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Artículos Diseño: Jen Ancízar

Porque estás en el mundo… Marta Valdés

Marta Valdés nació para componer canciones. Ha vivido en el momento y lugar exactos para acuñar una obra musical originalísima, tanto en su lenguaje lírico como musical. A despecho de quienes alguna vez no creyeron en su trabajo, de quienes pretendieron ignorarla o ningunearla durante años, pocos compositores cubanos —si alguno— puede darse el lujo de reunir la pléyade de intérpretes (en cuanto a su calidad, sobre todo) que han versionado y siguen montando sus canciones. Si sus textos son reconocibles por su rotundidad y poesía vestida de sencillez, algunas de sus melodías y armonías han alcanzado —y apostamos a que lo harán más cada vez— la categoría de estándares. Magazine AMPM pidió a varios de sus intérpretes que dieran testimonio desde esa peculiar relación del artista con la persona que creó la obra que ha elegido interpretar. Aun cuando extrañemos aquí a voces tan relevantes y de tan estrecho vínculo con la obra de Marta como Miriam Ramos, Haydée Milanés y Sílvia Pérez Cruz, el conjunto de testimonios recogidos es de lujo, como lo son las versiones que compartimos con ustedes. 

¡Felices 90, Marta Valdés! Porque estás en el mundo, nos felicitamos.

Marta Valdés es de esas compositoras que llega a tu vida, se adentra, te perfora el alma, el corazón… y nunca más puedes sacarla de ti. Así me pasó aquella tarde cuando escuché por primera vez Llora, y desde entonces quedé atrapado por ese universo musical infinito que es su obra, de la que no he podido separarme nunca más. Siempre he estado atado a su música, que forma parte de la banda sonora de mi vida. He tenido la suerte de acompañar a muchas de las grandes intérpretes de este país, y de trabajar la obra de Marta Valdés, y siempre que nos enfrentamos a ella es una clase magistral; siempre hay muchas emociones, muchas cosas que descubrir. 

En su música, que es muy completa, hay además poesía, y lo que más me impacta es que cuando analizas y te adentras en su universo, ves que todo viene de la sencillez. Es una maestra a la hora de la creación y a la hora de transmitir esos temas que te van conduciendo y de momento llegan a un clímax, y te sueltan… y caes. Es única. 

Es muy difícil hablar de una sola canción, porque creo que su obra es perfecta. Ahora, con el disco que he hecho en homenaje a esta gran compositora, me pasó esto con todas sus canciones. En Juego a olvidarme de ti me impresionaron los caminos, los cambios, los giros armónicos… Nunca tienes la claridad absoluta de decir “vamos a estar aquí”. Es muy curioso estar en los ensayos con los músicos, darnos cuenta de esa maravilla y ver la expresión de los instrumentistas al enfrentarse a su música. En el disco y en el concierto, Emir Santacruz fue el solista invitado para este tema y recuerdo que Emir me decía: “Brother, qué difícil está esto”. Es que si te dejas llevar, te vuelves loco; al final tienes que estar muy pendiente de hacia dónde va todo; es una locura maravillosa. El problema está en que hay que conocer la obra, hay que adentrarse en ella. No es como con otros compositores que uno se puede arriesgar a tocar quizás sin conocer la obra, porque hay giros, digamos lógicos; te va conduciendo la melodía. Pero en el caso de Marta, la melodía te conduce, sí, pero la armonía te va llevando también a otros puntos y siempre va rompiendo la lógica, pero desde la belleza y, repito, la sencillez. Con Marta he aprendido esto, que hay que dejarse llevar, hay que crear, hay que sentir y expresar. Y no encasillarse en la teoría, en los conceptos, sino dejar que lo que uno siente, fluya. Y expresarlo. Marta es una gran maestra en todo esto. Soy muy feliz por haber tenido la oportunidad de conocerla, de tenerla en mi vida, de tener su música. Haber podido rendirle este homenaje a ella, a su obra, es uno de los grandes regalos que me ha dado la vida. Y si se me da la oportunidad de tener otra vida, lo único que pido es volverme a encontrar con la obra de Marta Valdés. (Dayron Ortiz).

