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Reportajes Histéresis. Cortesía del líder del grupo

Romerías de Mayo: como lluvia que riega la ciudad

Si los primeros aborígenes practicaban cantos y bailes para llamar la lluvia, se podría decir que los holguineros de la contemporaneidad tienen las Romerías de Mayo, fiesta del arte joven que transcurre en la primera semana del mes. Este año, a tono con el jolgorio y su usual destiempo, el primer gran aguacero cayó el día 30 de abril en la tarde. Tal vez, fue la manera que tuvo el clima de adelantar el inicio de la edición número 31, dedicada al aniversario 65 de la fundación de la Casa de las Américas y el ICAIC.

Las Romerías eran en mi vida esa celebración omnipresente en el imaginario holguinero, de la que había disfrutado siempre, en mayor o menor medida, sin tener mucha noción de su origen o envergadura. A la pregunta de “¿qué son?” habría dicho “actividades culturales y el congreso de historia Memoria Nuestra”. Afortunadamente pidieron mi colaboración para este último, y ahora puedo corregir mi percepción sobre el festival. No me imaginaba cuántas veces escucharía “gracias a la AHS” o “esto tenía que haber empezado ya”, en una semana.

En 1994, Alexis Triana y un grupo de jóvenes artistas soñadores, decidieron materializar un festival artístico que aglomerara juventudes de todo el país y, en lo posible, del mundo. Contra todo pronóstico político, económico y de presión arterial, se logró. Mucho ha cambiado desde entonces, no solo en la historia universal, sino en la cultura y el mundo de la creación; pero las Romerías se mantienen fiel a sus principios y a su misión de dar visibilidad a jóvenes de todas las manifestaciones y de todas partes del globo terráqueo. Entre estas manifestaciones, por supuesto, está la música, representada en cinco géneros fundamentales: rap, rock, electrónica, trova y jazz. Es válido mencionar también las performances, conciertos sinfónicos y espectáculos de danza que se realizan a lo largo y ancho de todo el centro de la ciudad.

Si en algo estuvimos de acuerdo mis compañeros romeros y yo la última noche, es que cuando estemos al borde de olvidar La canción de la alegría (himno de la fiesta de los jóvenes creadores), ya habrán pasado 365 días. Como es costumbre, este himno acompañó al desfile que sube el hato de la ciudad a la Loma de la Cruz, la mañana del 3 de mayo. En La Periquera se realizó el acto inaugural, que fue acompañado por la música del proyecto holguinero Azul Cima, un número de la Compañía Codanza y el cantautor Tony Ávila, entre otros. A pesar del sol abrumador, que se escondió tras nubes de lluvia después de las once, los participantes y los transeúntes curiosos alrededor del parque Calixto García disfrutamos entusiastas de las presentaciones, expectantes de lo que nos depararían las próximas jornadas.

Codanza. Foto: Oscar Flores.

Mi primera noche, de tanteo, resume muy bien la experiencia musical de Romerías: un poco de trova a las ocho, luego una vuelta por el parque para bailar algunas canciones del grupo que se presenta en la tarima, de ahí subir al Gabinete Caligari a ver una “pelea de gallos” entre raperos, ir a escuchar jazz en la Casa Iberoamericana a las diez y media, no sin antes pasar por la peña de rock a ver qué tal; salir del jazz y entrar a Electro Romerías hasta la medianoche, hora en que empieza la jam session. Despedirse del grupo de amigos diciendo: “mañana menos trote, por favor”.

Esta variedad de espacios y géneros es uno de los elementos clave del festival; estando orientado y hecho por jóvenes, es de esperar que se creen oportunidades de divulgación musical, según avanzan los tiempos y según lo que hace unos años era de nicho y hoy es mainstream. Por ejemplo, si se menciona Holguín y música electrónica, muchos pensarán en el festival Stereo G, que se realiza cada año en el mes de agosto en las playas de Gibara; lo que quizás no sepan es que sin Electro Romerías no existiría dicho evento.

Al menos, así me lo contó Danilo Guerrero, más conocido como The Kun, DJ veterano de la ciudad: “En 2002, Alain Dark y Wichy de Vedado tocan por primera vez en el Gabinete Galigari y abren una ventana a este tipo de música en Holguín, promoviendo que los DJ trajeran sus propias mezclas, hicieran sus propias pistas. A partir de ese año, ocuparían plazas libres en el marco de Romerías, espacios vacíos no específicos para su música. Es a Ernesto Jorge Hidalgo Mariño Tiko SK8, a quien le debemos la instauración oficial de Electro Romerías, en 2009, respaldado, por supuesto, por la AHS, que en los últimos años ha visto un aumento de sus asociados en este género”.

