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Reseñas Portada del álbum: Juan Carlos Viera y Adrián Socorro Suárez / Diseño: Pepe Menéndez. Portada del álbum: Juan Carlos Viera y Adrián Socorro Suárez / Diseño: Pepe Menéndez.

Vida a Vida / Varios artistas

Un disco de versiones no debería ser un karaoke. Sin embargo, es lo que casi siempre termina pasando en proyectos como el álbum Vida a Vida, que Nelson Vila y el sello Bis Music han tenido a bien producir este año. Se trata de un tributo al primer larga duración de Santiago Feliú, el ya legendario Vida (Egrem, 1986), en el que varios artistas interpretan las canciones que contenía aquel estreno discográfico de Santi.

En principio, todo reciclaje debería poder justificarse por sí mismo. Es decir, la razón del reciclaje no debería ser solamente lo reciclado. La versión no puede ser humilde. Su propósito tendría que ser siempre pretencioso: superar a la pieza de la que trae causa, relegarla hasta que el público ya no la recuerde y, tiempo mediante, convertirse en la versión definitiva. No voy a decir superar en qué, porque eso nadie lo sabe, pero a modo general hacia allí deberían dirigirse los esfuerzos con independencia del resultado que finalmente se alcance. Cantar hermosas viejas canciones de gente buena y bella siempre estará bien, pero quien encare un álbum de versiones de estudio únicamente desde la admiración y el recato, deberá también ser capaz de lidiar con el olvido.

No me gusta el título. Me parece una evocación sosa y poco atractiva, además de que si no lo ves escrito no lo entiendes. No me gusta la tapa, una variación bastante fea de la original que tampoco es un encanto. Ni me gusta el hecho de que el álbum se haya concebido desde una sola fuente orquestal hacia la cual confluyeron varios artistas. Los temas originales han sido reinterpretados por un núcleo de arreglistas de forma centralizada, y esto limita la libertad de movimiento de los solistas invitados al proyecto. Entre lo más interesante que traen los discos-tributo colectivos está ver cómo cada intérprete conecta con el original desde su propio estilo, su propio sonido, su propia sensibilidad. Este álbum, por el contrario, suena igual casi todo el rato, más allá del nombre que aparece debajo del título de cada tema.

La producción ha alterado el orden primigenio de los temas y me parece muy bien, pues de lo contrario el opening habría sido el aburrido recreo que hace Amaury Pérez de Ayer y hoy enamorado. La culpa no es de Amaury, él canta como canta. La culpa es de quien creyó que esa canción, entre las 10 disponibles, era la más adecuada para él. Con excepción del interludio sinfónico después del primer estribillo, que sí quedó chulo, la pieza no sorprende nunca. Amaury no termina de cantar el primer verso y ya uno está mirando el reloj. Me habría gustado ver qué hacía, por ejemplo, con Batallas sobre mí, o Vida, canciones si se quiere más alejadas de su estilo. Quizás le hubiésemos escuchado el vértigo que una vez mostró en Hacerte venir o Adonde el agua. (Aquí dejo la versión que hace Santiago Feliú de esta última, como prueba de que por ahora Amaury no le ha devuelto el favor).

Vida a Vida abre con Carta y suerte de tener a Gunila, interpretada por Pablo Milanés. Este es, por margen, el mejor corte del álbum, de ahí la ubicación inicial en el orden a pesar de que no aporta mucho a su narrativa, si hay una. Me encanta cómo el arreglo ha introducido el tema. La expresividad y pasión de los primeros compases producen un efecto de continuidad muy bien logrado, que insinúa la existencia de una conversación previa. El intro de esta versión es bastante más corto y, a diferencia del original, no establece el tono, porque ya el tono está establecido. Pablo Milanés, avisa el arreglo, solamente va a retomar ahora un diálogo que se inició hace 35 años. 

Aquí también el entreacto sinfónico ha salido precioso, aunque todo el álbum está saturado de este recurso. Lo entiendo en parte, porque en algunos temas son solo las cuerdas las que aportan elementos de novedad a la versión, como pasa en Para Bárbara, interpretada por William Vivanco a dúo con el mismísimo Santiago Feliú, en un refrito totalmente prescindible (además de Para Bárbara, la producción también pone a cantar a Santi Solo arcoíris en su totalidad), aunque el implante de voz en la mezcla actual, después de que Nelson Vila y compañía decidieran que nadie más podría cantar Solo arcoíris y la mitad de Para Bárbara mejor que su autor, resulta bastante decoroso.

A William Vivanco le tocó la más difícil de la piñata. Una canción gastada como china pelona, incapaz de encender el filamento a alguien mayor de 12 años. Hay que ser muy genio, hay que estar muy fuera de este mundo para convertir Para Bárbara en una canción interesante después de todo el sol y toda la lluvia que le ha caído encima. Vivanco no es ningún genio, pero sí un muy buen cantante y músico en general, de quien pudimos esperar algún grado de riesgo melódico, o que por lo menos evitara repetir las manías vocales de Santiago Feliú, como cuando hace ese melisma cascadísimo ya, en el verso que dice: “motivo de tu dar”.

No es William el único al que le cuesta desengancharse de Santi. Tanto arreglistas como intérpretes han leído los originales como si fuesen monumentos intocables a los que no está permitido alterar. Rehenes del álbum al que tributan, han convertido Vida en un mandato, cuando debió haber sido una sugerencia.

