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Reseñas

Pueblo Griffo / Havana D’Primera

Con un repique de baquetas seguido por una carga de metales arranca Pueblo Griffo, el tema que da nombre al disco más reciente de Havana D’Primera. Alexander Abreu le canta a su barrio natal, en Cienfuegos y, como él mismo dijera en una entrevista, este trabajo representa la consolidación de los 16 años de una banda que lo ha dado todo.

Después del exitoso volumen Será que se acabó, que le valió una nominación a los Grammy Latinos 2021 en la categoría Mejor Álbum de Salsa, y el Gran Premio Cubadisco, el “cantor del pueblo” se aparece con una producción donde florecen la madurez y el engranaje entre los músicos.

Versatilidad es la palabra que define a los D’Primera en esta propuesta. Otra entrega apostándole, con el oficio que los caracteriza, a nuestra herencia, a la música cubana. Nos sitúan frente a una selva tropical de sonoridades, trillos serpenteantes entre montunos y mambo y jazz, que hacen parecer sencillas las ejecuciones cada vez más intrincadas.

El disco salió a la luz el pasado seis de septiembre de 2023 —coincidiendo con el cumpleaños 47 del trompetista y cantante—, bajo el sello discográfico Páfata Productions. Compuesto por una docena de canciones, dura una hora y tantico y las deliciosas melodías se van como nada.

Los más fanáticos seguramente lo escucharán hasta la saciedad, y encontrarán evidencias de la solidez de la agrupación. Se mantienen las columnas temáticas de Abreu: el infinito amor por la música cubana, la veneración a la mujer, su devota religiosidad, y el respeto por los mayores; narrativas cotidianas con las que el público se identifica.

El arte del disco, por las claras, nos anuncia a un Alexander muy frontal. Al interior de un teatro antiguo, hace un gesto sellando su boca con el dedo índice. La seña codifica la consabida advertencia para acallar a envidiosos y habladores, según él mismo dice en uno de sus temas. Si bien esta sigue siendo una espina punzante en grabaciones previas, ahora no deja lugar a dudas.

Cinco minutos es una canción que recuerda las tiraderas. Pese a que el morbo nos tienta a adjudicar un destinatario preciso, el compositor asegura que no fue escrita específicamente para nadie, sino dedicada al cúmulo de malos momentos en su carrera. Sin dejar de poner a la gente a guarachar, resulta la pieza donde más brilla el virtuosismo del grupo. Se siente la mezcla de influencias diversas: un poco de El Médico de la Salsa, Irakere, y Emiliano Salvador, jazzista fenomenal al cual le dedica todo un pasaje con trompetas.

Puede que en este género sea común escuchar a las bandas repetir como consigna el “respeto pa’ los mayores”. Aquí, Alexander Abreu no se queda sólo en palabras. Reconocer e incorporar lo que otros hicieron bien, le ayuda a aplanar el camino que ha ido construyendo.

En el tema Alabanza —a dúo nuevamente con Rubén Bulnes, ex cantante de Osain del Monte—, pide la protección de los ancestros, entonando una suerte de plegaria a músicos importantes para nuestra cultura bailable fallecidos recientemente. Por aquello de que honrar a los muertos sirve para vigorizar a los vivos.

Con un celo que la agrupación ya ha demostrado anteriormente hacia los covers, la versión de A Belén le toca ahora desempolva la pieza de Arsenio Rodríguez y que también popularizó el conjunto Rumbavana. Se trata de un delicioso momento de descarga “para bailar suavito”, donde sobresalen los solos de congas, trompetas y piano.

También se pueden reconocer referencias más contemporáneas a Juan Luis Guerra, la cultura urbana latina, y los coros pegadizos del reparto. Mostrando su capacidad para jugar con estos matices, Abreu sazona deliberadamente sus creaciones sin perder el sello.

Imagen tomada del perfil del artista

Distingue con su presencia Gilberto Santa Rosa en CU-PR, lanzado hace unos meses como el primer sencillo del disco: una combinación memorable que los intérpretes denominan “son timbea’o, mezclado con salsa buena”. Ambos se prodigan admiración y ensalzan el legado musical de las dos islas.

En Pueblo Griffo disfrutamos de canciones en torno al amor en sus diferentes facetas: como “medicina natural”, el resentimiento prolongado, las segundas oportunidades, las esquivas de la mujer coqueta… Por ejemplo, La chica del escenario recrea, con matices de Los Zafiros, esa mística de los amores que llegan por azar, y Secuestro, la consensuada sumisión ante la “salá” que te “rapta y te enreda”; siempre espolvoreado con el “mami”, “chuchi”, “titi” tan patriarcales y ya habituales en su interpretación.

El tema María Magdalena te entra por los pies, pues los primeros compases recrean uno de los himnos del reguetón puertorriqueño de los 2000, y conecta con cierta nostalgia melómana. Resulta increíble cómo se puede identificar al vuelo, aun cuando la polifonía instrumental lo hace sonar tan diferente, como ejecutado por una banda de concierto. Mediante una especie de rizos conectores, caemos sutilmente en una melodía sensual, que volverá a cambiar otras tantas veces.

Havana D’Primera pone sobre la mesa la crónica de personajes controvertidos que se dividen odios y afectos, encantadores del imaginario popular. Bicho malo habla del guapo carismático de barrio, y advierte el inevitable desenlace de estas historias. Bicho malo nunca muere…, lo matan.

Conocedores del efecto mágico en la cadencia de la gente, la banda calienta con el mambo hilvanando un sinnúmero de estribillos en una jerga popular. Los coros son otro ingrediente a su favor, a veces hasta más de uno en la misma pieza. Es muy refrescante la comicidad de Alexander cuando incluye gruñidos e interjecciones que subrayan el clímax de las canciones.

El disco conforma una experiencia que hipnotiza por el balance entre los temas más intensos y los más sosegados, y los momentos de genialidad individual y colectiva. No puedo dejar de admirar la suavidad con que las notas al final de ciertos temas se desvanecen en el silencio.

Como una radiografía interior, los versos nos llevan a los orígenes, no solo del músico, sino del ser humano en sí. Podemos notar el compromiso del artista con la obra, así como la humildad con que reconoce sus influencias. Eso hace que todo lo genuino que nos entrega le sea devuelto por el oyente con cariño y lealtad.

Ya imagino la vibra en los conciertos cuando suenen estos temas que, apenas a dos meses de estrenarse, suman adeptos al instante. Pueblo Griffo nos promete “una bola e’ timba”.

Eusebio Linares Barthelemi Más publicaciones

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