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Reportajes Fotos por: Olaph Johe Quiala.

Changüí, un género entre lomas

¿Qué es lo que tiene ese género nacido en las serranías orientales hace más de siglo y medio, y que se mantiene vivaracho a pesar del correr del tiempo y la gente? Es una pregunta que se realizó todo aquel que estuvo de paso por Guantánamo entre los días 27 y 30 del pasado junio, fecha en que la XI edición del Festival del Changüí tomaba protagonismo en el acontecer cultural local.

Origen

De acuerdo con los etnomusicólogos, este género tiene origen en la región de Yateras, municipio guantanamero, entre los años 1850 y 1860. En un inicio los grupos no tenían la estructuración de hoy, ni tampoco se reunían para ensayos o tocadas premeditadas, sino que esperaban a algún guateque o cumpleaños hasta que iban llegando los treseros, guayeros, marimbuleros y bongoseros. Tampoco es que desde un inicio la alineación fuera la que hoy denominamos tradicional.

El changüí es precursor del son, y tiene como figura iniciática a Nené Manfugás, un bohemio baracoense que lo llevó desde los montes hasta los carnavales santiagueros, donde destacó por la interpretación de su mítico tres rústico con cuerdas de curricán. El género destaca por su canto sincopado, compases de 2/4, letras ocurrentes donde destaca la temática de la mujer, anécdotas, la Patria, la campiña, la política y también como espacio para la improvisación donde hasta el propio público bailador está convidado.

Actualmente existen grupos que le han aportado variedad y riqueza sin perder los elementos claves con que fue fundado. Tal es el caso de Síncopa Uno, El Guajiro y su Changüí, Las Flores del Guaso y el propio Changüí Guantánamo, que han logrado crear algo nuevo y original con la mezcla de géneros como la guaracha, el son montuno, la salsa y el merengue.

Fotos por: Olaph Johe Quiala.

El ansiado festival

En los días previos al encuentro, supe que Adela, personaje clave en estos andares y que dirige un local (su patio) destinado a salvaguardar la cultura del área de las tradiciones, daría una clase de baile. Presto, me fui hacia el convite y, como zurdo que soy y presumo, no fui capaz de aprender.

La gala inaugural se realizó en la noche del 27 de junio. Grupos como Nengón Imías, que cumplió 70 años de fundado; El Guajiro y su Changüí; los puertorriqueños Jíbaro y los estadounidenses Kayumbo y sus Yumberos, matizaron la velada con sus presentaciones cargadas de euforia, ritmo y sabor tropical.

Emiliano Sardiñas, el poeta de la mochila y portador del punto cubano, improvisó unos versos en homenaje a Elio Revé Matos, y brindó por la continuidad de este tipo de eventos. En palabras posteriores al periodista, lamentaba no poder quedarse más tiempo, puesto que en la madrugada salía hacia la Jornada Cucalambeana que se celebraba en Camagüey, en fechas coincidentes con el festival. 

Se respiran aires de carnaval; hay kioscos montados en las zonas que comprenden al festival. Si antes se realizaba en años alternos, a partir de esta edición comenzará a celebrarse anualmente. El epicentro del movimiento musical es el barrio Loma del Chivo, sede de lugares como el Patio de Adela, La Tumba Francesa Pompadour y la propia Casa del Changüí. A pesar de tener fama violenta, el público asiste y arrastra los pies al ritmo de una marímbula, un guayo, un tres.

Durante las mañanas tenían protagonismo los espacios de pensamiento y debate, con ponencias y conferencias sobre temas como la historicidad del género, la impronta de Pedro Speck, figura icónica del movimiento, y la tradicional peregrinación al Cementerio San Rafael, protagonizada por los propios changüiseros y con carácter ceremonial, en tributo a los músicos ya fallecidos y a su memoria.

El concierto de Manolito Simonet y su Trabuco, asiduos visitantes a nuestro terruño, en la noche del 28, convocó a muchos guantanameros. Era común encontrarte con algún conocido e intercambiar pasos de baile. Amigos, familiares, compañeros de trabajo… todos juntos en una masa emanando calor, idiosincrasia, identidad. Por algo esta ciudad aspira a convertirse en referente creativo para la danza.

De la Patria, y lo demás…

Siempre se sabe cuándo comienza un Changüí, pero nunca cuándo termina…

Son las doce de la noche. La gente baila con el grupo puertorriqueño Jíbaro en la Casa de la Trova Benito Odio. Sin duda alguna resultaron ser los más notables del evento por la acogida, comentarios del público y ritmo para bailar, no tanto así por los grupos locales. Es algo duro de aceptar, pero no pequemos de arrogantes. Se ha demostrado más interés foráneo que local en preservar elementos culturales identitarios. ¿Deberíamos quedarnos de brazos cruzados? Al parecer, es la realidad. 

