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Miriam Ramos, más allá de la canción

En este 2024 se celebran sesenta años del debut musical de Miriam Ramos (1946), la habanera de cabello blanco, finísima y excepcional. ¡La perfección! Hace tiempo conversamos en un estudio de Habana Radio justamente para “capturar” algunos de esos recuerdos, y lo que pudo convertirse en una investigación mucho más amplia se vio cercenada por razones ajenas a quien escribe. 

Miriam trascendió, especialmente, como intérprete de canciones, boleros, trova y, en menor medida, sones, dispersos estos últimos en algunas producciones como Cantar la trova (Egrem, 2005) junto a Pancho Amat.

Apenas se habla de ella como guitarrista o compositora, pero nada más hay que escucharla en Ámame como si fuera nueva, para comprobar la calidad que pueden alcanzar sus letras. La artista atesora una extensa lista de registros fonográficos, entre ellos, Estás conmigo, con el maestro Andrés Alén, un homenaje a Bola de Nieve que resultó Gran Premio Cubadisco en 1999 y premio en las categorías Canción, Grabación, Fotografía y Diseño; y el tríptico La canción cubana, también Gran Premio Cubadisco y premio en las categorías Cancionística, Trova tradicional, Compilación, y que fuera nominado en 2013 al Grammy Latino. 

Aquella vez escogimos como centro para la conversación dos aristas que tienen peso en su vida profesional y han sido, creo, poco analizadas: la actuación dramática y la conducción de programas radiales y televisivos, en las que también se entrega, con la misma pasión que lo hace con la interpretación musical.

De su infancia, reconoce la influencia que tuvo tanto en ella como en su hermana Margarita Ramos la abuela materna María Teresa Pascual, “adicta” a la emisora CMBF (Radio Musical Nacional).

Unos años más tarde es 1959 y Miriam es una adolescente de 13; y el cambio de poder que se vive en el país incluye, por supuesto, un vórtice de leyes y manifestaciones populares: había llegado la “ilusión”. A inicios de los sesenta se crea el Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR), mediante ley publicada en la Gaceta Oficial el seis de junio de 1962; y en varios clubes y centros nocturnos de La Habana se presentan artistas como Doris de la Torre, Bobby Jiménez, Ela O’Farrill, Frank Domínguez, Frank Emilio, Elena Burke y Pablo Milanés.

Miriam Ramos y el colectivo de No Hacen Falta Alas. Foto tomada de la revista Opina.

Mil novecientos sesenta y tres es un año decisivo para Miriam cuando, con solo dieciséis años, comienza su carrera profesional al ser admitida —después de un riguroso examen— en el Coro Polifónico Nacional dirigido por el maestro Serafín Pro. Transcurrido casi un año, por insistencia del musicólogo Odilio Urfé, Miriam ofrece su primer recital en la Sala Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, un asombroso momento que se hizo memorable para quienes presenciaron la hazaña, como la cantautora Marta Valdés quien escribiría sobre aquella actuación correspondiente al 11 de mayo de 1964:

“Cantar todo un programa con Frank Emilio al piano en uno de aquellos Lunes de Bellas Artes donde solo el rigor primaba en el diseño de la programación, hubiera sido un desafío para cualquiera menos para la muchacha delgadita del cerquillo negro, que estaba dispuesta a durar cantando todo lo cantable”.

El periodista Orlando Quiroga se sumó a los elogios en un artículo titulado: ¡Nace una estrella! La nueva Miriam: La llave de las siete puertas, destacando el talento de la muchacha y el dominio del filin, “sorprendentemente un género difícil a pesar de su primera juventud”. 

La entrada en la televisión

La oportunidad de presentarse en televisión, por su parte, llegó de la mano del músico y mentor Guillermo Barreto, acompañada por el guitarrista Froilán Amézaga y el contrabajista Papito Hernández. 