Este año la organización trajo como invitados a Quantum Project (Santiago de Cuba), Sammix y Acid Polar (Cienfuegos), y Dark Marx (Santa Clara). En la escena local, KSebastian, figura que lidera el Almacén del Techno de Gibara, fue organizador del evento. También se presentaron Lheo, Axennar, ELECTROZONA, quien lleva el espacio tan gustado de Cyber Tropical, con Whisper como anfitrión; Asslan, Rakxo y Acid Seduction, este último protagonista del Techno Overload. Entre los veteranos y no miembros de la AHS, también pincharon Alex6music y Louis Z, además del propio The Kun.

“Se busca una producción inclusiva, joven y auténtica”, sintetiza Danilo, instando a DJ de todo el país y del mundo a llegarse a este evento. “Electro Romerías es una plataforma de difusión a nivel nacional e internacional y lo seguirá siendo mientras Romerías de Mayo exista”.

En el caminar incesante de los holguineros, no muchos se percatan de una placa que ostenta el Cine Martí, (otro escenario crucial de Romerías), con fecha de 1923, año en que la ciudad ganase el concurso nacional, convocado por una revista llamada La Lucha, a la pregunta “¿Cuál es el pueblo más simpático de Cuba?”. Esta historia se la conté al cantautor venezolano Ernesto Luis, quien ya es un personaje recurrente en el apartado de amigos internacionales.

Se presenta y habla de Barquisimeto, su ciudad natal, capital musical de Venezuela y de “los crepúsculos más bellos”. En diciembre de 2023 sacó su álbum, El Viaje, para el cual necesitó “hacer la vaca”, es decir: que sus amigos donaran dinero para poder grabar. Finalmente, la canción del mismo nombre fue incluida en el disco y la escuchamos en los espacios de trova a los que fue invitado. “Hablo de la alegría, de la sencillez de mi gente, de cómo se enamoran, de su idiosincrasia”, declara con una sonrisa perenne. “Mi estilo tiene de cumbia, salsa, merengue, reggae, de Latinoamérica toda”. Fan de la música cubana, de Silvio Rodríguez y Frank Delgado; por las Romerías —a las que ha asistido con esta tres veces— también conoció a Polito Ibañez, el Dúo Iris, Annie Garcés y a sus hoy grandes amigos, Fernando Cabreja y Manuel Leandro Sánchez Manolito. Defiende que Venezuela y Cuba son hermanos, “a pesar de las dificultades y las guerras. Poner como bandera la cultura es maravilloso, por eso invito a todos los cantautores, poetas y artistas visuales a encontrarnos en la ciudad más simpática de Cuba el próximo año”.

Dúo Fábula. Foto cortesía del Grupo

Holguín cuenta con una posición privilegiada en el mapa. Los occidentales y centrales realizan un viaje de 12 horas, o menos, y ya están en la ciudad de los parques; el resto de orientales, dependiendo de la provincia, tienen para elegir desde una máquina hasta un carretón. “Hay que venir a Holguín, porque nadie va a Pinar”, bromea José Luis Izquierdo Hernández, más conocido en el mundo artístico como Luisiño, integrante líder del Dúo Fábula. “Pinar del Río es una cajita de fósforos, a veces se enciende y a veces no, depende de la humedad”. Es su tercera vez en las Romerías, junto a con Frank Falcón. Especializados en trova y canción de autor, con un background importante en teatro (Luisiño fue productor de la compañía Alas Teatro), llegaron en esta ocasión con dos performances, en colaboración con el también actor teatral Luis Alberto Alemán Martínez. Ya habían trabajado juntos en Más que palabras, presentada en 2023 y repuesta este año.

Performance con Luis Alberto Alemán

La nueva performance, idea original de Luis Alberto, se llama El Ojo Mudo y tuvo como escenario los parques y lugares abiertos de la ciudad. A través de la música —mucha de ella compuesta específicamente para este proyecto— y el arte performático sin texto, esta obra hace referencia a cuestiones de la sociedad cubana actual que todos vemos y padecemos, pero pocos denuncian.

