Teresa Yanet. Foto: Cortesía de la artista.
Teresa Yanet. Foto: Cortesía de la artista.

Teresa Yanet: de HBO a Pilar de Atarés, con su experiencia y su voz

13 minutos / Ernesto Eimil

15.11.2021 / Entrevistas

Teresa Yanet Senra es una mujer que nació y comenzó a cantar en un barrio empobrecido, en una casa que una vez se inundó terriblemente. Tiene 30 años y el martes 15 de junio de 2021  apareció por primera vez en un programa de HBO. Y esto, creo yo, no es una cosa pequeña. 

Fue en el documental Revolution Rent, que cuenta la historia de cuando Andy Señor Jr., hijo de exiliados cubanos, regresó al país de sus raíces, para montar una versión nacional de Rent, exitoso musical de Broadway escrito por Jonathan Larson. Era el año 2014 y Teresa decidió presentarse a las audiciones, junto a cientos de cantantes. Al final, luego de un casting muy exigente, ganó el papel de Joanne Jefferson, un personaje que, dice, “cree que tiene el control de todo, pero al final los sentimientos la llevan, como me pasa a mí”. 

Recuerdo que, cuando me hablaron por primera vez de Teresa, la presentaron como una fuerza natural de carisma y transparencia. Lamentablemente, en estos tiempos inciertos y peligrosos signados por la pandemia, no pude como hubiera querido, visitarla, grabar una entrevista y comprobarlo en persona. Aun así, Teresa respondió vía WhatsApp durante dos días seguidos mis preguntas, contándome su historia y creo que fueron las respuestas más minuciosas que he visto en un buen rato.

Cientos de personas disfrutaron de su actuación en las funciones de Rent en el Café Teatro del Brecht, o en alguna de las 80 puestas de Cats, en el Anfiteatro de La Habana Vieja, donde  interpretó a Grizzabella. No obstante, lo más probable es que la mayoría la recuerde como una de las finalistas de la tercera y hasta ahora última edición (2017) de Sonando en Cuba, desaparecido en los últimos años de la televisión que apareció en nuestras pantallas en 2015 y que imitaba, con algunos elementos renovadores, el concepto mundialmente replicado del formato televisivo de concurso de talentos vocales.

Pero antes de eso, antes de cantar en público y ser reconocida, la niña Teresa creció en Pilar de Atarés en Cuatro Caminos, municipio Cerro, en La Habana. Un lugar que “ha aprendido a amar”, aunque su esfuerzo le ha costado. “Aquí la gente va deprisa y muchas veces siento que no pertenezco”, me dice. “Al final encuentras eso en cualquier parte. En muchas ocasiones me asfixia…no sé”.

 ¿Cómo era en tu infancia?

Toda esa época la recuerdo con más penas que glorias. Mi mamá se había ido a Argentina por tres meses y el viaje terminó siendo de un año. Me quedé sola con mi abuela y fue un tiempo duro. La extrañaba demasiado. Recuerdo particularmente un día que empezó a llover muy fuerte y se fue la corriente. Mi casa es muy grande y abajo, que era donde vivía mi abuela, se llenó de agua. Ahora mismo tengo en mi cabeza la escena:  ella y yo sentadas en la sala viendo cómo las cosas navegaban de un lado a otro dentro de la casa. Ese apagón fue eterno. Para mí aquello fue tan triste…

¿Y qué sucedió cuando llegó tu mamá?

—Música. Mi madre en todas las descargas cantaba las canciones de Mirian Hernández (es como si la viera cantando El hombre que yo amo). Aunque yo era chiquita, la recuerdo muy afinada. Ahora ya no lo hace tan bien, siempre me dice que es una cantante frustrada. Ella ve en mí lo que no pudo ser. Y pienso que eso es algo lindo. 

***

Cuando empezó la secundaria, Teresa vivía con su prima, su mamá y su abuela en un hogar matriarcal. Sus primeros referentes eran diversos,inconexos, como las ideas y emociones de una adolescente de su edad. Escuchaba lo mismo a Silvio Rodríguez y  Pablo Milanés que a Andy y Lucas, Cristian Castro o Pimpinela; mientras aprendía por inspiración viejas canciones de Mayra Caridad Valdés, Elena Burke o Lourdes Torres.

En una grabadora de casetes que aún conserva, se dormía todas las noches con la vitalidad de Boyz II Men. Y es probable que esas sesiones hayan sido un punto de inflexión, uno de esos momentos que influyen notablemente en las decisiones que uno toma en la vida. “Aquellas voces bellas, la sutileza. Todo el tiempo descubría algo nuevo en las mismas canciones”.