“Yo discutía con los directores de televisión, porque me decían que por qué siendo tan jovencita, en vez de cantar las canciones de la década prodigiosa, quería hacer las cosas del filin y de la mejor canción cubana, y eso lo pagué muy caro, porque me sacaron de la televisión, me castigaron por eso, sencillamente dejaron de llamarme”, confesó Miriam al realizador a Carlos E. León en entrevista para La Gaceta de Cuba.

A mediados de septiembre de 1967, el Canal 4 de la televisión transmitía cada domingo el programa Mientras tanto, media hora con Silvio Rodríguez como figura central, Eduardo Moya en la dirección, el guion de Víctor Casaus y el diseño de René Azcuy. Duró en pantalla siete meses antes de desaparecer en abril de 1968 y dar paso a otras producciones del Centro de la Canción Protesta, transmitidas una vez al mes y con la participación de Silvio, Pablo y Noel. 

“Hay mucha gente joven que piensa ahora que eso siempre existió, que la televisión siempre tuvo la trova vieja y la nueva trova, y no. Ahí hay un bache importante que es como el remanente de una mentalidad clasista y racista incluso”, cuenta Miriam en el documental Una mujer, una canción, una ciudad, de Regino Oliver.

Miriam Ramos en su debut en televisión.

Justo en el ‘67 Miriam conoce a Silvio en el Festival Internacional de Varadero de la mano de Bola de Nieve, y en la medida en que el Movimiento de la Nueva Trova va tomando auge, ella asume la responsabilidad de llevar esas canciones a los medios.

“Un día Germán Pinelli me habló sobre el uso del micrófono, porque la televisión es un medio de intimidad, no puedes agredir a las personas. Me dijo: ‘tú tienes el micrófono aquí, no le hables al cámara-man, háblale al micrófono’. Y es que ese error lo veo constantemente, es un problema de dirección. Como te decía, la intimidad de la televisión no te permite el manoteo, la falsedad. Yo no me invento una Miriam Ramos, eso me parece un fraude, una estafa”, me dijo.

En 1969 los programas musicales eran el plato fuerte de la televisión y los responsables de ese éxito tienen nombre: Manolo Rifat, Joaquín M. Condall, Amaury Pérez García, Eugenio Pedraza Ginori, entre otros. En varios de esos estelares aparecía la menuda figura de Miriam con esa voz que desde el primer instante atrapa.

“Hacía una cantidad de televisión tremenda porque la programación era completamente en vivo y descansaba sobre la música. Había un programa musical diario, completamente distinto, y cada uno tenía su perfil y su estilo. El programa que hacía el viejo Amaury no tenía nada que ver con el de Rifat. Con Pedraza Ginori [hice] Juntos a las 9, ¡mil veces!, he perdido la cuenta. Estoy en la memoria de la gente por eso, porque la televisión marca mucho y tengo una imagen fácil de recordar por el pelo blanco. Soy una persona creativa —no lo digo por vanidad— y me motiva mucho ver a [alguien] creando. Los camarógrafos de verdad son también creativos y hacían propuestas al director de encuadre; entonces yo veía eso en el monitor y empezaba a ayudarlos y les encantaba. Se me ocurrían cosas porque me entregaba.

Miriam Ramos en el programa “Música y estrellas” dirigido por Manolo Rifat y acompañada por el grupo de Frank Domínguez. Década del setenta.

“A mí me gustaba mucho hacer televisión, es algo demandante y agradezco mucho a la vida haberme encontrado con esos directores, camarógrafos. La televisión que yo conocí tenía un mecanismo de relojería, con una precisión absoluta, una organización perfecta. En esa etapa conocí a personas tremendas como el maestro Adolfo Guzmán, Mario Romeu, Rafael Somavilla, Antonio Tony Taño… asesorando los programas, haciendo un verdadero trabajo de mesa. Te pongo un ejemplo: el tema Lloviendo, de Guzmán, yo lo grabé para un programa de Rifat y ese arreglo lo escribió el propio maestro. Sinceramente, me formé muy bien en ese sentido y aprendí de los mejores”, cuenta.

