María Teresa Vera, reliquia para venerarte
No pasa un día sin que alguna de sus canciones me dé vueltas en la cabeza, ya sea en una descarga con amigos o en la insufrible soledad. Una anécdota, un verso, cualquier hecho musical y hasta político me obliga de repente a pensar en ella y de una forma u otra compruebo que no la conocemos lo suficiente, ni han sido estudiados, rigurosamente, sus aportes a la música cantada en español y que todo ha quedado ahí: en la repetición mecánica del dato falso, en anécdotas y valoraciones que manan, generalmente, desde el machismo; en el interés amarillista por su vida sexual o simplemente en la efeméride que todos los años nos recuerda el calendario.
Por encima del desinterés y el rechazo que hicieron de su casa una grotesca cafetería del pueblo de Guanajay donde ni mural, ni valla le recuerda al visitante que allí nació la eterna trovadora el 5 de agosto de 1895; su obra sigue viva y son más los que se dejan seducir por su estilo, por la historia de una vida llena de misterios e interrogantes, por el estoicismo con el que enfrentó las críticas y las miradas indiferentes de su época.
Para demostrar lo adelantada que fue y sigue siendo propongo aquí dos ejemplos y dos valoraciones.
Rosa, qué linda eres
El camino de la música tiene sus misterios y para Beethoven era “una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía”. De ahí que nadie se sorprenda si mañana algún músico revienta Spotify con un cover de La choricera de Enrizo o Fao Wenceslao, ambos de Manuel Corona grabados a principios del siglo XX. El reciente éxito Alibi de la iraní Sevdaliza y el cantautor y drag queen de Brasil, Pabllo Vittar es un claro ejemplo de búsqueda y actualización.
El coro de la canción nos traslada a La Habana de 1918 poco antes de que se destapara la fiebre del son, cuando el relevante trovador, tresero y compositor Carlos Godínez convocó a María Teresa (Teté) Vera al segundo piso del Hotel Inglaterra para realizar junto con Alfredo Boloña, Manuel Corona y Sinsonte las primeras grabaciones de sones con la compañía de discos RCA Victor.
Entre los seis números registrados aquel 8 de febrero de 1918 por el Sexteto Habanero Godínez figura Rosa, qué linda eres (Matriz G-2609 / Sello y número: Vi-72644 cd HQ-67) seguramente compuesto por el propio Godínez, aunque en las fuentes consultadas no se indica el nombre del autor.
Quizá por desconocimiento, hoy la mayoría de los medios ignoran olímpicamente los datos anteriores y prefieren dar como única referencia la composición del mismo nombre del colombiano Luis Magín Díaz García, nacido en 1922, cuando en Cuba se inauguraba la radiodifusión, María Teresa y Rafael Zequeira viajaban a Nueva York y la mayoría de estas canciones empezaban a ser conocidas fuera de la Isla.
Otro caso “viral” relacionado con Teté ocurrió en julio de 2019 desde la localidad francesa de Quimber, cuando los niños de ascendencia coreana Issac y Nora Restoin, junto a su padre Nicolás, alcanzaron millones de reproducciones con la grabación improvisada del clásico Veinte años, cuya música es de la autoría de la cubana, sobre texto de Guillermina Aramburu.
Un cancionero para María Teresa
Otra muestra del interés y la pasión que despierta la figura de María Teresa Vera en jóvenes artistas sucedió en abril de este año cuando la creadora cubana Miri Páez Bolet publicó la obra ¿Un cancionero ilustrado para María Teresa Vera? Sí, por las Jirallamas como homenaje a la reina de la vieja guardia. El libro es una experiencia que trasciende las partituras y letras de 117 canciones, con más de 200 ilustraciones originales de las Jirallamas, creadas por Páez Bolet, y está dirigido, especialmente, a los amantes de la música, apasionados de la cultura cubana y aquellos que buscan una conexión más profunda con melodías atemporales.
La investigación iniciada en 2009 llegó a concretarse en febrero de 2022 y aunque la idea original era hacer una película, el actual cancionero constituye igualmente una satisfacción para su autora por haber rescatado gran parte del repertorio musical de María Teresa.
El libro, actualmente disponible en Amazon, incluye partituras para que pueda ser interpretada.
“Un fenómeno que debe pensarse siempre fuera de la caja”
Para la poeta, narradora y ensayista Mabel Cuesta la influencia de María Teresa ha sido esencial y buena parte de su vida tiene como banda sonora la música de la guanajayense. Veinte años y Sobre una tumba una rumba, son dos temas que considera indispensables para entender no solo la música cubana en general, sino a Cuba y a los cubanos en particular.
