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Crónica Cimafunk cantando en el Cimafest 2023 Cimafunk. Foto: Alain Rabufetti

Cimafest Miami 2023: un festival para unirlos a todos

Al mediodía del sábado 2 de diciembre los integrantes de Cimafunk + La Tribu realizan la prueba de sonido mientras, a su alrededor, pasan diligentes los técnicos de escena acomodando cables, luces y otros trastos varios. A la noche este desorden adquirirá más sentido, ahora mismo es solo un montón de piezas caóticas moviéndose sin un orden aparente. Estamos en Oasis, una plaza en el pulmón gentrificado de Wynwood, el barrio artístico de Miami. En el piso de las calles pueden leerse grafitis con anuncios de conciertos y fragmentos de canciones de los artistas urbanos del momento. En los alrededores de la zona todo gira en torno a la venidera edición del Art Basel, la renombrada feria de arte contemporáneo que tiene en la ciudad una de sus plazas fuertes; pero hoy aquí la protagonista será la música.

Un festival de música es, ante todo, un amasijo de cables, cajas y estructuras metálicas. Y antes de eso, una idea alocada en la cabeza de un grupo de personas intranquilas. Tras la edición del Cimafest en New Orleans, el pasado mes de abril, el equipo quiso traer la experiencia de esa fiesta extendida aquí. “Miami es una ciudad con muchos cubanos y cultura cubana” —dice Collin Laverty, organizador del festival. “Queríamos conectarnos con esa cubanía, y también con otros latinos, caribeños y la comunidad más amplia del sur de Florida”. Con tales premisas, Miami es la ciudad perfecta para ampliar el espectro del evento pero, como apunta Laverty, “el desafío siempre está en la curaduría, y en enviar los mensajes adecuados para establecer las expectativas correctas y atraer la energía precisa”.

De ahí que se embarcaran en buscar los nombres que podían darle sentido a esa convocatoria que pretendía sumar dos públicos: la comunidad cubana pero también la comunidad más amplia de la ciudad, compuesta por una amalgama de naciones y preferencias musicales. Lo latino, a pesar de lo que digan los charts de Billboard y compañía, no es un universo uniforme. 

Se entiende entonces un poco más la selección del cartel, que incluyó, además de Cimafunk + La Tribu, a Elena Rose, Wampi, parte del second line de la Trombone Shorty Academy, y a los DJ Michael Brun y Walshy Fire. “También queríamos que fuera una celebración entre amigos con artistas que amamos y respetamos, por lo que incluimos [aquellos] con los que tenemos fuertes amistades y con los que nos gusta colaborar” —añade Collin. “Creemos que Wampi está en camino a convertirse en una estrella internacional y queríamos que Cimafest Miami le sirviera como plataforma de lanzamiento”.

El resultado fue un line-up vibrante, capaz de resaltar en el caótico y saturado espacio de una ciudad como Miami.

Brenda Navarrete y Cimafunk. Foto: Alain Rabufetti

A la caída de la noche hay una afluencia más que notable en el Oasis Wynwood. Varios cientos de personas esperan por el inicio del concierto apostadas en las áreas inmediatas al escenario. El ambiente está sazonado esencialmente por música cubana, cortesía de Macheteonthebeat (el alter ego del percusionista de La Tribu), con temas de Kimiko y Yordi, Orishas, Gente de Zona y Pedrito Martínez. Mientras llega la hora, la gente pasea por el lugar, se hace la consabida foto frente a la lona promocional y se plantea comprar (o no) la merch disponible (una gorra de malla con el slogan “Funky pa tu cuerpa”, un pulóver promocional del Cimafest, el vinilo de El Alimento, el más reciente álbum de la banda nominado a los premios Grammy 2023).

A las 9:00 p.m. arrancan desde una esquina los inconfundibles compases del second line, a cargo de los integrantes de la Trombone Shorty Academy, el proyecto escolar sin fines de lucro impulsado por el destacado jazzista Troy Andrews a través de la Trombone Shorty Foundation. Es imposible quedarse quieto al paso de esa suerte de conga con metales de Louisiana, el beat se va colando en el cuerpo y uno enseguida quiere entregarse a la fiesta. Ya para entonces los cientos se habían multiplicado considerablemente, y una pequeña marea poblaba la plaza. 

