Cimafunk. Foto: Larisa López.
Cimafunk. Foto: Larisa López.

Cimafunk, con sabor a funky pa’arriba del lío

15 minutos / Alejandro Zamora Montes

08.10.2021 / Interviews

La llegada de Cimafunk al universo musical cubano viene a afianzar una filosofía configurada —ex profeso— en torno al funk; si bien existieron y existen bandas y autores cubanos que han incluido este género en mayor o menor medida en sus creaciones como Garage H, Elévense, el dúo Ogguere, Éxodo, Habana Abierta, X Alfonso, Interactivo, Qva Libre, Nube Roja, Tracks, entre otros. Su gran mérito ha sido el de saber recombinar de forma orgánica toda esta producción de sentido —en forma de consumo cultural mezcla de música popular cubana y estadounidense— y llevarlo a un nivel superior. Su música, como bien me confesó un amigo jazzista, “te logra convencer de que tienes que destruir tu pasado y crear un mundo nuevo completamente”. Y eso solo se encuentra reservado para una estirpe de artistas que hacen todo lo que les apetece de forma honesta, y ofrecen siempre lo que prometen. 

Con esta segunda entrega discográfica, Cimafunk ha vuelto a salir por la puerta ancha. El Alimento (Terapia Productions, 2021) no es solamente un fonograma que contiene 13 tracks, una producción musical alucinante y unos invitados de lujo; es también una plataforma sazonada con poéticas e imágenes. A propósito de la inminente salida del álbum, tuve la oportunidad de hacerle algunas  preguntas sobre esta obra y la ruta por venir.

La palabra “funk” posee en la actualidad varios significados. Para algunos expertos proviene del término “lu-fuki”, que en África equivaldría al mal olor corporal o energía sexual. Para otros tiene una dimensión histórica relacionada con elementos de liberación cultural, una suerte de “rock de los negros”. Inclusive el adjetivo “funky” se usa para connotar cambios en la estructura musical que logran que el resultado final sea más sincopado y, por ende, más bailable. Para ti, ¿qué significa el funk? 

Para mí el funk es algo muy rítmico, se trata del tiempo, de expresar sensaciones, sentimientos, ideas y mensajes jugando en el tiempo, jugando en y con el beat. Yo no sé de música, ni cómo pudiera conceptualizarlo, solo sé que cuando llegó a mí, cuando lo descubrí, despertó cosas en mi cerebro. 

Los tiempos, los hits, es como si estuvieras escuchando algo y a cada rato te halaran o te pincharan, pero con ricura. Esos primeros tiempos en los grooves de James [Brown], super crudos, pero que a la vez expresaban desenfado y negritud. Precisamente, para mí va más allá de un género musical, es como un estilo, una manera de ser, de vivir. Lo entiendo más como sensación, como darte golpe, darte alegría, darte fiesta, carne, darte todo, pero cerrándolo en el tiempo. Dándote patadas con ese primer tiempo, para luego ir colocando otros elementos en esa misma línea, en los espacios vacíos, y así formar un mazacote muy “partidor”. Todo esto también va con el estilo de vida, con la pinta, con la ropa, con la actitud, para mí el funky es como el afrocuban que tiene un montón de cosas dentro y, más allá de un género, es como una forma de vida, es una cultura completa.

Cimafunk. Foto: Fernanda de la Torre.

Cimafunk. Foto: Fernanda de la Torre.

En esta segunda entrega discográfica que lleva por título El Alimento se percibe semióticamente un deseo —rayando casi en el delirio por mezclar el funk y otros géneros y estilos foráneos con nuestra música popular cubana, como si de un gran potaje se tratase. No faltan frases tuyas como “Hoy hay fiesta en la cazuela, no te salgas, que te quema’” o “Llegó la hora del sazón con funky”, etc. ¿A qué responde esa obsesión?

El Alimento no es una producción solamente mía. Es una producción de Jack Splash y yo asistí con la producción musical; entonces tampoco fue como que yo haya tenido el control cien por ciento de lo que estaba pasando, fue una colaboración. Y de cierta forma de ahí también nació una mezcla. 

