Fragmento de la portada del álbum Que hablen, de Laritza Bacallao.
Fragmento de la portada del álbum Que hablen, de Laritza Bacallao.

Que hablen / Laritza Bacallao

5 minutos / Senén Alonso Alum

16.06.2021 / Reseñas

Fresco está todavía el más reciente álbum de Laritza Bacallao, artista que retoma la producción musical después de siete años de ausencia. Tras una extensa temporada de giras nacionales y foráneas (Estados Unidos, México, Europa, Bahamas, entre otros) la popular intérprete está de vuelta en su Isla, ávida de terruño y canción. Sus fanáticos han recibido el retorno amparados en el grato recuerdo del iniciático Sólo se vive una vez (Planet Records, 2014). Y es que, precisamente, Que hablen (Puntilla Music, 2021) llega abarrotado de expectativas que se fraguaron en la prórroga creativa de la cantante.

Tras participar siendo niña todavía en el fonograma La Orquesta Aragón presenta a La Princesita del Cha Cha Cha (Comercializadora Artesafono, Venezuela, 1997), Laritza protagonizó —casi dos décadas después— un debut discográfico pleno, lleno de exitazos radiales. El tema Sólo se vive una vez, junto al chispeante Carnaval, así como el veraniego Que suenen los tambores y la gozosa ruptura de Se te fue el avión, se volvieron habituales en el tarareo popular. Así, con este pedigrí sonoro de respaldo y garantía, Que hablen espera hoy por su descarga en las principales plataformas musicales.

El LP reúne 12 piezas donde la cantante prescinde de artistas invitados. La mayor novedad con respecto a su trabajo anterior resulta, tal vez, su incursión en interpretaciones anglófonas. El clásico All By Myself, de Eric Carmen, deviene un estallido melódico bajo la bien timbrada voz de Laritza, habituada a sostener versos de altísima tesitura. Asimismo, Run To You, de Jud Friedman y Allan Rich e interpretada por Whitney Houston, despliega con la Bacallao una base rítmica tropical, saxofón salseado, que conecta con lo mejor del jazz afrocubano, al tiempo que complementa, con lo acústico, la candidez pianística del tema original.

Ese hombre, del prolífico Manuel Alejandro, popularizada por Rocío Jurado, completa la tríada de “homenajes”, exhumaciones sonoras que arropan de tradición al álbum. Esta oda al despecho, temática apreciada por el escucha latino, finaliza aquí con los coros típicos de la salsa, una invitación al regodeo en el baile. Retomando esa celebración vital que la retrata, Laritza concentra en Sería perfecto todo su entusiasmo como intérprete. Un hálito festivo recorre el tema, transita sus acordes, motivando la cadencia (el desorden, en mi caso) de las piernas, ansiosas de ajetreo.

Se acabó, se acabó, por su parte, abre con un solo de guitarra que hace un guiño flamenco a la pieza, favoreciendo así la mixtura de géneros, seña de identidad para este fonograma. Igualmente, la canción cuenta en el propio álbum  con una versión “acústica”, mucho más sobria en el empleo de instrumentos y sintetizadores. Esta alternativa, pese a renovar la factura musical del tema, atenta contra la originalidad, elemento que también se resiente si tenemos en cuenta los covers mencionados anteriormente. En este aspecto, la Bacallao no retribuye el precio de su ausencia: después de siete años solo nos ofrece ocho pistas totalmente nuevas.

Al interior de la placa, la música popular bailable confluye con el sonido urbano, originándose una simbiosis estilística que muchos han convenido en denominar “timbatón”. La coalición genérica, alianza entre la timba, el pop y la salsa, con preeminencia para el reguetón, tiene lugar en Hablando claro, donde prevalece el ritmo electrónico, acelerado. La letra sugiere un encuentro adúltero, consumación de la infidelidad, tema muy frecuente en la música urbana, en la sonoridad de la calle.

Laritza Bacallao es una artista atrevida, audaz, parece llevar la osadía como divisa. Sabemos que la música popular bailable —más allá de fusiones, mezclas y ramificaciones— se instituye como un contexto relativamente adverso para las mujeres, dominado casi en su totalidad por hombres. En un medio con estas distinciones, la cantante ha sabido descifrar la clave para la idolatría popular, consiguiendo la aclamación de puristas y liberales, ofuscados en dilucidar los límites “científicos” de la salsa. Este, precisamente, será el género defendido en el tema homónimo del álbum.

Que hablen inicia camuflado en un background de condición reguetonera, repetitivo en su clave rítmica, para luego sorprender con la incursión de trompetas y percusiones. Favorecida por la estridencia de su voz, la cantante censura a los hipócritas y se mofa de los envidiosos, en constante murmuración del bien ajeno. Habiendo aclarado su posición, se hace acompañar de un coro que duplica sus versos, liberándose de la atadura latente bajo el rumor y la duda.

Laritza Bacallao tiene su público, se ha fabricado su propia audiencia. Puede que esta obra no alcance la popularidad de Sólo se vive una vez (las comparaciones se antojan inevitables cuando únicamente has producido un par de álbumes), pues el álbum de 2014 parece superar a este, sobre todo en variedad y originalidad. Para beneplácito general, ella ha declarado en sus redes sociales la preparación de un nuevo material, noticia que augura un próximo retorno, mucho menos dilatado que el primero. Mientras esto sucede, estaremos al tanto del fonograma y su recepción, a la espera de un contexto propicio para el baile y la fiesta, atributos siempre presentes cuando se trata de Laritza.

Senén Alonso Alum

Filólogo de profesión; inconforme por vocación. Investigador literario, historietista incompleto (mis trazos asombran) y aspirante (perenne) a escribidor, como me enseñó la tía Julia. Sigo intentando afinar mi oído musical.

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    Cynthia Cordero

    16.06.2021

    👌🏻


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