La periodista, locutora e investigadora camagüeyana Josefa Bracero Torres, recuerda a la Miriam de aquellas décadas:

“A mediados de la década del setenta la televisión cubana hacía varios programas en Camagüey y yo en esos momentos era locutora en Radio Cadena Agramonte y me escogen para ser la presentadora de uno de esos espacios. Recuerdo que los directores eran Eugenio Pedraza Ginori, Luis Figueredo Doncel y otros. 

“Entre los programas hay uno que se hace con Miriam Ramos en un lugar tan romántico como el patio del Museo Ignacio Agramonte, rodeado de tinajones y plantas. Era muy joven cuando eso: con una melena negrísima que me llamó la atención, pero ya en contraste comenzaban a aflorar hebras plateadas bellísimas. Lo recuerdo por su juventud y la forma en que cantaba, tan dulce. Pasan los años y Miriam se convirtió en uno de los baluartes de la cancionística cubana. No olvido que Esther Borja cuando se refería a las personas más sobresalientes en la canción cubana, en primer lugar destacaba a Miriam Ramos; y ya sabemos quién fue Esther”.

En 1976 el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) produjo un curioso animado musical titulado El pececito sin color, que para la mayoría de los críticos resultó una obra bisagra entre el videoclip y el cortometraje con base melódica, donde el tema soporta y desarrolla la trama. Escrito y dirigido por Mario Rivas, la animación de Noel Lima y la producción general de Paco Pratts, El pececito sin color es narrado mediante una canción compuesta por Antonio González e interpretada por Miriam Ramos. 

Un año después se repitió la experiencia cuando entre más de mil propuestas, un dibujo de la diseñadora Martha Porro ganó el concurso convocado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Nacía así La Calabacita, que empezó a transmitirse en febrero de ese año con letra de Alberto Falla, música de Mery Córdoba y la voz de Miriam que al filo de las ocho de la noche se colaba en los hogares de la Isla. 

A finales del setenta llegó a Cuba la vedette Nacha Guevara y aquí encontró un considerable número de admiradores, entre ellos Miriam, quien tuvo la oportunidad de sondear una serie de angustias con la argentina.

“Al día siguiente [Nacha Guevara] acudió a un concierto de la Nueva Trova en el teatro Karl Marx, me vio y cuando todo terminó fue hasta el camerino y me dijo: ‘Tú eres de la escena, tu trabajo necesita el escenario, las luces, el telón… El anti espectáculo no es tu espectáculo, eso funciona para otra gente, no para ti. Tú eres del escenario’”.

Para entonces uno de los temas más escuchados era ya Mariposa, la composición de Pedro Luis Ferrer que colocó a Miriam en las listas de éxitos de la radio cubana durante varios meses.

“…Es como el clímax, porque es un fenómeno llamativo, en esos momentos no estaban los hit parade, ni las listas de éxitos, todo eso se había ido del aire; pero yo no recuerdo, de entonces para acá, un tema que haya estado tanto tiempo en la radio como esa canción. Es ese tipo de canción que se agarra, sobre todo por esa guitarra que suena tan bien, porque es Pedro Luis Ferrer el que está ahí, acompañándome en esa grabación”, dice Miriam.

Algo más que soñar

En el verano del ‘85 en los hogares cubanos, centros de trabajo y hasta en el aeropuerto “se baten palmas” por la serie mexicana Gotita de gente, y late la expectativa ante Sol de batey, de Dora Alonso, que dirigida por Roberto Garriga “da el vuelco a la telenovela en nuestra televisión” con altos índices de audiencia y las actuaciones de Susana Pérez, Verónica Lynn y Luisa María Jiménez.

En los últimos días de julio de ese mismo año los medios empezaron a promocionar la que sería una de las series más vistas en el país: Algo más que soñar. En mayo, el periódico Juventud Rebelde publicó una extensa entrevista de la periodista Neysa Ramón a los protagonistas de la serie. Dos meses después, en su edición del martes dieciséis de julio, el medio anunció que luego de trece meses de trabajo el debut del serial en la pequeña pantalla se realizaría el sábado veinte a las nueve de la noche en horario estelar.

