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Entrevistas Daniel Toledo Daniel Toledo. Imagen cortesía del entrevistado.

Daniel Toledo y la inquietud del proceso musical

Tres procesiones para ensemble de flautas y un alud de sonidos desplegados desde diferentes esquinas: el Cuarteto de flautas Op.5 interpreta el estreno mundial de Tristán II, en la sala de conciertos Ignacio Cervantes, en el Paseo del Prado. Así conocí a Daniel Toledo, un joven músico cubano que este año ha sido compositor en residencia durante la V edición del festival internacional de música Habana Clásica. 

Como parte de la gestión financiera y operativa del Fondo de Arte Joven (FAJ), plataforma cultural de la Cooperación Suiza (Cosude), bajo la dirección artística de Marcos Madrigal y la producción general de Lorenzo Suárez, el festival tuvo también entre sus principales propósitos, visibilizar la obra de jóvenes compositores cubanos. Si bien esta fiesta realiza un paladeo sonoro desde lo más clásico hasta lo contemporáneo, no podía pasarse por alto la “música del presente”, esa que recién acaba de salir del horno creativo de nuestros artistas, porque la utopía se convierte en realidad cuando se escucha. 

Gracias a esta visión fresca y armoniosa en la concepción del festival, tuvimos la posibilidad de disfrutar de varios estrenos mundiales. De Toledo, escuchamos además del ya mencionado Tristán II, sus Preludios estáticos, volumen II, (para piano y orquesta de cámara) y Origo (para voz sola). 

Daniel es un artista emergente que ha tenido un recorrido muy interesante en escenarios nacionales e internacionales. Formado junto al impulso y la maestría de Tulio Peramo, Boris Alvarado, Roberto Valera, Tristan Murail, Mario Lavista, Sergio Barroso y Steven Heelein, su música ha encontrado espacio en diversos festivales y agrupaciones. Como parte de esos frutos ha sido reconocido en varias ocasiones,  obtuvo una mención en el Premio Casa de las Américas (2017), así como el primer premio en los concursos de creación sinfónica Ojalá (2018) e Ibermúsicas (2023), y en el certamen que organiza la asociación para la promoción de la música contemporánea en Ratisbona, Unternehmen Gegenwart. 

Sobre su proceso creativo e inquietudes musicales conversamos recientemente, entre el frío de esa ciudad alemana y las lluviosas tardes habaneras. 

Giselle Lucía: En las últimas semanas pudimos disfrutar de tus creaciones, algunas en la condición de estrenos mundiales. Además, como parte de otra de las iniciativas del Fondo de Arte Joven, fuiste compositor en residencia durante la quinta edición de Habana Clásica. Cuéntame sobre tus experiencias en el marco del festival. 

Daniel Toledo: Habana Clásica fue un espacio tremendo de colaboración y solidaridad entre artistas de muchas latitudes y generaciones. Aprovecho la oportunidad para agradecer a todo el comité organizador del festival, en especial a Marcos Madrigal por la invitación y la gentileza de confiar en mi obra. Me llevo un cúmulo de experiencias positivas, tanto en el trabajo activo con los músicos involucrados en mis estrenos, [que] como espectador en numerosos conciertos de una enorme calidad artística. Desde Mónica Marziota, hasta el Conjunto de flautas Op.5 y Rodrigo García, junto a la Orquesta de Cámara Música Eterna, dirigida por Guido López-Gavilán, han realizado una labor magnífica en la interpretación de los estrenos de las tres obras que compuse para el festival. He tenido el privilegio de trabajar junto a ellos intensamente en los ensayos y he percibido un profundo interés por la música nueva que se está produciendo en nuestros días. Todo ello me hace un poco más feliz y esa alegría se la debo a Habana Clásica.

Daniel Toledo junto a Guido López-Gavilán y la Orquesta de Cámara Música Eterna. Foto por Eduardo Reyes Aranz

GL: ¿Cómo es tu relación con la música desde una visión más personal?

DT: Mi relación con la música empieza en la niñez, pues mi madre es profesora de piano, con mucha experiencia en el trabajo con niños. Con cinco años aproximadamente comenzó a impartirme clases de piano. He crecido básicamente con los sonidos, es mi realidad. Lo que soy no puedo separarlo de lo que hago, de manera que la música es parte de mi persona. Explicar esta relación es como explicar la relación con mi cuerpo o mi pensamiento. 

GL: Navegas desde muy joven entre la composición orquestal y la dirección coral. ¿Cómo describirías este viaje desde ambas perspectivas?

DT: El mundo de la dirección es casi nuevo para mí; hacía aproximadamente siete años que no lo ejercía. Estos últimos años los he dedicado casi exclusivamente a la composición. Luego de la pandemia, sin embargo, por diversas razones me propuse continuar con la dirección coral. Me gradué del Conservatorio Amadeo Roldán en esa especialidad, pero no continué [con ella en mis] estudios superiores, sino que me dediqué de lleno a componer. Hace aproximadamente dos años hice las pruebas de admisión en la misma universidad donde terminé mi primera maestría (en Composición), para la especialidad de dirección y desde entonces he estado inmerso también en el trabajo como intérprete. Igualmente, con algunos amigos de la universidad hemos creado Ekkip, un ensemble de música contemporánea para promover la obra de jóvenes compositores. 

