Ilustración: Nelson Ponce Con Fito en Miami
La poesía es la única verdad;
sacar belleza de este caos es virtud
Cerati
¿Te gusta Fito?, me pregunta el radiólogo con evidente acento porteño. Le digo que sí, mientras me pide que ponga los codos en la cintura y trate de juntarlos, casi en forma de alas, y que respire profundo. Se me acerca y me pide permiso para tocarme.
Es muy poco Fito, además de que es hincha del equipo contrario.
Se aleja. Hace el “flash” y queda lista presuntamente la placa de mis pulmones. Placa, así le llamamos en Cuba a las radiografías. Se sienta detrás de su mesa. Hay un aire acondicionado que truena; en Miami esta gente no apaga nunca los aires, ni en invierno. El tipo vuelve a apuntar y me dice que Charly es el tipo.
—Tenés que oír Viernes 3 AM, eso sí es una buena canción; Fito… — y ya sé con lo que viene.
Fito separa a los rockeros. La retórica va desde ese modo de peinarse, la ropa que usa, el disco de El amor después del amor, el Circo Beat, muy light. Y yo le digo que es un tipo que escribió Tumbas de la gloria; cuando menos hay que darle un chance.
—Mucha poesía, pibe, pero el chabón no se ensucia las tripas.
“Algo de vos llega hasta mí.
Cuando era pibe, tuve un jardín,
pero me escapé hacia otra ciudad.
Y no sirvió de nada porque todo el tiempo estaba yo en un mismo lugar,
bajo una misma piel
y en la misma ceremonia”.
Repito de memoria. El tipo hace sonar la lapicera por el papel; va y tengo un tumor. Mi viejo murió de cáncer. En Cuba las cosas están complicadas; fumé hasta que los pulmones se me hinchaban mientras el chino Luis Fong me hacía escuchar, entre tragos de alcohol casi puro, los casetes de Fito, y Demian Ravilero me leía los textos. Era el único tipo en Santiago de Cuba que tenía una suerte de pañuelo con una caricatura de Fito.
Y yo me preguntaba: ¿qué cosa hay más grande que los buenos versos? La vida, ¿qué es? ¿Tener plata o emocionarse con unos versos de Spinetta?: “Muchacha, piel de rayón”, no jodas. Casi lo digo, pero susurro:
—Flaco, ¿dónde estás? estoy imaginándome otro lugar, estoy juntando información, estoy queriendo ser otro.
—Ya veo, sos un crack.
Y nos reímos. Al final, los resultados de los análisis no me los llevaría en una carpeta; los enviaría él.
Le digo entonces que la ventaja del pop es que logra traducir a la mayoría lo que pertenece a tribus pequeñas, y eso Fito lo ha hecho sin perder el sabor de su tierra, sin hacer concesiones que le maldigan. Es rock, jazz, folclore, tango, Spinetta, Charly, música clásica…
Me da por imposible, me planta las manos sobre los hombros y vuelve a repetir que Charly. Y lo sé, he estado en Buenos Aires, he sentido este mismo brillo en los ojos de quien vive el sonido de Charly García. No insisto; al final también los hay “Baglietto” y también me encontré a quienes no soportaban a Cerati. “No me lo banco”, dirían en buen porteño, y pude escuchar a la Orquesta Típica Fernández Fierro y a la Runfla. Sé que Buenos Aires y Rosario han dado tanta música que la gente parece no ponerse de acuerdo, o se plantan de una parte u otra como en un Boca-River.
Lo más grande es eso: este médico palpa mis pulmones en Miami y hablamos en español de los ídolos de nuestras vidas, gente que pudo hacer música con nuestras ilusiones (algunas perdidas); o de otras cosas hermosas como un disco de Los Beatles, en el que se canta sobre el misterio, el amor, el dinero y la soledad.
Cuando salgo al fin a la calle, con más de 36 grados (en Miami hablan en Fahrenheit), pongo aquello de “dale alegría a mi corazón”, y sigo. En esta ciudad hay que salir a ofrecer el corazón y a rodar y a rodar a rodar mi vida porque como me dijo Charly al oído: “cambiaste de tiempo y de amor, y de música y de ideas… pero en sí, nada más cambiará y un sensual abandono vendrá”.