Si vuelves es para mí una de esas canciones que desgranan los sentimientos humanos desde la grandeza y la simplicidad de la vida y que, en dos maravillosas estrofas a modo casi de leitmotiv, proponen, invitan, convocan con magistral sencillez a la reconquista de un amor que aún puede renacer, que puede florecer si se limpian y sanan los caminos andados. 

Musicalmente, me asombra y deja en éxtasis sonoro, como si fuera la primera vez, cuando la hago mía como intérprete. El movimiento inverso y sorprendentemente atrevido de la armonía con respecto a la melodía que fluye libre, segura, intrépida, sin perder un ápice de coherencia, hace que sea una obra para analizar, para estudiar, para profundizar en ella, porque de lo que estoy muy segura es de que, decididamente, las canciones de Marta Valdés son de otro mundo. (Argelia Fragoso).

A mí lo que me apasiona de las canciones de Marta Valdés es cómo te va metiendo en su historia a través de palabras comunes: un almanaque, un calendario…, palabras que no tienen de por sí un contenido poético, pero Marta las provee de imágenes y vivencias muy profundas. Incluso los títulos de sus canciones son una poesía: En la imaginación, Sin ir más lejos, Tú no sospechas, Hacia dónde, Canción del año nuevo. Y a esas palabras e imágenes se les suma la riqueza y el tratamiento armónico de la guitarra de Marta, con sus melodías, que son un deleite para cantar y recrear vocalmente. (Claudia Gómez).

Escucho Canción fácil por primera vez probablemente a fines del 2020 por Haydée Milanés y me queda retumbando en la cabeza esta melodía. Empiezo a jugar con el piano, con un acompañamiento muy simple, minimalista, sin intención de grabarla o interpretarla en ese momento. Es una canción que me llegó muy profundo, que me hablaba muy directamente a mí. Pasó el tiempo y, casualmente, vino a Berlín un amigo, un músico increíble, cuatrista de Venezuela, Miguel Ciso, y me dijo que le gustaría que grabáramos algo. Compartimos un poco de música y en ese momento tuve la idea de contarle lo que estaba “tejiendo” con la Canción fácil, y nos fuimos a mi estudio de práctica a jugar un poco con la música. De repente, le cambiamos la métrica a la canción, la pusimos en ¾ y yo comencé a tocar el bombo legüero, que es un instrumento de percusión argentino mientras él me acompañaba en el cuatro. Estando ahí probando la canción, entró otro músico muy amigo mío, el percusionista chileno Dante Parragués y nos dijo: “eso está sonando muy bonito; ¿no quieren que lo grabemos?”. Y sacó micrófonos y se puso a la tarea de tocar el bombo para que yo pudiera interpretar la canción libremente, y la grabamos. 

Luego de tener lista la Canción fácil pasó otro tiempo, y otra casualidad de la vida hizo que yo tuviera que ir a Barcelona; allí visité a una amiga que es productora y yo tenía muchas ganas de producir algo visual y le pregunté a ella. Y me dijo: “¿Sabes qué? En los días que vas a estar aquí va a venir un gran amigo que es director de fotografía de cine…” (John Márquez, con quien yo había hecho unas fotos unos años atrás). Él vive en Francia y casualmente coincidíamos en Barcelona. Hablé con él y antes de irme al viaje decidimos hacer el videoclip de Canción fácil. Yo no tenía un guion claro sobre las imágenes que quería, pero el lugar, el Delta del Ebro, me empezó a inspirar muchísimo. Lo único que llevaba era mi enterizo rojo y un hilo rojo que había usado para una performance en la que a través del hilo se tejen estaciones que conectan con emociones y con momentos de la vida; a través de canciones también. Yo me había llevado el hilo porque sentía que tenía que ser parte de las imágenes. Encontramos un árbol solitario en medio de esas dunas y ahí quise amarrarlo y comenzar a navegar, misteriosamente, lo que sería después el video

