Ilustración: Alejandro Cuervo.
Ilustración: Alejandro Cuervo.

El mejor concierto de tu vida. Volumen I: Mis amigues

16 minutes / Diana Ferreiro

23.06.2021 / Articles

El 15 de enero de 2020 mis amigues y yo asistíamos, sin saberlo, a uno de los mejores conciertos de nuestras vidas. Solo una de nosotres conocía cómo sonaba la banda que subiría en minutos al escenario de la Fábrica de Arte Cubano. Lo sabía de verdad: llevaba meses escuchándoles, estremeciéndose con la potentísima voz de Tarriona Tank Ball y la mixtura de funk y rock y hip hop que acompaña a The Bangas. Pero ni ella, ni les demás, estábamos preparades para el tsunami que nos arrastraría desde las primeras notas, para pasarnos la noche mirándonos desconcertades, dejándonos llevar por la turba de la Nave 4 que saltaba y gritaba enloquecida con aquel show salido de otro mundo: Nueva Orleans. 

Casi un año y medio ha pasado desde que vimos música en vivo por última vez. Desde que mudamos las emociones a una pantalla, al chat de voz de Telegram, e improvisamos mini presentaciones en los balcones con esos dos que pueden sacarle música a una guitarra, o cantar encima de un background cualquiera. 

Esa nostalgia, que a veces se torna en dolor físico, me llevó a preguntarle a un grupo de amigues cercanes cuál ha sido el concierto de música cubana favorito de sus vidas. Todes fueron disciplinades e hicieron el ejercicio de rebuscar en su memoria, de comparar y decantar. Los motivos son tan diversos como mis amigues, y son todos válidos y hermosos. 

Empiezo yo:

Gema Corredera / Casa de las Américas / 2016

Estaba lloviendo como nunca. La gente entraba a la Sala Che Guevara chorreando, y se acomodaba en cualquier rincón de los pasillos, en el suelo, al final. El concierto se había atrasado porque Julio César González, el bajista, no había podido llegar. Era la primera vez que vería a Gema Corredera en vivo y andaba yo con el corazón roto por esos días, para variar. Recuerdo cuando salió cantando Más allá de la música, sin otro acompañamiento que la respiración de los cientos que estábamos del lado de acá del escenario. Recuerdo a Marta Valdés sentada en primera fila y a Gema emocionándose al descubrir a una muchacha muy joven en el público cantando José Jacinto. Recuerdo que en un momento dijo: no creo que haya nadie triste esta noche aquí, pero bueno, “Si la soledad te enferma el alma…”. Ya, no recuerdo nada más que mi llanto hasta el final, opacado por la voz de Gema. La voz más hermosa que había escuchado en la vida. 

Chucho Valdés y The Afro Cuban Messengers / Teatro Amadeo Roldán / 2010

Es curiosa la manera en que funcionan los resortes de la memoria. Pensaba que había sido en 2007, pero no, ese fue otro, aunque el protagonista era el mismo. El que tenía en mi cabeza fue en 2010, en mayo, en esa época en que escuchaba jazz con la pasión de un converso, y perseguía los conciertos de Chucho Valdés con la energía que solo se tiene a los 20 años. Chucho se presentó en el Teatro Amadeo Roldán como parte de las acciones del Año Chopin y para celebrar los 40 años de la presentación de su Misa Negra en el polaco Jamboree Festival. A sus 69, Chucho conservaba la energía y genialidad intactas. En una misma noche nos demostró a los asistentes la contemporaneidad del estilo de Chopin, nos dejó con su Misa Negra tan atónitos como quedó el mundo cuando lo descubrió en el 70, y presentó su por entonces nuevo proyecto, los Afro Cuban Messengers, con los que se reinventó a una edad en que la mayoría vive de sus éxitos pasados. Entonces no lo sabíamos, pero sería el último gran concierto en el Amadeo antes de que volviera a cerrar sus puertas. Una década después no nos queda más remedio que soñar con fantasmas. (Rafa G. Escalona)

Harryson / La Vereda / 2018

Flyer promocional del concierto de Harryson en La Vereda.

Flyer promocional del concierto de Harryson en La Vereda.

