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Reportajes Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Black Box 2.0: más que un concurso de talentos

Cayo Hueso es de esos sitios de La Habana donde la idiosincrasia del cubano se vive en primera persona. Cosmopolita, culto y marginado a la vez, este barrio ha sido a lo largo de su historia uno de los epicentros más genuinos y auténticos de la cultura popular cubana. Sus calles y edificios son testigos del legado musical creado por muchos de sus hijos. Ahí nacieron y vivieron grandes personalidades como Chano Pozo, Elena Burke, Moraima Secada, Juan Formell, Los Zafiros, Omara Portuondo…

La esquina de Aramburu y Neptuno —a cuadras de los icónicos parque Trillo y el Callejón de Hamel— es uno de los actuales focos culturales más novedosos de la ciudad. Allí se encuentra el hostal boutique Tribe Caribe Cayo Hueso, instalación que sirvió de espacio para el concurso de talentos Black Box 2.0, en el que, durante los miércoles del mes de marzo, se presentaron algunos de los noveles exponentes del panorama musical cubano.

Conocí de la existencia del evento un día después de la primera jornada de presentaciones, realizada el 6 de marzo. A través de Instagram percibí que esa noche se había gestado algo mágico, digno de disfrutar en vivo. El dúo Lür, la guitarrista Amanda Quiñones y Sintergia Jazz Collective, fueron los talentos ―hasta ese día completamente desconocidos para mí― seleccionados para romper el hielo de la segunda temporada de un concurso que, si bien no gozó de la mayor difusión en los medios de comunicación, sí estuvo dotado de buena calidad artística.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Black Box es un proyecto relativamente joven, pero con experiencia en promover y visualizar los nuevos talentos de la música contemporánea nacional, y no exagero. Bajo la guía y dirección general del productor venezolano-americano Andrés Levin, y con el auspicio de Black Tears, el espacio constituye una suerte de antítesis de los sitios típicos donde acontece la noche habanera.

El propio concepto del concurso revive, desde la contemporaneidad, una experiencia cercana a los clubes nocturnos de La Habana de los años 50 y 60, cuando el filin y la trova emergieron en el panorama sonoro del archipiélago. Y es que, tal como se define en las redes sociales, el certamen es un espacio creativo y versátil, pensado para que las grandes ideas cobren vida. Precisamente de mentes creativas como Levin emergen ingeniosas iniciativas como esta, enfocada en preservar y forjar el patrimonio cultural del país. Para él, este concurso se diferencia de otros por su inclusión: “Aceptamos y potenciamos todas las formas interactivas de la creación [en] la música. Aquí tienen cabida el jazz, la trova, el funk, la música experimental, el filin… O sea, buscamos nuevas voces y darle un impulso a las personas que quieran tratar la música desde Cuba con otra perspectiva”.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Black Box se propone, además, potenciar el rol de la composición. Reconocidos rostros del ámbito musical nacional integraron el jurado del certamen: el cantautor Luis Barbería, la musicóloga Neris González, el periodista Rafa G. Escalona, el trompetista Alejandro Delgado, el DJ productor BeutNoise, y el propio Andrés Levin, quienes valoraban la creatividad, la autenticidad y la originalidad en los participantes

“Creo que lo importante es dar la oportunidad a personas que tengan una voz diferente y que se salgan del esquema ‛obvio’ de lo que la gente considera como música cubana, y realmente encontrar nuevos talentos con buenas canciones, propuestas distintas y puestas en escena diferentes. Si tu arte es interesante, este certamen es una buena  oportunidad”, comenta Rafa G. Escalona.

En un momento en el que la calidad no abunda en la industria de la música y sí el talento para generar dinero, concursos como este adquieren valor. Lo pude notar en la noche del miércoles 13 de marzo, cuando justo a las nueve en punto abrió la caja negra bajo la presentación de Leo Mederos, integrante de la banda Toques del Río, anfitrión de la velada.