Algo más que soñar formó parte de la extensa producción de los Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), creados en 1961, y aunque contaba inicialmente con nueve capítulos de una hora de duración aproximadamente, existe también una versión para cine de noventa minutos. Bajo la dirección de Eduardo Moya trabajaron, entre otros, Eliseo Altunaga, Roberto Díaz y Enrique de la Uz en el guion; Ángel Alderete en la fotografía; la música de Pablo Milanés y en el reparto actores experimentados como Alberto Molina, Miguel Navarro; Martha del Río; Manuel Porto; Luis Alberto García; Miriam Ramos; María Elena Escalona y Caridad Almenares. Todos ellos se unieron a recién egresados del Instituto Superior de Arte (ISA) y otros también muy jóvenes: Isabel Santos, Luis Alberto García, Patricio Wood, Rolando Brito, Beatriz Valdés y Enrique Álvarez. 

En palabras del cineasta Enrique Kike Álvarez publicadas en OnCuba News, Algo más que soñar se convirtió en “un documento, un diagnóstico audiovisual de una época. Como serie fue un referente y en su momento un modelo de narración y realización para la televisión cubana”, y obtuvo el Premio Caracol en el II Festival de Cine, Radio y Televisión; el Premio VII Festival Nacional de la Radio y la Televisión de Santiago de Cuba (1986), así como el premio de la popularidad Girasol Opina (1985). Por supuesto, la serie impuso un reto profesional para Miriam Ramos completamente diferente al teatro donde había trabajado bajo las órdenes de Roberto Blanco en la puesta en escena de Los días de la guerra, parte del diario de campaña de José Martí.

Miriam Ramos en Algo más que soñar.

De esa experiencia teatral nacería otro proyecto titulado Mucho más que dos, junto al actor Jorge Hernández. ¿Qué posibles semejanzas existen entre la interpretación de una obra musical y la conducción de programas? Miriam responde:

“… va en pocas personas que se lo proponen de verdad y que estudian eso con mucho cuidado. Ya si lo haces de una manera o de otra, hablando o cantando, son detalles. Lo más importante es transmitir algo. Claro, los tiempos son diferentes: cuando hablas tienes un recorrido determinado y en la canción, por todas las licencias poéticas, está alterado. La canción es un género básicamente de síntesis y es un ejercicio interesante también. Cuando cantas, la música es tu cómplice y la música sin palabras también emociona, es un código más cerrado que el idioma y te hace pasar momentos importantes para ser mejor ser humano. Pero, básicamente, es lo mismo: la intención de comunicar”. 

Radio Progreso le abre sus puertas

En marzo de 1986 la revista Opina en su número 80 publica los resultados de la gran encuesta Girasol del ‘85 y entre los programas más populares aparecen Algo más que soñar, Sol de batey y Colorama. En agosto de ese mismo año, Sara González realiza su primer recital en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana y, entre las invitadas, está Miriam Ramos, que ha empezado ya a trabajar como conductora del programa No hacen falta alas, en Radio Progreso. 

“Me llamó la atención el proyecto; recuerdo que comenzó dirigido por Jaime Almirall-Suárez, aunque la creadora del espacio fue Ada Guzmán. Yo, como oyente, me comunicaba con el programa, alababa determinadas cosas pero nunca pensé trabajar ahí. Siempre fue un entretenimiento escuchar la radio, sobre todo Progreso, una emisora muy ecléctica, donde hay de todo y para todos. No hacen falta alas siempre me llamó la atención por la propuesta cultural y la cálida voz de Miriam Ramos: una comunicadora excelente y una persona llena de información y cultura. Después me entero [de] cómo fue el proceso de selección”, me contó el realizador Pepe Armas que todavía, en aquel tiempo, no ocupaba una plaza oficial en la radio.

Los primeros realizadores de No hacen falta alas serían, efectivamente, Ada Guzmán, Jaime Almirall-Suárez y Antonio Orlando Rodríguez, y aunque ya Miriam mantenía vínculos con algunos de ellos fue necesario convocar a un casting para elegir la voz adecuada del programa, como afirma Pepe Armas: “No te voy a decir por ética profesional quiénes participaron en la convocatoria, pero Miriam le ganó a grandes e importantes actrices de Radio Progreso. Cuando vieron la belleza que radiaba y la comunicabilidad, enseguida fue la elegida. Así, según me cuentan, surgió el programa en 1986.”

