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Oye cómo va Ilustración: Nelson Ponce

Un son para El Indio

Andy Ruibal ha grabado junto a Alexander Abreu y Manolito Simonet el tema Cantarle un son. El título ha resultado una reverencia al género, una reverencia al trabuco, la muestra de la calidad del santiaguero y tributo a uno de los grandes soneros de Cuba, Sixto Llorente. Cuando el título asoma a finales, Abreu en una emotiva guía recuerda al gran cantante.

El Indio fue muy conocido entre el público por sus actuaciones, sobre todo en La Aliamen, con Manolito Simonet y en sus últimos tiempos en La Aragón. Los músicos guardan entre ellos una comunicación distinta a la de la audiencia. Si el bailador no es de los que investiga, podría creer que en Sur Caribe no hay otro que Ricardo Leyva, o que la Charanga Habanera era una barra de cantantes con buena facha.

Todas estas cosas se manejan diferente entre los cantantes. A Sixto Llorente, en buena parte del gremio, se le tenía como uno de los más grandes soneros de Cuba. El tema de Ruibal hace justicia. Yo le recuerdo en su estancia con La Aragón; en ese tiempo ocurrió algo que no me imaginé. La Aragón fue invitada a actuar en el carnaval de Songo-La Maya; la añosa agrupación se enfrentaba no solo al crecimiento indetenible de la música urbana, sino también a otras agrupaciones con sonido timbero, o a las charangas de Oriente que, lejos de anquilosarse, han visto mezclar el son con otros géneros como el merengue, la cumbia o el vallenato con el mismo formato de La Charanga Eterna. Pero nada detuvo a La Aragón.

Recuerdo que hablé con Rafaelito Lay y me retó: “sal a ver a la orquesta”, y, cuando salí, había un mar de gente, pero antes hablé con El Indio, la adquisición que habían recién hecho. Al preguntarle por lo que me parecía una locura, irse de El Trabuco, me respondió: “Yo siempre sé mi ruta, y hasta ahora no se me ha cerrado ninguna puerta. Manolito es un gran músico y el Trabuco una gran orquesta. Sin embargo, tomé mi decisión y salí porque me propusieron hacer un pequeño formato. No hubo problemas ni nada; al contrario, hace un tiempito grabé un tema con ellos en la Egrem, con Tamayito, el de Adalberto. Estaban grabando y me llamaron. Mis relaciones con el Trabuco no se han perdido”.

El Indio me habló de cómo los salseros habían aprendido el son, de lo que habría pasado, según él, si las disqueras grabaran abiertamente a sus connacionales, y me pidió que fuera a ver a La Aragón. Me quedé con su disco Lo que sucede conviene y nos dimos un abrazo.

Había escuchado su música, había escuchado las opiniones de otros soneros y el respeto era casi unísono al de Rafael Lay en La Charanga Eterna. Cuando salí, muchísima gente ocupaba las calles, los pomos de cerveza, las muchachas con las modas de turno, los jóvenes con su facha reguetonera bailaban con aquellos temas de siempre; miles de personas al son de La Aragón. Eso sí, las guías llevaban un tono diferente, alargaban los temas por minutos porque uno de los más grandes del momento, Sixto Llorente, El Indio, hacía moverse a cualquiera.

Lo recordé escuchando a Andy Ruibal, Alexander Abreu y Manolito Simonet. Para suerte de este grande, los de ahora saben cantarle un son.

Rogelio Ramos Domínguez Escribidor de versos y canciones. Periodista a tiempo completo y sobre todo padre de Claudia Ramos. Más publicaciones

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