En realidad, para mí se ha vuelto algo natural. Yo no estoy haciendo música intentando mezclar o buscando llegar a un lugar, eso me sale de forma orgánica. Lo hago por la ricura. Cuando escuchas una canción de El Alimento y de pronto entra un tumbao, o unos recursos latinos, cubanos al final, eso le da sabrosura y por eso lo hago. Porque me sale así, porque lo pone más “ácido”, lo pone más rico, más calentador, el bajo también lo calienta más. Cuando incorporas todos esos elementos parece un funky, pero también es un afrocuban, es una mezcla que se empieza a dar de forma natural. No es algo que yo pueda predeterminar u organizar, o conectarme con siempre buscarle un pedacito. No es como que “vamos a mezclar esta rítmica con esto”, simplemente es lo que va saliendo. De cierta manera, todo está mezclado y hacer algo puro es bastante difícil. Yo, que no soy músico y no entiendo de eso, siento la libertad de meterle todo lo que considero que lleva, lo que yo sé que puedo meterle y lo que entiendo que es la música cubana, la música afrocubana. 

Los invitados en este álbum son de lujo: Chucho Valdés, Lupe Fiasco, ChocQuibTown, CeeLo Green, El Micha, Los Papines, Lester Snell, Stylo G. Sin embargo, puedo atreverme a decir que el peso histórico del tema Funk Aspirin junto a ese grande nombrado George Clinton es de proporciones épicas. Me atrevería a asegurar que esa pieza es, al funk, lo que al jazz fue Manteca. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con el alocado y genial líder de Parliament-Funkadelic?

La experiencia de trabajar con George Clinton fue una de las más “brutales” que he tenido en la vida hasta ahora. Fue muy saludable, alegre, una electricidad constante. Como estar aturdido todo el tiempo, pero con felicidad y alegría. Estar recapitulando una y otra vez “esto se está haciendo realidad, esto está pasando de verdad”. George pasó todo el tiempo enseñándome, mostrándome información y hablando de diferentes cosas. Cuando empezamos a hablar, nos metimos en una pila de canales súper locos, hablando de música cubana, porque él es fan. Me habló de cuando era barbero y que lo que escuchaba en la radio, en las estaciones de R&B, era música cubana, música afrocubana. 

Él habla en ritmo y cuando cogió el micrófono fue para mí como volver a preescolar, soltó unas líneas perfectas, todo lo que él cantaba era perfecto. Ver algo tan grande de cerca fue como ver un árbol por primera vez. Así pasamos horas y horas. Al mismo tiempo, él estaba relajado, humilde, contento, súper positivo y educativo, conectado con el flow, con el beat, con todo. 

Funk Aspirin fue el tema que yo hice cuando estaba fundido por todo el encierro de la pandemia, estaba agobiado por no poder tocar en vivo, que es lo que me alimenta y lo que más me gusta. De pronto dije “lo único que me queda por hacer es escribir esta canción”. Ahí me puse desde cero y después con Jack la empezamos a armar. Cuando comencé a escribir, lo primero que salió fue “tú lo que llevas es funky pa´ que te quite´ el estrés”. En ese momento dije, esta es mi canción, es mi pastilla, la pastilla que necesitaba para volver a estar rico y seguir gozando del tiempo de vida, aunque esté encerra’o. Esa pastilla fue la que necesitaba en ese momento, George lo sintió así también y nos conectamos. Por eso, cuando escuchas las líneas de George todas esas frases son gozadera, son “espabílate que estás vivo”, “espabílate que estamos gozando”. La canción tiene esa energía y es una de mis favoritas del disco y de la vida, fue un sueño hecho realidad.

