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Reseñas Foto: Danielle Haley

X Alfonso en F.A.C., más allá del (des)concierto

X Alfonso lo advirtió: “este será un concierto único”. Sinceramente, no le di importancia (qué podía ser esta vez), al menos no fui por el anuncio de algo especial. Quería escucharlo en vivo, sin reparar demasiado en las circunstancias en que ocurriría. En F.A.C. nos encontramos con que la Nave 3 no abriría hasta las 9:45 p.m. Quienes llegamos con tiempo nos fuimos amontonando poco a poco, cada vez más cerca de las puertas, apretados, porque hacer cola es algo que nos pone nerviosos y nos desespera. Entramos uno por uno, con la mayor calma que pudimos disimular y la sala nos esperaba acogedora como nunca la había visto.

Además de las sillas habituales y unos sofás por los costados, había sobre el tabloncillo, casi al borde del pequeño escenario, un montón de cojines tirados, una invitación sutil e irrechazable a evitar la formalidad y sentirse más cerca. Fue cuando me senté en un cojín que quedaba justo en el centro, a no más de un metro de los equipos de audio y las luces, que empecé a entender que no se trataba de un concierto más. Delante estaban colocados el piano (con algún teclado y consola para los efectos), los bajos y guitarras que X durante el concierto intercambió tantas veces que perdí la cuenta, y la batería. Pero hubo mucho más, todo  preparado para sorprender, para que lo que percibías a simple vista se multiplicara entre las vibraciones y la luz.

Para quienes pudimos entrar fue una noche hermosa como pocas, de cantar a coro cosas que a veces nos duele decir hasta en voz baja, de recobrar un poco la esperanza y abrazar una fe compartida en que “todo cambiará”. X concibió la presentación para “ofrecer su alma”, una vez más, en forma de música, así lo sentí. Entre el nervio y el sudor cantó como si fuera la primera y la última vez; con arreglos hermosos, casi perdiendo la voz y nosotros con él. Hay una cosa que me fascina: con su estilo, su manera de proyectar, convierte el grito en canto, como si no hubiera otra forma posible; quizás es la fuerza de los ancestros buscando la luz, o que en cada nota hay inherente un reclamo de libertad que le inunda la garganta. Fue fascinante verlo tan de cerca, con una humildad tremenda, abriendo los ojos, sonriente, porque equivocaba algún fragmento; sacando la lengua cuando estaba a punto de perder el aliento por la intensidad; ver al ser humano en resumen, siendo consecuente con su discurso, construyendo y dando amor.

Foto tomada del perfil de Instagram de F.A.C.

Cuando entramos a la nave, precedidos por la petición de orden de los organizadores debido a la grabación que se haría durante el concierto, temí que se volviera monótono y ficticio. Sin embargo, fluyó absolutamente natural, y gritamos, él se equivocó y nosotros nos confundimos, hubo momentos improvisados; nada más lejos del control y sí muy cerca de una descarga en la sala de una casa querida. La energía de Pepe Gavilondo y Yaimi K.L. se hizo ver desde las primeras notas, no era para menos, a pesar del formato pequeño, cada tema se sintió como un golpe en el pecho. Atravesamos de Inside, a Reverse; Retrato del 92 nos desgarró hasta a los que solo hemos escuchado los cuentos, sin tener medida de lo que se des-vivió en aquellos años 90. Nos quedamos detenidos en Habana Blues como si no hubieran pasado casi veinte años. Todo parecía real en medio de nuestras voces coreando Solos tú y yo; y hubo que repetir el final varias veces porque todavía nos quedaba un poco más de dolor e impotencia por seguir sin saber “cómo luchar con ese sol, con la política y con dios”. Cantarlo juntos fue lo más cercano a una respuesta, a un alivio.

En un momento de “calma” X pregunta a quién se le había ido algún amigo o un familiar,  ¡qué golpe tan bajo! “Eso no se hace”, gritaban algunos. Ahora le agradezco, porque todos sentamos a nuestro lado a esa gente que no está cerca, con el pensamiento, con las ganas, con todos los teléfonos, y les cantamos con los ojos rojos y húmedos que “la amistad es una semilla que brota en cualquier lugar”, por suerte, cada vez menos cautivos de idiomas e ideologías. Ojalá buscando un sueño cambiemos de nuevo el rumbo y nos acerquemos, en una tierra que sea realmente de todos.

