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Reportajes Sexualización de la mujer en fiestas de Cuba. Ilustración: Jen Ancízar. Ilustración: Jen Ancízar.

“Mujer atrae hombre y hombre gasta”, sexualización en proyectos de fiesta en Cuba

La muchacha, intrigada, pregunta por qué el precio de su entrada es menor que el de su amigo. “Mujer atrae hombre y hombre gasta. Son solo modelos capitalistas de negocios”, le explica el encargado de diseñar y aplicar estrategias de ventas de la empresa organizadora del evento.

Detrás de la puerta hay muchas luces, escenografía y bocinas ensordecedoras. Hay un DJ que anima el baile, y a las mujeres solteras que le respondieron luego del llamado, les dice que no sean tímidas, que la mojigatería no se premia.

En la entrada un cartel reza: “Mujeres gratis hasta las 12:00”. Luego de esa hora el cover para ellas cuesta 300 CUP. Para los hombres 500 CUP, especifica. En la misma puerta, hace unas semanas, otro cartel dictaba: “Las mujeres con el culo que mida más de 65 cm entran gratis a la fiesta”. Y sí, ese día hubo quienes llegaron con sus cintas métricas y, agradecidas con sus nalgas, entraron como “privilegiadas”.

“Mujeres solteras entran sin cover” o “Chupito de bienvenida para mujeres” son solo los entrantes de toda una carta de formas de violencia que se pueden manifestar en estos espacios festivos. Así lo constataron 176 personas de un total de 237 que respondieron una encuesta sobre la sexualización de la mujer en proyectos de fiesta, y que se tomó como punto de partida para esta investigación.

Lo que es peor, 192 personas afirman no conocer ninguna vía para denunciar este tipo de violencia. Lo han notado en bares, conciertos, piscinas, restaurantes, fiestas universitarias, actividades al aire libre y descargas. En obras de teatro, eventos privados, carnavales y “cualquier lugar donde haya una fiesta”. Sin embargo, solo 83 personas lo perciben claramente como un problema.

Promoción de un evento en un bar en Cuba.

Las experiencias narradas bajo el anonimato son tan diversas como las formas de ejercer la violencia. Algunas parten de la naturalizada violencia simbólica y otras llegan, incluso, a la violencia sexual. En cualquier caso, ninguna puede continuar siendo naturalizada o justificada bajo “el escote excesivo de los atuendos de mujeres”, “los bailes provocativos” o lo “candelita que una pueda llegar a ser”.

Se manifiestan desde “el hecho de que solo contraten a mujeres en vez de hombres para atraer potenciales clientes, además del vestuario de las mismas” o “con los estereotipos que exigen contratistas donde las meseras siempre son mujeres jóvenes con cuerpos bellos, casi siempre blancas y llevan ropa que si bien no es del todo provocativa, hace que se marquen muy bien sus nalgas, etc.”, narran dos hombres de 25 y más de 36 años, respectivamente.

“Hacen juegos de participación o competencias del tipo ¿qué mujer lleva la ropa interior más sexy?, haciendo que muchas muestren su cuerpo casi desnudo frente a todas las personas”. “He visto al animador de la fiesta llamar a todas las mujeres y decirles que abran la boca para echarles alcohol”, dice una joven que apenas sobrepasa los 15 años y asiste, ocasionalmente, a eventos organizados por proyectos de fiesta.

“Una vez comencé a trabajar con un proyecto donde se veía esto en cada fiesta y una amiga era una de las modelos que, además de usar lencería debía usar arneses de cuero”, cuenta una mujer que ronda los 22 años y asiste una vez al mes a estos espacios. 

“Se han acercado a mí, me han tocado, me han faltado el respeto sin yo haber dado un mínimo de aprobación, y también he visto cómo se lo han hecho a otras”, escribió una mujer de unos 23 años, que asiste varias veces al mes a este tipo de eventos. 

Promoción de un evento en un bar en Cuba.

Entre los testimonios aparecen a veces estas declaraciones: “como está tan normalizado, ni siquiera había pensado en eso” o “es algo que ya noto como común porque es la norma prácticamente”. 

Aunque también está quien no ve problema en ello. Según declaró una modelo de la agencia de modelaje Planet Talent, perteneciente a Planet Records y, que prefirió mantener anónima su identidad, “esto es un trabajo común y corriente. Hay gente fuera del medio que hace lecturas erróneas y son ellos quienes sexualizan. Yo en un videoclip jamás me he sentido sexualizada. Pero sí me sentí muy puta, por ejemplo, el día del [bar] 2.45 cuando llegué y me vistieron con lencería”, afirma. 

“No es lo mismo hacer una fotografía desnuda que artística. Una cosa puede ser vulgar y otra puede ser arte. Todo depende del contexto”, concluye.

Justamente, en ese carácter de invisibilidad y sutileza recae el peligro de la violencia simbólica que, según la doctora Isabel Moya, “además de construir en sí misma una agresión, se convierte en normalizadora de otras manifestaciones, como pueden ser la violencia verbal, física, sexual, psicológica o económica”.

Pero, ¿de qué hablamos realmente? ¿Qué es la sexualización femenina? ¿Dónde termina el empoderamiento y empieza el provecho ajeno?

Para Lirians Gordillo, periodista e investigadora experta en temáticas de género, cuando se habla de sexualización no se hace alusión directa a la sexualidad en sí misma —que no constituye nada negativo, porque todos tenemos sexualidad— sino a la erotización del cuerpo femenino: “Esto significa reducir nuestra identidad a ese erotismo, o en este caso un ’exotismo’”. Un cuerpo que está pensado y representado para un otro. Un otro que no es cualquiera, no es una mujer, no es solo un hombre, sino un hombre heterosexual de edad media y de cierto poder adquisitivo, que casi siempre viene siendo el público de esa hipersexualización o sexualización de las mujeres.