El impacto positivo de tu música en Estados Unidos y Europa es evidente. ¿Se comporta de igual manera en América Latina? La pregunta viene dada por el variopinto panorama de bandas de funk muy conocidas a nivel regional. Estoy pensando en Los Tetas, Papanegro, Chancho en Piedra, La Katana Funk, MaderFunker, Migajas, Big Pollo Funk, La Roja Funk, Azul Violeta, entre otras…

La verdad es que en América Latina he tocado muy poco. Tengo una noción de lo que está pasando con la música a través de las plataformas de streaming, donde puedo ver cómo se comportan los números. Hace unos meses, con los diferentes lanzamientos, el lugar donde más se estaba escuchando mi música en América Latina era en Lima, Perú. Yo nunca he estado en Perú, pero me dio mucha alegría saber que mi música se escucha allí.  La verdad es que estoy loco por empezar a bajar. El primer concierto que yo di con la banda fue en Bogotá, pero fue hace mucho tiempo. Ni siquiera en México he tocado. Estoy loco por entrarle, que es la idea ahora, conectarme más con los primos latinos y empezar a descargar, formar locura y dar conciertos, hacer colaboraciones, y aprender mucho. Porque hay una fuente cultural en la que quisiera meterme y pasar un tiempo alimentándome de toda esa información que es tan diferente, tan auténtica y genuina, y que estoy loco por llegarle.  

¿Qué ha significado para Cimafunk (en términos de producción) compartir con ese espíritu musical nombrado Jack Splash?

Compartir con Jack en la producción pasó de la mejor manera. Nosotros terminamos teniendo una relación de amistad fuerte y entendiéndonos en mil cosas. Había sesiones en las que ni siquiera hacíamos música, que nos pasábamos hablando de la vida, de música, de las ideas de uno, y de cómo vemos las cosas. Fue un proceso educativo, de sanación, también de alegría, alegría de conocerlo y de estar aprendiendo. Porque aprendí produciendo con Jack, aprendí mucho porque es un productor que está dispuesto a enseñarte todo el tiempo. Y, como decimos nosotros, estaba constantemente “regalando las mieles”. Uno siente que hay mucha gente que se guarda los conocimientos, con Jack no pasó eso nunca, todo el tiempo era servicial y amigo. 

De producción aprendí muchísimo y en el plano personal aprendí más. Él tiene un flow original y espiritual, muy espiritual; fue como la salvación en este tiempo de pandemia, haciendo música con alguien así, entendiendo mil cosas que no entendía. A la misma vez, aprendiendo de la vida, de la carrera, de la industria, de las cosas que son necesarias saber.  Fue algo bien impresionante y especial.

Cimafunk. Foto: Ellen Miller.

Cimafunk. Foto: Ellen Miller.

¿Cómo ves la salud de la música alternativa en Cuba, y el hecho de que en el año 2018 el funk se incluyera como una categoría más dentro de los Premios Cuerda Viva?

Yo no entiendo muy bien el término cuando se habla de música alternativa. Pero siento que todo lo que es funky, todo lo que tiene ese sabor , mezclado con hip hop y otros géneros, ha crecido. Veo a muchos músicos jóvenes conectados con ese sonido: New World Jota, Tobías Alfonso y Los Monos Lácteos con una mecánica fresca, Kilomboyz que andan calentando, La Pimienta, Toques del Río (mis consortes de Pinar del Río que bajan un funky brutal y van arrasando). Está Kamankola, haciendo todo esto mezclado con su hip hop. Joao del Monte, que es algo descomunal que tiene que ver con el funk y el pop. Incluso más underground puedes encontrar un montón de gente. Yo creo que la cosa va por un camino donde vamos a ver mucho más de esta música en Cuba y eso está rico, porque le da variedad al ambiente. 

Siempre ha habido un movimiento fuerte de este tipo de música en nuestro país. Estoy hablando de bandas como Habana Abierta, Free Hole Negro, Ogguere, Reynier Aldana descargando sabroso con un funky pop, Yolo Bonilla, Jordis Toledo. Y de seguro se me olvidan muchos. David Torrens eso es lo que siempre ha hecho, es una mezcla de trova, pero tiene un funk brutal, ácido en la música que hace, de ahí yo aprendí muchísimo. Esa referencia que ha dejado David, es la que hemos cogido nosotros y que estamos soltando a los chamacos nuevos también. Hay mucho de donde alimentarse, empezando por Irakere hasta hoy. 