Fue en abril de 2018 en La Vereda, un centro nocturno al aire libre en La Lisa. Yo iba como prensa, así que vi el concierto sentado en la escalera de la tarima. Los artistas me pedían permiso para subir. Después me recosté al bafle, cerca del del audio. Abajo había no sé cuánta gente. Las luces no me dejaron ver bien, pero fácil eran miles. Bailaron Los Atómikos y cantaron Los Científikos y Los Diferentes. Después subió Harryson. La gente por poco se vuelve loca. Yo ya le descargaba a sus canciones, pero lo que hacía hasta ese momento más bien era estudiarlas, gozarlas no. Harry estrenaba disco, Plan B. La gente abajo se sabía los estrenos, no sé cómo. Igual cantó temas que yo sí me sabía, los que llaman clásicos. En algún momento de la madrugada se armaron par de broncas y en algún momento de la madrugada bailé en un ladrillo para que no me vieran y en algún momento de la madrugada me ericé con la música. Fue mi primer concierto de reparto. Cuando empecé a entenderlo y a entender lo que trae y de dónde viene. Fue el día que me enganché. (Jesús Jank Curbelo)

Telmary & Habana Sana / Centro Cultural Bertolt Brecht / 2019

Flyer promocional de Telmary & Habana Sana en el Centro Cultural Bertolt Brecht.

Flyer promocional de Telmary & Habana Sana en el Centro Cultural Bertolt Brecht.

Me acuerdo especialmente de ese concierto porque esa noche sentí y supe cómo quisiera que sonara un día un grupo mío:la banda  toda como un solo instrumento, incluida Telmary, los y las coristas, las guitarras, las tumbadoras, todos. Me quedé loco con lo compacto que era el sonido. No había una nota de más, una nota en el aire como cuando se termina un tema y alguien se pone a toquetear. Era exactamente el número de notas que llevaban las canciones, y puestas donde van. No he podido olvidarme de esa experiencia. (Martín Moya Fernández)

Septeto Habanero / Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin / 1996

Septeto Habanero. Foto: Cortesía de la banda.

Septeto Habanero. Foto: Cortesía de la agrupación.

Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin, diciembre de 1996, albergue temporal de los delegados al IV Congreso de la Anir. Estamos de vacaciones excepcionales. Unos pocos “suicidas” permanecemos en la escuela como voluntarios. Nos dicen que la música en vivo va a estar garantizada. Objetivo: perseguir a las orquestas del momento. En la plaza de la Unidad No.1 siete hombres maduros despliegan su instrumentación, tan exótica como exigua. No es lo que esperábamos. Aguardo el primer compás y la clave, buscando un mínimo de empatía. Suenan los siete. No puedo evitar la extrañeza. El timbre general es grave; las voces guturales. El cuero, la madera y el metal son redondos y pesados, se confunden. El aire es denso. Me tomo mi tiempo. Hay algo en esto que me pertenece. Acabo de descubrir al Septeto Habanero. (Rafael Valdivia)

X Alfonso / Teatro Tomás Terry / 2010

X Alfonso en el Teatro Tomás Terry . Foto: Modesto Gutiérrez Cabo/ AIN

X Alfonso en el Teatro Tomás Terry . Foto: Modesto Gutiérrez Cabo/ AIN

Si existe algo en el mundo que puede, cada vez, provocarme y reiniciarme, es la música. La relación que establezco con ella es puramente emocional, no dista mucho del vínculo con otros centros de placer, como el sexo o la comida. Reconozco que han sido poquísimos los conciertos en vivo que han logrado dejar esa marca; solo unos pocos perduran en el loop dedicado a “los mejores conciertos de la vida”.  El de X Alfonso, en febrero de 2010 en el Teatro Tomás Terry de Cienfuegos está, sin dudas, en mi top y, siendo sincera, apenas puedo recordar qué músicos lo acompañaban o con qué tema abrió. Recuerdo, eso sí, la euforia, la maravilla de una banda explotando en el escenario; los pasillos del teatro repletos, los amigos desperdigados por el piso, los saltos, los coros, Arenas de Soledad, SantaRevoluxion… La música de mi generación, en vivo, en mi ciudad, con mi gente, cuando estábamos todos. X, con esa capacidad para arrasar y meterle presión a un sonido cerrado, que venía contando lo que todos queríamos decir. Después del show me quedé despierta toda la noche. No lograba dormir; y si esa no es una de las razones más poderosas que existen para amar un concierto, y específicamente, la música, yo ya no sé nada. (Lourdes Elena García Bereau)

Síntesis / Cine Payret / 199?

Formación de Síntesis en la etapa del Cine Payret. Foto: Cortesía de la banda.

Formación de Síntesis en la etapa del Cine Payret. Foto: Cortesía de la banda.

