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Playlists Ilustración: Eli Luzardo

Los conquistadores del fuego (o una playlist de temas que cantábamos mal)

Mi mamá me cantaba para dormirme. Y también cantaba para estar contenta. Cantaba limpiando, a veces. No había nada que la pusiera más contenta que limpiar, porque si la casa estaba limpia entonces todo estaría bien. Mi casa era de madera y las paredes estaban llenas de huequitos. Si alguien se hubiera querido masturbar, cualquiera lo habría visto. La calle era de tierra y entraba tanto polvo, que incluso después de limpio el piso seguía opaco.

Entonces mi mamá pasaba el brillador, y cantaba. Hacia el final, no cantaba. Pero al principio sí. Y también bailaba. Cantaba y bailaba música pop. Roberto Carlos, Benny Moré, Los Van Van, Eros Ramazotti, NG La Banda, Los Beatles, Silvio y Pablo, Michael Jackson y Stevie Wonder. Su preferido era Kenny Rogers. Con Kenny Rogers bailaba, moviendo los pies así. Movía los pies diciendo: dowendujowe wendujó wendujoweeeee. Y se le veían todos los dientes, sin caries y parejitos, al revés de mi papá.

El problema no era que cantara, sino que cantara otra letra. Yo me aprendí de memoria un estribillo del Benny, mientras mi abuelo contaba que el Benny era un borracho tirado en la esquina de la calle B, frente a la casa de Cira Socarrás, donde vendían gas licuado antes del triunfo. Me acuerdo de esa historia y de la imagen que me formé en la cabeza: un hombre alto con la camisa abierta, hecha tirones, la boca virada, los ojos cerrados y el cuerpo torcido sobre un tanque de gas licuado, y mi abuelo ayudándolo para que se pusiera en pie.

Mi mamá le decía a mi abuelo que no importaba y seguía cantando su estribillo, barriendo. Mi mamá cantaba alegre: ¡si hay fuego en la ciudad que más me gusta a mí!, y repetía eso imparable, bailando igual que con Kenny Rogers: ¡si hay fuego en la ciudad que más me gusta a mí! Y mi abuelo decía: ese hombre es un alcohólico. Y mi mamá cantaba: ¡si hay fuego en la ciudad que más me gusta a mí! Y mi papá le decía: esa canción no es así. Y mi mamá le decía: cállate Juanci. Mi papá no se llama Juanci pero ella le dice Juanci. (Legna Rodríguez Iglesias).

Mis impulsos sobre ti / Comp. Alec Syntek, Int. David Torrens

Recuerdo perfectamente el momento en el que escuché por primera vez este tema en la voz de David Torrens. Fue en una época en la que yo finalmente había decidido dejar de hacerle resistencia a su música —no tengo razones que dar al respecto— y me resultaba súper curioso cuántas canciones tenía David con algún nombre de mujer en ellas: Ibis, Pamela, Juana, Mayte, y… Mariana. ¿No conocen esa última? Está ahí cuando el precioso coro de Mis impulsos sobre ti dice: “… y alejarme significa un suicido / yo te amo, Mariaaanaaaa”. Y así la estuve cantando durante mucho tiempo, señores, qué vergüenza. Por suerte estrenaron Los dioses rotos en el Chaplin y Ernesto Daranas la incluyó como parte de la banda sonora, solo para que yo me cuestionara qué hacía una canción de amor a una tal Mariana en una película donde la protagonista se llamaba Sandra. (Diana Ferreiro).

Agua pa’ Yemayá / Elito Revé y su Charangón

Posiblemente uno de los temas más cantados y bailados de Elito y su gente. A remar, a remar para cantarle a La Virgen de Regla. Hace dos años, justamente un 7 de septiembre, cuando la canción se vuelve rezo y todes cantan “agua… bendita” una y otra vez, me puse a revisar la letra para aprenderme lo de omi tuto, ana tuto, ile tuto,Tuto Laroye… y descubrí que llevaba años engañada. Resulta que el agua del coro era “fresquita”, más allá de las tantas “bendiciones” mal cantadas de la gente. (Adriana Fonte Preciado).

Tus ojos / Juan y Junior

Cuando era niña y preadolescente, tiempo en que sin prestar demasiada atención a la letra, escuchaba música y la cantaba a toda voz para imitar a mis primas más grandes, me desgañitaba cada día a las 8:00 p.m., cuando comenzaba el programa Nocturno, chillando a coro con Juan y Junior: “Casita gris… como es el mar de inviernoooo…”. Ni idea de que la canción hablaba de los ojos de una mujer y no de una casa pintada de gris. (Darsi Fernández).