No hacen falta alas comenzó a transmitirse con una hora de duración, casi al terminar la noche, luego le restaron quince minutos y lo mandaron a la parrilla del domingo a partir de las siete de la noche. Problemas de producción, compromisos discográficos, entre otras trabas, determinaron finalmente el cierre de un espacio que se mantuvo al aire por más de dos décadas.

De Pasión y prejuicio a Pensamiento 

Para 1992 la telenovela cubana Pasión y prejuicio había captado el interés de los telespectadores cubanos. A juicios del periodista Randol Peresalas, la obra que escribió Eduardo Macías y dirigió junto con Paco Anca y Julio Antonio Martínez, “significó un cambio de perspectivas hacia el género”. Si bien el atractivo de la telenovela en sus ciento treinta capítulos recayó en la fuerza de la trama y las actuaciones de Verónica Lynn, Corina Mestre, Tito Junco, Nancy González e Isabel Santos, entre otros, la banda sonora jugó su papel. Con letra de Noel Nicola y la interpretación de Miriam Ramos, el tema de cabecera sonaba todas las noches en el país.

Otro proyecto que contó con su maestría fue el programa televisivo Pensamiento, creado por la realizadora Lizette Vila, quien relata cómo nació la idea justo después de una presentación de la artista rindiendo tributo a Bola de Nieve:

“Aquel concierto de Miriam fue una apuesta más allá de toda la excelencia musical: por su imagen, por su desplazamiento en el escenario, su vestuario… Ya yo venía con la idea del programa de televisión y supe allí mismo que tenía que ser esa mujer. Luego, con el equipo, llamamos a Julio Pulido y nos reunimos la Uneac, el Ministerio de Cultura y el ICRT en una época más desfavorecida que la actual y sacamos el espacio con el auspicio del Hotel Nacional de Cuba. 

“En el programa Miriam también tenía un pensamiento: su virtuosismo no solo era como intérprete, también tenía locuacidad. Grandes artistas de diferentes manifestaciones pasaron por allí, pero siempre había alguien que interactuaba con ella a través del diálogo, en un tono íntimo, y todo eso matizado con música. Fue una experiencia con una gran repercusión en la televisión. 

“Antes yo había hecho un documental que se llama Gracias a la vida y la banda sonora estuvo a cargo de Juan Antonio Leyva, Magda Rosa Galbán y ella interpretó a capella el conocido tema de Violeta Parra. 

“La conocía desde el Conservatorio de La Habana, cuando Isacc Nicola era su director y nos unieron muchas cosas. Admiré siempre su tesitura, su manera de expresar, su dicción, para mí perfecta, que fluía de su motivación creadora. Miriam es una de las grandes voces de la música cubana”.

Miriam en el programa Pensamiento.

Mientras se trasmitía Pensamiento, las emisoras radiales difundían su última producción discográfica titulada Estás conmigo (homenaje a Bola de Nieve), producida por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem).

“No puedes convencer a nadie si no hablas desde la verdad: eso es lo que a mí me interesa, a través de la canción, el micrófono, la pantalla, la radio. Yo hago el proyecto del Bola con más de cincuenta años y pongo todo eso al servicio del programa, el cual contó con invitados de lujo como los poetas Carilda Oliver y Pablo Armando Fernández, César Portillo de la Luz o Eusebio Leal quien me llamó mucho la atención porque cuando estábamos maquillándonos le dije: ‘mira, Eusebio, te voy a preguntar…’, y me interrumpió diciendo: ‘no, no, no me avises, sorpréndeme’, y pensé que era un hombre muy guapo, porque hay que estar seguro de sí mismo para decirle eso a un entrevistador; claro, era Eusebio Leal, ¡gente tremenda!”, recordó Miriam. 

