Fotos: Lilien Trujillo. Remedios: conciertos compartidos, con petardos y otros lujos
El pasado 6 de julio me embarqué en un viaje que resultaría en un compendio de recuerdos maravillosos… y un poco de dolor en la cervical. En la mañana salí rumbo a Villa Clara junto a mi abuela y unas amigas. Estamos de vacaciones y qué mejor excusa para visitar Remedios que un concierto de Raptus acompañados por Barbarita Llanes y Niurka González (mi mamá). ¿Chovinismo? Quizás; pero no podía dejar de contar una noche espléndida.
Llegamos a Remedios ya bien entrada la tarde, luego de habernos pasado todo el día recorriendo Santa Clara; cansadas pero felices.
En la noche salimos del Hotel Barcelona, caminamos tranquilamente rodeando la Iglesia de San Juan Batista —a la que tristemente no pudimos entrar “porque el cura no estaba”— y llegamos en pocos minutos a la Casa Bausa, epicentro del concierto. Esta es una de las bellezas de esa ciudad: todo queda cerca caminando.

Fotos: Lilien Trujillo.
Desde la acera ya se podían ver las butacas y sillas cuidadosamente colocadas adentro, la “sala” estaba completamente abierta. Al sentarnos y mirar para la derecha teníamos la vista del Parque José Martí y de la iglesia. Las lámparas que colgaban del techo estaban rodeadas de gorriones que revoloteaban de un lado a otro. He ido a muchos conciertos, pero, que recuerde, esta es la primera vez que me he sentado en primera fila, justo en el medio; lo cual me permitió tener una perspectiva completamente simétrica y sin distracción visual que me encantó.
La presentación de Raptus Ensemble, encabezada por su fundador Alejandro Yera Tejada (clarinete) junto a Niurys Moreno del Pozo (fagot y arreglos), Williams machado Montenegro (clarinete), Osbel Vizcaino (fliscorno), Jonattan Castillo (trombón), Axel Yera Tejada (batería), Alexei González (tambores batá) junto a Niurka González (flautista) y Bárbara Llanes (cantante) fue la tercera de cuatro que se realizaron como parte del proyecto Conciertos Compartidos. Se trata de una iniciativa de Eliot Porta, quien además de ocuparse de la organización siempre se asegura personalmente de que los músicos estén bien atendidos antes, durante y después de las presentaciones.

Fotos: Lilien Trujillo.
Fue él quien dio inicio al evento con unas palabras llenas de cariño y admiración hacia los intérpretes —la provincia natal de Raptus es Villa Clara, por lo que todo el desarrollo de su carrera en ascenso es celebrado y atesorado con un cariño especial en la zona—. Presentó a las solistas de la noche, haciendo particular énfasis en la labor pedagógica de las intérpretes, y es que Bárbara y Niurka no solo son grandes profesionales en sus respectivas materias, sino que siempre han contribuido a la educación de los músicos más jóvenes. Recibir clases de un músico activo a quien admiran, es siempre extremadamente enriquecedor para los estudiantes.
Alrededor de las nueve de la noche, Bárbara Llanes y el ensemble rompieron el silencio con el Motete Exsutate Jubilate, del compositor austriaco W. A. Mozart. Esta obra es originalmente para formato orquestal y cantante; en este caso la parte de la orquesta fue adaptada para Raptus. Quienes conocen el trabajo de la soprano no se sorprenderían al escuchar el derroche de técnica y expresividad que fue esta presentación. Cada parte de su cuerpo estaba en función de transmitir las intenciones de la música. Viéndola, no hace falta saber latín para comprender el júbilo que invoca la pieza.

Fotos: Lilien Trujillo.
Luego vino un bello arreglo de la obra Reencuentro, original para piano de Ernán López-Nussa, por el ensemble solo. Como pianista que soy, siempre me resulta interesante escuchar obras de nuestro repertorio habitual llevadas a otros instrumentos, ya que la diversidad de timbres que se pueden lograr en un conjunto variado permite percibir detalles en los que normalmente no nos fijaríamos. Explorar y conocer nuevas formas de interpretar, no solo por el mundo diferente que es cada músico, sino por las mismísimas posibilidades o limitaciones de su instrumento, es una experiencia necesaria.
Posteriormente se incorporó a la escena Niurka González para interpretar una versión única de la Sonata en si m BWV. 1030 de J.S. Bach, no solo por el sonido sublime de su flauta, sino por el descomunal arreglo. Desde el ajuste al formato hasta las licencias creativas y variaciones, nos hicieron deleitarnos con un I. Andante enriquecido con la sabrosura del son cubano, un II. Largo e dolce que nos transporta directamente a New Orleans y un III. Presto con influencias africanas y latinoamericanas. Niurka y Raptus nos mostraron a un Bach fresco e interesante, nutrido de nuevas influencias, pero sin perder su esencia. La flauta realizó una interpretación dotada de precisión y lirismo, indispensables para que el resultado final fuera expresión de un altísimo valor artístico.
Casualmente, el aniversario de la ciudad había tenido lugar la noche anterior. Estas celebraciones remedianas están marcadas por un tradicional espectáculo de fuegos artificiales, por lo que las calles estaban todavía llenas de sus restos, que los niños usaban como petardos. En más de una ocasión los pequeños estruendos de las explosiones —que sonaron entre piezas y durante— nos desconectaron de lo que estábamos escuchando. Recuerdo específicamente la cara de sorpresa de los músicos cuando estalló uno al principio del primer movimiento de Bach, aunque hicieron lo posible por continuar tocando como si no hubiera pasado nada. Esto me pareció verdaderamente admirable, porque el sonido de los petardos asustaba. No era el tipo de ruido ambiente al que te acostumbras al punto de casi ni notarlo; parecía que de repente disparaban un fusil en la oscuridad de la noche.

Fotos: Lilien Trujillo.
Para cerrar, Niurka se unió al ensemble en el Epílogo de Aldo López-Gavilán y, justo cuando pensábamos que ya no podía haber más sorpresas, se sumó la voz de Bárbara, quien cantó asomada por la ventana desde la acera. Los arreglos de cada una de estas obras, a cargo de Niurys Moreno del Pozo, fueron simplemente espectaculares, de una creatividad increíble y —desde mi subjetividad— un muy buen gusto. Le sabe sacar provecho al formato y hacer brillar a cada instrumento en el momento que le corresponde, siempre en función de la música. Raptus logra un acabado en sus propuestas que las dota de un sello característico, donde se destaca el buen gusto y el notorio trabajo de la música de cámara. Sin lugar a dudas se merecen todos los recientes éxitos y los que están por venir.
El último acorde se pierde en el eco de los aplausos. Barbarita da la vuelta corriendo para volver a entrar a la sala y saludar junto a sus compañeros (a pesar de la disposición de Eliot para ayudarla a trepar por la ventana). Llegan las flores seguidas de un saludo final, y así concluye la noche.
Mientras paseaba de regreso bajo la luna remediana solo podía pensar: en momentos como este, por conciertos así, me siento afortunada. No todos los días una tiene la oportunidad de caminar por las calles de esta bella e histórica ciudad y, casi por casualidad, por la inevitable atracción hacia la música, disfrutar de estos maravillosos seres compartiendo lo que hacen.
Remedios no es una ciudad. Apenas un pueblucho.
Excelente crónica. Su lectura nos hace vivir el concierto en su totalidad. Felicidades a Malva que se revela, además de cómo una excelente pianista, en una gran narradora, que de seguro nos deleitará en el futuro con mucho más de sus talentos.