Este es un quehacer más bien instrumental y que requiere un acercamiento distinto al del coro, por tanto, ha sido un tremendo reto asumirlo. Para nosotros, el ensemble representa un proceso de aprendizaje continuo y, en mi caso, un placer tremendo poder hacer la música del ahora y aprender de mis colegas, desde el estudio intensivo de la partitura. A componer también se aprende interpretando. Ha sido igualmente interesante interpretar como director mi propia música; uno debe dejar al compositor de lado y abrazar el mundo de la interpretación, a veces es incluso necesario hacer cambios en la partitura y ajustarse a la realidad sonora del ensemble. 

En el plano coral no he tenido todavía la oportunidad de dirigir regularmente un mismo ensemble, pero en la escuela misma y en proyectos independientes que han ido apareciendo he podido trabajar con este formato también. Como dije anteriormente, soy “nuevo” en este mundo y la inserción en él será un proceso largo. Honestamente, fungir también como intérprete ha venido a ser un impulso a mi labor como compositor, a reconocer la música en su sentido más general y abstracto. 

GL: ¿Dentro de tu proceso creativo, tienes alguna preferencia en el plano de la composición?

DT: En mi opinión la herramienta básica y fundamental de un compositor es la flexibilidad. Nosotros no trabajamos con instrumentos o formatos específicos, sino con la música misma. Ella se expresa de maneras ilimitadas, uno como creador solo tiene que estar dispuesto a que la música fluya a través de cualquier formato. Esta filosofía, más bien pragmática, permite también trabajar continuamente. Solo tenemos que observar lo que existe a nuestro alrededor y componer para ello. Uno crea también redes de colaboración solidarias compositor-intérprete que van dictando los formatos con los que se trabaja. Al final, si es un trío con piano, una orquesta, un solista o un coro, no importa, solo la música importa, y es necesario crear lazos duraderos con el otro, que es también un propósito fundamental del arte. 

Tengo predilección por la voz, ya sea solista, en ensemble o en coro. Mis inicios musicales fueron el piano y el coro, de ahí que cantar sea importante en mi trabajo. Es también significativo el texto. No me considero un compositor programático, pero sí me interesan las imágenes sonoras que pueda provocar la palabra. De manera que, texto y voz están muy presentes en mi música. La palabra escrita se vuelve dicha: cantada, susurrada… se abre una dimensión intermedia entre lo sonoro y lo significante, esa dimensión inexacta y ambivalente es un mundo en el cual me place habitar. 

GL: Ante los nuevos tiempos y con las facilidades del desarrollo tecnológico, el proceso de composición musical ha cambiado mucho. Ahora puedes auxiliarte de partituras y softwares especializados para tener una primera escucha de la pieza antes de que sea llevada a escena por músicos reales. ¿Cómo aprecias este fenómeno? ¿Cuáles crees que sean los principales retos de un compositor en la actualidad?

DT: La tecnología puede mejorarnos la vida, complementarnos y finalmente ser de gran utilidad en nuestro crecimiento. También puede ser contraproducente, en tanto funciona con muchos patrones y esquemas, mientras que el arte tiende a romperlos. Los softwares para escribir música son muy útiles para tener una partitura legible y bien detallada con la precisión de la máquina. Ahora bien, yo no lo utilizo para tener una referencia sonora de mi música, prefiero la sorpresa del ensayo y el desarrollo de un oído interno. La computadora proporciona una referencia auditiva demasiado perfecta e irreal de la música que puede llevar al compositor a tener una expectativa artificial de su propio trabajo. En todo caso, si hay dudas con algún sonido, usar el piano o cantar y, sobre todo, desarrollar una escucha interna que permita imaginar la música de una forma abstracta. En el ensayo esa imagen sonora se hace real y concluye entonces nuestro trabajo, la imagen sonora abstracta se abraza con la realidad interpretativa de la obra. 

Como compositores de música, digamos, “clásica” tenemos y siempre hemos tenido un gran reto: poder comunicar algo con elementos tan abstractos y carentes de significados específicos como pueden ser un acorde o una melodía. El tema del público es también algo a analizar, pero personalmente creo que debemos vivir con la idea de que nuestro trabajo nunca llegará a los megaescenarios pues, finalmente no es su propósito. Esto no significa que no debamos trabajar por tener audiencias, todo lo contrario, como compositores del siglo XXI tenemos que tratar por todos los medios de promover nuestro trabajo y llegar a todas las personas que podamos, pero siempre con una pizca de realismo. Creo que la música “clásica” contemporánea sí tiene un nicho y audiencias, que tenemos que potenciar en la búsqueda de otras nuevas. Nuestro trabajo no es extraordinario ni mucho menos, pero sí requiere de una disposición a la incomodidad, requiere una disposición a la actividad y no a la pasividad.