Ante el reto de escoger un concierto de música cubana que me haya marcado para siempre de entre los varios cientos que a estas alturas he disfrutado, tengo flashazos hermosos, pero en mi cabeza (tengan compasivamente en cuenta que hablamos de hace 30 años atrás) resuena como un concierto único la potentísima imagen del grupo Síntesis en el Cine Payret, frente al Capitolio Nacional. Sé que corrían los primeros años de los 90; años duros, durísimos. Llamo a Ele Valdés para que me diga qué concierto puede ser ese, qué fecha exacta, qué se cumplía. Oh, sorpresa de la desmemoria… Síntesis habitó el Payret e hizo de este cine su estado mayor durante cuatro años (1991-1994) y cada sábado tocaban allí. Yo, parte de ese público de jóvenes zombis con una sola comida al día en nuestros famélicos cuerpos, y que, ávido de espiritualidad y esperanza desbordaba cada vez la platea, debo haber estado en muchos: parecidos, diferentes, rituales, gregarios, bulliciosos y tremebundos. Imposible para ella saber a cuál me refiero e imposible para mí definir EL concierto —en singular— en mi memoria. Pero, cuando intento evocar sinceramente uno —de música cubana— que me removiera las entrañas hasta hoy, es ese el que aflora. (Darsi Fernández)

Real Project / Casa de las Américas / 2018

Concierto de Real Project en Casa de las Américas. Foto: Kako Escalona.

Concierto de Real Project en Casa de las Américas. Foto: Kako Escalona.

Cuando Diana preguntó cuál era mi concierto favorito de música cubana, “en la vida”, el primero que me saltó fue este —y yo confío mucho en mis instintos, así que acá está. En julio de 2018 me estrené como organizadora del proyecto Casa Tomada, en la mítica Casa de las Américas, junto a Camila Valdés León y Aimelys Díaz; tuve que conceptualizar un programa, invitar a escritores y artistas jóvenes del continente, pensar en meriendas, almuerzos, transporte, presupuestos. Sin embargo, el mayor reto fue el concierto de clausura. Evento que se precie tiene un gran show como colofón, pero ¿quién sería ese músico, música, qué banda sonaría en la Sala Che Guevara el viernes 20 de julio? El nombre de Real Project saltó de un tirón. Recuerdo que Ruly Herrera, Jorge Luis Lagarza, Roberto Luis Gómez y Rafael Aldama no paraban de agradecer por la oportunidad; era la primera vez que la banda se presentaba en el escenario por donde desfilaron algunos mostros de la región. De manera que ellos le metieron con todo: solos bestiales de Aldama al bajo; Roberto Luis experimentando con sonidos y atmósferas, guitarra mediante; la conexión estratosférica entre Yoyi y Ruly, teclados y batería comunicándose, jugando. La gente podía ver cuánto ellos lo disfrutaban. Pura energía que orbitaba entre paredes, Árbol de la vida, murales de Matta y Raúl Martínez, que llegaba al público sentado en asientos que a veces parecieron innecesarios. Al día siguiente, un sábado, Real Project repetiría concierto en la Fábrica de Arte Cubano. Fui a verlos. No fue igual. ¿Cómo podría? (Lorena Sánchez)

Liuba María Hevia / Teatro Nacional / 2000

En el ejercicio de seleccionar uno entre tantos conciertos que han marcado mi vida tuve algunas cosas claras: la primera y más importante, que debía buscar en la época donde todavía el azar no me había llevado a trabajar en la música, porque una vez dentro de la industria la experiencia es diferente, igual de intensa, pero con otros matices. Desde que produje mi primer show no he vuelto a mirar el escenario con los mismos ojos. Entonces me remonté a aquellos años de absoluta candidez, cuando la magia me parecía cosa de magos y no de artistas. Fue mi primer concierto de Liuba. Conocía toda su obra, había escuchado todas sus canciones mil veces, pero era la primera ocasión en que la escucharía en vivo y, por si fuera poco, en la presentación de Del verso a la mar, álbum que guarda algunas de mis piezas favoritas de toda su discografía. Me había preparado para que fuese una noche memorable. Recuerdo que en la puerta nos entregaron unas velitas y que en el aire se respiraba el cuidado que le habían puesto a cada detalle, a las luces, la escenografía, el programa. También recuerdo mi emoción durante todo el espectáculo, y las risas y el llanto, y el momento en que se apagaron todos los focos y el teatro se convirtió en un montón de llamitas pequeñas alumbrando desde los asientos… (Yoana Grass) 

