros” que han tenido lugar en esta isla, como el de Audioslave, Air Supply, Manu Chao, Sepultura, Kool and the Gang, Calle 13, Olga Tañón, Major Lazer y tres ediciones del festival de rock latinoamericano Patria Grande fueron ahí. En La Habana no existen muchas plazas con condiciones “musicales” que puedan contener a una multitud. Esta zona fue concebida para 30 000 personas, aunque pudieran llegar a 100 000 si se utilizan las zonas circundantes. Cabe una bola e’ gente, está bien ubicada y le llega fresquito del mar.

Al final, más que Tribuna Antimperialista, se ha portado como Tribuna Musical, Tribuna de la Bailadera, Perreotribuna. Esa es la tribuna que nos merecemos, la que quisiéramos. 

Más circo y menos teque, por favor. Pero el parque requiere un rediseño, tanto en condiciones técnicas y materiales como en concepto, y mis amigos de AM:PM me encargan la ejecución de la reforma como ejercicio creativo, artístico, perrofláutico y constructivo.

Sinceramente, no sé de todos los yerros que debe llevar este espacio para convertirse en ideal. Los espacios públicos, aún partiendo de una concepción original, deben ser flexibles e ir evolucionando a partir de las necesidades de los que lo frecuentan, en lugar de responder a un proyecto estático, definitivo.

Pero lo que sí tengo bien claro es cómo NO me gustaría que fuera esa talla. Estoy preocupado al ver cómo, actualmente, en espacios culturales y de ocio se excluyen a determinadas personas, generalmente por su capacidad económica, a veces por la “mala pinta”. Este juicio es totalmente subjetivo y lo decide cualquier portero, cualquier casa con derecho de admisión, cualquier barcito privado con ínfulas grandiburguesas. Gente cool, bonita, bienvestía (de marca), que se vea que viene a consumir con desenfreno y a perrear recatadamente.

Dicho esto, me dispongo a rediseñar la plaza para un turbio, distópico futuro, convirtiéndola en nicho cultural excluyente. Las siguientes propuestas son dos de las peores soluciones que se me ocurren en este ejercicio de arquitectura mala y urbanismo sinvergüenza, planos apocalípticos y afán de crítica quemadora. Como lo hice sin permiso, les pido perdón.

*Esta galería fue publicada en el No. 11 de Magazine AM:PM

Darién Sánchez Más publicaciones

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