Diseño: Jennifer Ancízar.
Diseño: Jennifer Ancízar.

Estudio Real 70: veinte años de underground

23 minutos / Indira Hernández Alonso

07.06.2021 / Artículos

Si los ves diles que sigo aferrado, embarcado, quizás jodido, ahogado / que no he triunfado, que no ha llegado la fama, que el gran público del que hablamos todavía no me aclama / que no me reclaman productores ni disqueras, que sigo viviendo apartado allá en Barreras

(…) Y aquí sigo, aunque no sea lo más lógico, dando más, mucho más, contra todo pronóstico / Es grave mi diagnóstico estoy enfermo sin cura: rap rapdicción crónica, hip hop, cultura / Y aquí sigo

Si los ves, Papá Humbertico

Episodio 1: Los raperos se bautizan en Barreras

Vine a Barreras porque me dijeron que acá está la columna vertebral del hip hop cubano. Cinco kilómetros separan, tal vez, a Tarará del antiguo pueblo Los Dolores, al este de Guanabacoa, de Bola de Nieve, de los masones, de Pepe Antonio. Son en realidad cuatro kilómetros y medio, casi.

En la calle Real se respira un aire de barrio periférico, relajado. Perdido en la geografía. Solo quienes allí viven saben bien a qué hora y cómo se agita el ambiente. La fachada de la casa 70 de los raperos puede indicar tranquilidad, pero dentro se “arma” de día y madrugada. Dentro se graba, se produce, se mezcla; el rap siente, grita, hermana, sobrevive. Aquí comenzó “la revolución dentro de la revolución”: en Real 70, emblemático sello productor, obligada referencia para el rap hispanoamericano.

Si el cuerpo humano adulto tiene aproximadamente 24 vértebras, la anatomía del estudio debe atesorar más de cien vinilos, amontonados, clasificados por jazz, blues, salsa, rap y otras etiquetas musicales. El bolero, uno de los géneros favoritos para el sampleado y de donde salieron muchos de los mejores beats para backgrounds de clásicos del rap nacional, tiene un compás de cuatro tiempos. Tres son los eslabones del Odfelismo en los que cree el MC, productor y beatmaker, Papá Humbertico —marca cariñosa por la que nombran al fundador de Real 70, Humberto Joel Cabrera Santana—: amistad, amor, verdad.

Con los años, el estudio puede moverse por los cuartos de su casa, y lo ha hecho; pero su lírica peculiar, de la calle, su aura sensible y severa, acuñada con el exquisito sabor a beat noventero y olor a incienso de Palo Santo, no varió. Más de mil letras deben haber salido de aquí, disparadas como balas a quemarropa por las voces desafiantes de Roly, el Chico Pro; el archiconocido Al2, del fenómeno Los Aldeanos; de Silvito El Libre; de René Díaz, El Elokuente; de Yoandy González, El Discípulo de Mano Armada; de la reconocida Danay Suárez o del propio Papá Humbertico.

Los raperos de Santa Cruz del Norte, de Santiago de Cuba, del mundo; los nuevos y viejos, los de Ranchuelo, incluso los de la tierra especial de los pineros continúan llegando aún, a cualquier hora, a Real 70. Ellos son quienes relatan esta historia; la de cómo se levantó el estudio y cómo se hace la poesía urbana made in Cuba, que es también un estilo de vida, una herramienta de lucha.

Discos de vinilo en Real 70.

Foto: Indira Hernández.

Papá Humbertico: Me gusta el rap desde que tengo 10 años. Por 1994 o 1995, cuando en Cuba estaban de moda el puertorriqueño Vico C, los panameños El General y Nando Boom, y otros artistas del Caribe hispanoparlante que hacían rap y raggamuffin, su música me cautivó por completo. Después, en la secundaria, comencé a escuchar rap cubano: Primera Base, Amenaza, Doble Filo, Obsesión y algo de los Estados Unidos también.  En 1997 la radio anunció que Primera Base daría un concierto esa misma noche en el Anfiteatro de Guanabacoa y me fui solo para allá. Estaba en noveno grado, esa fue la primera vez que vi rap en vivo y me volví loco con el show de esa gente. Un día de 1998 fui a mi primera peña como público en La Chusmita de Alamar, donde estaba la crema del género en ese entonces. Esa fue la inyección letal.

