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Playlists Ilustración: Ernesto Romero. Ilustración: Ernesto Romero.

Que no nos toquen la puerta

Durante años he escuchado y leído por ahí que los hombres piensan en el sexo cada siete segundos. “Los hombres”, no las mujeres o las personas no binarias, vaya a saber por qué. Esto es: más de 500 veces en una hora, más de siete mil veces al día una imagen, un olor, un gesto, una sensación relacionada con el sexo cruza sus cerebros mientras están despiertos.

Obviamente ya hay estudios de las universidades x o y que “demuestran” que no, que no es posible, que aunque el sexo es una presencia permanente en nuestras vidas, la estadísticas serias no son tan ridículamente alarmantes. En 2019, la empresa de estudios de mercado OnePoll condujo una investigación en Estados Unidos que aterrizó esos datos al preguntarle a 2000 personas adultas la frecuencia con la que pensaban en el sexo al día. Unas cinco veces, dijeron como promedio, sin incluir los sueños. 

No sé en qué momento me di cuenta de que el negro que cocina y no quiere que le toquen la puerta, en realidad no estaba ablandando yuca ni adobando carne alguna; pero me sacó una sonrisa comprobar la ingenuidad en la que se vive cuando el sexo aún no forma parte activa de nuestra vida. Cuando se me ocurrió armar esta playlist —obviamente mientras la invitada de Pedrito Calvo se come el plátano, que le gusta para empezar—, descubrí un link fascinante entre la sexualidad y la comida en la música cubana. 

Desde el resbaloso quimbombó, pasando por la fresa y el chocolate, la carne adobada, hasta la caña que para probarla, primero hay que besar, muchísimas canciones cubanas hablan o sugieren más o menos abiertamente sobre el tema. Dice GQ que esto es absolutamente normal, pues según otro estudio de otra universidad cualquiera, la comida es un pensamiento mucho más periódico que el sexo. 

Y no, la recurrencia de este en la música no es un fenómeno de ahora ni tampoco exclusivo de determinados géneros musicales. Hace mucho tiempo que empezó. En esta playlist conviven clásicos de la música popular bailable con canción de autor, funk, reguetón, rap y rock. Algunos temas son más explícitos que otros pero todos hablan —o así se puede interpretar— del placer del sexo. Vayamos a la selección porque, no sé a ustedes, pero a mí ya me está dando hambre. (Diana Ferreiro). 

Cómo traigo la yuca / Arsenio Rodríguez  

Que Arsenio era ciego y era maravilloso no lo duda nadie. Revolucionó el tres, el son, y la canción popular con sus innovaciones y su capacidad innata para gozar la vida. Como ejemplo de todo esto, bien vale este tema sabroso y juguetón en el que el cantor pide con insistencia que le avisen a Catalina de que la yuca, ese fálico tubérculo tan habitual en las cocinas cubanas, se le está pasando, y luego nada será lo mismo. (El solo de tres que suena a partir del 1:52 merecería un comentario y un monumento por sí mismo).

Quimbombó que resbala pa’ la yuca seca / Conjunto Chappottín y sus Estrellas 

El son montuno de los conjuntos, el urbano, el de La Habana de los años 40 y 50; el que se cocinaba en los bailables populares, en liceos o a cielo abierto y no en los salones de la alta sociedad, con el tiempo terminó siendo de todos. Pero en aquellos años muchos se escandalizaron por sus textos. Lo cierto es que si una lección nos dejó, es que se puede ser explícito al cien por ciento, hasta casi gráfico, sin necesidad de llamar a las cosas por su nombre.

Menéame la cuna / Comp. Ñico Saquito; Int. Adalberto Alvarez y su Son 

Era muy difícil que el mundo subrepticio de la sexualidad escapara a un ojo tan incisivo como el de Ñico Saquito. Decía el propio Ñico que María Cristina era una santa al lado de la protagonista de este tema, porque las asimetrías en el matrimonio de esta canción van mucho más allá de que uno quiera “gobernar” al otro. El Ramón de esta canción no puede ni respirar, siempre tiene que estar disponible para menear… una cuna. 

