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Artículos Dibujo por Larry Martínez.

Mayito Aracil, el sonido del éxito… y mucho más

En mi casa existía una rigurosa tradición familiar para celebrar cada fin de año: conformar con un sentido obsesivo una camaleónica playlist que incluyera los temas más sonados del momento y otras piezas clásicas, capaces de satisfacer los no siempre compatibles gustos musicales de familiares y amigos de la infancia. Téngase en cuenta que esa noche nuestra sala se convertía, entre otras cosas, en una competitiva pista de baile y la fiesta podía extenderse hasta la madrugada e incluso la mañana del día primero, al son invariable del variado del 31, como solíamos llamarle. 

Luego, con dicha matriz en manos del DJ de turno, íbamos reconfigurando nuestro listado para amenizar cumpleaños, graduaciones o cuanto momento ameritara un buen soundtrack de fondo. De esta manera desfilaban asiduamente por la calle Blanquizar, Marc Anthony, Gente de Zona, Los Van Van, Olga Tañón, Carlos Vives, Havana D’Primera, Luis Enrique, Leoni Torres, entre tantos ilustres invitados. 

Arancil junto a Marc Anthony. Imagen tomada de Miniondas.

Lo que no podíamos imaginar, como casi nadie en Cuba, era que una buena cantidad de los mega hits de estos artistas, periódicamente ratificados en nuestros fetecunes, habían pasado por las manos (más bien los oídos) de una misma y cercana persona: el extraordinario y multipremiado ingeniero de sonido, mezcla y también productor cubano Juan Mario Aracil, Mayito.

Muy lejos estábamos de asociar el silencioso (pero sonoro) trabajo de ingeniería detrás de temas tan disfrutables como La Gozadera, Yo no sé mañana, o la más reciente y vibrante Pa allá voy, con aquel rubiecito jodedor que mataperreaba (mucho antes de ponernos a perrear) en las cercanías del parque de la Asunción, en la barriada de Lawton. El mismo con el que yo subía y bajaba corriendo por la Calzada, tras tocar de forma aleatoria los timbres de algunas puertas, en horas previas a las clases de kárate en el antiguo Cine de Luyanó; con quien compartí risas, juegos y algún que otro gaznatón en forma de zuki.

Pero a diferencia de su ídolo Bruce Lee —que curiosamente inició su andar en los medios explotando sus habilidades en la música cubana, específicamente con los pasos del chachachá—, el kárate no era lo de Mayito, aquí entre nos. Para él los días de katas y kumites estaban contados, en cambio, era la clave la que lo estaba esperando.

Tenía unos 11 años cuando se trasladó con sus padres a Miami. Y claro, en aquellos 90 las despedidas no venían acompañadas de emails, WhatsApp y otros hilos comunicativos que posteriormente hemos sabido tejer los cubanos cuando, por desgracia, el mar se interpone entre nuestros abrazos. En el barrio algún niño heredó su chivichana, pero muchos le perdimos la pista; y en definitiva aprendimos a crecer sobrellevando la disminución, primero esporádica y luego masiva, de los miembros fundadores de aquel ejército de alpinistas que teníamos en La Loma del Burro, el lugar más cercano al cielo. 

No podíamos predecir —y él tampoco— que años después su nombre ascendería hasta el Salón de la Fama de la Música Latina (2022), donde le aguardaban leyendas como Celia Cruz, Juan Gabriel, o Juan Luis Guerra, que por aquel entonces nos subía a todos la bilirrubina con La 440, y con quien Mayito colaboró recientemente en la grabación del tema Si tú me quieres, junto al colombiano Fonseca.

No fue arte de magia, no, ni de un día para otro, sino más bien el resultado de muchos años de “sacrificio, trabajo y dedicación”, como asegura él mismo, y, por supuesto, del tremendo ashé que también tiene. La música en este nuevo contexto no permitió que abandonara sus raíces y, a la par, comenzó a abrirle nuevas puertas.