El Elokuente: La historia del rap cubano tiene un parteaguas y ese es Real 70. Produjo un giro en el momento en que predominaba una mímesis del rap norteamericano y se importaban sus beats y, con ellos, sus problemáticas. Real 70, con la visión de Papá Humbertico, logró tomar ese influjo, transformar esa energía y convertirla en nuestra, en nuestros temas políticos y sociales. Lo cambió todo, fue una revolución.

Desde Santa Cruz del Norte, Raudel, de Escuadrón Patriota, nos puso en contacto con Humbertico. Cuando terminamos un primer disco, grabado con mi grupo Artículo 53, nos hicimos buenos amigos. Luego regresé con un proyecto mayor que fue Soldier Squad y ya no nos cobró. Estábamos en familia, en Real 70.

Silvito El Libre: A Humbertico lo conocía solo de nombre. En esos tiempos vivíamos una furia de rap increíble, la gente lo sentía de verdad y, a principios de los 2000, ya se hablaba del estudio como uno de los pocos lugares donde se grababa música del género. Yo venía de otra provincia, Holguín, y entonces grabar ahí era como la consagración o la juramentación en el movimiento del rap de aquellos años. Quienes sentían pasión por la cultura hip hop querían tener una canción que dijera Real 70. Para mí fue una escuela.

Al2: Si Real 70 no hubiera existido tampoco hubiera existido mi carrera. Yo viví ahí en Barreras y su mamá siempre me trató como un hijo. Ahí comí, ahí me bañé, ahí grabé e hice todos mis discos. Con Real 70 aprendí mucho, incluso a grabar y a manejar algunos de los programas del estudio, porque nunca fui muy diestro en eso. Fue muy importante su influencia para independizarnos como músicos, con mi grupo de entonces Los Aldeanos. De ahí me iba de madrugada para mi casa, tres guaguas… Amor por el hip hop, eso era… Él [Papá Humbertico] nunca me cobró un peso, madrugada tras madrugada, y eso nunca lo olvidaré.

El B y El Aldeano en Real 70. Foto: Cortesía Papá Humbertico.

El B y El Aldeano en Real 70. Foto: Cortesía de Papá Humbertico.

Papá Humbertico: Real 70 surgió en el 2001, porque los raperos cubanos en ese entonces no teníamos dónde hacer nuestras propias canciones. Los estudios de grabación estatales muy pero muy ocasionalmente grababan algo de rap —que yo recuerde, en 1998 la Egrem sacó el disco Un montón de cosas, de Obsesión; y Abdala, entre 1999 y 2000, el Cuban Hip Hop All Stars Vol.1, producido por Pablo Herrera, en el que participó lo mejor del rap habanero de esa época. Fuera de eso, la gran mayoría de los raperos grababan sus temas en casetes, en una presentación en vivo si el tipo del audio tenía las herramientas. A las disqueras cubanas, en general, no les interesaba lo que estábamos haciendo.

Al principio, Real 70 era solo una productora de instrumentales. En ese momento cantábamos únicamente con backgrounds de extranjeros; no teníamos música propia ya que conseguirla era muy difícil y caro. Pero antes de Real 70 había gente grabando y produciendo rap: Malcoms Junco de 18A16 y Emilito, del grupo Alto Voltaje, en San Francisco de Paula. Ellos me dieron las primeras instrucciones y copiaron los primeros software de grabación y producción. No dormía, empataba un día con otro, cacharreando y cortando samples con un tocadiscos viejísimo que había en mi casa. Pero aún no me tenía confianza.

En el 2001, además, grabé con ellos mis primeros temas. Ahí fue donde me di cuenta que también podía hacer eso, con una laptop vieja marca Acer, modelo “extensa 365”, que le dieron a mi mamá en el trabajo y con la que yo trabajaba en las noches. Por aquel entonces, Pablo Herrera era el productor de rap más connotado en Cuba y todos los raperos queríamos música hecha por él. Pero no era accesible para todos; él tenía su gente y a mí me costó muchísimo acceder a él. Una de las veces que lo logré me dijo: “Asere, tú tienes computadora, prodúcete tú”, cosa que le agradeceré por toda la vida.

Danay Suárez en Real 70. Foto: Indira Hernández.

Foto: Indira Hernández.

