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Los 600 discos de Latinoamérica: Un tributo a la latinidad a través de la música

Corría el año 2020, aún en la vorágine provocada por el virus del COVID-19. El periodo de enclaustramiento al que fuimos convocados, como única opción salvavidas, se tornó tedioso y prolongado. Sin embargo, se convirtió en un tiempo de reflexión que dio rienda suelta a la imaginación y a la motivación de muchos artistas, investigadores, etc., quienes encontraron en el ejercicio de la creación, el consuelo perfecto para mitigar la zozobra del momento. Así surgió la idea de Los 600 discos de Latinoamérica, un proyecto que se impuso con la aspiración de rendir tributo a la identidad latina a través de la recopilación de los discos más representativos de su música en el siglo XX.

Jorge Cárcamo y Christopher Rodríguez, dos amigos chilenos estudiosos y defensores de la cultura, fueron los promotores. El primero, un entusiasta melómano y el segundo, autor del libro Los 200 discos del rock chileno. La propuesta que ambos traían entre manos consistía en lanzar una convocatoria abierta online, en la plataforma X (antes Twitter), a través de la cual recopilarían las diferentes opiniones y, a partir de esto, conformarían una lista con las producciones discográficas más importantes del panorama musical latinoamericano. 

La motivación principal de dicha iniciativa apunta a celebrar la latinidad a través de la música. Es importante mostrarle al mundo la verdadera riqueza de la escena musical de América Latina, que si bien aparece listada en selecciones o playlists confeccionadas por medios internacionales —casi siempre provenientes de países como Estados Unidos o Reino Unido— resultan poco inclusivas y no hacen justicia a su verdadera dimensión y diversidad.

Por tanto, hubo una marcada intención de influir en la eliminación de ciertos prejuicios y brindar la oportunidad de conocer más a fondo y promover la identidad musical de la región; siempre procurando destacar ciertos movimientos y discografías importantes, donde pueden encontrarse obras muy conocidas y otras muy poco exploradas o difundidas. Además, buscaban alternar música contemporánea, pop, rock y otros géneros como el son cubano, la música andina, que tiene tanta riqueza de géneros y subgéneros; así como rescatar las sonoridades que han sido olvidadas en el tiempo y sacarlas de la burbuja que la “fatalidad geográfica” a veces impone.

Bajo estas premisas comenzó la ardua labor. Se fueron sumando personas entusiastas al llamado que hicieron a través de X. Inicialmente, se logró confeccionar una lista, que sumaba un total de cien discos. Acto seguido, se abrió un grupo de debate en WhatsApp. La tecnología fue esencial en el proceso, teniendo en cuenta la situación de aquel momento, en que el contacto físico no era una opción. De tal manera, el proyecto comenzó a tomar forma a partir del mes de abril de 2021. Su propósito era ambicioso y complejo, se hacía necesario crear una base de datos nada sencilla. La divergencia de perspectivas en el grupo de intercambio, unida al profundo estudio, análisis y clasificación de la información, entre otros factores, conllevaron a que el resultado final llegara tres años más tarde. 

El carácter comunitario, adquirido de manera orgánica, resalta como elemento distintivo en la estructuración del proyecto. Si bien comenzó a través de la interacción de los dos líderes fundamentales, en realidad la forma en que se fue elaborando, pensando y diseñando, estuvo dada por una serie de decisiones y experimentos colectivos. Vale resaltar que existió desde el inicio un grupo estable de personas alrededor de los líderes que conformaron dicha comunidad, integrada por José Juan Zapara (periodista mexicano residente en Argentina), Felipe Figueroa (El Salvador) y José Luis Mercado (Perú, líder del proyecto Rock en las Américas, quien aceptó amablemente ser entrevistado en representación del grupo, para este texto). En general, todos periodistas o melómanos. 

A lo largo de estos años, no fueron pocos los que apoyaron y participaron en la concepción y organización del proyecto y, sobre todo, en la selección del resultado final. La pluralidad de opiniones se hizo sentir. El hecho de que todos provenían de diferentes geografías fue un elemento importante a la hora de llegar a un consenso. Las visiones sobre el patrimonio musical de América Latina eran numerosas y desiguales. Al principio, proyectaron trabajar con una cifra de 500 discos en representación de lo mejor de la música latina, y el periodo seleccionado comprendía desde 1920 hasta el año 2022. Sin embargo, finalmente, la cifra creció hasta llegar a 600.

