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Reseñas Portada de Collab.

Collab / Hamilton De Holanda y Gonzalo Rubalcaba

La primera impresión que deja un álbum tan inusual como Collab es un poco dicotómica: sientes admiración o genuino desconcierto. Y tal vez ambas, porque contiene algo que todo buen artista debería, bajo cualquier riesgo, ofrecer: versatilidad. Hamilton de Holanda y Gonzalo Rubalcaba trabajaron juntos en Irmã de Leon, del álbum Samurai, estrenado por el brasileño en 2023, y en esta ocasión traen un repertorio de increíble elasticidad que homenajea tanto temas clásicos como contemporáneos. 

La versión instrumental de Incompatibilidade de Gênios como operture es completamente intencional y un adelanto de lo que escucharemos enseguida. En los casi ocho minutos, Rubalcaba evoca sus noches remotas de Jazz Plaza en 1986 —cuando grabó con la leyenda del género Dizzy Gillespie—, mientras De Holanda se luce como un modern day chorõe. La canción es original de João Bosco y muestra el talento de ambos para versionar, que es la columna vertebral de este álbum.

Sobre Blues Lundvall (homenaje al que fuera presidente de Blue Note Records y “descubridor” de Rubalcaba) y Mandalagh se puede decir que son hermanas en sonido. Mientras la primera es resultado de un dúo que iguala a las big band en destreza; la segunda se refleja más en la suavidad temperamental del cool jazz. Tienen sus diferencias, pero ambas son la tormenta antes de la calma; predicen la dialéctica de Yolanda Anas, el icónico concerto de Rubalcaba. Este lleva años causando suspiros en los repertorios nacionales, y la suma del brasileño a la ecuación, es tanto una sorpresa como un completo acierto.

De vuelta al salón, Flying Chicken es heredera del lejano bebop de los años 40. Despega como un himno de persecución, al estilo de las comedias frenéticas de Chaplin. Lo más destacable es que, aunque baja algunos tonos, no se desploma. Ni siquiera para tomar aire. Presenciamos la epopeya de dos maestros que saben mantener la tensión y el movimiento a base de síncopas puntuales, creando el groove que tanto nos gusta. Es esta una de las piezas más generosas en volumen que hay en el LP.

Por su parte, Silence es la perfecta antítesis; cae como el desconsolado diálogo de un forastero que no desea llamar la atención. El piano de Rubalcaba abre, para acoplarse ipso facto al choro de De Holanda. Construyen una saudade trepidante a base de cuerdas y tal vez, por su minimalismo virtuoso, es una de las canciones más distinguibles. Hacia la mitad de la pista, Rubalcaba despliega un solo que realmente es una sombra alargada del inicio, pero que aún ejerce su autonomía. 

Gonzalo Rubalcaba y Hamilton de Holanda. Fotos por Dani Gurgel.

La latente inspiración de Jõao Gilberto en De Holanda es demoledora; es como escuchar el instrumento crudo antes de la bossa nova. Así se traduce Don’t You Worry ‘Bout a Thing, versión de la original interpretada por Stevie Wonder en su álbum de 1973, Innervisions. Esta iniciaba con un diálogo y entre sus líneas escuchamos: “Todo está bien chévere”, lo que puede ser la visión general y concepto de Collab. La versión también cuenta con la armónica del joven maestro brasileño Gabriel Grossi.

Choro Fado es una de las construcciones que materializa la innata ambición del proyecto. Como si no sobraran subgéneros y tramas, Rubalcaba deleita con una especie de jazz fussion, mezclando su piano tradicional —del linaje de Lecuona— en un vaivén con el choro de De Holanda. Lo que comienza semejante a un encantamiento fantasmal, desemboca en un tirón polirrítmico. Son estos desafíos a las barreras estilísticas los que muestran el vocabulario musical de ambos. 

La presencia de João Bosco en su Incompatibilidade de Gênios es una excelente y oportuna inclusión de vocales en el álbum. Volvemos a la bossa nova, esta vez a una más popular, que se baña en la sonoridad de Copacabana y recuerda, innegablemente, la época dorada del género y las entonaciones legendarias de Astrud Gilberto en Agua de beber.

Gonzalo Rubalcaba y Hamilton de Holanda. Fotos por Dani Gurgel.

Por otro lado, Transparence retiene un trasfondo realmente conmovedor. Con la compañía del gran Charlie Haden, la versión original fue grabada en vivo en el Blue Note Jazz Club de Tokio, en marzo de 2005. Sin embargo, Rubalcaba no pudo publicarla hasta 2015, meses después de la muerte de su compañero. Es una revisita a los álbumes Tokyo Adagio y Charlie (2015), ambos en homenaje al bajista estadounidense. Las manos de Rubalcaba, vigiladas por el carioca, buscan un perfecto legato, llevando coronas al lecho de Haden.

La última balada es magistral, junto a Flying Chicken, Silence y Choro Fado, merece ser escuchada meticulosamente y en varias ocasiones. Saudade, Saudade versiona la coda con que MARO representó a Portugal en el Festival Eurovisión 2022, en el que terminó en noveno lugar. La nueva interpretación camina en el sentido contrario a las manecillas del reloj. De Holanda regresa sobre sus pasos, buscando dónde dejó las llaves; mientras en el fondo estallan unas castañuelas que le dan ese carácter inconfundible de flamenco a un cierre encantador y apresurado.

Gonzalo Rubalcaba y Hamilton de Holanda. Fotos por Dani Gurgel.

El álbum se sumerge en la nueva ola, sin arriesgar su corte académico. Pues, sobre toda la experimentación, hay un estilo unificador que hace que cada pieza parezca la habitación de una casa, con el bandolín de De Holanda sirviendo de guía. Rubalcaba es la combinación perfecta; asiste de la manera más cálida posible, sin dejar dudas de que el piano de la Isla ha invadido el mundo.

Joan Pablo Villalón Montenegro Más publicaciones

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