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Reseñas

Regreso a Gondwana / Andrés Levín

Cuando en entrevista con Magazine AM:PM, Andrés Levin dijo que Nueva York es la ciudad más caribeña del mundo, no pude evitar ese raro desconcierto de principiante en nuestro hemisferio de la cultura. Ahora logro ver la razón en esa frase; demostrada con años de experimentación y madurez artística. Desde Madonna con La isla bonita hasta Camila Cabello grabando Havana en el metro newyorquino, la ciudad ha servido de plataforma para los admiradores del Caribe. Levín, quien participó en la producción de musicales como In the Hights y Guava Island —donde disfrutamos de Rihanna y Donald Glover (Childish Gambino)— trae más frescor a este terrible verano. Regreso a Gondwana es, como él mismo explica, “una exploración musical de nuestras raíces y puntos en común caribeños, latinos y africanos. Gondwana fue un supercontinente hace 600 millones [de años], que abarca África, el Caribe y América”.

El álbum comienza como un duelo de cowboys del Hollywood clásico. Work All Day, con Lisa Fischer, Telmary Díaz, Meshell Ndegeocello, y Sly Dunbar, es la aridez de los “cuentos de la tierra” americanos hecha música. La fórmula deriva rápidamente en un reggae donde los estrechos coros siguen el orden de las trompetas. Hacia la mitad, la pista acelera y abre paso a Telmary, que narra la faena de los barrios latinos y sus mujeres: “que me la paso trabajando, batallando. Pincha, trabajo y más pincha y la negra cansá”. Cierra así, con un enérgico representar de la tradición en la música fusión urbana.

Manteca 2.0 (An homage to Chano Pozo, Dizzy Gillespie & Cayo Hueso) es una reunión eclipsante de la escena cubana internacional: Levin con Yerba Buena, Los Van Van, Alain Pérez, Pedrito Martínez, Yissy García, ¡Gonzalo Rubalcaba!, Ron Blake y Rashaw Ross. La canción original es uno de los estándares del jazz afrocubano, compuesta por Dizzy Gillespie, Chano Pozo y Walter Gill Fuller en 1947. Esta euforia de bongó y trompetas es tan pegadiza como un buen musical de Broadway; piensas en los mejores momentos de West Side Story —que enfrentaba a dos pandillas de Nueva York en un eterno delirio musical—. Definitivamente, Levín logra mezclar los sabores de las dos Américas.

El mundo que se refleja en Quien me cuida y la fe en un nuevo amanecer parecen ser las tesis de este proyecto. La filosofía del positivismo y la sazón del groove latino es posible debido a varios artistas de renombre y otros no tan conocidos, que brindan un servicio admirable. En esta ocasión, Levín trabajó con Melanie Santiler, Betomonte (de Rawayana) y Ceci Bastida. El sentimiento de salvación es atravesado con gracia —como el sagrado corazón de Jesús— por una rumba atiborrada de cubanía. El artista ve un futuro posible en la unión de la música y la comunidad. Exactamente esto es lo que ha deseado lograr con Tribe Caribe en los últimos años.

Andrés Levín ha continuado experimentando, dialogando con culturas internas del continente. Así podemos presenciar el activo de trompeta en We’re Caribe, una mezcla de jazz fussion y jazz afrocubano, lenguas nativas de nuestras tierras y una enérgica percusión. Junto a Beenie Man, Goyo, Kyoka, Abrante, Franco (El Gorila), Osain del Monte, Ron Blake y Les nubians, construye un agudo entramado basándose en las raíces y la contemporaneidad sonora.

Si hace falta una razón para no dudar de la versatilidad de un productor como Levín ahí está The Man With the Hat and the Tan (ManHatTan), donde logra unir al ganador del Grammy Jon Batiste con Pedrito Martínez, Alain Pérez y Daymé Arocena. Escuchar a Batiste —quien recientemente volvió a ser aclamado por su colaboración con Lana Del Rey— al piano, incluso prestando su voz, es un deleite. La manera de contar la historia a través de diferentes voces, ese sentido narrativo del “punto de vista” resuena con el oyente, quien disfruta sin reticencias.

Furruco, con Melanie Santiler, st. Pedro y José Luis Cheo Pardo es una batalla lírica contra el ostracismo, contra el miedo a ser desterrado en el propio cuerpo: “Si de niños nos enseñan que bailar cura las penas, ¿por qué sigo yo bailando y me busco más problemas?”. En este punto, Levín recurre a sonoridades más abstractas, con el empleo de la guitarra eléctrica, y se adentra en un terreno más visceral y complejo. La vulnerabilidad no tan frágil de los vocalistas cuestiona cómo el movimiento, que es un derecho humano, puede convertirse en fuente de conflicto.

Mejor sabido lo deben tener los brasileros, con su paradigmática samba. City Of Multiplicity inicia con un monólogo en portugués que se asemeja a la apertura casi cinematográfica en SPAGHETTII, del reciente álbum Cowboy Carter de Beyoncé, que igualmente habla sobre los géneros musicales y América como “ideal”, estableciendo una analogía entre ambos “constructos sociales”. Junto a Kassin, Alexia Bomtempo, Ana Torroja y Donny McCaslin, Levín crea una aplastante ovación al legado de los musicales, tal vez obtenido de su formación en Nueva York.

Sube el volumen de Prende La Vela, poniendo en peligro tus oídos como lo hizo el productor venezolano, y escucharás, en el primer minuto, las ardientes oleadas de un reggaeton jazzero. Codeándose con El Gran Silencio, Aterciopelados y el Instituto Mexicano del Sonido, toca un apresurado crescendo de caja y la banda entra golpeando el pedal del bombo, sincopa animadamente en la caja, hace rodar los timbales y explota a través de los platillos. El álbum cierra, finalmente, con una apaciguadora oración a la cultura afroamericana, que es Pataki Pa’ Ti de Natalia Bolívar y Yaroldy Abreu.

Andrés Levín es un collagista posmoderno y un catalogador crónico de sus referencias, trayendo canciones de su anterior repertorio. Reinterpreta, incluso con intención, el trabajo de otros, filtrando su significado a través de un lente personal. Más allá de un simple remake, nos muestra al artista que rastrea su propia evolución y también presenta lo suyo, listo para ser reimaginado, para ingresar en el gran cancionero de Gondwana del que tan fácilmente se retroalimenta.

*Escucha el álbum completo aquí.

Joan Pablo Villalón Montenegro Más publicaciones

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