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Entrevistas Foto tomada del perfil de Facebook de la cantante

Linda Mirabal: “Cuba es el punto central de mi mundo musical”

Bajo las palmeras es el título del último disco donde la soprano Linda Mirabal, el barítono Nelson Toledo y la pianista Clara Zayas con la participación del percusionista Ramón González El León, rinden tributo al músico y compositor Ernesto Lecuona, al conmemorarse este año el aniversario 60 de su fallecimiento en Santa Cruz de Tenerife, España. Compuesto por catorce títulos, el fonograma incluye, entre otras, las canciones Siboney y Noche azul, los pregones El frutero y El Sunsun, pasando por la romanza María La O y el famoso vals Damisela encantadora.

Grabado entre diciembre de 2022 y enero de 2023 en los estudios de la Escuela de Música de Vallecas (ESMUVA), Bajo las palmeras es el onceno material en la discografía de Linda Mirabal y el quinto realizado en España, a los que se suman cinco en Cuba y uno en Suiza. Motivados por este nuevo trabajo conversamos con la cantante lírica, pedagoga y actriz Linda Mirabal Jean-Claude, reconocida y aplaudida durante toda su carrera en prestigiosos escenarios a nivel internacional.

“Soy el producto de lo que me enseñaron mis maestros”

—Maestra, ¿este disco homenaje a Ernesto Lecuona era una deuda pendiente?

—Durante la pandemia empezamos a ensayar mi esposo Nelson Toledo y yo para emplear el tiempo útilmente en algo que nos gusta: cantar. Pensamos que podíamos grabar varios temas con piano, para dejar un legado musical a nuestros hijos y amigos. Pero a medida que íbamos grabando, nos animamos a hacer este CD. Al principio empezamos a hacer arias de ópera y romanzas de zarzuelas cubanas y españolas, pero al final nos decidimos por la música cubana, especialmente la de Ernesto Lecuona, un compositor que nos gusta mucho y que es conocido internacionalmente por algunos títulos, pero muchas de sus canciones son desconocidas aquí en España. Hay otros compositores cubanos que nos hubiera gustado grabar también, pero teníamos esta deuda pendiente con la música vocal de Lecuona.

—¿Existen otras figuras a las que honraría en otra producción?

—Me gustaría grabar temas de los hermanos Grenet (Eliseo, Emilio y Ernesto) que son tan ricos y genuinos. Pero eso será en un futuro porque ahora estamos en otros proyectos, también con compositores cubanos como Bola de Nieve, Orlando de la Rosa, Sindo Garay, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, María Teresa Vera, entre otros.

Nacida en Haití e hija de la famosa cantante haitiano-cubana Martha Jean-Claude, Linda siente orgullo de su historia familiar y de haber sido discípula de la gran Zoila Gálvez, la primera soprano negra de Cuba. “Fue muy importante para mí y con su ejemplo de intérprete me inculcó el amor a la profesión. Fue ella quien me dio la base técnica para poder afrontar todo lo que he hecho en mi carrera como cantante lírica”, afirma. Otro que influyó notablemente en ella fue Luis Carbonell, en su fase poco conocida como repertorista, y gracias a él aprendió a transitar por un amplio repertorio de obras, desde Sergéi Rachmaninov hasta Gilberto Valdés.

“Soy el producto de lo que me enseñaron mis maestros Luis Carbonell y Zoila Gálvez”, confesó Linda a la musicógrafa Rosa Marquetti y añadió: “Me siento muy orgullosa de haber tenido los maestros que tuve, porque aprendí una profesión que respeto y amo, y hoy día que también ejerzo como profesora entiendo por todo lo que ellos pasaron y trato de inculcarle a mis alumnos lo que ellos me inculcaron: seriedad, disciplina, amor”.

Cuando en 1981 el cineasta Humberto Solás presentó Cecilia ―superproducción que reunió en masa a críticos y periodistas a favor y en contra del filme―, ya Linda era ampliamente conocida por su consolidado trabajo en el Teatro Nacional de Guiñol, la Ópera Nacional de Cuba y en series dramáticas de la televisión como Un bolero para Eduardo, de Silvano Suárez. Pero fue el personaje de Nemesia, la amiga íntima y confidente de Cecilia, el que le abrió los caminos del cine. A partir de ahí, un año tras otro, Linda participó en proyectos cinematográficos como Habanera (1984), de Pastor Vega; Una novia para David (1985), de Orlando Rojas; Baraguá (1986), de José Massip; Gallego (1987), dirigido por Manuel Octavio Gómez; y diez años después en la coproducción con España Cosas que dejé en La Habana (1997), de Manuel Gutiérrez Aragón.

 

Foto tomada del perfil de Facebook de la cantante

“El arte debe ser integral”

A juicio del investigador Enrique Río Prado —autor de La Venus de bronce. Una historia de la zarzuela cubana, entre otros libros— los mejores momentos de Linda Mirabal están en sus actuaciones para el Teatro Lírico Nacional.