Comenzó Mailén Ríos, guitarrista en formación y cantante, estudiante de tercer año de la Escuela Nacional de Música. Con su amigo Elías Ferrer en el cajón rompieron con el bolero Algo contigo, del argentino Chico Navarro. Sin embargo, fue al cantar Efímeros, de su propia autoría, que Mailén logró seducir al público con su fina voz, la destreza en los acordes y el poder expresivo de sus composiciones. Su presentación finalizó con melodías de bossa nova en otra de sus canciones: Vacíos.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Siguió Luz de Cuarzo, un trío compuesto por Reinier y Roja en la guitarra, y Chara en el oboe y la cantada. No hizo falta que fueran presentados; su música habló por ellos: una oda a la amistad, al amor, al dinero, a las vivencias que median en nuestra cotidianeidad. Entre canciones se contaron historias, nacieron diálogos que convirtieron a Black Box 2.0 en una especie de descarga que alcanzó su cúspide en el último tema: Eso está bien. “El miedo, la vergüenza, la impotencia… todo lo que sientes está bien. No te guardes la emoción, vive la emoción”, cantó el vocalista

Casi llegando la medianoche, la sala empezó a elevar su temperatura. Subió al escenario la banda de música fusión alternativa Dinámikos. Los gliss del bajo empezaron a vibrar e inmediatamente los demás instrumentistas rompieron el silencio con un destello de notas que irradió fuego al más puro estilo de agrupaciones como Cimafunk y Toques del Río.  Si algo quedó claro en la velada es que los últimos sí ríen mejor.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

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En la tercera noche de Black Box 2.0 la sala se encontraba llena de público ávido de disfrutar de sonoridades de esta parte del mundo. Era un miércoles diferente a los demás, pues se dieron cita los concursantes más jóvenes. La curiosidad me atrapó.

Ismelys Quevedo, una de las productoras artísticas del evento junto a Lea Vall, explica que el concurso no limita ni valida fronteras musicales: “Una buena parte de los talentos se está gestando en las escuelas de arte, donde no es habitual que [el] público tenga acceso, sino [que se foguean] ante los mismos estudiantes, los profesores y los amigos. Por eso, Black Box tiene la premisa de no limitar, sino centrarse en la promoción y formación del talento”. La musicóloga Neris González respalda esta opinión y agradece la existencia de este tipo de concursos para actualizarnos del presente y futuro de nuestra música.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

La tercera noche la apertura corre a cargo de Andy Quincoses, quien sube a la pequeña tarima y da sus primeras notas al piano. Tiene apenas 15 años; sin embargo, su destreza interpretativa y proyección, así como el nivel de experticia con el que ejecuta las composiciones, supera con creces su edad.

Su talento dejó boquiabiertos a los miembros del jurado, quienes resaltaron que a tan corta edad su manejo del piano resulta fuera de lo común, roza lo sobrenatural. Me pregunto si estaré ante un futuro Vitier, Frank Fernández o Chucho Valdés. Quién sabe. De lo que no hay dudas es de que el talento de Andy Quincoses es un reflejo del potencial de los nacidos en este archipiélago para hacer de la música una forma de expresión. En Cayo Hueso dirían que es un ‛tanke’, y lo suscribo.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Minutos después hizo su debut Alexia Gonzaléz, para quien Black Box representó su primera vez como cantante ante personas ajenas a su círculo familiar y de amistades. La joven violinista y aprendiz de guitarra ―como se autodefine― natural de Cienfuegos, dejó atrás sus temores y exhibió ante el público composiciones propias  como El soñador, Otra vez y Silencio Roto,  donde narra emociones, vivencias de amigos y capítulos de su vida.

Conversé con ella tras su presentación; necesitaba descomponer ese enigma provocado por los versos de Silencio Roto. “Esta canción es mi viajero, mi cesar del silencio, que hoy ya está roto”, confiesa.  “Soy de Cienfuegos, y al llegar a La Habana me ‛nutrí‘ artísticamente hablando; aquí descubrí que estaba en el lugar y momento correcto, cada día más cerca de lo que quiero ser: una artista. Por eso, a partir de ahora el silencio está roto, se quebró por completo; habrá más música de Alexia y otros escenarios que conquistar”.

A Alexia le siguió Melanie Santiler, una de las ganadoras del concurso en la primera temporada, que se realizó en el año 2023. No hubo mejor entretiempo que escuchar a capela el tema Ojalá te llegue la canción, una de las mejores sorpresas de la noche. Y sí, cautivó con su voz a buena parte de la sala que terminó maravillada por la autenticidad de esta joven exponente de la música underground en Cuba.

Al cierre irrumpieron en la escena los integrantes de Primera Línea. Procedentes del Conservatorio de Música Guillermo Tomás de Guanabacoa, se trata de un grupo difícil de encasillar en un género. Cumbia, timba, reggae, rock and roll ​caribeño y hasta un poco de reparto; la banda recorrió un universo de géneros musicales para cerrarle el paso a toda monotonía sonora. Estos “chamas” engancharon con su música. La noche no podría terminar mejor.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Al igual que otros concursos, Black Box trata de seguir el rastro de la música más actual. Cuenta Andrés Levin que esta edición del certamen sentó las bases para apoyar a los nuevos movimientos musicales que nacen en el país. “Pese a ser un proyecto relativamente nuevo, hemos tenido la posibilidad  de crear una plataforma que realmente permita escuchar a los nuevos exponentes y, de paso, difundirlos entre el público”.