Algo de esto ocurre también en el tema homónimo, interpretado por Liuba María Hevia y David Torrens, quienes se limitan a discurrir por los mismos trillos que ya Santiago y Gunila Tulehag, cantantes originales, habían macheteado en la selva de las opciones melódicas. Si bien Vida, con esos arreglos vocales maravillosos que tiene, ya es un tema muy rico de cantar a dúo tal como está, por lo cual entiendo que a Liuba y David les haya resultado verdaderamente difícil ponerse vanguardistas e intentar enriquecer una pieza casi perfecta, no me habría molestado escuchar algún enfoque nuevo en la interpretación del tema que quizás sea el más importante del disco.

Hay arreglos que, por ser de naturaleza esencial en la configuración de la pieza toda, soportan mucho peor las variaciones, como por ejemplo el riff inicial de Batallas sobre mí. Sin embargo, la hermosa introducción de aire antiguo que escuchamos en Amigo dibujo no es uno de estos casos. El arreglo actual, muy perezosamente, reproduce in extenso este pasaje como si fuese parte inseparable de la canción, cuando no es sino uno entre muchos modos que tiene la composición de ofrecerse. Amigo dibujo quedó en una de las versiones más planas del álbum, desperdiciando así la producción a Rochy, quien en más de una ocasión ha logrado interpretaciones extraordinarias de temas antológicos sin despeinarse mucho.

Las ganas que uno tiene de que pase algo nuevo en este disco hacen tolerable el segmento rapero que suelta Kamankola en Palomas por la vida. La producción ni siquiera se molestó en tratar de conseguir un timbre de guitarra eléctrica menos parecido al que tiene la de Pablo Menéndez en el álbum de Santiago, pero Kamankola sí se atrevió, ya sea por sus condiciones vocales naturales, o simplemente por su deseo de vencer el aburrimiento, a disfrazar un poco el encargo, que es lo que parecieran ser casi todas las interpretaciones de Vida a Vida. No obstante, aunque este artista tiene barras bastante decentes en su repertorio, las de aquí no forman parte de sus más felices creaciones. Como tanta otra gente, Kamankola cree que la belleza de la imagen depende exclusivamente de la cantidad de palabritas lindas que puedan caber en la oración, y por eso dice “Un sorbo de veneno me amanece” o “en los tugurios de mi voz está el eclipse”, líneas completamente artificiales, completamente infames.

Dentro de sus problemas crónicos el proyecto logró regalarnos versiones que sí me parece están a la altura. Además de Carta y suerte de tener a Gunila, es el caso de Batallas sobre mí, interpretada por Kelvis Ochoa y David Torrens, De cualquier modo, que defiende Héctor Téllez Jr. junto a Síntesis, y Cuando en tu afán de amanecer, que canta Liuba María Hevia.

Torrens y Kelvis trabajan Batallas sobre mí con bastante dignidad. Juegan con las acentuaciones, sorprenden, armonizan sus voces con gracia. Las cuerdas son justas, llenando los espacios precisos, sin excesos. Me quedo con el instante en que Kelvis Ochoa, sin desconocer la obra que asume, pero sin dejar de ser Kelvis Ochoa, canta: “Blancas, blancas mi canciones…”. 

Tampoco defrauda De cualquier modo. Aciertan Síntesis y Héctor Téllez Jr. al retrasar un poco el tempo original. Descubrimos así una nueva energía, un nuevo tipo de intensidad. Los halones de guitarra eléctrica descolocan, y llegan justo cuando el tema va para arriba, en una lectura correcta de la morfología emotiva de la canción fuente. Magníficas las voces corales, de lo mejor que hay en todo el álbum. Es realmente hermoso el apoyo al verso que va: “Ya las esperanzas le cansan, le cansan”. De cualquier modo no está en mi top 3 solamente porque no me gusta nada la voz de Héctor Téllez Jr., quien parece gritar todo el tiempo.

La que sí está en mi top 3 es la versión que hace Liuba María Hevia de Cuando en tu afán de amanecer. De entrada, si no hemos mirado el orden no sabemos durante los compases que ocupa el intro de qué tema se trata, y esto es un lujo considerando lo extraño que ha resultado el riesgo a esta producción. Luego cuando Liuba comienza: “Te llevo en mis cantares como un río” pareciera que estamos escuchando un bonus track de un disco suyo. La autora de Tu amor es el canto mío demuestra aquí que no es necesario ser John Coltrane para versionar una canción desde tu propio universo. Liuba no aporta jugadas melódicas futuristas ni complejiza demasiado la armonía original, pero bastan algunas variaciones ligeras para saber que es ella quien está ahí. Escuchemos cómo aborda Santiago la última palabra en el verso que dice: “Resonará la vida en cualquier existencia”; después, para que se entienda mejor lo que digo, veamos qué hace la Hevia con la misma palabra en su interpretación.

Resumiendo, al proyecto Vida a Vida le ganó el pasado. Fue más tributo que disco. No sé si a Santiago Feliú, un gran intérprete, le hubiera gustado.

Carlos M. Mérida Oidor. Coleccionista sin espacio. Leguleyo. Temeroso de las abejas y de los vientos huracanados. Más publicaciones

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  1. Patricia dice:

    La reseña muy buena. El disco, imposible de descargar de Sandunga. Da error por todos lados, con plan estándar comprado. En fin… Que todavía no he podido escucharlo.

  2. Yanelis Velazco dice:

    No sé si a Santiago le hubiera gustado el disco; eso es imposible, o no tanto, si conseguimos a una buena espiritista; pero a mí me disgusta tu texto. Es ofensivo, vulgar. No eres capaz de defender uno solo de tus criterios sin irrespetar. ¿ Estás molesto? ¿ Eres feliz con tu vida? ¿ Qué has hecho tú? ¿ Cuál es tu obra? He leído y estudiado mucho créeme y sé reconocer y respetar una critica que propone argumentos sólidos y respetuosos. Tu tono es irrespetuoso hasta con el propio Santiago. Perdón, no te respeto.

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