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Reseñas Fotos: Adrián Juan Espinosa. Tomadas del la página de Facebook del Teatro Martí

Teatro Martí: entre la trova tradicional y el jazz sinfónico

Los 140 años de vida del Teatro Martí y la década de su reapertura, no pudieron celebrarse mejor: el maestro Frank Fernández y la Banda Nacional de Conciertos se unieron en función única que permitió a un amplio público alzar simbólicamente la copa por fechas tan significativas.

Emblema de la vida cultural habanera como sede privilegiada de teatro, danza y música desde su lejana fundación, y recuperado por iniciativa del irrepetible Eusebio Leal, el coliseo de la Habana Vieja sigue prestando su hermoso recinto para los mejores exponentes insulares y foráneos.

En esta ocasión, el programa Cantos de amor y una rapsodia sintetizó el espíritu de una tradición que —aun en medio de condiciones nada favorables— insiste en llevar a sus espectadores lo mejor del pentagrama cubano y universal mediante producciones cuanto menos decorosas, equiparables con las de cualquier latitud.

Fotos: Adrián Juan Espinosa. Tomadas del la página de Facebook del Teatro Martí

Bajo la dirección general del propio Fernández y la producción de Alina González, el jazz, lo sinfónico y la canción se dieron la mano en casi dos horas de una música que ignoró (cuando no fundió) las presuntas barreras genéricas y temporales, y esas cada vez más absurdas líneas divisorias entre lo culto y lo popular.

Con una trayectoria que le ha conferido los más prestigiosos reconocimientos, la Banda Nacional de Conciertos —y la dirección titular del maestro Igor E. Corcuera—, esta vez bajo la batuta del maestro invitado Moisés Hernández, lució su empaste instrumental, fuerza tímbrica y colorística en una primera parte recreando ciertos estándares jazzísticos.

The Blues Roar (Slide Hampton, con arreglo de Bob Lowden), Rock of Age (Thomas Hasting) y el tradicional Jericho (ambos orquestados por Camp Kirkland), permitieron aplaudir un ensemble que nos acercó a la riqueza de ese jazz primigenio y a la vez renovado, con variaciones e improvisaciones exquisitas.

Fotos: Adrián Juan Espinosa. Tomadas del la página de Facebook del Teatro Martí

El talento de sus integrantes y la cohesión de sus secciones (cuerdas, vientos, percusión) emuló en todo momento la gracia y el vuelo de las mejores big bands, trasladándonos a los legendarios clubes de New Orleans o Manhattan.

La entrada de Frank como solista al piano confirmó que entre un lied operístico o una de esas inmarcesibles canciones de la trova tradicional no hay esenciales diferencias, de modo que las teclas bordaron lo mismo Perla Marina, de Sindo Garay) o Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig, que el Ave María de Shubert.

La afinidad de Frank con el norteamericano George Gerswhin ( 1898-1937) es fácil de entender teniendo en cuenta que, como el autor de la ópera folk Porgy and Bess y tantas canciones para el cine y musicales de Broadway , nuestro coterráneo tampoco —ya lo decíamos— conoce límites entre lo sinfónico y lo popular.

Frank Fernández y el también saxofonista maestro Jorge Sergio Ramírez, se unieron desde sus respectivos instrumentos en el Homenaje a Gerswhin de Walker Barker (transcrito por Norman Milanés), inspirada pieza que recrea algunas de las claves en la poética del gran músico, y donde ambos virtuosos se lucieron en una elegante simbiosis.

Fotos: Adrián Juan Espinosa. Tomadas del la página de Facebook del Teatro Martí

De sólida formación, estudiando y ejecutando a referentes imprescindibles como Bach, Liszt y Ravel —cuya influencia puede apreciarse a lo largo de su obra— , Gerswhin también se volcó a elementos y ritmos de la cultura popular, dentro de la cual el jazz ocupó un papel protagónico. Prueba de ello es su emblemática Rhapsody in Blue, donde se conjugan magistralmente la tradición popular pianística, el tratamiento armónico de la música del teatro de variedades y la atmósfera del blues afronorteamericano, lo que, unido a la impronta sinfónica de todo el tejido musical permite comprender el título de “sinfonista del jazz” que muchas veces se aplicó al compositor y director de orquesta.

Entonces, como perla de la corona, sonó la aplaudida rapsodia: al pianista y el saxofonista (desdoblado ahora en director orquestal) se unió la banda guiada por su batuta. Juntos, entendieron y proyectaron con autenticidad los encrespados pasajes de la obra. Siguiendo la orquestación de Ferde Grofé, recibimos en todo su esplendor los segmentos ora lúdicos, ora graves o dramáticos que hacen de la pieza una verdadera fiesta desde la fusión de lenguajes y la imaginación creadora.

Fotos: Adrián Juan Espinosa. Tomadas del la página de Facebook del Teatro Martí

Fernández, de naturaleza apasionada y a veces impetuoso y desbordado en sus ejecuciones, estuvo todo el tiempo ajustado y preciso, tanto en los solos como en su integración al ensemble, formando entre todos una suerte de único instrumento, que el director logró conducir con esmero y conocimiento de causa.

Noche de la mejor música, de los mejores intérpretes, de un público agradecido y cómplice, este brindis por y desde el Teatro Martí constituyó otra de las funciones que, más allá de la preciosa instalación, han hecho y continúan haciendo historia.

Frank Padrón Más publicaciones

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  1. Luis Molina Dominguez dice:

    Fue una tarde noche espectacular. Un concierto divino, de lujo y por todo lo alto. Programacion de altos kilates. Nos hizo emocionar y aplaudir hasta la saciedad. Bella fusión de lo culto y lo popular.

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