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Articles José Carlos Hidalgo. Foto: Angie Cotalero. José Carlos Hidalgo. Foto: Angie Cotalero.

¿Quién es José Carlos Hidalgo?

Luego de la publicación de mi cartografía de la nueva ola de la canción habanera en Magazine AM:PM, salió a flote un reclamo que llamó muchísimo mi atención: la ausencia de José Carlos Hidalgo. 

En su momento, José Carlos no fue incluido en el mencionado artículo por dos cuestiones puntuales. La primera, la desvinculación del artista del plano mediático, lo que lo invisibiliza  al menos para una parte del público que sigue a este gremio. La segunda, la imposibilidad de acceder a su obra, que no está a disposición del consumidor en las plataformas digitales. Solo un reducido número de personas tiene en su poder grabaciones muy informales de sus canciones, que el propio artista se ha dedicado a copiar por Zapya o enviar por Telegram —y que ahora, para la publicación de este texto, esta revista ha colgado, con su anuencia, en SoundCloud—. 

También, sus presentaciones físicas son escasas y con poca promoción; de manera que José Carlos Hidalgo es, prácticamente, un personaje inexistente dentro del imaginario de los amantes del género en la actualidad. Él prefiere andar entre sombras y misterios, bogando intransitable por un desafuero de lo convencional, por eso no es mediático ni ambicioso, aunque probablemente tampoco necesita serlo. Por ello no era prudente colocarlo entre los artistas mencionados en aquel texto anterior, ya que su nombre no juega un papel decisivo en relación con esa escena (que, no lo olvidemos, incluye al público), como sí lo tienen quienes allí figuran. 

Esto no quiere decir que el cantautor carezca de calidad y futuro potencial en comparación con sus contemporáneos. Por el contrario, es el que, de cierta forma, ostenta mejor número de aciertos por presentación. He sido testigo de lo hipnótico que es en vivo, de cómo la gente se paraliza al escucharlo, incluso sin tener la más mínima idea de quién es ese muchacho que, guitarra en mano y sin introducciones, comienza a cantar. 

José Carlos Hidalgo · Lo entiendo todo

Generalmente como invitado de Fito del Río, Richard Fando o Carlos Fariñas, José Carlos Hidalgo ha tocado ocasionalmente en los escenarios alternativos habaneros durante este par de años de pandemia. Recuerdo en particular su media hora de concierto en uno de los encuentros de CUBAO exposiciones en diciembre del 2020. Apenas dio la primera nota, el centenar y medio de personas que conformaban el público en La Madriguera se mantuvo estática, pendiente  de su voz, de su catarsis interpretativa, de su hondura performática. Esa noche fue la comidilla; la mayoría no lo conocía, sin embargo —lo digo sin temor a equivocarme— todos salieron deslumbrados. 

Also readIlustración: Arístides Torres.
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Deja la trova esa

Raymar Aguado Hernández14.01.2022

Así, amén de su inexplicable amilanamiento, contrapartida de su talento, en los últimos meses, acogido por la institución-arte, muestra  mayor visibilidad y ambición creativa. En un intento por hacerle justicia, luego de la intencionada omisión previa, comparto una serie de preguntas que le hice y las respuestas que me concedió. 

Comenzaste prácticamente al mismo tiempo que la mayoría de los cantautores de la más joven generación habanera. Carlos Fariñas fue tu guitarrista un tiempo, según dicen, y  uno de tus primeros conciertos fue junto a Fito del Río. ¿Entonces por qué no te has encargado de explotar las plataformas digitales y los espacios de promoción, como hacen tus contemporáneos? 

“No es algo que haya decidido…, o quizás tácitamente sí. No puedo responder la pregunta con claridad. Efectivamente, aún no he hecho ninguna de esas cosas, por ridículo que suene ahora según escribo. En dos meses serán 27 tacos [años] y apenas me he movido. Siendo sincero soy demasiado despreocupado. Sin afeites: soy vago. Quisiera tener mayor disposición, pero tanto la hostilidad del contexto como las falsedades me hacen permanecer en el mismo lugar, sin ánimos de mucho”. 

¿Cuál sería tu definición de trova? ¿Existe la trova? ¿Crees que sea de interés en nuestro contexto? ¿Te consideras trovador?