Homenaje a Santi Feliú / Fábrica de Arte Cubano / 2015

Ha pasado el tiempo y no un águila por el mar, sino la vida. “¡Ay, la vida!”, como diría San Santi, el zurdo irreverente, gago y medio, bromista que todavía nos la está gastando, y muy buena. No recuerdo, pero creo que fue aquel concierto por el primer aniversario de su jodedera más seria con la muerte, en F.A.C, donde me pasé la noche haciendo fotos a trocha y mocha porque tenía la seguridad, la completa seguridad, de que él aparecería en cualquier momento detrás del telón con su guitarra al revés, soplando la armónica para no gaguear de la risa. Tanto lo creí esa noche que todavía lo estoy esperando, porque la vida es esa mierda que pasa mientras planificamos. (Racso Morejón)

X Alfonso / Teatro Mella / 2005

Civilización es más que uno de mis conciertos cubanos memorables. Todo el talento y la energía de X Alfonso estremecieron el Teatro Mella aquella noche de 2005. Tuve la feliz idea de regalarle a mi hijo de ocho años sentir en vivo las canciones que acompañaban nuestra cotidianidad. Al primer acorde todo el público estaba de pie para vibrar con X, y mi pequeño se paró sin permiso sobre la butaca para no perder ningún detalle. Éramos una platea enfurecida, los balcones también se desbordaban. Imposible estar sentados o inmóviles. Todos coreábamos con ímpetu “esta es mi ciudad”, “vivir es lo único que quiero”, “perro que ladra”, y tantos otros temas, mientras sudábamos y reíamos plenos. Juntos descubríamos la felicidad en el enigma de la música. Cientos de voces en cada gesto de X, incansable juglar danzante que entre luces transitaba del guaguancó al rock regalando magia. Estaba con mi familia aquella noche, pero no solo con los hermanos y sobrinos que cantaban, éramos todos de un mismo clan hechizado, un manojo de elegidos. Aquel no fue el primero, pero sí el recuerdo inaugural de la complicidad que he vivido hasta hoy con mis hijos, en cada acorde de la música cubana viva. Regresamos a casa más felices, tarareando otra vez  y agradeciendo haber acudido a aquella cita. El tiempo nunca miente, por eso hoy —como una nota sostenida—  permanece en nuestra memoria aquel instante único. (Danay Ramos Ruiz)

Alain Pérez / El Sauce / 2019

Flyer promocional del concierto de Alain Pérez en El Sauce.

Flyer promocional del concierto de Alain Pérez en El Sauce.

Está bastante freaky la historia. Nosotros estábamos en el Isa, y la beca da a la parte de atrás de El Sauce, creo que era un 14 de febrero y el lugar estaba repleto. Teníamos poco dinero y era para comprar alcohol (cantidad antes que calidad). Nos echamos una pila de rifles del lado de allá de la cerca, y le estábamos descargando al concierto desde ahí, en shorts y chancletas. Cuando nos subió la nota, dijimos: ¡vamos a brincar la cerca y meternos ahí! Era de esos conciertos que Alain daba aquí después de regresar, y estaba reventando la liga. Aquello estaba lleno de artistas, de gente del mundo de la cultura, todos bien vestidos, y nosotros brincamos la cerca por la parte de atrás, por los baños, y dimos el berro en el concierto, que estaba buenísimo, la verdad. (Nosley Expósito Salas)

Oscar D’ León / Karl Marx / 1983

La salsa me gustaba desde la secundaria, sobre todo Rubén Blades. Cuando en 1983 se anunció que Oscar D’ León vendría a La Habana, yo cursaba décimo grado y estaba en lo más alto de mi pasión por la música popular bailable. Ni antes ni después conseguí bailar bien, pero gozaba aquellos ritmos con una intensidad que sorprendería a quienes me conocen hoy. Atento a lo que se radiaba del venezolano, llegué a tener cincuenta y pico temas suyos, grabados afanosamente en mi casetera Sony (mono). Cuando se anunció que vendría a tocar a Cuba fue como si Dios bajara a la tierra. Me las ingenié para comprar dos entradas y pensé mucho a quién convidar. Venciendo una timidez que se me ha ido borrando, invité a la muchacha más hermosa del aula —la que jamás hubiera salido conmigo— y aceptó. Recuerdo mi profunda impresión ante la descomunal entrega creativa y energética de Oscar D’ León. Fue capaz esa noche de llevar a cinco mil personas al paroxismo, con la inigualable ricura de su música, el sonido poderoso de la banda y su personalidad singularísima. (Pepe Menéndez)

Diana Ferreiro

Periodista y editora casi todo el tiempo. Adicta a la tinta y al color rojo. Escribe menos de lo que quisiera y escucha más música triste de la que debería. "Café, cerveza y perreo" como mantra.

    More posts

    Leave a comment

    Lili

    25.06.2021

    Santi en Casa de las Américas, año 2012


    More in Articles

    Help support our magazine

    • Donate •

    Become a Patreon