En 1999, el equipo realizador de Pensamiento obtuvo el premio Caracol, otorgado por la sección de Cine, Radio y Televisión de la Uneac, al mejor programa musical de la televisión cubana.

La esquina del jazz

Reflejar la imagen del jazz en la obra de compositores de la llamada “música culta”, de sus principales cultivadores, así como promover en primera instancia el quehacer de los jazzistas cubanos, son algunos de los principios que defiende el programa radial La esquina del jazz, transmitido por CMBF y fundado en 1969.

Fue Miguel Ojeda, realizador radial y por un tiempo director del programa, quien le propuso a Miriam formar parte de aquel proyecto. Con un equipo que posteriormente lideraría Milagros Muñoz, en La esquina del jazz Miriam encontró otra manera de permanecer unida a un medio tan querido por ella como es la radio, especialmente en una emisora presente desde su niñez.

Desde este mundo 

Fue el ya mencionado Pepe de Armas quien durante varios años dirigió Desde este mundo, un programa que los domingos en la mañana, y por Habana Radio, conectó la voz de Miriam con los oyentes del programa. La periodista Ilse Bulit, asesora general de dicha emisora, analiza:

“En entrevistas realizadas y otras leídas y escuchadas, los grandes de la actuación han opinado que mediante la observación de sus semejantes ‘cargan’ personalidades que usarán en alguna interpretación. La primera vez que vi a Miriam fue en el año ‘70, creo. Ella estaba cerca de la tropa de los fundadores de la Nueva Trova. Con algunos visitó el periódico Juventud Rebelde. En el lobby del quinto piso ofrecieron sus cantos. Ella permaneció observándonos a nosotros los periodistas con su penetrante mirada. Y, además de su voz, su abarcadora cultura musical y general, en ese poder de observación está la actriz que perdimos. Nos taladra con la mirada mientras nos embriaga con su interpretación. Y comprobé mi curiosidad. En sus programas en Radio Progreso y Habana Radio, programas diferentes, actuaba. Incorporaba personajes diferenciados.”

Miriam Ramos en el espectaculo teatral Mucho mas que dos.

La comunicación, sostiene Miriam Ramos, es un acto de amor y es lo que, incuestionablemente, ha hecho durante toda su carrera:

“Eso llegó para quedarse en mi vida. Lo de [la] radio es una propuesta que no escogí, fue un amor a primera vista. El micrófono no es un ‘animalito’ ajeno a mi vida, está conmigo hace más de 60 años. Pero el micrófono de radio tiene otra envergadura, otra dimensión. Yo aterricé, literalmente, en ese terreno y me enamoró. Todo el mundo habla de ese ‘bichito’ y es muy cierto: se trata de una poderosa adicción que no puedes abandonar jamás. ¿Mi segunda carrera? Sí, nunca me lo planteé, pero es obvio que sí.”

Desde hace muchísimo tiempo la imagen de Miriam Ramos no aparece en la televisión cubana, salvo en algún que otro programa musical. No sé, a ciencia cierta, si ha sido una decisión de la artista o producto de la apatía de algunos directores de televisión. Yo también, como Marta Valdés, reclamo la presencia de Miriam en cualquier medio que pueda hacerla visible. Más allá del buen gusto, es una necesidad, la urgencia de un país con poquísimas divas como ella, aún vivas.

Jaime Maso Jaime Masó Torres Periodista, locutor e investigador. Autor de los libros "La memoria está ahí" (entrevistas) y "Musicalísima. Beatriz Márquez, un viaje de memorias". Más publicaciones

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  1. Miguel Ojeda dice:

    LA CAJITA MUSICAL BAJÓ DE NOCHE.

    La cajita musical bajó de noche.
    La estrella que la trajo la sembró entre marinas perlas, la besó y …volvió a subir.
    Pescadores ,madrugadores,cantaron un 6 de mayo de 1946.

    La cajita musical creció entre perlas, mutó y , hermosa , sonó estelarmente entre conservatorios musicales, colegio legendario, escuelas de futuro, estudios con libros y sin ellos , guitarra confidente y coro promisorio.
    ¡ Qué mujer cajita musical que habitó aquel otro mayo con aquel Frank Emilio, piano, canciones semillas y… aquellos horizontes !

