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Dando la nota Diseño: Jen Ancízar

La Ritmo me está llamando…

Reverenciar el quehacer de la Orquesta Ritmo Oriental es un gesto noble y, sobre todo, un acto de justicia. Sacar del ostracismo obras icónicas de su repertorio para entregarlas con aires renovados a las nuevas generaciones es, cuando menos, un hecho de sobrada cubanía, que denota respeto por lo mejor de nuestra tradición. De eso va este álbum.

La Ritmo me está llamando es una señal de atención hacia una de las agrupaciones emblemáticas de la Isla, cuya fundación arribó a su aniversario 65, y sobre la que inexplicablemente ha caído todo el peso del olvido. Constituida bajo el formato de charanga, sus obras representan parte vital del testimonio sonoro de una época de oro para la música cubana, en la que coexistió en franca competencia lo mejor y más valioso que ha trascendido en el ámbito bailable. Los ineludibles aportes de La Ritmo, como también se le conoce, han devenido nutrientes esenciales en el proceso de sedimentación del estilo de varias alineaciones musicales que conforman esa escena, y se materializan en buena parte de los conceptos orquestales al uso, desde hace buen tiempo perceptibles en cada una de ellas.

Destacan en ese sentido el constante cambio y la experimentación en las estructuras; la recurrencia de los contracoros al aire, desarrollados por los instrumentistas fuera de micrófonos como respuesta a los coros realizados por los vocalistas; la ingeniosidad de los bloques percusivos y los efectos que con ellos generan, contrarrestando el carácter repetitivo de los arreglos en la mayoría de las orquestas de la época. A todo ello ha de añadirse la proyección escénica de sus cantantes que, sin dudas, devino elemento signante de la contemporánea timba. Estas y otras apreciables innovaciones quedaron como huellas de la vasta creatividad de la tropa comandada por el legendario percusionista Enrique Lazaga, considerado el güirero de mayor reconocimiento dentro y fuera de la Isla. 

Es por ello que, cuando en el 2022, el destacado violinista Enrique Álvarez impulsa su idea de crear el Encuentro Unión charanguera con el ánimo de resaltar la importancia, evolución y proyección contemporánea del formato charanga en la historia musical cubana, consideró justo y necesario poner la lupa sobre la sexagenaria orquesta, y rendirle honores en su primera edición a la figura del maestro Lazaga. 

Fue esta la oportunidad idónea para materializar un álbum en soporte sonoro y audiovisual, que potenciara desde lo fonográfico el objetivo del evento. Y no es de extrañar que sea precisamente una de las ramas del fructífero tronco que representa la familia Álvarez para la música popular cubana, la que haya propiciado esta producción. A Enrique Álvarez Navarro se unió su hijo, Lázaro Álvarez del Risco, asumiendo la dirección general y musical, respectivamente. Para ello contaron con el visto bueno de la casa discográfica Bis Music, cuya proyección cultural hacia todo lo que represente preservar la tradición desde enfoques actuales, es ya reconocida en el gremio de la industria musical nacional. 

Protagoniza este empeño La Charanga Latina, formación que padre e hijo lideran. Pero no se trata de un producto más dentro de la trayectoria de la orquesta. Por el contrario; se erige en un documento fonográfico cuyo criterio de selección, exquisito y atinado, recayó en Enrique Álvarez y José Manuel García, uno de los más avezados productores musicales de la Cuba de estos tiempos. Ambos tuvieron en cuenta diez piezas paradigmáticas del repertorio de La Ritmo; esas que fueron hits y conformaron la banda sonora de múltiples generaciones de cubanos, entre las cuales destacan Mi socio Manolo y La chica mamey, de Juan Crespo Maza; Chenche buchenche, de Roberto Núñez Povea; Y se baila así, de Enrique Lazaga; Yo bailo de tó, de Rolando Vergara; ¿Quién dice?, de Rodulfo Vaillant; o La Ritmo te está llamando, de Tony Calá. Sin dudas, la muestra rescata parte importante de nuestro patrimonio musical, propiciando la reedición de las buenas experiencias de escucha y disfrute de una obra de excelencia.

Quizás una de las mayores fortalezas del álbum radique en la juventud de sus orquestadores. Lázaro Álvarez y Maikel García Cuchilla, unieron sus competencias como percusionista y pianista, respectivamente, y demostraron ser una dupla talentosa y efectiva en estas lides. Los conocimientos rítmicos de uno se fundieron con los armónicos del otro en un interesante laboratorio creativo que sorteó con éxito el desafío de realizar versiones a temas antológicos. Llevar adelante este ejercicio puso ante ellos un universo al descubierto. Maravillados por los arreglos originales, decidieron apostar al marcado equilibrio entre lo tradicional y sus inquietudes artísticas como creadores de estos tiempos. A cada paso respetaron las esencias y, a partir de la matriz, aportaron lo que creyeron oportuno en aras de acercar el resultado sonoro a los requerimientos actuales del mercado. ¡Y lo lograron!

En sus revisitaciones destacan el desempeño del tumbao y el tratamiento armónico de los metales como dos de los rasgos más sobresalientes. En ese proceso, recrear la percusión fue uno de los principales retos. La agrupación homenajeada se desmarcó de sus congéneres por la sección rítmica, consolidada en sus buenos tiempos a partir del andamiaje que había construido el tridente Enrique Lazaga, Juan Claro Bravo y Daniel Díaz en el güiro, las tumbadoras y el timbal, y que se mantuvo intacto por más de treinta años. El joven Álvarez respetó los códigos establecidos desde antaño. Su aproximación logró recrear el sui generis set de timbal con tom-tom y campana en el pie que ofreció nuevas posibilidades rítmicas, definitorias de la marcha en el estilo de La Ritmo. A la sazón, le imprimió elementos modernos al típico campaneo, y el resultado es encomiable. 

El álbum concentra una valiosa cofradía de cantantes cubanos, reconocidos en el ámbito de lo popular bailable. Algunos habían formado parte de las filas de la charanga, como Tony Calá y Pedrito Calvo, que aquí intervienen como invitados especiales. Otros se unieron en un abrazo musical, reconociendo en la legendaria agrupación parte esencial de su herencia sonora. Así se pueden apreciar en los diferentes surcos del disco las espectaculares voces de Mayito Rivera, Lachy Fortuna, Dayán Carrera, Maikel Dinza, Wil Campa, Diamante o Ronnie. El fonograma, además, depara una sorpresa inestimable que estimula los resortes de la nostalgia, al tiempo en que añade sabiduría, experiencia, y constituye uno de sus mayores atractivos: al homenaje fue convocado el mismísimo Enrique Lazaga, quien intervino con su maestría interpretativa y resultó interpelado hasta las lágrimas, como prueba tácita de su aprobación y gratitud. 

La Ritmo Oriental amerita muchos más esfuerzos en pos de la preservación de sus memorias y, sobre todo, del acercamiento a las nuevas generaciones de cubanos. Este es solo el primer eslabón, concretado como sesión en vivo, filmado en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de José Manuel García. Basta visualizar las primeras imágenes y escuchar los acordes iniciales para apreciar la eficacia y el valor de la propuesta, la trascendencia del hecho artístico, la invitación a disfrutar y apropiarnos de una parte crucial de nuestra historia musical.

Por: Neris González Bello. 

La Habana, 2 de diciembre de 2022

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