Danay Suárez: Conocí a Humbe cuando lo vi cantar en la entrada de una casa, en la esquina de 19 y 10 de El Vedado. Luego lo encontré cantando en las peñas de rap que se hacían en el anfiteatro del Parque Almendares. Más tarde lo visité en su estudio, al que fui invitada por el grupo Explosión Suprema, cuando ellos grababan su segundo álbum. Ese día noté el respeto que todos le tenían al criterio de Humbertico y lo lejos que eran capaces de ir con tal de grabar allí, por su buen gusto y conocimiento a la hora de hacer las mezclas. Después de varias visitas acompañando a otros —y cuando había escrito varias de mis canciones—, le pedí que me diera la oportunidad de grabar con él, aunque en ese momento no podía pagarle.

Humbe me recibió en su estudio cada vez que yo tenía un tema nuevo, con el único interés de apoyar mi trabajo. Convencida de que él no perdía tiempo con artistas malos, eso me dio seguridad al comienzo. Algunas veces tuve que quedarme a dormir porque era peligroso regresar sola, limpiaba y organizaba el lugar pues lo sentía como parte de mi casa o mi vida. Todos esos detalles sellaron mi amistad con él. Le prometí que le pagaría algún día.

El Discípulo: Estudiamos en la misma primaria y ya lo conocía en el barrio. Teníamos nuestra pequeña diferencia de edad, por eso —como yo era más chamaco— al principio él andaba con su círculo, con su gente. Empezamos a cantar al mismo en el ’99, en unas peñas que se hacían en la comunidad, y producto de esos encuentros, donde él era más conocido, nació la amistad. Luego me fui para una beca en Güines; regresé en 2004 y me reinserté en el movimiento de hip hop. Ahí me reencontré con Humbertico.

Después siempre andábamos juntos, en los viajes en guagua a cualquier evento de rap en La Habana o en el propio estudio, donde mis primeras experiencias fueron como observador. Así me enamoré de la cultura hip hop. El rap era una familia que se nucleaba alrededor de Real 70. Dos años después surgió nuestro grupo Mano Armada y salió Revolución dentro de la Revolución.

Chico Pro: Mira, yo creo que si no hubiese sido el Humbe hubiese sido otro; por suerte para mí, fue Humberto. Había estudios como 18A16, 264, Champions Records por ejemplo, que ayudaron mucho al rap en Cuba; pero Real 70 es un templo. Ahí van muchos maestros a exponer su arte, y yo me nutrí de la mayoría. Fue una gran escuela, o sea… la mejor de las escuelas que tuve. Yo vengo del ’99, de grabar en casetes y he tenido varias, pero esta me hermanó con artistas que eran mi referente.

En casa de Papa Humbertico, en 2004, grabé mi primer demo con mi antiguo grupo, Asunto Serio. Tenía las mínimas condiciones, pero lo hacía con mucha bomba y profesionalismo. Luego, en 2005 y como solista, por accidente di un tropezón en la vida y caí de golpe en Barreras, desde Santa Clara. Desde entonces fui y soy de esa familia que Humberto y El Discípulo crearon con el transcurso de los años. Esa cercanía, además de facilitar la grabación de todos mis demos desde esa fecha hasta hoy, me abrió las puertas a importantes presentaciones.

El Elokuente: Recuerdo que de ahí salió también un disco prealdeano que aunó lo mejor de aquel momento: El Cartel. El estudio simbolizó una especie de meca, si no pasabas por ahí prácticamente no existías como rapero. Grabas en Real 70, luego existes. De ahí salió lo que más ha brillado del rap cubano hacia la arena internacional porque catapultó no solo a Los Aldeanos, a Danay, sino también a Bárbaro El Urbano Vargas, Los Paisanos que después se dividieron y de donde salió Rxnde Akozta.

Episodio 2: Todo el underground cabe en Real 70

Desde los inicios, este sello independiente trabajó con lo más duro del rap de La Habana: Grandes Ligas, Los Paisanos, Junior Clan, Hermanos de Causa, que eran los que más se presentaban en vivo con la música que hacían en Barreras. Mientras en otros estudios se grababa a grupos más selectos o a precios inalcanzables para el “bolsillo desfondado” de un rapero del underground cubano, Real 70 grabó a todos; o a casi todos. Barreras dejaba así de ser un punto perdido en la geografía habanera para ser el núcleo del movimiento de hip hop en la Isla.