“En la edición pasada, el premio más interesante fue grabar conmigo en el estudio, del cual salió un disco con uno o dos temas de cada talento ganador. Esta temporada existen algunas diferencias, pero mantenemos la misma idea”, comenta. El fonograma, titulado Black Box Vol. 1, fue estrenado durante el evento Listening Party, celebrado el miércoles 3 de abril. Precisamente, este fue uno de los motores impulsores para que la edición 2.0 de Black Box convocara tantos talentos, todos diferentes y con visiones artísticas novedosas y arriesgadas, durante cuatro noches de marzo.

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Una versión contemporánea de la icónica canción brasileña Chica de Ipanema, pero que rendía culto a la composición general de Antonio Carlos Jobin y Vinicius de Moraes, fue la pieza escogida por la orquesta de cuerdas Ethernum para abrir la velada. La sincronía perfecta sin nada que envidiar a una orquesta profesional, fue el punto a resaltar de la puesta en escena de estos jóvenes estudiantes del Conservatorio Amadeo Roldan, evidencia del talento que abunda en el sistema de enseñanza artística del país —no ajeno a las carencias que todos sabemos y sufrimos—. Fue Giselle, la tercera obra, compuesta por el líder del grupo Lázaro Carón para su novia, la mejor performance del día. Violines, violas, violonchelos, contrabajos y un piano, todos perfectamente sincronizados en función de emocionar al público, un objetivo superado con creces.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

Otra de las concursantes de la jornada fue Nela Bosch, quien durante su presentación entregó toda su sensibilidad y talento expresivo, en una descarga que rozó lo mágico. Cada canción abría mundos paralelos, esos en donde el público se adentró para entender el porqué de las líricas de la artista. Nela, desde su propia órbita, se sinceró ante el público al decir que “la pureza está en la mezcla, en la experimentación”. Manifestó, emocionada, que la música alternativa es el género de su vida para hacer arte.

De inmediato, el anfitrión Leo Mederos procedió a realizar un micrófono abierto con la opinión del jurado. Esta vez la crítica partió de otros miembros que, sinceramente, no esperaba encontrar en este cajón musical. Para el cantautor Jotabarrioz las presentaciones de cada uno de los talentos mostró “el compromiso puro de ellos para hacer arte desde la misma raíz de la manana”. Igual criterio defendió el músico William Vivanco, quien pese a señalar algunos puntos a mejorar en cuanto a la proyección vocal de los concursantes, definió sus presentaciones como un trabajo milimétricamente impresionante.

Ya casi llegando a la medianoche, subió a la tarima la banda Aruna. Los tres vocalistas desarrollaron su performance y la música irrumpió fuertemente bajo los sonidos de un rock and roll mezclado con ritmos cubanos, una fusión que provocó pasillos de baile en la sala. Entre aplausos y silbidos de elogio para los últimos talentos del certamen, quedó sellado el Black Box 2.0 e inició una nueva etapa: la cuenta atrás para seleccionar a los ganadores que serán anunciados en las redes sociales del concurso.

Fotos por: Eduardo Reyes Aranzaez. Cortesía de Black Box.

En un panorama tan cambiante, marcado por el predominio de artistas mainstream y canciones creadas para conquistar plataformas como TikTok e Instagram, Black Box 2.0 juega un rol crucial en el posicionamiento del arte sobre lo comercial. Estimular la creación musical, centrar las miradas de grandes artistas ya consolidados en el arte joven e incentivar los procesos de sinergia sonora, son algunos de los propósitos que hacen de este proyecto artístico un espacio oportuno para reconfigurar las formas en que se maneja la industria musical en nuestro país. Más allá del fallo que determine el jurado en el momento de designar a los ganadores, la realidad indica que la música y la cultura cubanas ya ganaron.

Brian Anthony Díaz Más publicaciones

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  1. Rocío Padilla dice:

    Gracias Brian Díaz por hacer llegar al público un resumen de las inolvidables noches en Black Box 2.0. Las agrupaciones son el reflejo de la inmensa creatividad que ronda por nuestros días. Esos talentos vienen arrasando!!!!

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