Yo vengo de la montaña/ de mi tierra borincana/ y traigo con alegría/ el changüí para esta Patria. 

Gianluca Tramontana —periodista y productor italiano que en sus andanzas por Cuba, específicamente en Manzanillo, conoció del género por la canción El guararey de Pastora, de Roberto Baute Sagarra, interpretado por la orquesta Original—, y sintió tanta entrega por documentar la historia y trayectoria del Changüí, que lo dejó plasmado en su álbum y fotolibro The sound of Guantánamo, donde recopila grabaciones de campo y fotografías realizadas por él mismo a los músicos rurales en las localidades de Manuel Tames, Imías, Yateras y Baracoa. Recuerda con cariño la acogida de la gente del campo, y en especial al viejo Yu, renombrado tresero fallecido recientemente. También rememora las dificultades que pasó para llegar a lugares que están a sólo 20 kilómetros de la ciudad. “A veces me pasaba medio día entre tractores, camionetas y coches de tracción animal para alcanzar mi destino”, cuenta.

Fotos por: Olaph Johe Quiala.

Kayumbo y sus Yumberos fue otra de las agrupaciones extranjeras que se presentaron. Dirigida por Kai Lyons, jazzista radicado en San Francisco, California, Estados Unidos, han experimentado con el changüí de manera atractiva y sin perder la esencia, la médula del género, que es el tres. Comenta que, durante un festival de Jazz, en La Habana, supo de una música anclada al tiempo, rural y moderna a la vez, y no perdió un minuto. Al día siguiente emprendería un viaje de 28 horas hasta Baracoa para nutrirse de sus elementos. “Al regresar a San Francisco, me vinculé con varios músicos cubanos, hay muchos, para seguir aprendiendo, hasta que decidí conformar mi grupo propio”, me dice. 

Elito Revé y su Charangón…

Hijo y albacea de Elio Revé Matos, catalogado como “Padre del Changüí”, Elito regresa en cada edición del festival como presidente de honor. “La Aplanadora de Cuba”, indudablemente, es la agrupación que goza de mayor prestigio, historia y relación con nuestra aldea.

Con su orquesta, fragua de artistas trascendentales como Chucho Valdés y Juan Formell, fundada en 1956 por su padre, es capaz de arrastrar multitudes y “calentar la pista” con canciones impregnadas ya en el diccionario cancionístico cubano: “Tamara la del edificio conmigo ha soñado/ que este año lograré lo que tanto he anhelado/ Sólo tengo que buscar tener siete caracoles/ con una pucha de flores y llevársela al mar… Agua pa´ Yemayá”.

A pesar de las descargas y la habitual matiné realizada en el parque homónimo situado en el barrio La Loma del Chivo, no se sintió el mismo calor de las ediciones pasadas. Resulta que los conciertos programados a una hora, se realizaban dos o tres horas más tarde. Guantánamo no es una ciudad que pueda presumir de una notable vida nocturna. El alumbrado de las calles y el transporte son algo de lo que no se tiene casi memoria, por eso la escasez de público en los conciertos.

Fotos por: Olaph Johe Quiala.

Para ediciones posteriores se espera implementar una mejor estrategia organizativa en cuanto al programa del evento. El convite de figuras externas es excelente, pero que supere la presencia de los músicos locales no es lo óptimo; en definitiva estos son los que desde aquí defienden su tradición e historia a base de instrumentos improvisados, bajo lluvia o sol, con público o no, pero con ganas de tocar y dar la vida por ello.

***

El festival culminó con un desfile de diversas agrupaciones y la realización del “Changüí más largo”, que actualmente ostenta el récord de 31 horas seguidas sin parar de bailar ni tocar.

Cuando se habla de Changüí, de Nengón, de Kiribá, la mente se traslada y hace un salto hasta Guantánamo —“tierra entre ríos”—; a su gente calurosa y carismática que se viste de rumba y conga durante los carnavales; a los cafetales franceses; a una base naval a menos de 20 kilómetros; al poeta Regino Eladio Boti; a Elio Revé Matos y su Charangón.

Nos queda en los labios la mezcla de sabores dulces y amargos. Este festival demostró que el público guantanamero es capaz de defender sus tradiciones a capa y espada. No obstante, es necesario fomentar en el público desde edades tempranas nuestra cultura e idiosincrasia, elementos clave para seguir creando, desde nuestra aldea, la magia de lo auténtico.

Ángel Ramírez Goliat Más publicaciones

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