Al cumplir los 14 años su madre decidió que debía encaminarla profesionalmente; tomarla de la mano, asegurar su futuro, cumplir los deseos que su hija no le contaba y que sabía por intuición de madre. La inscribió, sin que ella lo supiera, en el Palacio  del Teatro Lírico Nacional, escuela adjunta al conservatorio Amadeo Roldán. En ese momento, Teresa no tenía claro lo de cantar de manera profesional; de hecho, se cuidaba mucho de que la escuchara su mamá. Había decidido estudiar para ser profesora de inglés, porque siempre se le dieron bien los idiomas, desde pequeña, cuando aprendía los hits del rap estadounidense de los 90. Pero las acciones de su madre cambiaron todo.

Imagino que en la escuela de canto lírico te haya ido muy bien.

Estuvieron a punto de botarme de la escuela porque de verdad era un fiasco. Sufrí mucho, sobre todo por mi mamá, que se había sacrificado tanto para que yo llegara hasta allí. Como en tercer año de la carrera decidí que me iba a graduar. Me puse las pilas y me preparé con un programa durísimo que me había puesto mi profesora Conchita Franqui. Tenía desde lo más barroco hasta lo más moderno y contemporáneo. Fui la estudiante número cinco de mi promoción. 

Es una formación versátil, sin duda. Pero el canto lírico está muy distante, en apariencia, de lo que cantaste luego en Sonando en Cuba.

Todo ese amasijo me influye cada día. Recuerdo que hacía la Primera Dama de la ópera La Flauta Mágica y de ahí me iba a un bar a cantar Que te pedí y todos esos grandes bolerones. Yo quería aprender a interpretar música cubana. Te digo que Sonando en Cuba fue una experiencia muy dura. Algo que atentó contra el show fue la organización. Hubo muchas cosas tras bambalinas que no me gustaron y que no entendía, pero decidí enfocarme. En todas las entrevistas lo digo: nunca me interesó un premio. Fui a hacer el casting como mucha gente talentosa y fui escogida. Fui a buscar conocimientos. Ya yo tenía parte de la técnica lírica. Hoy por hoy no sé si un show así sea para aprender. Los tiempos van muy rápido. Quizás no escogí el mejor lugar para darme a conocer.

¿Te dejó algo?

— ¡Sí, siempre aprendo! Y me quedo con lo bueno. No existe para un artista mejor premio que el público. Eso es más que suficiente y es algo de lo que estaré agradecida toda la vida.

— ¿Internamente el programa fue igual que lo que se mostraba?

— Cuando estás ahí dentro se te van los días y las fechas, y estás cómo metido dentro de una cápsula. Es algo raro. Nunca imaginé que Sonando… tuviera el rating de seguidores aquel. ¡Es increíble! En la final me di cuenta de todo. Fue como despertarme. Muchísimas personas fueron con pancartas y carteles lumínicos a apoyarme. ¡Eso no tiene nombre! ¡Tienes que estar ahí para vivirlo! Soy una artista del pueblo y eso me enorgullece cada día. Sonando en Cuba me dió la visibilidad. Desde el 2017 no paso inadvertida. He aprendido que el público te salva o te hunde. Creo que he corrido con suerte.

Aunque no ganaste, tuviste un premio…

¿El famoso premio por el que tanta gente me pregunta en la calle? ¡Nunca fue! ¡Ese famoso viaje con el coach y tal nunca sucedió! La razón la desconozco. Eso es algo tan puntual en un concurso… porque la gente se queda esperando eso… ¿sabes?  Es fatal anunciar los premios y que después no se cumplan. A mí no me importó, pero ¿y el público? Ese sabor amargo se le queda a la gente.

Vayamos un par de años atrás. Háblame de Rent.

¡Rent! Yo conocía el teatro musical de antes, por la misma ópera y por muchos pastiches que hacíamos de teatro musical, pero Rent sin dudas fue un giro.

El casting duró como dos meses y fue durísimo. El equipo de Broadway vino a Cuba con la idea de trabajar aquí del mismo modo que se trabaja en cualquier parte del mundo cuando haces un musical. ¡Eso aquí no funcionó! 

¿Por qué? Ponme un ejemplo.

Todos los días eran cast de cualquier parte musical de la obra, lo mismo me tenía que aprender  el dúo de Maureen y Joanne, que al día siguiente me pedían una parte de cualquier otro personaje. El cast de danza igual. Éramos muchísimos. ¡Ahí estaba toda La Habana! ¡Imagínate! ¡Trabajar en una producción de Broadway, nada más y nada menos que Rent!

