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Entrevistas Imagen tomada de la página web del artista

Aaron Goldberg: “lo cubano va a surgir en mi vida”

Aaron Goldberg camina por La Habana. Cruza la Quinta Avenida en busca de una camisa para el concierto que dará en los próximos días porque, por error, su maleta sigue en Estados Unidos. Él asegura que ya no es un hombre joven, pero se sorprende como un muchacho con la riqueza musical de la Isla ante la simple escena de un vendedor de pan que toca la flauta mientras espera que le compren. “Aquí todo el mundo toca algo, o baila o canta”, dice. 

Es su tercera visita a Cuba y al igual que el año pasado, busca compartir escenario con grandes del jazz cubano y sumergirse en el festival que cada enero llena de swing los espacios de la ciudad.

—¿Cuáles han sido para ti los hitos de tu evolución jazzística, desde los inicios con Joshua Redman y tu debut en solitario, Turning Point, hasta la actualidad?

—Seguramente la mayoría pertenecen al principio, cuando era de verdad joven, como de 17 o 18 años. Fue una etapa en la que pasé de alumno a un nivel más profesional. El primero diría que fue tocar con mi segundo profesor en Boston, Jerry Bergonzi, porque ahí me di cuenta de que había llegado a un nivel en el que mis profes querían que tocara con ellos. Podían escoger a cualquier persona y, sin embargo, si me escogían significaba que había alcanzado ese nivel.

“Después de esto fui invitado a tocar con Betty Carter, una de las más famosas cantantes de jazz. A ella la acompañaban muchos músicos jóvenes, ambiciosos y talentosos de la escena del jazz y, de repente, me vi rodeado de ellos y otros que ya eran famosos e incluso admiraba. Poco a poco acepté que estaba entrando en esa escena y que podía ser un músico de jazz de verdad. En ese momento, estudiaba en la universidad y pasé unos cuatro años llevando ambas cosas.

“Luego comencé con Joshua Redman, que ya era famoso y tocaba en grandes escenarios para muchísima gente. Esto fue importante para tener la experiencia de improvisar y tomar riesgos, junto a alguien ya muy fuerte, y me dio el coraje y la preparación para empezar con mis propias cosas”. 

En los años posteriores, Aaron Goldberg compartió escena con algunos de sus ídolos como Herbie Hancock, Freddie Hubbard, Al Foster y Roy Haynes. Aunque recuerda lo grande que fue grabar sus primeros discos e irse de gira con su propio grupo, para él, las oportunidades de tocar con sus ídolos han sido lo más destacado en su trayectoria.

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—¿Qué te ha motivado a regresar al Jazz Plaza? ¿Cómo fue tu experiencia en la edición anterior?

—Este festival ya es famoso en Estados Unidos a raíz de que por tantos años Chucho Valés invitara a excelentes músicos americanos como Roy Hargrove, por ejemplo, a tocar aquí. Tengo amigos que lo visitaron y volvieron con muchas historias buenas de la calidad de la gente y de la música. Para los músicos de jazz de Nueva York la música cubana es conocida y maravillosa. Sabía que el nivel de los cubanos es muy alto, ya que el nivel de educación musical aquí es, tal vez, el mejor en el mundo, y por esto quería ver por mí mismo cómo funciona y tener este sabor del festival.

“Fue maravilloso encontrar gente que no conocía antes y son del más alto nivel, como Rolando Luna, que es bestial. Escuché su concierto el año pasado y ha sido uno de los mejores conciertos de piano que he escuchado en mi vida.

“Me gustó también poder visitar algunas escuelas de música como la ENA y el ISA. Me inspiraron todos estos alumnos bailando, cantando y tocando. En mi opinión, hay cosas excelentes en mi país, pero la educación musical no es una de ellas. Creo que Estados Unidos puede aprender muchísimo del sistema cubano sobre educación musical”.

Goldberg cuenta lo interesante que le resultó la invitación de Dayramir González a tocar en la edición 38 del Jazz Plaza. Lo había conocido en la ENA en el 2006 cuando era alumno y del reencuentro en Nueva York salió la idea de venir a Cuba el año pasado.

“No estaba esperando volver tan rápido pero me hizo muy feliz cuando Dayramir me invitó nuevamente. Después de venir el año pasado quería especialmente tocar con Jorge Reyes, que tiene un sonido y un espíritu maravillosos. Escuché algunos de sus conciertos en la pasada edición y siempre me impresionó. 