Ilustración: Jen Ancízar.

Ciertamente, parte de los derechos de las mujeres es el apropiarse de su sexualidad y su cuerpo desde un punto de vista consciente, desde lo individual y los colectivos, afirma Lirians.

Sin embargo, añade, en completo acuerdo con lo planteado por Pierre Bordieau en su texto La dominación masculina, “el patriarcado no solo domina con la violencia, sino que también te seduce. Comienza a tratarse de privilegios, seducciones y opresiones”.

Forma parte de la libertad sexual y el empoderamiento de las mujeres el que puedan ser libres de disfrutar su cuerpo pero,qué pasa cuando hay un tercero, que a su vez está pensando en un cuarto, y las está utilizando a ellas, no como beneficiarias de esta estrategia de promoción, sino como parte de un sistema en el que su participación se resume a su presencia y vale, en ocasiones, el precio de una cerveza.

Promoción de un evento en un bar en Cuba.

Eddy Víctor Flores Astengo, CEO del proyecto Jey Project explica mejor este fenómeno desde su experiencia:

“No se ve de forma directa, pero indirectamente para hacer un flyer es mejor tener un cuerpo o rostro femenino, como mismo lo es buscar modelos mujeres que modelos hombres para el proyecto. Esto va ligado a que los hombres en los bares son los que gastan más dinero, y si se sienten rodeados de mujeres pueden ser propensos a gastar más”.

Las estrategias de publicidad, según explica Samuel Hinojosa, productor artístico del proyecto Habana Star, se enfocan en un buen evento, buen espectáculo y buenas ofertas gastronómicas. “Y aunque siempre se concibe como inclusiva para todo público, se intenta favorecer a las mujeres con ofertas atractivas por lo que significa que haya mujeres en una fiesta”.

Ilustración: Jen Ancízar.

Ilustración: Jen Ancízar.

Es entonces cuando, ante el paraíso que supone que “haya mujeres en una fiesta”, toca preguntarse si existe algo o alguien que regule, en general, lo que está permitido que ocurra en este tipo de eventos.

Durante la investigación para este reportaje, se entrevistó a un total de cinco directivos de proyectos de fiesta (Hashtag Eventos, Habana Star y Jey Project), quienes coincidieron en que no existe un ente regulador de su trabajo, lo que no quiere decir que no deban cumplir con sus compromisos tributarios como cualquier trabajador por cuenta propia o Mipyme. 

Las inscripciones de este tipo de proyectos, según explica Hinojosa, deben hacerse como proyecto audiovisual, no como proyecto de fiesta propiamente. 

“Para poder inscribir el proyecto debe haber un espectáculo artístico (bailarines, músicos, etc.). Y se hace en las diferentes empresas de cultura. Lo bueno es que luego puedes hacer contratos con entidades estatales”, agrega.

Sin embargo, por la complejidad del proceso de inscripción, y lo burocrático que puede resultar, no es un camino que sigan todos los proyectos, por el contrario. “Son muy pocos quienes lo hacen”. En esto coinciden las fuentes desde los distintos proyectos.

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En la Cuba de 2024 las regulaciones vigentes prohíben a los bares y otros centros privados hacer una programación cultural al margen de las instituciones.

Desde el pasado septiembre de 2021 fue aprobada en territorio nacional la Resolución 41, donde se establecen los principios y las bases de la programación cultural del país, que según lo estipulado en ella debe ser cumplida por todos los actores de la sociedad que gestionan espacios donde se ofrece programación cultural.

A su vez, existe el polémico Decreto Ley 349, que prohíbe la exhibición de imágenes o manifestaciones, tanto en presentaciones en vivo como en materiales grabados, que denigren a la mujer o reproduzcan otras formas discriminatorias. Sin embargo, al no estarse aplicando dicho decreto no existe un mecanismo sancionador que limite la impunidad que pueden llegar a tener estos centros privados. Como única vía de “control” quedan entonces las acciones que pueden tomar el Ministerio de Trabajo y los cuerpos legales asociados a él.

Ilustración: Jen Ancízar.

¿Qué hacer entonces en un escenario en el que, lamentablemente, estas actitudes se consolidan?

Lirians Gordillo considera que estos comportamientos sexistas permanecen porque todavía hay muchas personas educadas en patrones y comportamientos patriarcales, por lo que la principal labor debe ser precisamente esa: la educación.

“Las cubanas hemos ganado en autonomía y derechos sexuales y reproductivos, lo tenemos naturalizado, pero aún nos falta por desmontar la concepción patriarcal que tenemos. Quienes despertamos la mirada crítica lo hacemos en la universidad, cuando debiera ser en edades más tempranas. Es muy importante, además, el activismo y la denuncia desde espacios especializados que puedan estudiar y demostrar lo nocivo de este tipo de acciones”. 

Lograr un poco más de empatía y sensibilidad. Replantear modelos exitosos preestablecidos que estén sustentados en el uso del otro o el aprovechamiento de una vulnerabilidad, y construir(nos) como personas más humanas, ha de convertirse en el deber ser de todos y todas, esté en el escalón que esté dentro de la industria del ocio, para que mañana, más que hombres que consuman, las mujeres sean vistas como entes que atraen cambios.

foto de avatar Daniela Dashiel Hija de Centro Habana. Aprendiz de Periodismo y experta en procrastinación. Más publicaciones
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