Sueño de cristal / Lazarito Valdés y Bamboleo

Hay canciones que sabemos de memoria aunque jamás las hayamos tenido en nuestra playlist, puede que ni siquiera nos gusten, pero ahí están. Hace poco compartía con unes amigues y hablando del tema empezaron a salir algunos de esos estribillos “cheos”. Hicimos la noche cuando alguien inspirado empezó a cantar “qué lástima, tenía un sueño y era de metal…”, el resto fue un chiste tras otro alrededor de aquel “cambio de materiales”, desde debatir el nuevo estilo del sueño (un canal), hasta llegar a cantar el fragmento como si fuese un vocalista de Zeus, volver a ver el video, recordar otros tiempos. Cuando sirve para hacernos reír entre gente querida se agradece tener en la mente esos temas del recuerdo colectivo y, por supuesto, que ocurran estas equivocaciones simples, que luego se vuelven materia de anécdotas felices. (Anabel L. Rabell).

Hold the Line / Toto 

Corrían los inicios del 2000 y mi padre presumía de un casete legendario: “Éxitos de los 70-80”. Había de todo ahí, como en botica. Algunos fines de semana me montaba en su auto y me llevaba a ver a mis abuelos; era el campo, era la carretera y era aquella reproductora que traía de vuelta sonidos que mi padre disfrutaba tremendamente; y yo con él. En aquella arbitraria selección había un tema que nos gustaba en particular, un sencillo que con solo escuchar las primeras pulsiones sobre el piano nos hacía gritar escandalosamente lo que nosotros pensábamos que decía el estribillo. Toto era la banda responsable de los delirios de padre e hija; recuerdo las risas por el nombre que habían elegido los músicos estadounidenses para aquella alineación. “Toto”, decíamos, y nos partíamos de la risa. Mi padre no dominaba el inglés, tarareaba cualquier cosa; yo apenas empezaba la secundaria, mi dominio de ese idioma era solo lo que lograba captar en las películas y en el rock que consumía. Era un inglés bastante precario, asumámoslo. Así que nadie podría culparnos por malinterpretar la letra; mucho menos por no detenernos a pensar en la correspondencia del título de aquella canción con lo que Bobby Kimball repetía una y otra vez. Pensemos también que en la Cuba de los 2000, en la provincia más occidental y olvidada de la Isla, no había Internet para consultar absolutamente nada. Así que para nosotros Hold the Line no era más que una canción que el teclista David Paich había escrito para una mujer con la idea de que el amor, pocas veces camino de rosas, no siempre llega o aparece cuando lo esperamos. La mujer, destinataria de aquel tema, y a quien yo tenía soberana envidia, era Odeline. Mujer construida por mí y por mi padre, musa ficticia cuyo nombre real solo existía en nuestras cabezas cuando cantábamos a todo trapo: “Odeline, love isn’t always on time, oh oh oh”. Quién fuera Odeline para que me hagan una canción así, pensaba la Lorena adolescente. Años después un amigo me sacó de la ignorancia. Donde escuchas Odeline, no dice otra cosa que el título de la canción, me dijo sin piedad. “Mantén la línea”. Uaaaaaaaffff. Qué manera de destruirme aquella revelación, qué manera de echar a perder la historia. Hoy en día, sigo siendo incapaz de cantar Hold the Line de manera correcta; me niego. Para mi padre, ahora en Colorado y aprendiendo inglés a sus 60 años, Odeline afortunadamente sigue existiendo. No le pasen esta playlist, por favor (Lorena Sánchez).