Temba, tumba, timba / Los Van Van  

“Dos mujeres y tres maridos buscaban su ubicación”. A la altura de los últimos años del pasado siglo puede decirse que la música cubana bailable le había cantado muy poco a un fenómeno como el de la liberación sexual y a esos que hoy conocemos como swingers. Fiel a la crónica social que ha caracterizado a Los Van Van, esta canción es un reflejo de un tema que sigue siendo tabú para muchos en la Isla.

El beso y la caña / Conjunto Chappottín y sus Estrellas  

Este tema es de los que demuestran que el sexo casi explícito es parte de la música cubana de toda la vida. La metáfora de la caña como símbolo fálico es demasiado obvia para que digamos siquiera que se trata de “doble sentido”, especialmente con el tipo chantajeando: “si quieres chupar la caña, me tienes que dar un beso…”. Aprovechemos el rico son para recordarle a los hombres que, si bien las mujeres pudieran estar dispuestas a permitir avances sexuales, no significa que dan el consentimiento expreso para cualquier acto. No es no.

En el mapa de tu cuerpo / Comp. Julio Fowler; Int. Gema Corredera

El piano hace de guía en este viaje donde no existe otra brújula que el placer. En esta canción —incluida en el álbum Derramando luz (G & C Music Corporation, 2013) y defendida por Gema Corredera—  habitan la locura y el deseo excesivo por saciar la sed de otro cuerpo. Nos revela el momento en el que solo importa perderse en el ser ajeno para gozar, al fin, “la dicha de vivir”. Ello, por supuesto, con la complicidad de la persona amada y sin temor al naufragio. El cuerpo como único mapa y destino.

Comienzo y final de una verde mañana / Pablo Milanés 

Este es un tema sensualmente descriptible desde sus primeros versos: “Déjame despertarte con un beso / en la verde mañana que te espera”, canta Pablo, con esa voz tremenda, y nos seduce de inmediato. Con cada verbo sutil (recorrer, repasar, descansar), el cantautor busca la compañía de su amante al amanecer y fotografía el deseo, la pasión y la dedicación con la que se puede querer a esa persona. Es esta una declaración de amor: no importan “los accidentes” e “imperfecciones”, el trovador pretende celebrar la primavera en “el hermoso largo” del cuerpo. 

Hacerte venir / Amaury Pérez 

Amaury Pérez, conocedor de los secretos de la balada romántica, canta este tema con el impulso de quien ama (y desea) desde la distancia —ya sea física, o propicia por el fin de un amor que ya no le corresponde—. La esperanza es entonces el último resquicio al que se aferra el cantautor para “encender la ciudad y el sol con ademanes de tempestad”. Las metáforas, por su parte, son el recurso lírico para manifestar aquellos anhelos que le “encienden” el alma (y el cuerpo). “Si yo pudiera de donde estoy, ay amor, hacerte venir / Tener tu boca y tu corazón cuando el deseo me quiera hervir”.

El sol no da de beber / Silvio Rodríguez 

Después de la oda internacionalista que es Canción urgente para Nicaragua, Silvio Rodríguez propone suavizar las cosas con este, el tercer tema de la cara B de su álbum Unicornio (Egrem, 1982). En esta bucólica canción, el trovador se las arregla para colarnos, con una gracia tremenda, una felación matutina que incluso puede pasar inadvertida, entre tantas imágenes poéticas y sonoras. Erotismo de altura arropado por unos arreglos pop muy sexys, a la manera en que podía ser sexy el pop a comienzos de los años 80.

Antes que nazca el día / Liuba María Hevia 

¿Cómo hablar del deseo sexual, sin hablar del deseo sexual? ¿Cómo hablar de esa añoranza por la piel de la otra persona, por el beso, por el encuentro entre los amantes, sin hacerlo directamente? La poesía de Liuba, la ternura de su voz amplificada por el sonido limpio y sutil de las cuerdas —la hermosura del arpa al inicio, ¡por favor!—, todo en esta canción conspira para unirnos a la plegaria de quien busca la posibilidad de esa cercanía en las horas más oscuras del día, aquellas que precisamente funcionan como antesala del amanecer. “Concédeme el intento” (¡bafffff!). 

