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Crónica Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes. Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Guía de una gringa para Getting Funky

Este año, La Habana enfrentó un invierno especialmente brutal. Con temperaturas cayendo hasta los 18 grados durante casi una semana, los locales tiritaban, evitaban bañarse y se estremecían ante la idea de tener que usar un suéter ligero en pleno enero. Pero esta noche, una brisa cálida me da la bienvenida en el Anfiteatro de La Habana Vieja.

El Festival Getting Funky in Havana arranca con Los Van Van; entre luces celestiales y neones fluorescentes, su excitante presentación acapara la atención de todos. Repleto, el anfiteatro se convierte en un mar de manos que se mecen al ritmo de cada canción. Las parejas se intercambian velozmente entre las vueltas de casino; el foso cobra vida con cada caída, giro y balanceo. Una corriente atraviesa el público, manteniendo un ritmo apasionado y constante.

No hay bebidas energéticas en el lugar, pero Armando Mandy Cantero parece haberse bebido todas las Tigon en un radio de 10 kilómetros antes de subir al escenario. Errática y eróticamente, sus pies y caderas no dejan de moverse ni un segundo en todo el concierto. Mandy se arremolina, contonea y menea, en divertido contraste con la refinada vocalización del grupo.

Además de un solo magnético de Cimafunk, el set incluye al trompetista estadounidense Maurice Brown. Para evitar repetirme, lo diré ahora: Brown toca todas las noches del festival. Todas las noches, sin excepción, con una sonrisa de oreja a oreja, además.

En un momento, Abdel Lele Rasalps lanza su micrófono —incluido el soporte— al público. Poco después, Mandy lo sigue, hundiéndose en el mar de gente. Cuando el show termina, es difícil decir quién se divirtió más, si la banda o la audiencia, un verdadero testimonio del amor del grupo por su música y la cultura cubana.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

De vuelta en el Anfiteatro, la segunda noche comienza como si uno se abrochara el cinturón en un parque de atracciones. Al principio, pausas etéreas llenan el tiempo entre actuaciones, luego, de repente, los shows se difuminan, girando uno tras otro; a toda velocidad, el SuperJam despega.

Bajo un cielo estrellado, un elenco igualmente brillante ilumina el escenario. X Alfonso, Wampi, Juan Carlos Marín, El Dray (y muchos más) se unen para reinterpretar éxitos del último siglo en La Habana. Entre jazz, salsa, pop y reparto, estos músicos profesionales tocan junto a estudiantes cubanos y estadounidenses, mezclando generaciones, culturas y géneros.

Entre ellos, un grupo de cinco despampanantes mujeres, conocido como Chik Soul, a cada rato deslumbra en el escenario. Su versión de Respect, de Aretha Franklin, es tan increíblemente buena que mi amigo insiste, con plena convicción, en que deben estar haciendo playback. Vestidas con conjuntos rojos a juego y plataformas negras hasta la rodilla, esta banda de covers domina el repertorio de la noche. Y estoy segura de que muchos desearían que los dominaran a ellos también.

Chik Soul en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Chik Soul en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Más tarde, Chik Soul, acompañando a Anjelike Jelly Joseph, interpreta Staying Alive de los Bee Gees. Un clásico del karaoke estadounidense, la multitud —abrumadoramente cubana— canta el coro con entusiasmo, pero solo las palabras “staying alive”, porque, claro, casi nadie conoce (o, más probable, entiende) el resto de la letra. No puedo evitar reírme un poco.

Dos carteles de luces LED enmarcan el escenario, con las palabras “Havana” y “Funky”. En el lado derecho, un par de letras han dejado de funcionar, dejando solo la palabra “fun”. Con la frente perlada de sudor —por el baile o los efectos pirotécnicos— nos dejamos llevar por Me Voy, el clásico de Cimafunk. Cuando la tarima se despeja, el eco de “una más Wampi” resuena en el teatro, anticipando la noche por venir.

SuperJam en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

SuperJam en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Veintitrés horas después, en el legendario Salón Rosado de la Tropical, rodeado de exuberante vegetación y policías armados, la tercera noche del Getting Funky se desarrolla bajo un toldo — blanco, impermeable y bordeado por reflectores —.

Trombone Shorty y Orleans Avenue suben al escenario, acompañados por varios otros músicos y estudiantes cubanos y estadounidenses. Juntos, fusionan las culturas afrocubana y afroamericana en un torbellino jazzístico. Mientras navegamos entre la marea de gente, una mujer, prácticamente gimiendo, se vuelve hacia mí y dice —refiriéndose a los riffs de Trombone Shorty—  “me erizaaaaa”.