Tomó clases de piano y sin duda sus conocimientos del instrumento constituyeron herramientas muy útiles para lo que estaba por venir. La noche tampoco le fue ajena, ni el contacto directo con los bailadores, y con apenas 16 años ya calentaba la pista como DJ en el afamado Club Mango’s de South Beach. Por otro lado, creó un pequeño estudio de grabación en su casa, donde mezclaba y experimentaba durante horas con cuanto loop se asomara por la ventana, y finalizó sus estudios como Ingeniero de Sonido en la Universidad de Miami. 

Imagen tomada de Miniondas

Con una reputación muy ganada en el ambiente sonoro de esa ciudad, Sergio George —el reconocido pianista, arreglista y productor a quien Marc Anthony suele arengar con el característico “¡ataca, Sergio!” en buena parte de sus temas— lo convocó para que Mayito hiciera de las suyas en el sello Top Stop Music.

Pero todavía no es hora de aplaudir, porque la película no termina aquí, más bien está empezando. Ya insertado en las grandes ligas, Mayito no paró de conectar hits y participó como ingeniero en la grabación del disco Ciclos (2009) del salsero nicaragüense Luis Enrique, que marcaba su regreso discográfico y que fue premiado como Mejor Álbum Tropical Latino en los Premios Grammy; y Mejor Álbum de Salsa y Mejor Canción Tropical en los Grammy Latinos, con el tema Yo no sé mañana.

Le seguirían otros discos antológicos e igualmente multipremiados, como el Sergio George presenta Salsa Giants (2013), que recoge la actuación en vivo de íconos del género: Oscar de León, Cheo Feliciano, José Alberto El Canario, Tito Nieves, Willy Chirino, o Marc Anthony. Con este último se destacan por ejemplo las producciones 3.0 (2013), Opus (2019) o Pa allá voy (2022), que han contado con la intervención de Mayito como ingeniero, ingeniero de mezcla e ingeniero de grabación y mezcla, respectivamente.

Otros palos sonoros también agradecieron su aporte como Más + corazón profundo (2015), de Carlos Vives; La vuelta al mundo (2015), de Havana D’ Primera ; Visualízate (2016), con Gente de Zona, que incluía colaboraciones de renombre como el referido Marc Anthony, Pitbull, Chino y Nacho entre otros; Latina (2016), de la mexicana Thalía; Canten (2022), de Leoni Torres; o En tiempo de Son. Homenaje a las canciones de Jorge Luis Piloto (2023), del Septeto Acarey, por solo citar algunos trabajos de una lista realmente lujosa.

Mención aparte merece la mezcla del álbum La Fantasía (2014), de Los Van Van, del que se siente orgullosamente complacido y que constituyó el último trabajo discográfico con la participación de Juan Formell, ya no directamente en las sesiones de grabación, pero sí desde el punto de vista conceptual y de dirección, y que se publicó meses después del fallecimiento del maestro. Por ello siguió montado en el Tren de la Música Cubana, a cargo de las mezclas del álbum Legado (2017) un sentido homenaje a quien fuera maquinista de este tren durante casi medio siglo, y que marcó el reinicio del camino para Los Van Van.

Imagen tomada de Miniondas.

Mientras tanto, a solo unas cuadras del Pasaje de Rosa Enriquez y la Calzada de Luyanó —lugar donde tuvo su última residencia en la zona— un grupo de amigos, o mejor dicho, hermanos, lo invitábamos sin saberlo a fiestar con nosotros, sucumbiendo en ocasiones ante los embates casineros de mi abuela y Oscar de León, con su Llorarás en vivo; o a veces desafinadamente emocionados asistiendo a Marc Anthony en su versión de Flor Pálida; o simplemente arrebata’os con Qué Sorpresa, de Los Van Van, revisitada por Alexander Abreu y Havana D’Primera.

Desde ahí también despedimos a algunos miembros de ese grupo familiar, que con algún pasaje en mano, beca u otra variante, anunciaba su último baile en dicha sede, por lo que había que apretar con el variado del 31 (daba igual que fuera en diciembre o en agosto); en todo caso, implicaba más pincha pa’ Mayito durante la jornada.