    La mujer musical profética, cajita antes, se vistió de festivales, concursos, radio, teatro, televisión , autores Autores, obras Obras, misión patrimonial en La Patria que admira.

    Entonces, el hombre, siempre dado a clasificar, creyó definirla con medallas , distinciones, premios ,giras, reconocimientos ; todos, con mil apellidos, mientras ella, con mil ojos de marinas perlas, miraba mil estrellas en mil arcoiris.

    Las cajitas musicales que bajan con cierta estrella, en realidad, no abundan pero…ésta se quedó, mutó , habita en canciones, guitarras, actuaciones y…fundacionales bellezas.

    Ahora, abriré cierta concha de perla que, creo, atesora su nombre y…leo.
    Escrito con música, me lo canta la perla marina : ¡ MIRIAM, MIRIAM ,MIRIAM !

    ¡ La cajita de música bajó de noche y…se sembró en la tierra !

    MIGUEL OJEDA.

    LA ESTRELLA GUARDÓ EN UN COFRE.

    La Estrella guardó en un cofre
    la perla, el mar, la guitarra ,
    los bajó hasta La Tierra
    y vió crecer su esperanza.

    Esa cantante-campana
    mutó desde la mañana ;
    ramos de perlas y conchas
    con Música la acompañan.

    ¡ Miriam, te danzan astros;
    con ramos de estrellas…cantas !

    MIGUEL OJEDA.
    Maestro de radialistas.
    Distinción por la cultura cubana.
    Laureado de la cultura.
    Miembro de la UNEAC.
    59294219

  2. Miguel Ojeda dice:

    6 de mayo de 1946, ella nació para siempre.

    LA CAJITA MUSICAL BAJÓ DE NOCHE.

    La cajita musical bajó de noche.
    La estrella que la trajo la sembró entre marinas perlas, la besó y …volvió a subir.
    Pescadores ,madrugadores,cantaron un 6 de mayo de 1946.

    La cajita musical creció entre perlas, mutó y , hermosa , sonó estelarmente entre conservatorios musicales, colegio legendario, escuelas de futuro, estudios con libros y sin ellos , guitarra confidente y coro promisorio.
    ¡ Qué mujer cajita musical que habitó aquel otro mayo con aquel Frank Emilio, piano, canciones semillas y… aquellos horizontes !

    La mujer musical profética, cajita antes, se vistió de festivales, concursos, radio, teatro, televisión , autores Autores, obras Obras, misión patrimonial en La Patria que admira.

    Entonces, el hombre, siempre dado a clasificar, creyó definirla con medallas , distinciones, premios ,giras, reconocimientos ; todos, con mil apellidos, mientras ella, con mil ojos de marinas perlas, miraba mil estrellas en mil arcoiris.

    Las cajitas musicales que bajan con cierta estrella, en realidad, no abundan pero…ésta se quedó, mutó , habita en canciones, guitarras, actuaciones y…fundacionales bellezas.

    Ahora, abriré cierta concha de perla que, creo, atesora su nombre y…leo.
    Escrito con música, me lo canta la perla marina : ¡ MIRIAM, MIRIAM ,MIRIAM !

    ¡ La cajita de música bajó de noche y…se sembró en la tierra !

    MIGUEL OJEDA.

    LA ESTRELLA GUARDÓ EN UN COFRE.

    La Estrella guardó en un cofre
    la perla, el mar, la guitarra ,
    los bajó hasta La Tierra
    y vió crecer su esperanza.

    Esa cantante-campana
    mutó desde la mañana ;
    ramos de perlas y conchas
    con Música la acompañan.

    ¡ Miriam, te danzan astros;
    con ramos de estrellas…cantas !

    Miguel Ojeda.
    Distinción por La Cultura Cubana.
    Maestro de Radialistas.
    Laureado de La Cultura.
    Jubilado en Radio CMBF.
    59294219.

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