“Podemos llorar por un amor perdido y hasta por un muerto; pero al final llega la rumba. Incluso si ese final es el definitivo: ¡rumba!”, nos dice.
Al preguntarle si considera a María Teresa una anti-diva en todos los sentidos, considera:
“Más que una anti-diva, yo diría que fue una mujer que se inscribió a sí misma al margen del mandato masculino. Sabía que tenía un don (el de la música) y sabía también que no tenía ganas de negociar la grandeza de ese don para convertirlo en ‘producto’. Podías o no consumir su música, la imagen era ‘un daño colateral’. Hay que pensar asimismo que de sus 70 años vividos solo en 15 hubo televisión y que tampoco estaba presentándose en cada programa musical que se produjera en Cuba.
“Su mundo fue el de las presentaciones en vivo, la radio, las grabaciones. Y claro que siempre importó la imagen; pero en su caso, ella consiguió que importara más su talento. Supongo que sus amigos hombres la leían como ‘una igual’ en términos artísticos y eso frenaba cualquier comentario o sugerencia en torno a su imagen.
“En todo caso, María Teresa es en sí misma un fenómeno que debe pensarse siempre fuera de la caja. Nada en ella ‘encaja’ (nunca mejor dicho) con lo esperado para una guajirita de Guanajay que termina haciendo duetos con músicos que a su lado alcanzaron relevancia, y componiendo temas esenciales para el repertorio tradicional cubano. Sin pedir excusas. Y sin dejar de presentarse como lo que era: música. Y nada más.”
Cuando hablamos del posible “antidivismo” de María Teresa con la compositora, guitarrista y cantante Heidi Igualada, lo primero que recuerda es una fotografía de Vera parada con guitarra frente a un micrófono de la CMBZ.
“Yo me encontraba en casa de una colega, Lázara Ribadavia y concluimos que ninguna de nosotras se hubiera atrevido a tanto y mucho menos a dejar que lo publicaran como portada de disco, por lo desaforada que encontramos la foto en aquel entonces. Eran los años ‘90, y los prejuicios —mucho más crudos que ahora, que todavía existen— nos empañaban ciertas libertades que atentaban contra los cánones establecidos por la sociedad, la tradición y el patriarcado. Si eso pensamos nosotras que andábamos por los 30 años, ¡qué no sería aquel enfoque en los años ‘20! Por otro lado, la palabra diva abarca además de la fama, determinadas posturas y patrones de conducta que no creo que María Teresa cumpliera a cabalidad”, señala.
La autora de Serenata asegura que la trova y sus cultores siempre han sido gente desenfadada y de poca lentejuela, un tanto alejados del espectáculo rimbombante y la pose.
“Aun los que han gozado de gran fama, le han hecho en su mayoría, un poco de ‘alergia’ a las cosas grandilocuentes. Si por ahí miramos, entonces María Teresa sí sería una anti-diva, así como Juana Bacallao fue la antivedette por excelencia. Pero a mí en lo personal no me gusta poner etiquetas, porque la gente es como es y cada cual tiene su receta para caminar por la vida.
“Decir categóricamente que María Teresa fue una anti-diva o no, es algo que no logro atribuirme, al menos con los lejanos elementos que manejo. Prefiero decir y catalogarla como cantora del pueblo, una gran trovadora que ha trascendido en el tiempo con su obra y su carisma (siempre fueron muy pintorescos las trovadoras y trovadores de aquellos tiempos); una mujer que no usó afeites, ni esgrimió estereotipos, ni aprendió una voz impostada para comunicar: una auténtica mujer adelantada a su época, muy cubana, que logró derribar las barreras de lo común, una artista en toda la extensión de la palabra. Y cuando se dice ‘artista’ sobra cualquier otro calificativo”, nos dice la también fundadora del Encuentro de Cantoras “Ella y yo” a celebrarse del 4 al 8 de septiembre en La Habana.
Reina y pura
En uno de los versos del acróstico Querubito santo, escrito por Manuel Corona en noviembre de 1941, su autor califica a María Teresa como una “reliquia” digna de veneración. Habían pasado entonces treinta años de su debut en el teatro Politeama Chico y María Teresa empezaba un nuevo recorrido musical al lado de Lorenzo Hierrezuelo “empecinada” en cantar lo mejor de la trova cubana hasta la muerte.
El próximo año se cumplirán 130 de su nacimiento y 60 de su fallecimiento. Ambas fechas servirán de pretexto para volver a hablar de la obra y el legado de la Madre de la Trova y el Son con la sospecha de que mañana, seguramente, aparecerá algo relacionado con ella que nos dejará sorprendidos.