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Comentario Ilustración: Jennifer Ancizar

Decadencia y caída de La Charanga Habanera

Durante el año 2011 hubo una frase que se repitió hasta la saciedad en cada una de las esquinas de Cuba: “tú llorando en Miami y yo gozando en La Habana”. La expresión, parte de un texto cruel y marcado por la permanente presencia del exilio y las distancias en nuestra historia, es el clímax musical de una de las canciones más recordadas de La Charanga Habanera, la orquesta de David Calzado. Interpretada de conjunto con Ramón Lavado Martínez El Chacal, Gozando en La Habana es, junto a La suerte, de las últimas grandes canciones que logró colocar a la orquesta en el foco de preferencia del público nacional.

Prácticamente desde el año 2019, La Charanga no es capaz de pegar ninguna canción, como aconteció durante su época de oro en la década del 90 del siglo pasado y casi hasta la segunda de la presente centuria. Para los jóvenes de hoy La Charanga es un grupo recordable, pero antiguo; y su director, David Calzado, ha quedado en el imaginario tristemente célebre de las directas que le dedicó Chocolate MC hace unos años.

Antes de preguntarse por qué, a diferencia de Los Van Van, Elito Revé y su Charangón, Adalberto Álvarez y su Son y otras orquestas longevas, La Charanga Habanera ha decaído sin apenas notarse, habría que hacer un poco de historia, para llegar a una actualidad en la que su música más reciente apenas se escucha, al menos dentro de Cuba.

La agrupación fue creada en 1988 por encargo del señor Bernard Lion, quien se ocupaba de la dirección general de los espectáculos en el Sporting Club de Montecarlo, Mónaco. En un principio se pedía que el repertorio contemplara lo que se ha llamado “música tradicional cubana”, que en este caso incluía danzones, cha cha cha, mambos, boleros, guarachas y sones; al decir de uno de sus fundadores: “cualquier género que se hubiese hecho antes del 59”.

“El trabajo en Montecarlo era bastante duro e intenso, pues teníamos que cambiar de repertorio semanalmente. Debido a la extensión del programa, se hacía casi imposible para un solo arreglista hacer este trabajo, y fue entonces que yo empecé como arreglista activo de la orquesta. David Calzado hizo por aquellos tiempos el arreglo del tema Aquellos ojos verdes, bajo la supervisión del director, José Picayo”. Así cuenta el inicio del proyecto Juan Carlos González, una de las figuras más importantes en la historia de la música cubana y parte imprescindible en el éxito del conjunto, quien se explaya en un artículo que escribió sobre los orígenes de la orquesta.

A principios de los años 90, los ritmos tradicionales comenzaron a “acusar una nueva forma de hacer, con una verdadera revolución melódica y armónica de impresionante polirritmia”, a la cual no fue indiferente David Calzado, quien ya desde 1991 dirigía la orquesta. El primer tema con arreglo para transformarse fue Tú estás ahí, precisamente de la mano de Juan Carlos González. Es él quien asegura que el ascenso de los primeros años se debió a la fiereza de Calzado en su afán de reconstruir el grupo:

“Su admiración por el inolvidable Benny Moré, más su previa experiencia, lo llevaron a trazar estrategias que debíamos seguir en el camino hacia el éxito. Escogía los temas con un olfato inequívoco, los vestuarios, y la proyección escénica, lo que lo hace ser un director muy especial.

Bajo esta estela llega el primer disco, Cuba, en el año 1992. La orquesta se estrenó en el salón Caribe del hotel Habana Libre, en el segundo show y con coreografía de Santiago Alfonso. Se vestían como bailadores de break dance, efectuaban acrobacias espectaculares, gestualidades deliberadamente sensuales y provocadoras, agresivas y atrevidas; eran, a decir de Rafael Lam en su libro Los reyes de la salsa, “la irreverencia total”.

El inicio de sus éxitos comienza y no se detiene: Hey you, loca, Me sube la fiebre, Pa que se entere La Habana, escritos algunos por Leonel Limonta, Manuel González, Giraldo Piloto y el propio Calzado. Pasaron por la orquesta cantantes como Leo Vera, Michel Maza, Julián Oviedo, Dante Cardosa, Noel Díaz y Leoni Torres. Es con Michel Maza, hijo de la popular cantante Beatriz Márquez a la que David le había producido varios discos con la Egrem, que la Charanga se convierte en una orquesta polémica y reconocida. “Los matadores de la salsa”, como los definiera el empresario español de la Magic Music Francis Cabrera, comenzaron a ser una referencia en las pistas de baile y ganaron popularidad en la calle.