Papá Humbertico: Comencé a regalarle los primeros beats que hice a gente como Hermanos de Causa, Los Paisanos, Grandes Ligas, Junior Clan, Insurrecto, Pasión Oscura y, sí, no me encantaron en aquel instante —ahora sí—, pero varias de esas canciones son hoy clásicos del rap cubano. Un socio del barrio me prestó un micrófono shure 58 que conectaba directamente a la computadora y comencé a grabar: primero, mi disco Denuncia social y el compilado Sonido turbio Vol.1 con los temas de esos artistas a los que les regalaba los beats. Años después asistimos a la creación y promoción de Sonido turbio Vol.5, cuyos primeros cortes comenzaron a ver la luz desde el pasado 22 de abril.

Papá Humbertico en Real 70, año 2009. Foto: Cortesía del artista.

Papá Humbertico en Real 70, año 2009. Foto: Cortesía del artista.

Ese fue el comienzo. En aquel momento yo era un estudiante de Gastronomía que acababa de abandonar el baloncesto en la Espa [Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético] a quien le encantaba el rap y todo lo que tuviera que ver con él.  En el 2003 conocí a Los Aldeanos en un concierto en Mantilla y les ofrecí grabar conmigo. Era con ellos con quienes más trabajaba, casi todos los días. A partir de ahí, Real 70 se conoció un poco más allá del circuito rapero. Con Los Aldeanos vino otro renacer del rap cubano.

Lo que yo grababa se promocionaba de mano en mano, de USB en USB y en discos quemados. Si me montaba en la guagua o en un taxi podía escuchar algún tema grabado por mí. Los videos, que hacíamos con cámaras digitales de 12 megapíxeles, ya alguien los tenía en su canal de YouTube con miles y millones de vistas. Del 2003 al 2010 fue la época de oro, el boom del rap en Cuba: Danay Suárez, La Alianza, Soldier Squad, Rxnde Akozta se consolidaron por esa época. El sonido obviamente fue mejorando a medida que mejoraron las herramientas. Así traspasó las fronteras de la Isla y sin nosotros saberlo ya nos escuchaban en muchos lugares de Latinoamérica. Desde ese entonces he grabado más de cien discos de rap cubano y varios internacionales también.

Al2: Papá Humbertico me ofreció grabar en el estudio por el 2003 y estuvimos trabajando hasta el 2010; yo he grabado más que Humbertico en su casa. A nosotros en La Habana no había estudio que nos aceptara y el único lugar donde uno podía ir a grabar todo lo que una pensaba y quería cantar, gritar sin que nadie te dijera nada, era en Real 70.

Danay Suárez: El conocimiento de Humbertico para ese entonces, siendo casi un niño, y los recursos prácticamente artesanales con que grabábamos son dignos de recibir un premio a la ingeniería de sonido. En ese lugar grabé mis primeras canciones y el disco Polvo de la Humedad completo. Cuando llegó el día de grabar Yo Aprendí hicimos una sola toma. Fue muy especial. Se puede decir que Danay Suárez, profesionalmente, nació en Real 70. Es que ese estudio tiene un sonido particular, no sé cómo describirlo, pero sé identificar cuándo una canción de rap ha sido grabada y mezclada allí.

Papá Humbertico: Para producir y grabar los discos y temas de rap de una forma adecuada se necesitan ciertos equipos y software. En Real 70 trabajo con MPC, por ejemplo, que la propia máquina da ese sonido del rap noventero. Hay quien prefiere Mashine o Reason, o quien de solo el Fruity Loops y una PC saca unos beats bestiales. Yo prefiero usar samples que es la forma clásica de hacer beats. Para grabar en Cuba toca hacerlo con el micrófono que consigas. Yo por suerte tengo un AKG 260 desde hace más de 10 años que sigue siendo un cañón, pero antes no lo tenía. La promoción ahora es un poquito más seria, antes se grababa el tema y al otro día ya lo soltabas pa’ la calle: una locura. Lo fundamental ahora son las redes sociales y que cada artista sepa promoverse y venderse, bajo el sello de Real 70.

El Discípulo y Papá Humbertico en Real 70. Foto: Cortesía de Papá Humbertico.

El Discípulo y Papá Humbertico en Real 70. Foto: Cortesía de Papá Humbertico.