Durante un breve intermedio, el nombre de WAMPI brilla en rojo, en medio de la oscuridad total del escenario. Un tráiler en blanco y negro cuenta la historia musical de Dasiel, antes de que la segunda parte del show comience con una carcajada estruendosa y una versión instrumental cubanizada de Thriller. Poco después, Wampi entra en escena, saxofón por delante, arrancando su set con la seductora Maleante.

Va a juego con el fondo: lleva una chaqueta roja con las palabras “PLAYBOY” y fotos de una rubia con la blusa sugestivamente levantada, y una gorra roja con el logo de Coca-Cola que, en lugar del nombre de la marca, dice “Crack-Cocaine”. A medida que el set avanza, entre sus propios hits y tributos al idolatrado El Taiger —una constante en el festival—, poco a poco pierdo la voz.

Wampi en el Festival Getting Funky in Havana, en el Salón Rosado de La Tropical. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Wampi en el Festival Getting Funky in Havana, en el Salón Rosado de La Tropical. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Bailando sin parar, el show cierra con Por Ustedes (Pornosotros 2), un clásico de Wampi con coreografía incluida en el estribillo: tómate un jäger y bájate el blumer. De camino al Malecón, compartimos papas fritas y cervezas hasta el amanecer, murmurando Wampi ah, Wampi eh de vez en cuando.

Al despertar a las dos de la tarde, despeinada y con la cabeza embotada, arrastro los pies hasta la mesa para desayunar. Entre cafecito y pan con queso, mi abuela comenta que anoche la Tropical no estaba tan llena como de costumbre. Tiene 82 años, así que no sé muy bien dónde o cómo obtuvo esa información, pero es cierto.

No se sentía la habitual apretazón de este tipo de eventos en La Tropical. Lo cierto es que, en lugar de chocar hombros y esquivar cataratas de ron, encontramos sin dificultad espacios para bailar, así que la asistencia disminuida hizo la experiencia mucho más disfrutable.

Trombone Shorty y Orleans Avenue junto a estudiantes de música cubanos y estadounidenses, en el Salón Rosado de la Tropical, durante el Festival Getting Funky in Havana. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Trombone Shorty y Orleans Avenue junto a estudiantes de música cubanos y estadounidenses, en el Salón Rosado de la Tropical, durante el Festival Getting Funky in Havana. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Después de dormir hasta la hora de la cena, regresamos al Anfiteatro para el cierre del Getting Funky. Miles de personas, empujándose en los pasillos y esquivando las barricadas, chocando hombros y esquivando cataratas de ron, se preparan para recibir a Alexander Abreu y Havana D’Primera.

En lugar de escribir pensamientos desordenados y llenos de errores en mi aplicación de notas, esta noche llevo un pequeño cuaderno de tapa dura y un bolígrafo, pretendiendo —y autoengañándome— que soy una periodista seria y rigurosa.

A la mañana siguiente, reviso mis notas. Solo dicen: Ese gordo es un caliente.

Alexander Abreu en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Alexander Abreu en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Para futuros festivales de Getting Funky, tengo algunos consejos para quienes quieran asistir:

  • Consigan sus boletos con anticipación; casi todos los días se agotan por la tarde.
  • Lleguen temprano; llegar a la hora asumida del show les asegurará evitar filas y conseguir un buen lugar.
  • Tomen café antes de ir; las bebidas energéticas son escasas (solo uno de los seis bares de la Tropical las vendía, y en el Anfiteatro no encontré ninguna, y créanme, busqué).
  • Lleven zapatos cómodos, y paraguas o impermeable; por si aparece un aguacero.
  • Aprendan a bailar casino; nunca se sabe cuándo terminarán en una rueda.
  • Métanse en la caliente; esto no hay ni que explicarlo.
  • Y, por supuesto, get funky. Si una gringa rubia y ojiazul, nacida en Boca Ratón, puede hacerlo, ustedes también.
Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Los Van Van en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Los Van Van en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Big Chief Juan Pardo, en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Big Chief Juan Pardo, en el Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Wampi en el Festival Getting Funky in Havana, en el Salón Rosado de La Tropical. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Wampi en el Festival Getting Funky in Havana, en el Salón Rosado de La Tropical. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Trombone Shorty en el Salón Rosado de la Tropical, durante el Festival Getting Funky in Havana. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Trombone Shorty en el Salón Rosado de la Tropical, durante el Festival Getting Funky in Havana. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

Festival Getting Funky in Havana, en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Foto: Cortesía de los organizadores / Eduardo Reyes Aranzaes.

foto de avatar Ana González Vilá Periodista seria y contendente. Hecha de zapatos con plataforma, sazón, colonia, bergamota, libélulas, estampados, pasta al vodka, botas vaqueras, mentol, esquíes, cerezas, ropa heredada, etc. Más publicaciones

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