Cuando el éxito de Gozando en La Habana, La Charanga aún se caracterizaba por ser un grupo de renovación musical, cuya fama en décadas pasadas había radicado en la reconstrucción de la charanga típica, creando ese estilo moderno que marcó pautas y pasó a la memoria popular como “fórmula charanguera” y que tan bien supo explotar David Calzado. Con La suerte, recordarán muchos, se despidió en muchas casas el año 2011 y, de paso, la etapa de éxito de El Rey David, como definían muchos a Calzado. Cuando el pasado 27 de mayo se presentó su última producción discográfica, Concierto en Habana Latin Salsa, ocho temas grabados en vivo, ya no se podía ver ese brillo alrededor de la agrupación. Era evidente la pérdida de notoriedad y de la preferencia del público.

Desde el año 2019 con Besito de piquito, han pasado sin penas ni glorias por el bailador y el público en general. Es curioso como ni siquiera con el tema La batidora, una colaboración con el reconocido cantante de reparto Wow Popy, lograron remontarse al éxito logrado en años anteriores. Lo cierto es que hubo un sutil desplome de su fortaleza y un abandono en la base de sus seguidores, que han encontrado en orquestas como Maykel Blanco y su Salsa Mayor o Havana D’Primera mejores propuestas.

La Charanga ha provocado descontento a partir de “la falta de calidad vocal y un enfoque excesivo en movimientos sugestivos durante sus presentaciones”, según se lee en varios comentarios realizados en las redes sociales por cubanos bailadores que “extrañan a la vieja Charanga”. Esto se corresponde con los esfuerzos por no perder la imagen de orquesta “calentadora”, afanándose en mantener un perfil que, en estos tiempos, ha degenerado en un show de mal gusto. En producciones como Urbaneando (2019) se nota una precariedad en la búsqueda del fenómeno musical, así como una ausencia de limpieza interpretativa (sobre todo en las presentaciones en vivo) y de la primicia del elemento artístico. Han mutado, en una frase, a un espectáculo eminentemente comercial.

Quienes gustan de este género y fueron seguidores de los éxitos de la orquesta en álbumes como Soy cubano, soy popular (2003) y No mires la carátula (2009), coinciden en que el énfasis excesivo de la sexualidad en los bailes y vestimentas se ha vuelto una cuestión repetitiva y resulta, lo menos, desagradable. No obstante, ni La Charanga en general, ni David Calzado en particular, ha hecho declaraciones sobre esto y la línea que mantienen va en función de “un compromiso con los fans y la voluntad de mantenerse como los elegantes de la pista”, tal cual los definió Juan Cruz, animador de La Tropical, en los años 90 del siglo pasado.

Cuando en el 2018 se presentó Subiendo la parada, después de un Vivito y coleando merecedor de la nominación al Grammy Latino, parecía que la propuesta de un disco enteramente bailable podía reimpulsar la ya vislumbrada decadencia de la orquesta. Sin embargo, fuera del relativo éxito de Si la cabeza le dice a los hombros, la producción pasó sin penas ni glorias. La Charanga estaba herida de muerte.

¿Qué necesitan los matadores de la salsa para volverse a posicionar como grupo preferente?

No  debería, en principio, ser tan difícil. Primero, tendrían que regresar a sus orígenes y encontrarse en su vocación de orquesta comprometida con la tradición que les precede y con el público bailador. Los siguientes pasos se desprenden de ese gran giro necesario en ellos: el enfoque en la búsqueda de voces y no de cuerpos para vender en videoclips, que demuestre un criterio de selección en los intérpretes en el que prime la eficacia y no el morbo. También habría que trabajar en el marcado carácter comercial que la viene devorando hace unos años, encontrando un equilibrio entre este y la calidad de las creaciones; analizar el panorama musical cubano actual y beber de él, impregnarse del gusto y del oído de los bailadores, fans y potenciales seguidores de la orquesta. Tras esto, quedaría seguir muy de cerca la pista que irían dejando las nuevas producciones y permanecer alerta para no convertirse definitivamente en un grupo recordado solo por algunos. De lo contrario, este texto no sería otra cosa que la crónica de una muerte anunciada.

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  1. Joel dice:

    Ojalá vuelvan hacer lo que fueron en su tiempo, les deseo lo mejor

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