Episodio 3: En la unión está la fuerza

El Discípulo: Hubo un tiempo en que parecía que había muerto la chispa. Logramos unirnos gracias a la iluminación que tuvieron Aldo y Papá Humbertico. En el 2007, a Aldo se le ocurrió La Comisión Depuradora, él fue el líder espiritual de la idea, junto a Maykel Xtremo. Ese proyectazo, que reunió a cerca de 50 raperos en los Jardines de la Tropical, se produjo y Papá Humbertico grabó, mezcló y masterizó todo en Real 70. Sin dudas ese fue uno de los mejores momentos que vivimos, más que como raperos como movimiento de hip hop; como una comunidad unida sobre un mismo escenario y con un público con la mano alzada de principio a fin.

Silvito El Libre: Ese fue un proyecto muy importante. En Cuba en ese tiempo había pocos espacios para presentarse, casi toda la cartelera de hip hop era del catálogo de la Agencia Cubana de Rap; pero los mejores MC estaban en las calles y no tenían el apoyo de quienes controlaban los medios. La Comisión Depuradora reunió a muchos de los que éramos nuevos y nos abrió los caminos. Antes de eso, el público era cada vez más escaso, sin embargo todos los conciertos que hicimos con ese proyecto cerraron por capacidad. La audiencia internacional comenzó a mirar al rap cubano; en general fue una experiencia única e irrepetible.  Luego, en el 2009 salió mi disco Los Kbayros, junto a Al2 El Aldeano, 17 tracks, todos grabados y mezclados ahí mismo, en Real 70.

Chico Pro: En Real 70 se han grabado los álbumes más importantes de rap del archipiélago. Pudiese poner un montón de ejemplos, pero por solo mencionar tres: El Atropello, de Los Aldeanos, que alcanzó fama internacional y del cual salieron clásicos como El rap es guerra; Sonido Turbio; y Real 70 Crew-Terapia de grupo, donde participa una crema batida de exponentes de alta gama del rap cubano. Terapia de grupo es el mejor de los materiales en el que he trabajado en colaboración. En mi opinión, uno de los mejores discos fabricados en Cuba. Tuvo buena aceptación en las tiendas digitales y unió artistas como El Pelón y Soandry; Danay Suárez; El Elokuente; Anderson; Nedman Guerrero, de México; Bárbaro El Urbano Vargas, Mano Armada, DJ Lápiz y un servidor.

Papá Humbertico: Eso sí, obstáculos siempre han existido, muchos: la censura institucional, cancelación de conciertos, mínimo acceso a la radio y televisión cuando todavía no había Internet, el miedo de los gerentes de bares y clubes estatales a relacionarse con el rap, el no ser reconocidos como artistas por mucha gente y por la dirección de la cultura en este país, la incertidumbre cada vez que hemos tenido una invitación fuera de Cuba. Aun cuando en 2010 mi grupo Mano Armada pasó a formar parte de la Agencia Cubana de Rap —con el objetivo de poder cobrar los conciertos—, incluso con los papeles de artista “profesional”, era difícil que alguien nos contratara. Pero marcamos una generación.

Ha sido descomunal aprender de las experiencias y formas de cada rapero cubano. Además, he trabajado con artistas internacionales como Monasterio do Hip Hop, un grupo tremendísimo de MC de Angola y Mozambique que estudiaron en Cuba; Promoe, del legendario grupo sueco LoopTroop Rockers, que escuchaba desde adolescente; con Rapsusklei, de España; Rebeca Lane, de Guatemala; Afaz Natural, de Colombia; Norick, de Perú; María Isa, de Puerto Rico; Muja Messiah, de Estados Unidos, Nukleo, de Argentina y entre otros. El objetivo ahora es trabajar mirando al mercado underground de América Latina.

Episodio 4: Real 70 se muda a la calle 80 en Bogotá

El Discípulo: El sello era reconocido internacionalmente y no lo sabíamos. Cuando salimos de Cuba nos dimos cuenta. Los dos años que pasamos en Colombia fueron muy importantes para nosotros como Mano Armada, pero también como personas. Para el grupo resultó un período muy fructífero: presencia en Internet, popularidad, contacto con el público. Vivimos de nuestra música, hablando de nuestros problemas, con puntos comunes con los latinoamericanos, lo cual hizo la experiencia más interesante.

Papá Humbertico: Nos fuimos en 2013. Estuvimos dos años trabajando como artistas independientes y aprendiendo mucho sobre el manejo de redes sociales y la venta de música online. Ahora mismo Internet es imprescindible para la música, no existes como artista si no tienes presencia en las redes. Para el trabajo en el estudio eso es fundamental; si hubiéramos tenido esa facilidad 10 años atrás, el impacto del rap cubano hubiese sido mayor en todo sentido.

