Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera Nos vemos a las 4 y 20 / EIDI
Desde hace unos años, a menudo me encuentro a mí mismo mirando gameplays de juegos de SNES: Zelda, Pokémon, Donkey Kong Country, etc. Me hacen sentir algo que me transporta a mi infancia, a esa despreocupación, esa inocencia, a esos momentos de comunión con mis amigos más cercanos. Quizás por eso el nuevo proyecto de EIDI cautivó mi atención desde su roll-out. De repente, me empezaron a salir en el feed imágenes de una isla llamada Foryland, un mundito apartado y colorido como al que solíamos escapar de niños personificando a Ash, Link o Super Mario. Pero esta vez el protagonista era un rapero cubano que a través de cada imagen y visualizer nos iba mostrando nuevos lugares y personajes del pequeño universo, todo esto impulsado por una banda sonora de relajantes loops de un matiz escapista y nostálgico. Algo interesante estaba por llegar.
Y llegó: Nos vemos a las 4 y 20, el segundo proyecto discográfico de este joven rapero en menos de un año y, en mi opinión, el más personal y genuino de su catálogo hasta la fecha. EIDI parece haber sintonizado esta vez con una sensibilidad lírica y sonora que le favorece notablemente y por la cual se le siente fluir con la mayor naturalidad. Es, además, un trabajo que, si bien guarda un honesto amor y respeto por la historia rapera de nuestro país, no deja que esto lo lastre en sus intentos por desafiar los límites de lo que tradicionalmente se entiende por rap cubano.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Cada una de las cuatro canciones que conforman este trabajo tiene su esencia individual. Hagamos entonces un repaso, track por track:
Regando mis flores
Una textura de disco de vinilo. Un pequeño crescendo de tambores y flautas te levanta del suelo con un sonido onírico e intrigante, para inmediatamente dejarte caer en el ritmo de un boombap. Jacob Janzen (productor del EP) demuestra desde este primer corte una maestría musical para empastar samples y referentes sonoros con un gusto muy variado y ecléctico. La constante marcha de bombo y caja junto a una línea de bajo simple y funcional, acompañados de unos sutiles scratches, cimentan una base de hip-hop clásico donde encima juegan otros elementos más divergentes. El uso de una pandereta en lugar de un hi-hat ya introduce, incluso en la base, un enfoque más indie que típicamente rapero. Unos ocasionales licks jazzísticos de piano, con florituras a veces tensas e inestables van rellenando de raros colores los espacios entre el diálogo que sostienen la línea de flauta y el sample de voz (Mango de Lalá) que viene a ser el corazón del tema.
Esta pieza es la elección perfecta para abrir el EP, tratándose de una decidida declaración de intención. Desde el primer verso —que le da título a la canción— EIDI expone su compromiso de cuidar de su paz y su mundo interior. Será esta la premisa principal de todo el proyecto, la cual respetará con mucha coherencia.
Verso a verso, EIDI va pintando escenas de su día a día en un lugar colorido y alegre que, sin embargo, es también melancólico y desolador. “Mi ciudad muchos la viven y pocos la entienden”, rapea el habanero mientras describe sus mecanismos para lidiar con la naturaleza incomprensible de su entorno. Con una postura estoica va planteando su necesidad de hacer las paces con sus propios desaciertos, la irreparabilidad del panorama que lo rodea y la fugacidad de todo. Después de un coro ganchoso regresa en el segundo bloque con una carta de amor a aquello que lo ha ayudado a desarrollar esa fibra moral, a construir esa paz mental de la que nos habla: la música. Con una humildad atípica en el actual clima del género, Abel describe su pasión por el hip-hop de una manera tan sincera que deja asomar por detrás del artista que es, al fanático que fue y sigue siendo de esta cultura.
En el outro el loop de boombap se toma un descanso y deja escuchar por debajo del sample una tranquila marchita de congas que junto al piano nos transportan por un momentico al bolero; esos sutiles matices de auténtica cubanía se echarán a ver varias veces a través del proyecto.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Inconforme
Unos sintetizadores retro nos devuelven a esa vibra gamer de los 80 y 90. Rompe el drum y empieza Inconforme, un boombap más lento pero a la vez más intenso, con más variedad de componentes y una línea de bajo más cargada y dinámica. La a veces tensa armonía del sintetizador, acompañada también de un lento build-up de cuerdas sintetizadas, va navegando entre down-shifters y otros efectos electrónicos. Estamos quizás ante la canción más grave y seria del EP, sin traicionar la estética sonora chill y acogedora que se plantearon desde el principio —la cual vuelve a hacerse patente en el coro, donde los acordes se sienten más resolutivos y van acompañados de una cautivadora línea de viento—. Todo funciona en conjunto de manera muy cinemática, logrando un tema que se siente como meditar manejando por toda la línea de la costa.
A nivel lírico, es quizás el track más rapero del conjunto, cargado de convicción, barras y un sagaz comentario sobre el estado del rap cubano, al que contrasta con este nuevo enfoque que EIDI está decidido a defender. Declarando imposible “innovar sin buscar en el pasado”, el joven rapero no se da más aires de importancia de los que amerita. Tampoco supone estar reinventando el agua tibia, pero ostenta un novedoso criterio al escoger de qué fuentes recogerla y, sobre todo, la determinación de no calentarla si no es para purificar. El coro, por otra parte, declara un sano amor por la escena, a la que se refiere con hermandad en lugar de competitividad.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Ay Mamá Inés
Desde los primeros compases con esa percusión mestiza (mitad rapera, mitad tradicional cubana), los scratches y la línea de piano que entra justo después, este tema se siente clásico. No solo porque interpola el tema homónimo que a estas alturas ostenta un estatus legendario en la historia musical de nuestro país, sino porque logra hacerlo de una manera muy efectiva y novedosa. Jacob Janzen, siendo de origen australiano, hace un trabajo sorprendente en capturar la sonoridad cubana en este corte.
