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Entrevistas Foto: Tomada de el perfil de instagram del Teatro El Portazo (@teatro.elportazo)

Teatro El Portazo: “Nuestra poética no se concibe desde el silencio”

A cada rato siento perder el país

Roly Berrío

 

No queda casi nada aquí de lo que fuimos. Eso lo siento todo el tiempo. Por tanto, siento que quiero volver. Volver a cuando los parques estaban llenos, y no nos desvelábamos tanto; pero también volver a un tiempo que nunca viví, donde el país era todo fiestas, y guirnaldas.

Para vivir eso que —creo— fuimos siempre voy a la música y al teatro. Por eso, a cada rato, quiero regresar a esa suerte de República dulce y luminosa que es Teatro El Portazo. Porque ya casi no tendremos país, pero al menos nos queda en la memoria esa Isla, esa suerte de patria que se hacía al entrar a cualquier espectáculo del grupo matancero.

Desde su primer espectáculo, Por gusto, Pedro Franco, director del grupo “encontraba un orden a partir de la sonoridad”. Y así, a través del forjamiento de su “sello” fueron incorporando cada vez más música: “casi podríamos decir que en el principio es la música para nosotros. Con el tiempo aprendimos a darle usos narrativos, discursivos, pero siempre marcó la atmósfera y el tono en que me movería en todos los montajes. Desde Por gusto hasta la fecha la puesta en escena comienza a dibujarse por la banda sonora”.

A Pedro he tenido el placer de verlo batido en el trabajo, caminando por Holguín, o enfrentándose a una ola de público que quería irrumpir en el Centro Cultural El Almacén, de Gibara. Se ponía CCPC, la República Light. Yo estaba dentro, y vi a una mujer llorar ante la escena de la violencia de género; afuera, cuentan que una madre gritaba que tenía tres hijos, y que lo único que pedía era entrar a ver una obra de teatro. Recuerdo a Pedro caminar inmutable, intentar calmar la situación y lograr una función en la que todos vibramos como si fuera la única vez que nos sintiéramos país, y no islas dispersas.

Yo no creo en etiquetas, ni en fórmulas exactas de cubanía. Creo, en cambio, que la cubanía es un sentimiento, mucho de nostalgia y de risa triste, mucho de sobrepensar en silencio. Creo que el teatro que hacemos es de lo poco que nos queda como muestrario de nuestra cubanidad. Por eso puedo decir que las obras más musicales de Teatro El Portazo son cubanas, cubanísimas. No por sus personajes arquetípicos ni su lenguaje callejero, para mí lo cubanísimo del Portazo está en esa expiación de los dolores que termina en canto, porque “no hay que llorar”, hay que cantar para que se vayan las penas. Así, en cada espectáculo, la música pacta la comunión entre cada persona del público y cada actor. El Portazo en México, yo en Holguín. Le escribo a Pedro y responde, siempre responde. 

¿Bajo qué criterios hacen la selección de los temas?

Diversos. El tema ideal para mí sería uno que me acerque al espectador. Que funcione como una herramienta evocativa, discursiva, narrativa o movilizadora. Busco su integralidad. Si la encuentro, construyo alrededor del tema la unidad escénica. De ahí que cada vez necesitara más música en mis espectáculos, y terminé incursionando en el formato musical con Todos los hombres son iguales

Intento utilizar la música en función de la producción de sentido, si me hace viajar en la intimidad del estudio y la búsqueda, establezco un reto conmigo mismo de intentar traducirlo en el lenguaje de la escena. Compartir ese estado. Este proceso acontece con Ave María por Cuba de José María Vitier, y con Bajanda de Chocolate MC. Cualquier género produce sentido para mí.

¿Cómo crees que la música cubana enriquece y complementa la experiencia teatral?

Supongo que como mismo enriquece y complementa la identidad del cubano. Te activa una zona raigal. No sabría decirte si el teatro cubano, en su mayoría, está utilizando música cubana en sus producciones, me gustaría pensar que sí. Pero he podido comprobar que casi siempre es un recurso acertado introducir música cubana en un espectáculo. Se establece una conexión por otra vía que es aprovechable. El teatro se vale de diversas disciplinas, entre ellas la música, para levantar la ficción. Un uso inteligente y riguroso de la diversidad de la música cubana en escena siempre será bien recibido por el espectador al que aspiramos. 

¿Cómo se construyen los espectáculos? ¿Se selecciona la música según el texto o se escribe a partir de la selección musical?

No hay manera única de construir un espectáculo. Yo siempre he llegado por la música, pero hay infinitas vías. En mi caso esa abstracción que es la idea, me impulsa a buscar una música que la sostenga, que la dibuje y, por último, llega la forma, el montaje, que es la zona más caótica del proceso. Hay autores que sugieren el tema musical, a mí me gusta sorprender al espectador con la banda sonora, me gusta provocar cierto rescate de la memoria colectiva, considero muy poderosa esa complicidad. 