“Para mí la trova es la canción que tiene un lenguaje no necesariamente complejo o críptico, pero sí necesariamente bello. Luego la música va por gustos e influencias del autor, aunque a mí me cuesta concebirla si no lo hago desde la guitarra.

“Evidentemente existe, y sí puede ser de interés. La sensibilidad está ahí, simplemente hay que hacerle cosquillas. Conozco muchas personas que han valorado mis canciones y sin embargo suelen decir  que ʽno les gusta la trova’.

“¿Soy trovador? Pues creo que no. Carezco de actitud. Pero puede que mi música sí cuadre con el concepto. Yo, particularmente, veo a mis canciones como eso: canciones. No representan otra cosa que lo que dicen. Depende de cómo son sentidas por quien las escuche”.

Muchos dentro del gremio, principalmente en el sector más elitista de los poetas y cantautores, te consideran "el mejor exponente de tu generación”, incluso algunos de tus contemporáneos en la canción. ¿Qué puedes decir al respecto? 

“Quien diga eso sus razones tendrá. Muchos de los que lo dicen me tienen aprecio. Generalmente no me gusta. Creo que solo en el plano interpretativo se puede evidenciar una supuesta superioridad. Lo cierto es que admiro muchísimo a mi generación, son muy talentosos y han sabido crecer, pero fallan mucho en la parte interpretativa; quizás por eso existan esos criterios, aunque no los comparta del todo”.  

José Carlos Hidalgo. Foto: Angie Cotalero.

José Carlos Hidalgo. Foto: Angie Cotalero.

¿Cuál es la presentación que más has disfrutado? 

“No me he presentado mucho, ni tampoco en muchos lugares. Si tuviera que escoger elegiría un concierto en La casa de la Bombilla Verde, hace siglos, en el que, por cierto, estaba también Carlos Fariñas, pero en otra faceta que la actual; también Fito como invitado, y me sentí muy bien. Gracias a Mauricio Figueiral, Fito y yo hicimos otra presentación en la Casa del Alba que disfruté mucho también. Me sentí músico de verdad y, aunque no todo salió como me hubiese gustado, tuvo grandes momentos y fue extremadamente especial para mí. Hace poco Richard Fando me invitó a tocar en su peña, y fue maravilloso desde mi perspectiva, sobre todo por las ganas que tenía de cantar ante el público”. 

¿Cómo recuerdas aquella media hora de concierto en diciembre del 2020 en La Madriguera como parte de un encuentro de CUBAO exposiciones? De ese tengo yo un recuerdo imborrable. 

“Aquella presentación en La Madriguera fue brutal. Estaban muchos amigos que ahora ya no viven en Cuba, amigos buenos. Era además el cumpleaños de mi mamá, también estaba mi padre y evidentemente cantar para ellos siempre es especial. Había mucha gente. Ahí también me sentí músico. Gracias a CUBAO —aunque no me han vuelto a llamar—”. (Risas). 

¿Cómo se ve José Carlos Hidalgo de aquí a un tiempo?

“De aquí a cinco años me veo con al menos un disco. Pero sobre todo feliz”.

José Carlos Hidalgo · Cuando no nos queda nada más

Jose traza su ruta de composición desde un sentido visceral. Son comunes en sus canciones las interpelaciones a una segunda persona enigmática, para luego decantar en un todo humano. Ello es visible en temas como Tu corazón donde podemos escuchar lo siguiente: “Tu corazón habla del equilibrio de la suerte. / Una manera de gestionarme la canción / (…) Todos vamos sostenidos / de un colosal corazón / que invoca con sus latidos un tiempo mejor”. Más tarde, en Razones hacia el mar, canta: “Vida dile lo que se te muere / a la aguja que te espina / en la palma de tu amar. / Luna trovadoresca menguante, de lujuria del sentido, de razones hacia el mar”. 

Tiene en canciones como Cuando no queda nada más y Mi único plan un juego de redenciones y trascendentalismos que reposan en versos como estos: “Una mujer se hace eterna al momento en que desaparece, /cuando el alma toda se estremece / cuando la canción se nos quiere salir, / cuando no nos queda nada más” o “ No voy a ser eso que esperan de mí, / y no procedo con maldad tan solo soy humano. / Mi único plan es mantenerme feliz, / aunque el futuro se empeñe en pisotearme las manos”.  

