Ilustración: Mayo Bous.
Ilustración: Mayo Bous.

Consultorio Musical: ¿Por qué son relevantes los metadatos en la distribución digital de la música?

7 minutos / Darsi Fernández

10.05.2021 / Artículos

El término metadata, que pareciera el nombre de una medicina, fue acuñado en la década del 60 del pasado siglo para definir a un grupo de datos que describen e informan sobre el contenido de un producto.

En la industria musical ha adquirido una importancia inédita y decisiva en el contexto de la distribución digital; y su omisión o tratamiento deficiente puede perjudicar muchísimo a les productores, intérpretes y creadores de obras y contenidos musicales. Como ya has notado y te hemos comentado par de veces en esta sección, hoy en día ser músiques y vivir de ello requiere una serie de habilidades que antes no se necesitaban, y en las que se incluye la gestión de datos.

Metadatos llamamos en el mundo de la música hoy al conjunto de créditos identificativos que deben incorporarse y aparecer relacionados con cualquier lanzamiento de un single, álbum, video o en general cualquier contenido de audio o audiovisual en plataformas digitales. Incluye, en sentido general, información descriptiva e información de titularidad o propiedad.

La metadata descriptiva abarca, por ejemplo, el título de la obra, la fecha de publicación, el arte o portada, les intérpretes principales. Puede abarcar también información que resulte útil para su inclusión en playlists históricos, temáticos o de mood tales como “rock cubano de los 90”, o “música para fiestas de graduación”.

La metadata de titularidad o propiedad incluye toda la información relacionada con les derechohabientes (personas con derechos sobre ese contenido), que puede abarcar al productore del fonograma, les intérpretes, autores o coautores de cada obra —tanto en calidad de compositores como de letristas—, productores musicales o arreglistas, si fuera el caso. Es absolutamente vital para que cada une consiga obtener las regalías que le corresponden, según los acuerdos o pactos previos que hayan alcanzado entre elles y con los agregadores y distribuidores digitales.

Debido a las actuales tendencias en la música (remixes, featurings, obras multiversionadas incluso para diversos formatos) muchas de las canciones poseen la complejidad adicional de tener una pluralidad de autores, que ha realizado aportaciones a la obra final. Que cada artista y empresa incorporados en la cadena de la creación, producción y lanzamiento sea retribuido adecuadamente, puede ser una tarea muy compleja que, por lo general, sólo es posible mediante el uso de sofisticados programas informáticos y algoritmos de inteligencia artificial, que procesen el conjunto de datos que se relacionan con cada contenido.

Una omisión o error en los metadatos puede resultar en que une artista o compositore pierda dinero (poco o mucho en dependencia de la real explotación comercial del contenido musical). La prácticamente infinita cantidad de música disponible en diversos y globales espacios online legales, alternativos o ilegales, hace que todo sea mucho más complejo.

La industria musical ha resultado lentísima para establecer estándares de información o metadata. En los primeros 15 años del streaming de música, por ejemplo, les compositores musicales no eran incluides en la información básica de los tracks de audio que pululaban por las plataformas digitales y en consecuencia perdieron muchísimo dinero, hasta que artistas y compositores de primera línea como Radiohead o Taylor Swift les prohibieron a compañías como Apple Music y Spotify el uso de su música.  Por su parte Pharrell Williams amenazó a YouTube con una demanda si no retiraba sus videos que, a pesar de tener millones de vistas, no le estaba generando dividendos. Las editoras musicales y entidades de gestión colectiva de autores y compositores finalmente se pusieron las pilas. Las grandes plataformas nativas digitales para la distribución de música tuvieron que sentarse a negociar y modificar sus exigencias de metadatos y sus algoritmos.

Por si he conseguido convencerles de la importancia y absoluta utilidad de la calidad de los metadatos asociados a la música que ponemos a disposición en las plataformas digitales, les dejo un grupo de consejos o buenas prácticas a la hora de definir, organizar y subir la información de un lanzamiento musical:

— Confirma varias veces que no se te queda ninguna persona o institución que haya formado parte del contenido musical sin ser identificada. Para ello, es útil tomar nota desde el comienzo de la creación de la obra musical de quiénes se van involucrando y los acuerdos a los que  arriban en el camino.

— Intenta  definir los porcentajes de participación de cada une de les creadores involucrades —en el caso en que sean varies—, en la medida en que el proceso creativo avanza y si es posible no dejes la toma de esta decisión para el momento del lanzamiento.

— Cerciórate de que tienes absolutamente claro el rol de cada une y hazlo coincidir con las profesiones o responsabilidades correctas en las planillas o formularios de datos. Si tienes dudas, pregunta a la plataforma.

– Corrobora la ortografía correcta de los nombres propios y de los títulos de las obras.

– Pon atención al modo en que la información pide ser registrada (por ejemplo, si deben ir antes los apellidos y después los nombres, si el seudónimo o nombre artístico tiene una casilla diferenciada, si el arte se pide en formato .pdf, . tiff,. jpg).

– Asegúrate de colocar en las casillas determinadas para ello los códigos ISWC[1]de las obras. En caso de que nos los tengas, averígualos con la entidad de gestión colectiva de derechos de autor que te representa.

– Coloca en las casillas determinadas para ello los códigos ISRC[2] de las grabaciones, o en caso de que no los tengas, cerciórate de que la plataforma de distribución le otorgue uno a cada grabación de tu obra puesta a disposición.

Espero no haberles abrumado demasiado con este consultorio que parece redactado para especialistas en Ciencias de la Información. Siempre puedes encargar el trabajo a alguien de tu equipo que sea ducho espacialmente en este campo, pero más te vale conocer al menos el abecé de las cuestiones relacionadas con tu carrera, que es lo que intentamos ofrecerte en esta sección. Hasta la próxima.

[1] ISWC (International Standard Musical Work Code o Código internacional normalizado para obras musicales) es un número de referencia único, permanente y reconocido en el mundo para la identificación de obras musicales. Todos los ISWC comienzan por la letra T, seguida de nueve números y un dígito de control al final (Ejemplo: T-123456789-1). Los números de licencia ISWC son asignados por las sociedades de gestión de derechos de autore en el momento del registro de las obras.

[2] ISRC (International Standard Recording Code) es un código estándar de carácter internacional para identificar grabaciones de audio y videos musicales. Cada grabación, versión y remix de una canción tendrá su propio código ISRC. Los códigos ISRC son otorgados por agencias nacionales (en función del país y su asociación con Federación Internacional de la Industria Fonográfica IFPI), así como gestores de ISRC oficialmente autorizados, como algunas plataformas de distribución digital de música.

 

Darsi Fernández

Abogada. Hipervinculadora. Madre de violinista adolescente. Organizadora nata. Mala memoria solo para lo que le conviene. Sueña con jubilarse a leer.

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