Portada del álbum El inigualable Bola de Nieve
Portada del álbum El inigualable Bola de Nieve

Dando la nota: El inigualable Bola de Nieve

5 minutos / Nicolás Guillén

31.05.2021 / Artículos

Esto de presentar a Bola de Nieve… Decir una y otra vez: Bola de Nieve ha sido, es y será. Pero, ¿cómo? ¿Todavía hay que decir eso, y repetirlo, como si el sonriente cantante negro  estuviera haciendo pininos con su arte, un arte en que es maestro sin reemplazo? Se presenta lo que no se conoce, lo que es nuevo, de modo que los demás sepan a qué atenerse. ¿Pero Bola? Es como si dijéramos: “bueno, mire ahora, ¿ve usted? Ese cuadrúpedo elástico, de ritmo augusto y elegante, de pelambre amarilla, de abundosa melena y ojos sangrientos y colmillos puntiagudos y recios, que además ruge como si fuera un león, es eso precisamente, un león. No engañarse; no dejarse engañar. Es el auténtico rey de las selvas, el símbolo heráldico de numerosas dinastías, etcétera”. En fin, algo que los naturalistas (y así lo aprendieron todos los bachilleres en el bachillerato) llaman misteriosamente felis leo. ¿Tonto, no es cierto? Pues sí, tonto.

Bola de Nieve pertenece a nuestro folclor. Tiene la misma categoría que el Templete, pongamos por caso, o que Papa Montero. Pasarán los años y él morirá, y el que va a firmar esta crónica también. Sin embargo, Bola quedará en la historia, y, lo que es más poético, en la leyenda, allí donde la historia sea impotente para explicárnoslo. ¿Quién podrá fijar hoy las características personales, íntimas, las idas y venidas, en qué afanes, por las callejuelas de Santiago, de aquella negra libre que fue la Ma’ Teodora? Sí, ahí está su son, ahí está su tarifa (o sus condiciones) para amenizar fiestas y saraos en las mansiones señoriales del XVI  cubano, en el oriente de la Isla.

Pero el resto hay que inventarlo, hay que inventárselo. Inventarle la voz, la nariz, la maestría de las manos rasgueando la bandola. Y aunque mucho de eso ha de ser cosa que podrá ser vista en Bola, porque ahora tenemos medios mágicos que no había en los tiempos de la archifamosa dominicana, queda siempre un margen para la imaginación, que ningún documento gráfico alcanza a dar todavía, ni tal vez alcance a dar nunca. Ese margen es el que gozamos hoy los que tenemos ocasión de ver, de oír, de tocar en la carne y en el hueso al gran cantante nacional, nuestro, único, criollo desde los tacones de goma de sus zapatos hasta el cráneo redondo y liso, lleno de sabiduría musical.

Hombre, a propósito. Hace algún tiempo dije que Bola nunca se las había visto con Rigoletto, ni había dado conciertos de Chopin. De donde alguien sacó como consecuencia que para mí Bola era una especie de genio inculto, montaraz, a quien le venía grande una página de No-Sé-Quién, o la interpretación de No-Sé-Cuál. No, yo no dije eso, yo no puedo decir eso tampoco. Lo que yo dije fue que Bola es algo más que todo eso, y que, aun sabiendo lo que sabe, hace lo otro, lo suyo — lo nuestro— que es más importante, o al menos tan importante como los demás. No da conciertos de Chopin, porque los da de Bola; no canta Rigoletto, porque canta Mesié Julián, lo que Chopin y Verdi le aplaudirían, si ellos vivieran y conocieran a Bola y lo oyeran tocar y cantar.

Pues Bola, además de su cultura musical, tiene una bien hecha cultura literaria. Su charla (no pública, pues no es charlista de ese jaez, sino la corriente y moliente entre amigos) está siempre salpicada de ingenio, con lo que hace buena la observación del clásico, según la cual, la destreza en decir donaires es signo de grande inteligencia.

En fin, nada más; aquí termino. De Bola no hay que hablar, sino sentarse a oírlo. Capte, reciba, guarde, archive usted todas las emociones que el concierto próximo va a suscitar en su espíritu. Ya nos veremos luego, al final de esta noche. Sí, ya sé desde ahora lo que va usted a decirme. Tendrá usted razón…y yo también.

Mayo 1969

 

 

Lista de Títulos

1                             Saludo

2                             Caballero de Olmedo (Juan Solano)

3                             La Vie En Rose (Edith Piaff)

4                             Be Careful It’s My Heart (Irvin Berlin)

5                             Monasterio Sta Chiara (A. Barbierli)

6                             No puedo ser feliz (Adolfo Guzmán)

7                             Ay Amor (Ignacio Villa)

8                             Vete de mí (Hermanos Expósito)

9                             La Flor de la Canela (Chabuca Granda)

10                           No dejes que te olvide (Ignacio Villa)

11                           Tú me has de querer (Ignacio Villa)

12                           ¿Por qué me la dejaste querer? (Ignacio Villa)

13                           No quiero que me olvides (Ignacio Villa)

14                           Si me pudieras querer (Ignacio Villa)

15                           Alma Mía (María Grever)

16                           No niegues que me quisiste (Jorge del Moral)

17                           Ausencia (María Grever)

18                           Tú no sospechas (Marta Valdés)

19                           Te olvidaré (Manuel Merodio)

20                           Babalú (Margarita Lecuona)

21                           Drume Negrita (Emilio Grenet)

22                           Ay, Mama Inés (Eliseo Grenet)

23                           Vito Manue (Guillén-Grenet)

24                           Espabílate (Eliseo Grenet)

25                           Chivo Que Rompe Tambo (Moisés Simons)

26                           Manisero (Moisés Simons)

27                           Mesié Julián (Armando Oréfiche)

28                           Despedida

 

Producción y selección musical: Jorge Rodríguez

Copia y edición: Amanda Ruiz

Diseño gráfico: Reinerio Tamayo

Estudios de Grabaciones Egrem, Ciudad de La Habana, Cuba, 1992

Nicolás Guillén

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