La fluidez y sutileza de su canto desglosa los posicionamientos más convencionales de este género y ha logrado permitirse un estilo único y maravilloso. Así desde la interpretación crea estados de emoción que, de la mano con la mesura de su performance, solo evoca conmoción y lágrimas. Temas como Lo entiendo todo y su soltura de arpegios que se pierden y regresan son parte de la esencia de sus canciones. 

Siempre atractivos son sus bloques armónicos, que fungen de colchón al verso, aunque nunca apelan al desequilibrio. Es muy curioso cómo en José Carlos es imposible ver desbalances entre los diferentes elementos de la canción. Él es muy afinado, excelente poeta, un guitarrista finísimo y, además, un soberbio compositor. Usualmente, cada exponente de esta generación realza un elemento particular para así cubrir alguna falta en otro campo. Sin embargo, en José Carlos nunca he notado pretensiones para suplir carencias. Pienso que —aunque existen—  no las deja ver. Se conoce y sabe a dónde llega, qué nota le dará problemas, qué verso no lo lleva a ninguna parte, qué acorde no le acompaña. Por eso es tan exacto. Es un todo, donde nada sobra y nada falta. Es la constante maduración.  

Se pudiera decir que es el típico arquetipo del “trovador”, pero no es así. Él supo encontrar un tránsito estético que imbrica muchos estilos: los riffs, los pasajes en fuga, las insinuaciones a destiempo y las interesantes transiciones melódicas son parte de ese aporte que de cierta forma hace, en tanto complementa con un elemento primordial: la sencillez. Sus composiciones son diáfanas, pero con carácter, tienen una dosis de atrevimiento dado, mayormente, por su coherencia. Su discurso transita desde lo mundano hasta lo trascendental, sin perderse en “metatrancas” ni moldes funcionales; simplemente fluye desde una poética que logra ser consecuente con la canción. 

José Carlos Hidalgo · Mi único plan

Por José Carlos transitan los mil pespuntes de un poeta, aunque no se considera uno, y yo tampoco me atrevo a  hacerlo. Él es algo más. Tiene aura de bardo y de juglar, pero deconstruye los fantasmas que husmean en la llamada trova, logrando una suerte de metamorfosis que presenta tanto del ayer como del futuro. De pocas palabras, pareciera que las ha gastado todas luego de cada canción. En ese derroche de virtud que enmascara al virtuosismo se halla su definición mejor. 

Su poesía carece de estructura, falta al cliché del corito pegadizo y fácil, descontrola la métrica, —lo que lo acerca a Santi Feliú, mas un elemento los diferencia poéticamente: la lírica de Santiago es totalmente descabellada, mientras que la de José Carlos es cuerda y medida, sin afanes de transgredir; aunque ya ese solo hecho transgrede—.

Solo, con la guitarra, aguanta el embate de su música. Me he preguntado si necesita compañía. Sería un experimento atrevido, aunque lo asimilo mejor así, sin pretensiones o prisas discordantes. Sus contemporáneos encontraron el sonido en el complemento, se han colado en la zarabanda de esta generación histriónica, pero José sigue ahí, en un sitio de calma y olas, buscando o pidiendo sus “razones hacia el mar” donde hay una plaza de resistencia, de fidelidad, que lo goza y lo eterniza.   

No sé qué le pueda deparar el futuro, solo las deidades lo saben. Así, agazapado entre rituales e idilios, él abrasa y se transmuta. Ya el tiempo sabrá colocarlo. Por ahora, creo que es deber de todo aspirante a esteta conocer la obra de José, que es, a todas luces, una lección de belleza.

Raymar Aguado Hernández Opinador. Sumiso al numen. Bogando por las artes y la crítica. Traficante de metáforas. More posts

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  1. Carlos Michel Gómez says:

    Creo q el artículo está más q acertado. Felicito al redactor y por supuesto, al protagonista, q sin lugar a dudas, es más q merecedor de cada línea. Llegará todo lo lejos q se proponga. Él será el arquitecto de su propia cúspide . Grande Hidalgo.

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