Daniel Toledo junto a Marcos Madrigal. Foto por Eduardo Reyes Aranz

GL: ¿Cómo contemplas el contexto de la composición en Cuba?

DT: Cuba es una isla y dicha circunstancia la hace ser una burbuja geográfica. Tiene ventajas y desventajas. Por un lado, permite crear una identidad bastante individual que le evita parecerse a otras culturas. Al mismo tiempo, esto puede fomentar un nacionalismo nocivo que colinda con el chovinismo. Igualmente, el aislamiento geográfico puede crear una cultura endógama que solo se contempla a sí misma. Por ello, y teniendo en cuenta la realidad inalienable de la globalización, será siempre importante, como ciudadanos en primera línea, preguntarnos sobre nuestro espacio en el mundo y no solo en el contexto inmediato. Esto es extrapolable a los artistas y, por supuesto, al compositor. 

Tenemos la necesidad imperativa de conocer qué están haciendo nuestros colegas en otras latitudes y erigir lazos creativos con ellos, no solo de manera práctica, o sea, buscar que nuestro trabajo sea escuchado en diversas regiones del mundo, sino también compartir conocimientos con otros creadores y beneficiarnos de dichos intercambios. En ese sentido fue muy ameno ver que los estudiantes de composición del ISA [Universidad de las Artes] están transitando sus propios senderos creativos, interesados en ese intercambio saludable de pensamientos. Finalmente, nuestro país ha tenido siempre una gran ventaja: la reinvención constante de la identidad. La democracia de estéticas musicales es un logro a salvaguardar. 

GL: Aunque eres muy joven, tus piezas se han representado en escenarios nacionales e internacionales, con un amplio recorrido que denota disciplina y talento. Siendo músico cubano y teniendo en cuenta la aceptación de esta en el contexto internacional, ¿cómo ha sido la experiencia de estudios en Alemania? ¿Alguna anécdota que haya marcado tu carrera?

DT: Yo me defino en el trabajo sistemático. Soy lo que hago e intento hacer todos los días. Alemania es un país con una enorme tradición musical que por su posición geográfica y económica tiene espacios culturales de todo tipo. Sin embargo, penetrar en el mundo de la música contemporánea sin seguir al pie de la letra los dictados académicos es complejo. Por tanto, he decidido abrirme el espacio por mi cuenta, aunque sea a la fuerza. 

Después de la pandemia he comenzado a organizar mis propios conciertos, en los que, por supuesto, tiene cabida la música de otros colegas, pues la colaboración es la base de mi trabajo con el otro. No sé si voy logrando algo importante, pero con suerte he podido colaborar con músicos de tremenda calidad que han tenido la gentileza de interpretar mi música y, repito, me defino en el trabajo y allí radica mi responsabilidad en el plano de la música. 

Lo bueno de vivir en un continente es la posibilidad de entrar en contacto con otras culturas de manera relativamente fácil. En ese sentido no me he reducido a hacer proyectos en Alemania, sino [también] en otros lugares de Europa donde se han abierto algunas puertas. Por ejemplo, desde hace dos años colaboro con un barítono cubano (Antoin Herrera-López Kessel) que radica en Suiza, con el que he tenido la oportunidad de redescubrir la poesía cubana a través de Lezama Lima y otros autores. También he tenido contacto con la práctica de la música antigua que ha sido un gran descubrimiento para mí. De esta manera, he compuesto igualmente para instrumentos históricos como el violín barroco, el órgano o la flauta de pico. Estos años me han dado un mejor entendimiento sobre mi lugar en el mundo y mi trabajo. 

Daniel Toledo. Foto por Eduardo Reyes Aranz

GL: En 2023 concluiste tus estudios de maestría en Composición, bajo la tutela de Steven Heelein y actualmente te encuentras en el proceso de una maestría en Dirección coral en la Universidad HfKM-Regensburg, en Alemania. ¿En qué otros proyectos creativos estás inmerso? ¿Cuál es tu proyección hacia el futuro?

DT: Por ahora seguir, de a poco, insertándome en el contexto de la música ya sea desde la interpretación o la composición. El año próximo realizaré mi primera pieza de grandes dimensiones, un oratorio de aproximadamente una hora para solistas y ensemble instrumental. Ese proyecto me ocupará durante muchos meses. Al mismo tiempo, con Antoin Herrera-López Kessel pensamos hacer un álbum de obras para barítono y diversos formatos, con textos de poesía cubana, haciendo un recorrido cronológico que comienza en Juana Borrero y termina con una poetisa contemporánea. Debo hacer varias piezas también por encargos. Finalmente, hay que continuar trabajando, pues a componer se aprende componiendo, solo en la disciplina y el ejercicio diario de la creación se llega a un relativo entendimiento de uno mismo como artista. 

Giselle Lucía Navarro Más publicaciones

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