“Es un honor colaborar con él y Oliver Valdés, que es un joven con mucho talento. Estoy feliz de tener esta oportunidad de mezclar mi tradición jazzística americana con sus experiencias, y que esto ocurra mucho más rápido de lo que esperé”.

—¿Cómo valoras la escena cubana del jazz actualmente?

—Para mí hay dos escenas de jazz cubano: una dentro de Cuba y otra fuera. Hay tantos músicos cubanos excelentes en Estados Unidos, España, Francia, los he encontrado por el mundo entero; incluso en Japón y China hay cubanos. Ellos están mejorando e influyendo las escenas de esos lugares. Cuando veo a alguien que toca muy bien y no es de ese país, normalmente es cubano. 

“Hasta el año pasado no había conocido tantos músicos cubanos de jazz y me sorprendió, sobre todo, el número de trompetistas. No se encuentran muchos trompetistas en Nueva York de este nivel y aquí hay una tradición de muchos que tocan maravillosamente la trompeta, que es un instrumento muy difícil”. 

Imagen tomada de la página web del artista

—¿Qué recomiendas a las nuevas generaciones de jazzistas?

—Si quieren ser de verdad jazzistas es importante, en mi opinión, estudiar no solo las tradiciones de la música cubana, sino también nuestra tradición afroamericana, porque el lenguaje de improvisación de jazz es mayormente una lengua de afroamericanos. Es necesario sumergirse en nuestro jazz para luego poder mezclarlo con lo cubano.

“Además, deberían aprender el lenguaje rítmico del swing y aunque la mejor manera de hacer esto es yendo a Nueva York, sin esa oportunidad lo mejor es aprender de oído, a través de Internet. Creo que el jazz va más allá de la tradición clásica de la partitura. Se enseña así en muchos lugares, pero los maestros de jazz no aprendieron así, aprendieron de oído. En general, entrenar el oído, escuchar e imitar a grandes del género y, después, improvisar”. 

En los últimos meses se han hecho más frecuentes los intercambios entre artistas cubanos y estadounidenses, han visitado la Isla representantes de diversos géneros. ¿Cómo aprecias este intercambio y, en el caso del jazz, consideras importante que se propicien estos encuentros entre ambas culturas?

—Este festival está haciendo un buen trabajo creando puentes y oportunidades, porque políticamente los dos países están  bastantes separados pero musicalmente estamos unidos. Es importante continuar protegiendo este puente abierto, independiente de la política, pues es una oportunidad para los americanos venir aquí a tocar con músicos cubanos y también escuchar grupos increíbles de jazz.

“Espero, con suerte, que podamos ampliar el tamaño de este puente y, si puedo ser parte  de eso, me sentiría honrado. Hay que protegerlo porque puede ser frágil si la política no mejora, y desde mi perspectiva, está siempre cambiando. Los pueblos son cercanos, como dice Pablo Milanés, y si nos unimos como humanos la política no importa tanto”. 

—En tus últimas producciones se notan ecos de músicas de Brasil y Haití. ¿Has pensado en sumergirte de alguna manera en lo cubano?

—Estoy colaborando con músicos como Jorge Reyes y Oliver Valdés, en parte, para profundizar mi propia conexión con las producciones cubanas. Como alumno he aprendido poco a poco en el último año, incluso con Dayramir, pero no soy cubano y no voy a ser capaz de tocar música cubana. Sí estoy interesado en colaborar y aprender de los cubanos, en explorar la posibilidad de utilizar en mi propio lenguaje de jazz las influencias y el espíritu de la música cubana.

“Países como Estados Unidos, Cuba, Brasil y Haití, hablamos casi una misma lengua de melodía, ritmo e improvisación, lo cual no es una coincidencia; es la música negra africana que entró en nuestras culturas. Por esto diría que somos como hermanos musicalmente y es posible este intercambio e influencias de unas sobre otras.

“Ya hice algo ligado a la música cubana. Como en 2006, escuché en un bar una canción de Pablo Milanés, la Canción por la unidad latinoamericana, y la grabé unos años después, en 2014. Cada vez que visito países me dejo influenciar por melodías y ritmos que encuentro en estos y estoy seguro de que lo cubano va a surgir en mi vida”.

Lia Rodríguez Reina Más publicaciones

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