La mesa quedó servida para Wampi. Acompañado por su banda base y algunos de los músicos de La Tribu se lanzó a dar el que probablemente haya sido el concierto más desafiante de su carrera. El público, si bien era en su mayoría cubano, no estaba ahí principalmente por él y, para hacerlo más difícil, tenía de respaldo una banda de músicos fogueados que perfectamente podían verlo como un advenedizo (aunque ya sabía de antemano que no, en los ensayos coreaban sus temas contentos, y Raúl Zapata, director musical del grupo y que trabajó junto al joven cantante en los arreglos y el montaje de los temas, parecía muy feliz de no tener que tocar y poder entregarse por completo al goce de la presentación como un groupie más).

A Wampi le bastó poco más de media hora para echarse en el bolsillo aquella muchedumbre, que tuvo la rara oportunidad de verlo cantar casi sin usar playback (el mal de la música urbana cubana), e interpretar versiones completamente reinventadas de canciones omnipresentes en la banda sonora de los últimos años cubanos. Pornosotros, Maleante, Climax, Tóxica, Washypupa crecieron mucho, enriquecidas por el sonido de la orquesta, y fueron una demostración de lo lejos que puede llegar el reparto cuando atraviesa las fronteras de las etiquetas de los géneros musicales. Cuarenta y ocho horas después, todavía estaba tarareando en mi cabeza el coro de metales que acompañaba al “tú tienes que pagar pa’ verla” de Washypupa, un pasaje timbero que fue de las mejores sorpresas de la noche. Wampi salió de su zona de confort, y el resultado fue hermoso y estimulante. El que quiera hablar de monotonía y pobreza musical en el reparto debería escuchar lo que pasó allí.

Elena Rose en el Cimafest. Foto: María Juliah

Al prodigio del reparto le siguió Michael Brun, el DJ que mezcla los ritmos de la electrónica con los de su natal Haití. Él, como haría Walshy Fire más tarde, aportó el sonido más caribeño de la noche; ambos dieron ese toque ecuménico que buscaban los organizadores del evento (aunque confieso que no conecté particularmente con ninguno de los dos sets).

Pasadas las 10 se apoderó del escenario Elena Rose, a la que conocía por algunos hits como La Ducha, Caracas en el 2000 (junto a Danny Ocean) y Bayamón. Nacida en Miami, de padre chileno y madre venezolana, y criada entre Puerto Rico y Venezuela, Elena ejemplifica como pocas personas el espíritu de la ciudad. Su show es redondo y sirvió de perfecto engranaje entre Wampi y Cimafunk. Sus canciones, de un sabor muy particular, le han hecho ganar una base de fanáticos muy leales, como lo demostraron acudiendo al concierto. 

Cerca del final de la presentación de Elena Rose aproveché para hacer una ronda por el lugar. Si al principio me costaba identificar muchas caras más allá del gremio, a las 11 de la noche no podía parar de saludar personas. Aquello era un mar de amigos, conocidos, el paisaje humano que traza la fisonomía de un lugar frecuentado. 

Foto: Alain Rabufetti

Poco antes de la medianoche, tras la presentación de Walshy Fire, el second line volvió a la carga y retorné cerca del escenario. Mientras La Tribu y los metales de New Orleans intercambiaban en un diálogo fluido, pensé en el nivel de aplatanamiento que han conseguido estos cubanos en la ciudad sureña. Más allá de las conexiones culturales y de la química entre ambos grupos, si uno escucha atentamente puede percatarse de que hay una parte del corazón de La Tribu que ya late en clave New Orleans.

Después de haber sido uno de los primeros animadores del proyecto de Cimafunk, han pasado varios años desde la última vez que lo vi en vivo. En ese período, él y su banda se han ganado elogios de todo tipo en el circuito de eventos y por parte de la prensa especializada, y a menudo me llegan, de todas partes, mensajes de amigos y colegas rendidos ante la potencia de su directo. Verlo en el escenario esta noche me hace recordar viejas conversaciones. Creo que no conozco a un músico con una visión más clara, desde el principio sabía lo que quería y ha hecho todo lo posible para llegar ahí.