Lo que más me gusta es que ahora le están metiendo más el afrocuban, y se pierde un poco el flow que hubo en un momento determinado cuando empecé a experimentar, que trataba de acercarse más al sonido americano. Ahora están más enfocados en ponerle el afrocuban que, al final, es lo que lo va a sacar de lo corriente, y nos va a poner a competir con un sonido tan fuerte y que no es originalmente de aquí. Vamos a meterle lo de nosotros y con lo de nosotros entonces avanzamos más, le ponemos un poco de aquí y de allá, pero siempre con nuestra base. Cuando me di cuenta de eso fue cuando dije “esto viene serio”. Cuando metes el afrocuban a lo que estás creando, cuando le metes a la raíz, es lo más genuino que puedes hacer, porque es lo que tú conoces. Si estás en Cuba y creciste en Cuba escuchando esa música, ella está dentro de tu cerebro. Cuando la expresas, no habrá nada más original y  genuino. Solo tienes que buscar la manera de expresarlo tú, a tu forma, sin prejuicios y sin condicionamientos. Veo que eso está pasando mucho ahora y creo que si va por ahí pa´ allá, va “pa’ arriba del lío”. 

La categoría de funk me parece perfecta, me parece “letal”. Al final el funk está metido en mucha música, si tienes una categoría de rock and roll, el funky es necesario también. El funky puedes escucharlo mucho más en la música, en otras canciones, sobre todo de artistas cubanos alternativos, que el rock and roll. De verdad que me sentí contento con esta categoría, ojalá algún día pusieran una de música afrocubana, o música afrocubana con funk, una película de esas, y que se forme un mazacote. 

Cimafunk. Foto: Fernanda de la Torre.

Cimafunk. Foto: Fernanda de la Torre.

¿Consideras que El Alimento (en medio de una terrible pandemia global, clima de post verdad y relaciones cada vez más polarizadas entre Cuba y Estados Unidos) pudiese ser una luz en términos de acercamiento? Dicho de otra manera… ¿Tu álbum El Alimento pudiera ayudar a visibilizar ese lado bueno, amistoso e inteligente que ha unido siempre a ambas naciones en materia musical, cultural?

Yo no sé lo que puede hacer o provocar. Lo que sé es que este disco nunca lo vi con ese enfoque, siento que lo hice para mí. Soy yo expresándome y tratando de ser feliz durante ese año de pandemia. A la misma vez la música siempre une, tiene el poder de unir, de separar y volver loco. Yo no me conecto con los poderes que tiene, simplemente suelto lo que siento y digo lo que pienso como ser humano, lo que vivo, lo que conozco, lo que no conozco, y lo que quiero soltar a la gente. El resto es interpretación de cada cual, es una experiencia sensorial y cada quien lo va a sentir diferente. No sé con certeza qué es lo que podrá provocar, pero sí sé que siempre te lleva a algo. 

La música tiene el poder de volver loca a la gente, sobre todo en vivo. Se pierden todo tipo de complejos y todo tipo de conciencia, todo el mundo está dándole a la carne lo que la carne le pide, que es movimiento, sudor y locura. En ese momento pienso que a la gente no le importa de dónde venimos, no les importa quiénes somos, lo que les importa es que sigamos arriba del escenario dándoles música, porque están contentos, están felices, es adictivo y quieren más. Eso es lo único que yo sé, cuando veo esa reacción siento que llega un punto donde la gente se le olvida todo y se conecta con la música. 

Lo rico de esta experiencia es que todo el mundo la va a sentir y va a reaccionar de manera diferente. Por eso este disco se llama El Alimento, porque es para alimentarte el espíritu. 

Alejandro Zamora Montes

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    Lando Lavarra

    08.10.2021

    Excelente está entrevista. Felicitaciones Alejandro por captar tantas emociones en palabras escritas. Imagine que era yo el que estaba hablando con Cimafunk.

    Enrique

    08.10.2021

    Excelente entrevista !!!

    Naomi Leyva

    09.10.2021

    Que artista tan completo. Gracias por tanto amor, son la música que la humanidad necesita ❤️


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