Esta canción me tocó muy profundamente porque me di cuenta de que hay muchos misterios en la vida que nunca se resuelven. Y tenemos que habitarlos y confiar en que la vida está llena de misterios sin solución; que no hay que entenderlos. Esta versión y este video llegó a Pável Urquiza, amigo mío también, porque yo quería saber cómo llegar a Marta para el tema de sus derechos de autor. Pável le mandó la canción a Marta y ella me escribió directamente a mí, agradeciéndome la versión. Desde ese momento hemos tenido una relación muy profunda, íntima, muy cómplice; hemos mantenido una correspondencia constante. En el año 2022 quise ir a Cuba a recorrer la ruta, el camino que hizo Marta para esta canción, escrita antes de yo nacer. Aunque no tuvimos la oportunidad de vernos personalmente sí tuvimos comunicación todos los días, y ella me daba instrucciones de por dónde debía ir. También conocí a un gran cantautor, Rey Pantoja, que me acompañó en todo el viaje. Hicimos dos conciertos maravillosos y pude interpretar Canción fácil en Cuba. Para mí fue un momento increíble de la vida y lo quiero agradecer profundamente. 

Con esto no solamente quiero homenajear a Marta por su 90 cumpleaños, sino por su vida entera. Y decirle que me siento muy honrada de haberla conocido, de haber llegado tan cerca de ella y de mantener una comunicación tan maravillosa. Ha sido un gran regalo y toda su música tiene un valor indescriptible para mí. Quiero agradecerte muchísimo, Marta, y desearte muchísimo amor en tus 90 años de vida. (Carolina Riaño).

Primero que todo quiero felicitar a mi queridísima Marta Valdés por su cumpleaños: amiga, maestra, compositora, cantante y un ser humano entrañable y maravilloso.

La primera vez que vi a Marta Valdés —y creo que la única vez que ha venido a Barcelona— fue para mí cautivadora su manera tan sencilla de presentarse, sin parafernalia ninguna, sobria y únicamente dispuesta a compartir su música de una manera muy humilde, muy seria. En este sentido, Hacia dónde, que es uno de sus temas que está dentro de mi repertorio, para mí tiene la belleza de ser extremadamente hermoso y extremadamente sencillo; simple, en el mejor sentido de la expresión.

En ese no está, digamos, la elaboración musical que hay en otros temas suyos. Es como la simplicidad llevada al extremo, el minimalismo, y eso me parece cautivador de Hacia dónde. Nada más. Gracias a Marta Valdés, su legado, su labor dentro de la música y muchas gracias a vosotros por rendirle también este homenaje en su día. (Mayte Martín).

¿Llegar lejos? ¿Comprobar mi suerte? Eso era mucho para mí cuando en 1995 Andrés Pedroso me regaló el casete más valioso que he tenido, con la obra de Marta Valdés, cantada y tocada por ella… Yo no sabía nada de su música. Escuchándola lloré, reí y me extasié de una forma extraordinaria con cada imagen, palabra y armonía, como si recibiera pedazos de su corazón. A veces he oído que las canciones de Marta no se pegaban. ¡Qué locura! Yo estuve escuchando cinco años diariamente las mismas canciones sin poder evitar llorar a José Jacinto…, sin poder eludir el deseo de recibir la flor y decir mi nombre y caminar por horas cantando en voz alta aunque la gente no entendiera lo que lo me pasaba; ya sabía que había existido una Macayá, tan impactada con su arte como yo … ¡y que Marta Valdés estaba viva!

En términos del cubanísimo juego de dominó, Marta Valdés es justamente la que “se pega”, la que “cierra el juego” y le deja a los demás las manos llenas de fichas. Dios le dio el don de la sabiduría y de la música más fina, marcado en su ADN para que, aunque el mundo esté al revés, sea siempre muy muy muy querida, por auténtica y digna como ninguna otra. Laboriosa como abeja en su duro trabajo de perfección total. Así la hizo Dios. Virtuosa, amable y respetable. Gracias, Dios. Gracias, Marta… yo te amo. Sin ir más lejos me ha acompañado, me ha vestido y me ha unido a ti, eternamente. (Ivette Cepeda).