Haiku de paz / Yusa   

¿Cuántos versos se necesitan para describir el deseo, para sentirlo desde la más absoluta libertad (sin razones que la distraigan)? Cuatro, dice Yusa. Cuatro únicos versos componen este haiku con el que abre ese disco maravilloso que se llama precisamente Haiku (Tumi Music, 2008) y que, además de paz, contiene una sensualidad desmedida que se va desatando en tanto la artista termina de entonarlos y da rienda a un coro que pareciera emular un éxtasis delicioso. ¿Qué otra cosa se podría cantar si dos senos desnudos apuntan a tu espalda?

Muévelo un poquito / Athanai  

En este, el quinto tema de su álbum A Castro le gusta el rock (Athanai Music, 2004), el Blanco Rapero, en un ataque de satería, fusiona el sonido del rock con letras de música popular bailable y rap para incitar a su pareja a que se mueva de disímiles maneras en función de que se caliente “el asunto”. Y es que, al final, si no hay meneo, pa qué.

Paciente / Cimafunk 

Ese bajo oscuro con que inicia el tema ya marca una calentadera… una cosa turbia y húmeda que se sabe que va a ponerse más hot en cualquier momento… Y se pone… Con el beat del coro ya estamos todos restregándonos en la discoteca… pacientes con pacientes, pacientes con sanadores… Y cuando ya tenemos la lengua fuera y estamos moviéndonos a un ritmo exasperado y estable, dale, dale, dale… vuelve el tema a ralentizarse… y sentimos cómo el sudor nos corre, nos baña, uy, muy mal, todos muy mal… Y el video de Raúl Capote Braña es que no ayuda…Ya yo lo que yo quiero es un electroshock

La tuba / Elvis Manuel y Jerry  

Mucha tinta ha corrido sobre el papel acerca de Elvis Manuel y Jerry como padres fundadores del reparto. Cronologías aparte, había que ver cómo se estremecía el archipiélago cubano allá por 2007 cuando empezaba a sonar aquello de “Mírala, mírala como suda…”. Hedonismo y pornografía pa’ comer y pa’ llevar, La tuba fue un himno celebratorio de la sexualidad desenfrenada y sin tapujos que proponía un jovencísimo Elvis Manuel Martínez Nodarse, quien enfrentaría poco tiempo después la trágica muerte que lo convirtió en una leyenda prematura del género urbano. Canciones como esta quedaron instaladas para siempre en el imaginario colectivo nacional. Con muy poco margen para la imaginación, eso sí.

Fresa y chocolate / Los 4  

Esta es una de las clásicas canciones de Los 4, con Damián Aguirre y El Taiger (cuando aún se hacía llamar  El Príncipe) en su alineación, que todo cubano ha escuchado (y/o bailado) en algún momento. Con su característico uso del refranero popular, hacen alusión a los diferentes roles que asume cada parte involucrada en “las cuestiones del amor’’.

Lengua / Malaka 

A la altura de 2022, pareciera querer decir Malaka, a ellos no les gusta que los toquen por atrás (inserte gif de Tony Stark revirando los ojos). Y ella, que solo piensa en pasarle la lengua, viene a cantar una suerte de oda cortica a esa práctica sexual marcada por tabúes y, por qué no, su poquito de homofobia. Perreo y barras sexys para que la lengua y todo lo demás corra. 

Mi primera vez / Los aldeanos feat. Silvito El Libre y Charly Mucharrima 

Este es un tema sobre la iniciación sexual, ese momento hermoso y naïf. Los autores cuentan sin recato esa primera vez, los nervios, el intento de mostrar una experiencia que no existe, las sensaciones, la impresión de que el mundo cambió porque tú has cambiado, las ganas de gritarlo a los cuatro vientos… en fin, la huella de la casi siempre inolvidable primera vez. Tema de estrellitas, serpentinas y fuegos artificiales.

Escucha la playlist completa aquí: 

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