Fue muchos años después, mientras recibía el enésimo lauro de su exitosa carrera, cuando descubrí con sorpresa y orgullo que el experimentado ingeniero de sonido y mezcla de origen cubano Juan Mario Aracil (así lo identificaban en la nota periodística) y nuestro inquieto aprendiz de karateca, eran la misma persona.

Por mi parte, hubiera sabido perdonarle cualquier síntoma de amnesia ligera o desteñimiento, con un currículum en meteórica expansión que hasta la fecha atesora, entre otras distinciones, cuatro Premios Grammy y once Grammy Latinos, como resultado de múltiples nominaciones y el respeto de muchos de los más prestigiosos músicos del mundo. 

Solo sirva de ejemplo que en la 14ª entrega de los Grammy Latinos, en el año 2013, Mayito tuvo que competir (como a cada rato sucede) contra sí mismo en múltiples ocasiones, al ser nominado por sus intervenciones en los discos Salsa Giants (Sergio George), 3.0 (Marc Anthony), Me llamaré tuyo (Víctor Manuelle), Amor Total (Toby Love) y Leslie Grace, de la joven estrella del pop latino; o en la 62ª edición de los Premios Grammy, del 2020, en la que volvió loco al jurado y donde por primera vez compartieron el galardón dos discos: A Journey Through Cuban Music, de Aymée Nuviola y Opus, de Marc Anthony, ambos premiados en la categoría de Mejor Álbum Tropical Latino, en los que Mayito participó como productor musical e ingeniero de grabación y mezcla en el caso del primero, y como ingeniero de grabación y mezcla en el segundo.

“Cogerse un poco pa’ eso”, después de tantas alfombras rojas o verdes, habría sido más que comprensible, cuando entonces decidí felicitarlo vía digital, igual que miles de fans que se amontonaban por esos días en las redes sociales para enviarle un saludo. Y ahí nuevamente el muy cabrón me sorprendía, cuando de forma inmediata y haciendo alarde solo de su buena memoria, respondió agradecido mi mensaje, con la misma sencillez y naturalidad de aquel chama de barrio que todavía sigue siendo.

Es que Mayito nunca ha estado desconectado de su isla, ni tampoco le han sido ajenas las nuevas sonoridades que campean por sus calles. A su extenso catálogo, marcado por la presencia de estilos que van desde la salsa, el merengue, la bachata, el pop, el son tradicional, la timba, o el songo, suma numerosas colaboraciones con diversos exponentes del arrollador género urbano, con el que se siente especialmente identificado. Fe de ello ofrecen sus trabajos con Gente de Zona, El Chacal, Jacob Forever, El Micha, Diván o Lenier, entre tantas figuras que también han puesto sus creaciones y proyectos a su cargo. En el caso de Jacob, ambos unieron sus intereses creativos hace solo unos meses para respaldar a artistas noveles directamente, desde Forever Music.

Arancil junto a Aymée Nuviola y Gonzalo Rubalcaba. Imagen tomada de Miniondas.

En un intercambio telefónico reciente le comenté (y ahora transcribo) que me parecía absurdo que a pesar de que su nombre es un referente para los músicos de altos quilates de nuestra Isla y para mucha gente que se dedica al difícil arte de la producción e ingeniería de sonido, en la calle el cubano de a pie, en el reparto La Asunción de su natal Diez de Octubre, no muchos conocen su intervención directa en la banda sonora de sus vidas. 

Solo faltaba entonces desearle nuevos éxitos y renovados proyectos, en una carrera donde pudiera pensarse que ya lo ha logrado todo, pero en su caso ya tenemos claro que nunca se sabe. También darle las gracias en nombre de todos los cubanos y un abrazo de parte de aquellos poco ortodoxos rompedores de la pista, falsos karatecas que, desparramados hoy por el mundo, nos acostamos la noche del 31, como tantas, con muchísimos recuerdos bailando debajo de la piel; porque el sonido de Mayito no es solo el del éxito, y se mezcla también cuando las luces no están encendidas. Dale play, brother, o si prefieres: ¡Shobu SanbonHajime!

Larry Martínez Díaz Más publicaciones

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