Cimafunk + La Tribu son una liga en sí mismos. Entendieron como nadie la importancia del directo y han hecho de ello su carta fuerte. Es, bajo cualquier parámetro, el show más emocionante que encuentro en la música cubana actual. Cimafunk comanda una banda que se ha construido a sí misma, canción tras canción, ensayo tras ensayo, concierto tras concierto. La cuidadosa metamorfosis que ha sufrido la alineación (actualmente: Cimafunk, voz líder y director musical; Dr. Zapa, batería y dirección musical; Bejuco, guitarra; Machete, percusión; Arthurito el Wao, piano; Katy Cacao, coros y saxofón; Ilarivis García Despaigne Hilaria Cacao, coros y trombón; Big Happy, coros y percusión menor; y esa noche, al menos, Rafael Aldama, bajo) ha hecho que el espectador pueda hacer junto con ellos la transición hacia lo que son hoy, una banda de funk con raíces cubanas, pero que suena como ninguna otra banda de música cubana ha sonado jamás. 

De Caramelo, el tema con el que abrieron su presentación, hasta Me voy, con el que cerraron pasada la una de la madrugada, incluyendo Alabao (donde la presencia de Brenda Navarrete permitió reeditar el tema con su sonido original), dieron una lección de cómo ganarse a una multitud sedienta de diversión, sin renunciar a la música. No es virtuosismo, es maña y alegría a chorros (y buenos coros, me recordaría Cimafunk). En una época en que la rueda de hámster del streaming y las redes sociales no paran de girar, a Cimafunk le han bastado apenas dos álbumes en cinco años para instalarse permanentemente en nuestras cabezas. Lamentablemente El Taiger, cuya presencia se había anunciado y había confirmado él mismo, nunca llegó, y nos perdimos lo que pudiera haber sido una versión histórica de Habla matador

Wampi en Cimafest. Foto: Alain Rabufetti

Como es habitual al final de sus conciertos, mientras la banda estiraba el motivo de Me voy, Cimafunk comenzó a subir personas al escenario. Recuerdo la de veces que vi a bailarines y amigos entusiastas encaramarse en el Brecht, en F.A.C. y en cuanta tarima armaban. Todavía no sé muy bien qué fue lo que pasó, si fue la interpelación de Cimafunk, la euforia de verlos en vivo después de no sé cuánto tiempo, o la certeza de que estaba en un pedazo de Cuba. Lo único que puedo confirmar es que en un giro inesperado de la noche terminé en el escenario bailando. Yo, que me paro en la esquina de la disco. Yo, que no me sumo ni a los trencitos de las fiestas. Cómo fue que bailé despreocupadamente en un escenario delante de miles de personas es un misterio que me acompañará por un buen rato.

Supongo que algo tuvo que ver el reencuentro con los pedazos de Cuba que se van sedimentando en este territorio de ultramar. De algún modo, como me dijo una amiga, “era como estar en La Tropical”. Y si bien Cimafunk ha triunfado en medio mundo, Miami es lo más cercano que ha estado a Cuba desde que salió, y para muchos de los emigrados de los últimos años, su música forma parte de la banda sonora personal; escucharlo y verlo es una manera de estar en casa. No como un acto necesariamente nostálgico, pero algo de añoranza y reencuentro sí que hay. 

De acuerdo con sus organizadores, la edición de Miami del Cimafest fue un éxito tanto comercial como artístico. Creen que el crecimiento que tendrán los artistas que asistieron servirá como carta de presentación para un evento que aparentemente llegó para quedarse. Ya fue anunciada para abril del año próximo la segunda edición del Cimafest NOLA, en el marco del Festival de Jazz de New Orleans, con Chucho Valdés como invitado especial. Cuando le pregunté si no han pensado en un Cimafest Habana, Collin Laverty me comentó que les encantaría y planean hacer algo pronto. Como tanta gente, espero que, más temprano que tarde, se haga el milagro.

Foto: Alain Rabufetti

 

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Foto: María Juliah

 

Foto: Alain Rabufetti

foto de avatar Rafa G. Escalona Padre de una revista de música. Procrastinador profesional. Su meta es ser DJ de una emisora en la madrugada. Príncipe del aleatorio. Más publicaciones

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  1. Maysu Gonzalez dice:

    Tuve la opurtunida,de participar en el espectáculo para mi fue maravilloso,la pasé muy muy bien,gracias

  2. Maria Coba dice:

    Estuve presente en el Cimafest y tuve la espectacular oportunidad de estar en primera línea…fue increíble desde principio a fin…Que decir de Cimafunk y la Tribu que ya tienen que volver, Miami los espera con los brazos abiertos. Se les descarga un mundo…🫶🏻

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