 

¡A Marta le debemos todo! La habilidad de crear basándose en la historia de un esqueleto ajeno, porque —como ella misma confiesa— no se pueden vivir todas las experiencias en una misma vida; sin embargo, Marta, como gran storyteller que es, domina (para bien) la historia de otros en sus canciones. Ella reviste de gala el testimonio ajeno y lo lleva, con mucha clase, a su esquina de finezas y sutilezas. Marta no negocia la forma de enaltecer la historia, siempre lleva el amor, el desdén, el desamor ajeno, a un plano sublime y decoroso. En fin, no deja a nadie en vergüenza.

Acabo de grabarle una vez más, esta vez Tú no sospechas, un temazo que yo pienso que está hecho para que lo interprete un caballero y por ende también para que lo interprete una mujer que se respete y conozca lo que somos capaces de despertar en un corazón. (Aymée Nuviola).

Desde niña amaba escuchar jazz y música norteamericana. Me encantaban las voces de Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Billy Holiday, Nat King Cole… Mi maestra Leopoldina Nuñez siempre me decía que debía enfocarme en los géneros de la música cubana, que había que resaltar los valores nacionales. Le pregunté si había en la música cubana algo que se pareciera a eso, yo lo haría con gusto y me dijo que entonces debía conocer el filin y la música de Marta Valdés. Un día se puso a enseñarme dos canciones. Me aprendí Canción fácil y Sin ir más lejos. Me quedé fascinada con los dos temas. Los cantaba todo el tiempo, incluso se los canté a mis amigos de la escuela de arte. Una tarde, Leo llamó a Marta Valdés para que me viera tocar y cantar sus canciones. Yo, por supuesto, ni la conocía, ni sabía que las canciones eran suyas. Ahí llegó ella, majestuosa, con su pelo ovalado, muy seria. Me miró y se sentó al lado de Leo, frente a mí. Me sentí super nerviosa, como en un examen. Ella me escuchó mirando hacia abajo como si estuviera absorta en un pensamiento. Cuando terminé de cantar, Marta le dio las gracias a Leo por haberme montado tan bien esas piezas. Me miró y me dijo: Eres buena, se ve que te gusta la música. Si quieres puedo enseñarte un bolerón que compuse hace poco dedicado al corredor Alberto Juantorena. Se sentó conmigo en ese mismo momento, ella con una guitarra y yo con otra y en un par de horas ya yo estaba cantando y tocando el bolero Cantaré victoria.

Yo no fui consciente, pero esa tarde cambió el mundo para mí. Así como llegó, seria, pensativa y bien peinada, Marta Valdés se quedó en mi vida para siempre con su pasión por la música, sus canciones y ese carácter fuerte que siempre he querido emular (¿o imitar?). Lo confieso. Siempre he querido ser como Marta Valdés: fuerte para enfrentar cualquier cosa difícil, orgullosa, resiliente, imaginativa, a veces juguetona y siempre ávida de conocimiento. 

Un tiempo después de haberla conocido, Marta me llamó para presentarme en uno de sus conciertos como su intérprete más joven. Después de eso, se hizo cada vez más presente, pendiente de mis estudios, dejándome estar cerca de ella y enseñándome más canciones e historias. Me presentó a artistas enormes que yo admiraba de lejos, con los que incluso llegué a compartir escena y amistad: Elena Burke, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y Frank Emilio.

Cada vez más cercanas, Marta me llamó para formar parte de una peña que estaba organizando en el patio de la casona de Teatro Estudio, en El Vedado. Seríamos varios actores, dos jóvenes flautistas, Pável y yo. Hago un paréntesis para contar que Pável y yo nos conocíamos desde la adolescencia y siempre que nos encontrábamos hablábamos de hacer algo juntos, pero la verdad es que hasta ese momento solo se había quedado en intenciones.

Cuando comenzamos en La Peña de Marta Valdés, nos vimos frente a frente y muy tímidamente empezamos a compartir canciones. Gracias a Marta Valdés surgió el dúo Gema y Pável.