El bufón y el trágico / David Torrens

Como para mucha gente, las canciones de David Torrens fueron parte de mi ritual de iniciación adolescente en una discoteca propia, más allá de los temas de moda que salían en los medios. En una época en que se vivía como nunca a través del arte, canturreaba sus canciones para acompañar mis (des)amores, en una borrachera emocional tan masoquista como catártica. Su disco Mi poquita fe (Caribe Productions, 1998) era un carrusel en el que podía perderme por horas entre la zalamería de Aunque siempre sin dinero, la petición salsosa de La raspita de tu amor y el reclamo urgente de Perversa. Entre un montón de piezas extraordinarias, El bufón y el traguito era la joya de la corona, la banda sonora de mis romances platónicos. Invariablemente, ella nunca sabía todo lo que escondía en mí, ni mi doble condición de remanso y alcohol. En uno de los primeros conciertos de Torrens al que asistí (ni siquiera fue el primero), cuando entoné medio roto aquello de “no me vio llorar/ no supo que yo era dos/ el bufón de su paz y el traguito”, a la persona que estaba a mi lado le entró un ataque de risa que no supe interpretar hasta que me corrigió, al borde de las lágrimas, que no, que era “el bufón de su paz y el trágico”. David se lo pierde, mi versión no solo tiene el aire tragicómico de la idea original, sino que, además, es una rima más perfecta. (Rafa G. Escalona).

La Diferencia / Wampi & Orlenis 22k & Ernesto Losa 

Llevo días intentando recordar. Poner a prueba mi memoria es un ejercicio complejo a estas alturas. Pongo música para relajar mi cuerpo olvidadizo y ver si quizás llega ese recuerdo de una canción mal cantada. Aparecen Wampi, Orlenis 22k y Ernesto Losa en mi playlist. La Diferencia es un tema que he cantado y gozado tantas veces que ni siquiera me había percatado de que no había entendido la frase con la que abre: “De los tiempos en que quería olvidarte”, decía, según yo. “Pero tu amiga te enseñó mi estado”, continúa, y no, no tiene sentido. Pero, claro, tantas personas dicen que las canciones de reparto no tienen sentido, que una termina creyéndolo así. “Te bloqueé porque quería olvidarte”, dice en realidad. Y no sé por qué pero, aún sabiendo qué dice, mi cerebro sigue escuchándolo mal. Supongo que tendrá que acostumbrarse. (Lien Real).

Muévelo, muévelo / El General

Podría hacerles dos o tres cuentos parecidos, pero el preferido de mis amigos es con Muévelo, muévelo, de El General. Tenía siete u ocho años cuando el padre del reguetón lanzó ese tema. Cada domingo mis vecinos ponían un bafle a todo volumen con lo más pegao del momento y yo esperaba a El General para cantar con él: “Jugo’e melón, jugo’e melón/ Qué sabroso!/ Jugo’e melón, jugo’e melón,/ ¿cómo lo hace?/ Ven a bailar/ Uhmmmm/ Ven a gozar/ Uhmmm…”. La primera vez que mi madre me escuchó no podía parar de reírse…, pero nunca me corrigió. (Anniet Forte).

Quién fuera / Silvio Rodríguez

La primera vez que canté en público se me fue un gallo grandísimo. Yo estaba en la escuela Lenin y encontrarme con David Faya, capaz de fusilar a toda la Nueva Trova con su guitarra, me absorbió hacia un nuevo mundo. No lo hacíamos mal, creo que hasta llegamos a ser una buena copia de muchas interpretaciones. Pero no hay nada como un buen gallo para destruir el hieratismo de la película que nos estábamos montando. “Corazón en fuuuga…”, y ahí mismo se acabó todo. Una fuga en todo el sentido de la palabra. Entre risas y penas lo tomé como pude. Lo cierto es que más nunca he vuelto a cantar esa canción, ni para mis adentros. Tampoco me lo he vuelto a tomar tan en serio como en aquellos tiempos. (Rafael Valdivia).

Who Let The Dogs Out? / Baha Men 

¿Qué edad tenías cuando te diste cuenta de que no había caldosa? Todos hemos —o conocemos a alguien que en algún momento ha— cantado el famoso coro de Who Let the Dogs Out? como “Una caldosa, ¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!”. Esta canción, popularizada por los Baha Men es un cover de Anslem Douglas que narra las ocurrencias de una fiesta donde todos bailan y se divierten hasta que los “perros” empiezan a ladrar. ¿Quiénes son los perros? Pues hombres que en medio de la diversión deciden empezar a acosar, asediar o “ladrar” a las muchachas que solo intentan pasarla bien. De esta forma, detrás de una divertida canción y con un videoclip a tono, denuncian o señalan una práctica que hoy, a más de veinte años del lanzamiento de esa versión, sigue siendo tristemente común y la pregunta aún queda: ¿Quién soltó a los perros? Y a esa le agrego: ¿Quién los va a recoger? (Danko Rosete).

 

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