Foto: Danielle Haley

Supe mucho después que el concierto quedó bifurcado en dos experiencias opuestas. No quiero —y no creo— que lo negativo empañe tanta belleza, no en el recuerdo de los presentes en la Nave 3. Sin embargo, me parece justo y enriquecedor analizar otras perspectivas, sobre todo para que pueda ser mejor en el futuro. En la Nave 4 se instaló una pantalla para transmitir en vivo el concierto, con la idea de que quienes no hubieran podido entrar arriba, fueran partícipes de alguna manera. En principio, la intención es buena y válida.

Como no viví la experiencia desde afuera, pedí el testimonio de algunos amigos. Imagino lo decepcionante que debe haber sido ir con las ganas de ver a X cantar en vivo y terminar frente a una pantalla que después de los primeros veinte minutos comenzó a fallar. Lo que contrarió a muchas personas fue, a mi entender, que no hubo una comunicación clara en las promociones, que se hicieron con bastante antelación y crearon mucha expectativa, con un artista que tiene un amplio público y se prodiga poco. Quizás con aclarar que la afluencia sería limitada, que la capacidad no sobrepasaría una cifra aproximada, que para quien no pudiera entrar se daría la opción de la pantalla de la Nave 4, las personas que llegaron a la Fábrica ese día solo para ver a X se habrían planificado mejor.

Foto tomada del perfil de Instagram de F.A.C.

Entre los comentarios que escuché debo desmentir uno que aseguraba que el concierto había sido privado, para invitados y personas con tarjetas VIP. Es cierto que había dos entradas separadas, y no sé cómo se manejó esa distribución, pero cuando entré a la sala, —fui  de las primeras en la parte del público general porque me coloqué en la fila desde temprano— había muchas sillas vacías, en la parte de los cojines solo cuatro o cinco personas, es decir, no es cierto que los organizadores dejaron un espacio reducido para los “no invitados”.

Por otra parte, la concepción de la escenografía y la naturaleza íntima del concierto justificaban perfectamente la selección de un espacio pequeño, que se repletó hasta donde pudo ser. Las puertas de la nave se cerraron, algo poco acostumbrado en F.A.C., porque era necesario para preservar el sonido de la grabación y evitar el movimiento que podía interferir con las cámaras. Ni siquiera estaba funcionando la barra principal. Es un derecho del artista tener la libertad de escoger el espacio y el formato en que prefiere presentarse, y eso hay que respetarlo.

El hecho es que ese concierto no había otra manera de vivirlo que estando presente; lo que ahí pasó no se podía proyectar en una pantalla. La trompeta de Yasek Manzano sonó desde la galería que está arriba en el lado izquierdo, Ernesto Blanco tocó la guitarra desde un sofá a la derecha, el cello de Sarah Gutiérrez nos sobrecogió a todos desde una plataforma al fondo, donde menos lo esperábamos; el sonido jugó a su capricho por toda la sala y lo colmó todo. ¿Cómo transmitir esa sensación de manera no presencial? No obstante, no quería pasar por alto que para otros el recuerdo es diferente, y puede ser útil tenerlo en cuenta para nuevas iniciativas.

Foto: Danielle Haley

Con Arenas de soledad terminó la noche para “empezar de nuevo”. X se acercó todavía más, volvimos a cantar juntos, hasta nos adelantamos de tiempo y nos dejamos llevar como si la canción fuera más nuestra que suya. El concierto nos dio justo lo que  necesitábamos escuchar: verdades “dichas con dos cojones”, historias de amor, conciencia del presente, reflexiones de un alma profunda con la fuerza necesaria para entregarse. No sé si las cosas algún día cambiarán, si donde quiera que me encuentre sentiré que “pertenezco”, si los derechos que nadie nos puede quitar alguna vez se nos devuelvan; pero a pesar de todo, sé que salí de esa nave con mucha más fe de la que entré.

Foto: Danielle Haley

foto de avatar Anabel Lescaille Rabell Filóloga ávida. Clarinetista por azar Más publicaciones

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  1. José Carlos dice:

    Tremendo!!!! La crónica, y el concierto.

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