A nivel lírico el tema supone un cambio con respecto al resto del proyecto pues, a pesar de conservar la misma vibra general del resto del EP, su letra es más enfocada y temática, mientras que en los demás el contenido es más libre y variado. Quizás por eso está planteado como un “extra level”, una especie de bonus track en mitad del proyecto. Ha logrado volverse, aún así, un favorito instantáneo del público; quizás no a pesar de, sino precisamente por su simpleza y claridad. EIDI logra hacerle justicia al clásico referenciado con una sincera oda a la tradición cubana de tomar café, que no se siente en lo absoluto performática o tendenciosa. No es un tema para gente pija que asume el “ser cafetero” como la mitad de su personalidad; este tema se escucha cubano, criollo, real y sin filtros de Instagram. Colando también aquí y allá algún comentario social y político muy sutil, el rapero no se esfuerza en volver la canción más de lo que se supone que sea, sencillamente la deja existir y eso hace que se escuche con una frescura innegable.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Capy
Si Regando mis flores fue la elección ideal para empezar el EP, Capy definitivamente también lo es para terminarlo. Con un sampleo intencionado y bien logrado, una base dinámica, un flow variado, una letra abarcadora y honesta, y en general una vibra muy seria e inspiradora; esta canción pretende cerrar el álbum por todo lo alto —y a mi parecer lo consigue—.
Sampleando un hermoso arreglo de cuerdas y piano del maestro Joe Hisaishi para la banda sonora de Mi vecino Totoro, el tema presenta desde el inicio un toque solemne y muy sensible —no solo por la carga emocional de la pieza musical en sí, sino también todos los recuerdos que, a estas alturas, ya varias generaciones tienen conectados a esa música y la joya cinematográfica para la que fue compuesta—. Después de un rato de dejar el sample correr inalterado, empieza a construirse por debajo un loop reminiscente del lo-fi con sus texturas ásperas y estética vintage.
EIDI aborda este tema con mucha vulnerabilidad; volviendo a meditar sobre la distancia prudencial que ha necesitado establecer entre el mundo y él mismo, con tal de proteger su espiritualidad. Reflexiona sobre sus propias ambiciones y el precio de satisfacerlas, revela el valor que su familia y amigos han aportado a su vida y el miedo atenazante a perderlos. En general, se trata de un flujo de consciencia a través del cual EIDI, o más bien, Abel David, se deja conocer, compartiéndonos incluso cosas que confiesa ni siquiera atreverse a mencionar en público.
Un abrupto filtro de frecuencias altas le abre paso a una grabación de audio de Hayao Miyazaki. Por debajo de esto va ocurriendo gradualmente el beat-switch con la introducción de otro sample de armonía más onírica y fantasiosa; el tempo es acelerado hacia el terreno del trap que anuncia su entrada con esos trémolos de hi-hat típicos del género. La base rompe al unísono con el rapeo —esta vez más rápido, sin sonar forzado—, EIDI fluye con soltura sobre el loop, conservando la lírica introspectiva de la primera mitad, pero impregnándola esta vez de convicción y esperanza subrayada por la emotiva sonoridad del sample. Barras como “El tiempo es el agua y nosotros castillos de arena” denotan la madurez espiritual necesaria para llegar a un proyecto como este.
EIDI nos saluda desde ese mundito aparte donde su niño interior tiene permitido correr libre, sin perder su perspectiva con respecto al mundo exterior y, aún así, declarando estar ausente, pero feliz. Nos vemos a las 4 y 20 es un trabajo muy destacable, en especial en el contexto de la escena a la que pertenece. Sin renegar de su carácter rapero ni renunciar a su lugar en la historia del hip-hop nacional, este disco evita todos los tropos y dogmas que han mantenido inmóvil por muchos años al género.
Sin el ego-trip, el beef, el sermón moralista y la politiquería que abarcan un terreno enorme en el espectro temático del rap de nuestra Isla, Nos vemos a las 4 y 20 se sostiene con seguridad sin necesitar más que la sinceridad de sus letras, la calidad de su música y lo cautivador de su visualidad (de la autoría de Carlos Quiroga y Gabriel Herrera). Cada aspecto de este proyecto, desde la producción hasta la promoción, fue tratado con mucho cuidado y esfuerzo, y se nota en los resultados. Aun tratándose de un proyecto corto y de modestas pretensiones, o quizás precisamente por ello, este EP es una experiencia satisfactoria. No se me ocurre qué más pedirle a la música aparte de ser honesta, auténtica y novedosa.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Se trata de un EP cargado de una vibra especial, con algo de anime y de Nintendo, y de rap internacional y al mismo tiempo cubano. Cualquiera que le haya tocado ser niño en este país a finales de los 90 o principios de los 2000 será capaz de apreciarlo con solo darle play al primer tema y mirar la portada. La llegada a la adultez nos está empujando a un mundo cada vez más hostil e incomprensible. Si estás buscando reconectar con tu lugar seguro, este álbum es para ti.
*Puedes escuchar el EP completo en Spotify.

Ilustración: Carlos Quiroga y Gabriel Herrera
Papa que lindo esto, gracias