¿Cómo han evolucionado los espectáculos y cómo se han enriquecido a lo largo de los años?

Yo siento que [han evolucionado] influenciados por las circunstancias en las que han nacido. La concepción, producción y creación de un espectáculo depende de muchas variables. La labor de dirección es responsabilizarse de la armonía de todas ellas en función de la concreción y éxito del proyecto. Por ello, el crecimiento de una agrupación y sus puestas en escena estará determinada por las circunstancias en las que le toque desarrollarse, y su relación con estas, su percepción y capacidad de resiliencia. El enriquecimiento viene con la expansión de la experiencia y los objetivos. La curiosidad de empujar el límite al que se ha llegado. Asumir esta necesidad de poner en riesgo todas las certezas genera una tensión e incomodidad que propicia el crecimiento, la evolución. Es una operación sacrificial. Este movimiento interno se refleja contundentemente en los resultados. 

¿Cómo ha reaccionado el público mexicano a puestas en escena con tanta “cubanía”, con tantos chistes y referencias internas?

Yo siento que muy bien. A México trajimos versiones de nuestras puestas en escena Por gusto y El Recitalito…, aunque hemos mostrado escenas de CCPC por nuestra vinculación al movimiento de cabaret mexicano que es muy potente y nos ha dado una cálida acogida. La intención de la puesta en escena se entiende por las audiencias. Obviamente se pierde la zona referencial, pero la comunión que se genera en el encuentro de dos culturas es un espacio muy noble desde donde trabajamos y nos comunicamos. Los espectáculos se disfrutan y generan curiosidad. Formamos parte de una Cuba que desborda el espacio de la noticia y la promoción de agencias de turismo, ver fragmentos de una sociedad sobre escena posibilita un acercamiento verdadero. Más allá del imaginario que se tenga de Cuba. Además, el pueblo mexicano es por lo general amistoso y hospitalario con el artista cubano. La experiencia en general ha sido muy buena y enriquecedora. 

¿Háblame de Azúcar, del formato que implementarán y cómo ha sido la concepción y el desarrollo de este espectáculo? ¿Para cuándo se prevé el estreno?

Azúcar es una bendición, es un proyecto en gestación que nos dará la oportunidad de acercarnos a la figura de Celia Cruz. He podido constatar que nuestra visión sobre La guarachera de Cuba es muy limitada desde la Isla, nos quedamos en lo anecdótico en el mejor de los casos, entre su dolor por Cuba y lo rutilante de su éxito. Pero acá hemos tenido la oportunidad de sopesar su impronta, su limpísimo ejemplo y significación para la comunidad latina. Esto nos pone en un gran compromiso. Será un espectáculo escénico y musical que recreará un programa de televisión llamado AZÚCAR dedicado a la mítica figura de Celia. Intentamos recorrer su carrera y los sucesos de su vida que forjaron ese carácter conquistador de millones de seguidores. A manera de revista musical, con músicos en vivo y cuerpo de baile, los actores encarnarán varios personajes que articularán ante el espectador la vida de Celia Cruz, rindiendo tributo a su existencia. Me gusta pensar en un tributo no solo artístico, sino generacional. Siento en este proyecto la posibilidad de contribuir a saldar una deuda, que es infinita, pero se siente bien caminar en la dirección correcta. Está en proceso de preproducción y cuenta con la colaboración de varios creadores cubanos y mexicanos. Los productores comprenden y abrazan el proceso de investigación y montaje y eso ha sido fundamental para afirmar que el proyecto tiene garantías de rigor y verdad. Tiene su proyección de estreno en 2025. Es lo que puedo adelantar por ahora, pero se ha convertido en mi pasión.

¿Hasta qué punto el cancionero cubano ha definido la estética del Portazo en estos más de 10 años?

Parte de nuestra audiencia tiene recuerdos vívidos de la banda sonora de nuestros espectáculos. Y gran parte de esa banda sonora es música cubana. Son música y textos generados por intérpretes y compositores que forman parte de una etapa histórica, o han sido incorporados a nuestro almacén emocional por acompañarnos en un segmento de nuestra vida. Pero lo fundamental ha sido que el material utilizado del cancionero cubano tiene la capacidad de aglutinarnos alrededor de una idea, de una emoción, de un discurso. Solemos narrar y manejar los ritmos y los efectos dramáticos a través de la música, y solemos ser celosos con el repertorio seleccionado. Podría afirmar que nuestra poética no se concibe desde el silencio. Y todo esto ha sido posible afirmarlo por la presencia de la música cubana en nuestras obras y comprobar la aceptación del público. Si funciona, no lo toques.

foto de avatar Anyi Romera Niña/Cajita de Música que juega a ser una mariadelcarmen. Sorteadora de insomnios y escribiente a medio tiempo. No soy yo, son los demás. Más publicaciones

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