“El público cubano tuvo el privilegio de asistir a muchos de los mejores momentos de su carrera, sobre todo en la opereta La viuda alegre (1987), de Franz Lehár, puesta de Juan R. Amán y la ópera Aida (1988-90), de Verdi, dirigida por Elena Herrera. Estos dos géneros tan diversos requieren desplegar aptitudes opuestas, muchas veces consideradas incompatibles. En la opereta vienesa no basta poseer una gran voz para sobresalir en un estilo que demanda asimismo refinamiento y frivolidad y al propio tiempo destreza, no solo en el canto, sino también en el diálogo hablado. Por el contrario, la esclava egipcia verdiana pide dominio de la amplitud y sutileza en la línea vocal y un notable temperamento dramático. Recordemos que esta última actuación le valió a Linda la inscripción en el Libro de Honor del Gran Teatro de La Habana (hoy Gran Teatro Alicia Alonso) en 1989, junto a las maestras Elena Herrera y Corina Campos, directora de los coros”, nos dice y agrega:

“Algunos archivos audiovisuales atestiguan su participación en las clases magistrales de Montserrat Caballé o su actuación como Fenena en Nabucco, de Giuseppe Verdi, o el registro integral de la zarzuela española Doña Francisquita, de Amadeo Vives, junto a Plácido Domingo; y más recientemente, por último, en el rol de Dolores Santa Cruz, de nuestra zarzuela nacional, Cecilia Valdés, puesta en escena por primera vez en 2020 en el emblemático Teatro de la Zarzuela de Madrid, que ha sido escenario habitual de muchos de los mejores momentos de Linda Mirabal, sin dudas, una de las grandes sopranos cubanas de su generación”.

Preguntamos a Linda por qué escogió esencialmente el arte lírico y nos respondió:

“Yo empecé mi carrera cantando música folclórica de Haití, de Cuba y además boleros. También he hecho musicales que no necesariamente eran líricos. Lo que sucede es que cuando la voz se te desarrolla ya esos géneros no los puedes adaptar o hacerlos como requieren. Es por eso que te decantas por el género en el que tu voz encaja mejor, sin menospreciar otros”.

—¿Cuál fue la obra o el personaje de mayor complejidad? Sobre el escenario, ¿todo queda resuelto con una buena técnica vocal?

—Hay varias obras que me fueron muy difíciles de aprender y cantar, como El Rey de Harlem (basada en textos de Federico García Lorca con música del alemán Hans Werner Henze), o Beatrix Cenci, de Alberto Ginastera. La primera la canté en el Teatro de la Zarzuela, en Madrid, y la segunda en el Gran Teatro de Ginebra, Suiza. Por ejemplo, para mí fue un mundo nuevo entrar en el entorno sonoro de Richard Wagner con una orquesta densa, y claro que era difícil de aprender y ejecutar, pero con estudio todo se supera. La técnica es importante pero no lo es todo. El arte lírico requiere de una buena forma física también y una depurada interpretación; no quiero decirte que una cosa sea más importante que la otra, porque el arte debe ser integral para que todo se complemente y tu trabajo se enriquezca.

Foto tomada del perfil de Facebook de la cantante

“He sido profeta en mi tierra”

El pianista, compositor y pedagogo Ulises Hernández y Linda Mirabal coincidieron como estudiantes en el Instituto Superior de Arte (ISA), pero no es hasta 1984 que se unen en una importante gira en Venecia donde ofrecieron dos programas muy diferentes: uno de las más reconocidas obras de la canción cubana y otro con arias de óperas.

“Desde entonces hemos mantenido un excelente vínculo de trabajo que sirvió para hacer otras giras a distintas ciudades de República Dominicana, Colombia, España, Francia y sobre todo Cuba, donde nos presentamos en muchos escenarios”, cuenta Hernández.

Varias cosas se unen en la vida de Linda que pudiéramos tener en cuenta, sostiene Ulises y enumera:

“Lo primero: venir de una madre que sembró en ella valores importantes en cuanto a la defensa de la identidad, en el caso específico de Martha Jean-Claude defendió su cultura haitiana, pero mucho trabajó también para que la cultura haitiana y cubana estuvieran en las prioridades de sus hijos. Por lo que, al integrarse Linda a la vida cultural, primero como actriz del Teatro Nacional de Guiñol y después en su carrera como soprano, trae desde la casa el compromiso social e identitario que tiene al vincularse con el arte en Cuba.

“Lo segundo: la defensa de un repertorio un poco olvidado, que gracias al apoyo de Luis Carbonell sirvió para marcar el rescate de un espacio en la canción cubana de autores como Orlando de la Rosa, Gilberto Valdés y otros, para beneficio de la música cubana. Lo tercero: la posibilidad que tuvimos de escuchar una voz con calidades muy especiales que no abundan y que sirvió para que Cuba estuviera representada dentro y fuera del país de manera excepcional. Y como cuarta razón te diría que no siempre tenemos voces que se mueven de la canción a la ópera o a la zarzuela y a la música popular con la maestría de Linda y es algo que la historia de nuestra música y de nuestros músicos tiene que recoger”.

—Maestra, ¿qué le parece la música que se está haciendo actualmente?

—Yo particularmente creo que la buena música se impone, sea el género que sea, y debemos aprender de los grandes maestros y no dejarnos llevar por lo chabacano. Se debe cuidar mucho cualquier interpretación donde se le dé valor al contenido musical y al aporte que traen sus letras. Hay carencias de buenos compositores, estrés, sobresalto. Desgraciadamente todo vale y no me parece correcto.

—¿Cuán presente sigue Cuba en usted?

—Es imposible desligarse de Cuba, aunque estés distante. En Cuba me formé y mis raíces están presentes en mi manera de hablar, interpretar, bailar… Cuba es el punto central de mi mundo musical sin desdorar todo lo que he aprendido de los lugares en que he vivido en Europa. Cuando se vive en Cuba la niñez y la adolescencia, uno se impregna de toda esa vivencia y es un grandísimo aporte de nacionalidad que no se borra por la distancia, ni el tiempo. He sido profeta en mi tierra y agradezco a todos los que me han ayudado en la formación, desarrollo y madurez artística.

Foto tomada del perfil de Facebook de la cantante

*Especial agradecimiento a Rosa Marquetti, Iván Giroud, Enrique Río Prado y Ulises Hernández.

Jaime Maso Jaime Masó Torres Ni periodista, ni conductor de programas radiales, ni tan serio como en esta foto. Más publicaciones

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