Cuando pasaban los días veías que iba faltando gente… mucha gente se quedó en el camino. Yo aprobé el casting, pero no para el personaje de Joanne. Yo aprobé como swing. Recuerdo que quedamos cinco chicas en aquella categoría que nadie entendía. Después fui comprendiendo el concepto. Ser swing, en buen cubano significa aprender cada personaje femenino de la obra con todo lo que ello requiere y hacer banco hasta que el actor que está en escena le suceda algún imprevisto. ¡Ahí entras tú! En nuestra formación profesional eso no existe  y aquello hirió a muchísima gente, empezando por mí. Pero en el camino iba aprendiendo cada día más, mientras me preparaba y estudiaba mucho.

¿Cómo acabaste haciendo Joanne?

Ellos, los de Broadway, me vieron desde el principio en el personaje de Joanne, que fue el que siempre quise. Me esforcé por él. Y para que veas las cosas de la vida… ¡Estrené yo ese personaje! Rent es una obra que amo desde el primer día, desde la historia que cuenta, hasta las más difíciles armonías. Imagina que estuvimos en cartelera durante tres meses, todos los viernes, sábados y domingos. Eso te entrena de una manera descomunal. Tuve días que pensaba que no iba a poder cantar. Es un tren que no para y te agotas… pero la energía del público era tan linda… El Brecht se repletaba en cada función. Tengo amigos que vieron todas las presentaciones. Siento que el público agradeció mucho Rent. Mucha gente me pregunta todavía cuándo lo van a repetir.

¿Esta experiencia te dejó algo más?

Ahí aprendí a ser fuerte.

***

En uno de sus nuevos proyectos, Teresa da un nuevo giro. Al menos con respecto a lo que hemos hablado en esta entrevista. El punto de partida es una canción que trata de cómo una mujer comienza a comprender que está en una relación que le hace daño emocionalmente y de cómo logra romper el ciclo de toxicidad y violencia. La protagonista consigue terminar la dependencia, seguir adelante. El  proyecto involucra otras artes escénicas, además de la música y me ha pedido que no hable mucho de él.

Trata sobre historias personales, íntimas, sobre esperanza y miedo, amor y violencia, fe y resistencia. Son, a la vez, historias increíblemente universales, donde están representadas otras mujeres, que al final son ella misma.

“La composición es un proceso nuevo en mi vida”, me dice, “algo que estoy descubriendo”. Cuando se siente motivada, para Teresa no existe una barrera que contenga la creación. Empieza a jugar con la música, a sacarla de sí misma, a tocar mientras su mente y la inspiración la “hacen volar” fuera de la sala de su casa, de la soledad y de la compañía, del mundo.

Su arte, insiste, nace de la observación de las cosas que (le) suceden  cada día. Los personajes y temas sobre los que escribe son dibujados en su mente y después perfeccionados. Dice que este nuevo camino que ha comenzado a recorrer poco tiene que ver con el canto lírico, el gran musical estadounidense o la música popular cubana. Es fusión, rap con soul y rumba.Todo eso mezclado con la fuerza pasiva de la ópera y una capacidad de conectar extraordinaria. Son canciones informadas, que hablan de las cosas que preocupan a las mujeres de todo el mundo. Personalmente, me hace pensar en el recorrido de la argentina Nathy Peluso, quien además es según su propia confesión, una de sus influencias actuales. 

Teresa es un tipo de  intérprete muy honesta, que te dice de antemano desde dónde se posiciona. Tiene una sinceridad profesional instintiva  que no es otra cosa que la pasión y la verdad de una artista enfocada en darle sentido a la vida.

Como ella misma  admite, su estilo es, en definitiva, uno que valora el empoderamiento femenino y con el que muchas mujeres que conoce se identifican. 

“La música es un lenguaje y ya por ello es un arma. ¡Es mi arma! No podemos olvidar que somos comunicadoras, que desde los primeros acordes y la primera melodía una está enviando un mensaje; y si viene acompañado de una buena letra, pues mejor. Ahora mismo hay muchos movimientos en avanzada con el empoderamiento de la mujer en la música. Mujeres que buscan cantar y alzar sus voces. Soy feminista, así que ¿por qué no sentirme parte de esa corriente? Hago música para todos, desde mi sentir, mi sensibilidad, con el corazón abierto. Particularmente, pienso que las mujeres estamos ahora en un momento de luz. Discriminación, menos oportunidades, obstáculos, acoso, siempre ha habido. Quizás en 2021 se vean un poco menos, pero existen”.

— ¿Cómo crees que pueden las artistas luchar contra eso?

Con lo que sabemos hacer, desde nuestra música, desde nuestras experiencias y voces. 

Ernesto Eimil

Periodista. Admiro en la literatura y la música todo lo que sea específico y directo, lo obsesivo y perfeccionista. Trabajo para hacer algo sincero y orgánico. Siempre me acuesto después de las 3.

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