En el festival se defiende la buena música y por eso es tan emocionante escuchar a los grupos que vienen por primera vez, como fue el caso de Histéresis, una banda de rock y metal progresivo, formada en 2017, con cinco miembros que provienen de la Escuela Nacional de Música. Esta vez llegaron invitados por la AHS, si bien ya habían participado en el Festival Nacional de Rock Metal HG el año pasado. Jorge Antonio Fernández, líder del grupo, me comentó sobre la compenetración con el público holguinero, una juventud que se entrega en los conciertos y les colma de atenciones.

También de La Habana pudimos escuchar a Stell Brain y Congregation; y de Camaguey, a Sex by Manipulation y Mountweaze; mientras que del patio contamos con Complot, Gore Encyclopedia, Claim, Mephisto, entre otros.

Personalmente memorable fue la cuarta noche, en la que escuché por primera vez en concierto a Polito Ibáñez. No fue un error tomar una mesa desde las nueve y hacer tiempo en conversaciones, saludando a los amigos que pasaban, scrolleando o simplemente en silencio hasta la medianoche, en que comenzó, pues para entonces no cabía una aguja en aquella terraza, y los camareros no daban abasto; tardaban más en salir de la multitud que en preparar las órdenes. La mayor parte de ese público probablemente ya sabía lo que yo descubrí aquella madrugada: que Polito es, por excelencia, un artista lleno de juventud, aun con sus chistes de dolor de espaldas e infección en los riñones por el viaje. No se despidió cuando ya le tocaba, sino dos canciones después. En sus palabras, “él abrió las Romerías” y puedo entender por qué regresa: el público holguinero y los invitados foráneos lo reciben como a un amigo, con los brazos abiertos, deseosos de escuchar sus historias —las nuevas y las de siempre— sin importarles el sereno, estar de pie, los retrasos involuntarios, el calor.

The Heat Transfer, Foto por: Ernesto Alejandro «Guillo»

Lo maravilloso del arte es que puede plantarse en el corazón de personas de cualquier profesión o campo de estudios y, una vez ahí, germinar con fuerza rompedora. Así lo constata el trío de jazz cardenense The Heat Transfer, liderado por un graduado de ingeniería mecánica. Alejandro Arteaga, su percusionista, me explica que el nombre viene del tema de tesis de Andy G. Ginoris, el director: la transferencia de calor, pues lo que buscan es transmitir su energía al público, en defensa del alma pura del jazz. “Se ganaron la beca Reino de Este Mundo que otorga la AHS, para grabar lo que será su primer EP”, me comenta orgullosa Yudenys Polledo, su productora, “pero más allá de ese logro tremendo, lo que siempre defendemos es la música en vivo. En Cárdenas tenemos un espacio fijo en el JazzTá y eso nos llena tanto como la beca”, agrega Sayron Saúl, el bajista.

Y de jazz en vivo sí que disfruta todo el que llegue a Romerías, siendo costumbre la jam session del Jazz Ensemble, que empieza a medianoche en el bar de la AHS. The Puff, banda conformada por estudiantes del Conservatorio de Música José María Ochoa, presentados con anterioridad en el Festival Internacional de Cine de Gibara y en la propia Esquina del Jazz en el marco de Romerías, siempre da inicio a la madrugada. Luego de haber experimentado juntos en la jam, The Heat Transfer expresa su deseo de participar también en el festival, abiertos al intercambio con otros estilos y en otras localidades.

The Puff en la Esquina del Jazz. Oscar Flores.

El público romero no sabe de lauros o de maestría interpretativa, si bien los aprecia; sabe de entusiasmo, humildad, generosidad; de devolver cuanto recibe, de dejarse los pies y la garganta (y la vergüenza), a cambio de buenas anécdotas.

“Las Romerías de Mayo se trata de nuevas voces, reencuentros, madrugadas sin fin y de una ciudad que vibra cuando es visitada. De vivir en una burbuja cultural por un par de días, de olvidar todo lo que se sabe (porque no hay apagones en los escenarios) y sentirse cubano, tropical, latino, con el cúmulo ilimitado de energía que eso implica. Se trata de historia, cine, artes visuales, música, danza y amigos”, respondería ahora a la pregunta del inicio. Porque no hay hoy sin ayer, no hay Romerías sin los jóvenes que ahora sembraron lo que otros seguirán cosechando dentro de 30 años, y que la lluvia amablemente riega.

Ana Laura Rodriguez Gonzalez Más publicaciones

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  1. Bárbara Martínez dice:

    Excelente artículo ana, tiene el espíritu de las Romerías

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