En este proceso decisivo, es válido destacar la presencia de Mercedes Sanz (Venezuela), Juan Francisco Jaramillo (Colombia), Julián Jiménez (México, residente en Estados Unidos), Zoila Benito (Perú), Eduardo Rodríguez (México), Margus Lozanoff (Brasil), y Yoeli Díaz (República Dominicana). 

Los discos más antiguos que fueron incluidos datan de los años 50, cuando comenzaron a aparecer los formatos de larga duración. También se pueden encontrar colecciones de algunos artistas que grabaron en los años 20, 30 y 40; tal es el caso de Memories of Cuba, de la orquesta cubana Casino de la Playa. La base de datos inicial llegó a contar con un total de 2500 discos y se llegó a la decisión final mediante una votación interna. 

No fue como “tomarse un vaso con agua”. A la hora de decidir los discos que quedarían, el equipo a cargo de la selección asumió la imposibilidad de incluirlos a todos, dada la cantidad y complejidad de la mayoría de los géneros. Por otro lado, la idea fundamental tampoco era hacer una lista de carácter enciclopédico, o generar una visión estrechamente intelectual. En cambio, sí se basaba en equilibrar conocimientos con tendencias y llegar a la mayor cantidad de público, que muchas veces conoce una parte de la música latinoamericana, pero muestra curiosidad por explorar otras. De manera general, se recopilaron géneros tan populares como la salsa, la cumbia, el bolero, el tango, el bossa nova; incluso, algunos de origen anglo que desde antaño han sido interpretados también en Latinoamérica.

La compilación ha sido titulada por varios medios y listas en las plataformas de streaming como Discos de todos los tiempos, donde pasado y presente están bien representados. Además de los países que integran Latinoamérica, se decidió incluir a Estados Unidos, teniendo en cuenta su indiscutible contribución e interacción con la música latina. 

Desde el pasado 16 de julio la colección de álbumes se encuentra publicada en su totalidad. De ellos, 58 son de artistas cubanos. El equipo de trabajo reconoció la dura prueba que representó para ellos llevar a cabo el proceso de selección en el caso de Cuba y Brasil, dos países con una vasta diversidad de géneros musicales. Para ello, contaron con el apoyo y asesoramiento del Sr. Julián Jiménez, un estudioso y coleccionista de música cubana, de ascendencia mexicana, residente en California. Su contribución fue esencial y algunas de sus reseñas aparecen en la lista. Señalaron, además, haber sido sumamente abiertos a la hora de incluir artistas de ascendencia cubana, como el caso de Ibeyi, o de otros que residen fuera de la Isla.

En la discografía del patio, fueron incluidos personajes de la talla de Sindo Garay, La Sonora Matancera, Benny Moré, Celia Cruz, Olga Guillot, Arsenio Rodríguez, Los Zafiros, Irakere, Los Aldeanos, por solo mencionar algunos. Con algún toque de misterio, guardando con recelo los títulos de los discos que aún esperan ver la luz, quedamos a la espera de conocer los otros nombres de nuestra geografía que conforman la lista.

Este proyecto aún no ha tenido la oportunidad de ser presentado en espacios físicos o eventos importantes, aunque muchos han manifestado su interés en el mismo. Luego de conocer acerca del Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de Cuba, auspiciado por la casa discográfica Egrem, los líderes del proyecto se mostraron dispuestos a propiciar un acercamiento y plantearse la posibilidad de presentarlo en tierras cubanas. 

El equipo de trabajo confesó tener entre sus proyecciones futuras la posibilidad de cruzar fronteras y salir un poco del espacio virtual que, aunque ha sido útil, no resulta exclusivo para difundir el proyecto en otras regiones, generar debates, etc. Además, sería satisfactorio para sus creadores y está entre sus pretensiones el hecho de escuchar, intercambiar y adquirir conocimientos y opiniones posteriores a la publicación de su compilación.

 

La lista completa se puede encontrar aquí.

Dianna Rosa Pérez Medina Más publicaciones

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  1. Jose Diaz dice:

    Wow!! Que información más valiosa ! Soy músico profesional y la verdad no sabía lo del tributo a la música Latina ! Gracias 🙏🏽 . Sigan con espacios como estos donde los jóvenes podemos nutrirnos en gran manera . Gracias .

  2. Yahilenis Lopez Daverr dice:

    Excelente este artículo. Lo disfruté mucho. Siempre sigo la revista, es muy bueno ver que le otorguen visibilidad a un proyecto tan importante.

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