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Crónica Festival Longina 2025. Foto: Alex Correa. Festival Longina 2025. Foto: Alex Correa.

Longina 2025: Donde el cariño y la trova nunca faltan

En el mundo hace falta cariño, toneladas de él. Caminar esta tierra sin escatimarlo, es la más radical y valerosa de las actitudes…

Ok, arranqué un poco coelhesco; mejor me centro y trato de escribir algo sobre el Longina, el festival de trova (de música) que desde hace 25 ediciones llena Santa Clara de canciones.

En el Longina los abrazos son de reconocimiento mutuo, la gente se mira a los ojos con los ojos bien abiertos, las canciones son simultáneamente escuchadas y cantadas, son cápsulas de vida. Las guitarras no tienen dueño, el alcohol menos aún, se ceden espacios y tiempos, se invita, se da cabida, la gente espera y se espera, y los reencuentros son emocionantes, porciones de una felicidad casi táctil.

Y eso, ¿cómo es posible? Bueno, pásate más de 20 años haciendo más y diciendo menos, predicando con el ejemplo, y funcionando con constancia, paciencia y mucho amor. Después me cuentas.

Por ello, quiero dar mil gracias a todos los responsables y un abrazo tribal a los irresponsables, a ver si se ubican con el apretón.

Dicho esto, hablemos de la edición de este año:

A mí, que aunque vaya por la vida con cara de tranca soy de un optimismo casi naíf,  no me hace falta mucho para recuperar la esperanza de que los malos perderán la batalla, por lo  que sensaciones como las que hemos podido vivir en este Longina 2025 suponen baterías cargadas para una temporada más soñando con dejar de ser tan previsibles como especie. Rumberos hacen falta, como dice Pedro O’Riley. El Longina hace falta.

Festival Longina 2025, Santa Clara

Ariel Barreiros (derecha) en el Festival Longina 2025. Foto: Alex Correa.

Este festival tiene un nosequé que es imposible de definir con un par de adjetivos. Un desglose de causas intensamente subjetivo podría ser este:

1.

Santa Clara —el marco—, un oasis donde, a pesar de todo, a menudo uno tiene la sensación de que no hay nada de qué preocuparse. Santa Clara, en cualquier momento y sin aviso previo, te puede regalar un momento cinematográfico: por ejemplo, el Parque Vidal y su engranaje coreográfico de sucesos y gentes que a veces parecen un decorado de una película antigua (o de una novela distópica).

Santa Clara y sus poetas, como Yamil Díaz o Edelmis Anoceto, que detuvieron el tiempo recitando en la peña de Roly Berrío; sus punks; sus maestros de música, estrictos y exigentes; sus totíes vespertinos y la lechuza que los caza; su almodovarismo (¿almodovarianismo?) mejunjero; su Loma del Capiro contra el sol poniente; el  ruido ensordecedor de las motonetas… La ciudad que me acogió cuando llegué a esta isla…

2.

Los espacios donde sucede el Longina son parte esencial del festival y son casi más contenido que continente.

El patio de la sede de la Asociación Hermanos Saíz, reformado y mejorado, donde se suelen terminar las noches y donde este año debutó Lucía Travieso con la, —espero estimable— ayuda de Bori Albero, Michael Olivera y el que les habla, que pasábamos por ahí. El patio del Museo de Artes Decorativas donde una vez más Leonardo García tocó ese punto de la resonancia al que muy pocos saben llegar. El Mejunje de Silverio, lugar que trasciende las definiciones, y que para muchos de nosotros es un templo con todas las letras, donde el jueves La Trovuntivitis volvió a llenar las gradas y a convertir el fenómeno artista-público en una aplicación biyectiva;  y la Luna Naranja, otro espacio levantado a lomos de un sueño, en el que seguro viviremos cosas increíbles durante los años que vienen, como por ejemplo el concierto de Michel Portela y su banda, tomando riesgos en el género y saliendo airosos.

Leonardo García y Roly Berrío en el Festival Longina de Santa Clara, 2025.

Leonardo García y Roly Berrío en el Festival Longina de Santa Clara, 2025. Foto: Alex Correa.

3.

Los municipios, siempre en peligro de caer en el limbo del olvido pero que en este Longina nuestro siguen siendo tenidos en cuenta. Así que, como un multiplicado Roly Berrío, nadie se atrevería a negarle un canto a Santo Domingo, aún con pocas horas de sueño y supurando los alcoholes de la noche anterior.

4.

Técnicos, custodios, transportistas, camareros, y todos los otros protagonistas del festival que tratan de ayudar —a pesar de todo lo que de sobra sabemos— porque también se sienten parte de algo grande. Ejemplos constantes. Reconfortante sensación.

5.

El alcohol. La novedad de este año, al menos para mí, fue descubrir un bar donde sirven negronis. Preguntas al privado.

6.

Y el público: el verdadero espectáculo del Longina. Qué energía tan fuerte y linda te llega cuando estás en el escenario; qué expresiones de momento vivido y disfrutado. Pude ver escenas de puro gozo.

Público en el Festival Longina 2025.

Público en el Festival Longina 2025. Foto: Alex Correa.

Vi a mucha gente escuchando y compartiendo, disfrutando de los detalles musicales y humanos, siendo pacientes, y pidiendo las canciones desde un lugar hermoso. El público del Longina es pa’ comérselo, y tocar para él, un privilegio.

Larga vida al Longina y a la canción. Abrazo y los mejores deseos para Santa Clara y sus trovadores. 

Y al cariño… Al cariño todo mi apoyo en estos momentos difíciles para él.

Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Boris Albero en el Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Nassim Guerra en el Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Alfred Artigas en el Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Alfred Artigas en el Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Dayron Oney en Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

Maykel Elizarde en el Festival Longina 2025, Santa Clara. Foto: Alex Correa.

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