Hoy, bajo el sello Real 70, tenemos disponibles nuestra música en todas las tiendas online, así como de otros artistas con los que trabajamos. El canal de YouTube monetiza desde hace ocho años y cada día trabajamos para actualizarnos y mantenernos al ritmo del mercado underground en el que nos movemos; aunque sigue siendo difícil desde Cuba.

El Discípulo: Colombia fue prácticamente como empezar desde cero. El estudio lo montamos en la calle 80, en Bogotá, en el segundo piso de una tienda de grafitis. Ahí hicimos nuestro disco Señales de humo, y continuamos con el concepto que siempre defendimos: no necesitamos disqueras, podemos hacerlo todo de manera independiente, aprendiendo sobre la marcha. Y así lo hicimos.

Mientras Cuba pujaba por actualizarse en materia digital e impulsar proyectos en Internet que nos empataran, a destiempo, con los nuevos modos de grabar, producir y promocionar música; en Colombia y en 2015, Mano Armada comercializaba Los últimos románticos, disco nacido a partir de las vivencias en Medellín y del éxtasis que solo las vistas de un barrio como el de Brisas de Robledo podía desatar. En el 2019, el grupo regresaría a Colombia nuevamente, y sacarían lo que concibieron desde la ciudad de Cali como el primer vinilo de rap nacional: Prohibido.

Episodio 5: ¿Y si no existiera Real 70?

Chico Pro: Cuando dices Real 70 en una canción, el público que escucha rap hispano sabe que es un sello de garantía y eso ayuda mucho. Por otra parte, si tu currículum dice Real 70 a la hora de trabajar en Cuba se convierte en un dilema ya que para el gobierno cubano es símbolo de rebeldía. El rap aquí se hace con presión; no todos protestan, pero todos somos señalados por igual. El hecho de ser rapero en la Isla es un motivo de alerta para los funcionarios del gobierno.

Silvito El Libre: La voz del rap es la voz de la verdad y la realidad de cada MC. Quien dice que el rap no se mezcla con política está equivocado, porque el rap es protesta y en Cuba casi todo es político; por eso creo que la lucha es parte de su esencia. Real 70 ha sido una opción para todos los MC que no pertenecían a ninguna institución gubernamental y creo que la única condición para grabar ahí es ser real y hacerlo de corazón.

El Discípulo: Si no existiera Real 70 hubiera pasado como antes de Real 70, cuando muchos hitos importantísimos dentro de la cultura del hip hop cubano no pudieron grabarse por no existir estudios. Tantas canciones, tanta historia nunca hubiera quedado registrada. Yo no quiero ni imaginarme eso.

Papá Humbertico: Si no existiera… bueno, creo que la gente hubiera buscado donde grabar igual, pero por suerte… La clave es trabajar a full por lograr tu sueño, darle, darle y darle. Casi en cada canción de rap que tu escuchas del 2005 al 2010 alguien dice Real 70; esa fue la época de la efervescencia del rap en Cuba y me tocó a mí grabar casi todo eso. Fue un tremendísimo placer y es un altísimo honor.

Lo de Real 70 como “la columna vertebral” lo dijo Maguesh, súper letal MC del Monasterio do Hip Hop, en una canción grabada en mi estudio. Nosotros, la gente de Real 70, defendemos lo más genuino de esta música y tratamos de mantener la esencia de la cultura hip hop, sin dejar de ir a la par con los tiempos. Tratamos, además, de crear conciencia política y social en la gente, aportar soluciones a los problemas y tratar de vivir en armonía con el prójimo. El hip hop nos ha aportado muchísimo a nuestras vidas y queremos compartir eso con la gente nueva.

Danay Suárez: Real 70 es y siempre será un clásico. El único estudio que se puede nombrar y recordar dentro de la discografía más significativa del hip hop cubano. Es un lugar inolvidable en el corazón y la historia de cada artista que allí grabó y que salió al mundo como una voz que impulsó discípulos del estilo de hacer rap en Cuba. Real 70 fue encontrar mi voz. Mientras exista, volveré.

Indira Hernández Alonso

Periodista que si busca encuentra. Llenando un título. Con la urgencia vital de descubrir para investigar. A momentos calma en el caos y caos en la calma. Alma de artista sin la habilidad confesa, pero con la sensibilidad. Escribir no es para mañana. Hoy, sigo tecleando.

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