Desde muy jovencita tuve ganas de dedicarle un disco entero a Marta. Dentro de mí habitan el deseo de ser como ella y el querer agradecerle todo lo que me ha enseñado incluso sin saberlo, sin proponérselo y casi desde el principio de mi vida hasta este instante en el que estoy escribiendo estos párrafos.

En 2013 tuve la dicha de poder invitar a Marta para que cantara conmigo en un concierto en la ciudad de Miami. Unos amigos comunes organizaron una fiesta para agasajarla. Hasta allá llegaron Meme Solís, Malena Burke, Lázaro Horta y otros artistas. Se armó una tremenda descarga. En una de esas yo canté un tema suyo y cuando me senté, mi amigo Eddy Levy me dijo: “Xiomara [su esposa] y yo, queremos que tú grabes un disco solo con canciones de Marta y lo vamos a financiar”. Lo primero que dije para mis adentros fue: “Dios es grande”. Así surgió Feeling Marta. Sin tregua, nos pusimos manos a la obra. Viajé a La Habana y Marta prácticamente se encerró conmigo una semana y media a cantarme, contarme historias, transcribirme los temas: ¡melodía, acordes y letra! Atesoro su generosidad, su tiempo, sus palabras, su confianza en mí; en aquellos días de reuniones me sentía como la niña que le cantó dos canciones suyas cuando la conoció y ella enseguida se sentó conmigo a darme más. Y es que ahora lo recuerdo y aún me emociono.

Ha pasado el tiempo. Esta mañana hablaba de Marta con un amigo común que vive en República Dominicana. La conclusión suya fue que tengo que hacer un Feeling Marta II. Voy, con Dios, a madurar la idea. Quiero seguir agradeciendo la huella que Marta Valdés ha dejado en mi vida, quiero seguir cantando su obra, seguir entregando al mundo mi devoción por esta mujer que parece venida directamente del Renacimiento: artista, músico, compositora, escritora. ¿Qué cosa mejor puedo hacer para seguir alabando y agradeciendo su grandeza infinita? (Gema Corredera).

foto de avatar Magazine AM:PM Revista cubana de música, sin distinciones de géneros o geografías. Más publicaciones

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  1. Jose dice:

    Permitanme defender la vieja guardia: Elena, Doris, Vicentico fueron de los primeros en dar a conocer magistralmente la obra de Marta y lamentablemente estan ausentes en este articulo sobre la Gran Compositora. La Burke la mantuvo en su repertorio toda su vida, hizo interpertaciones irrepetibles e insuperables, y estreno muchas de las canciones de ella; Doris grabo varias en su unico LP, incluida su antologico .»Envenename los labios», la cual nadie mas a cantado y mucho menos grabado. Vicentico llevo esas canciones «raras», como le decian algunos, a la victrola y lleno el ambiente de los bohemios en bodegas y en cuanto lugar hubiera una. La obra de Marta para mi es mana, sustento, adiccion de placer. Sentidas con todo el corazon aqui van mi felicitacion y mis gracias eternas.

  2. Jose dice:

    AY MARTA

    El obstinado bisturí de los acordes
    que brotan de
    su asustado centro
    me descuartiza
    – ay Marta –
    el corazón,
    y lo detiene en pleno vuelo:
    un giro de llave
    de menor a mayor libera
    un rayo de sol,
    y usted juega de mil formas
    a quemarlo,
    con tónicas
    que al tornarse en dominantes
    sacan del limbo
    una canción fácil,
    una especie de kinescopio
    que se va sin avisar,
    abriendo caminos desesperados,
    desconocidos
    con su armonía angular.
    Ay, Marta,
    poesía ingrávida
    venenosa para los labios
    que saca a relucir
    cerebralmente
    mi rosado interior
    y me entrega ese amor
    prometiendo más
    de lo que pudiéramos imaginar,
    aquel que no todos reconocen
    pero deja deseoso el sentimiento.
    Ay, Marta,
    no espere que me aleje:
    hace siglos
    que huyo
    hacia usted.

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