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Reseñas Portada Modo Van Van. Tomada del perfil de Facebook de la agrupación.

Modo Van Van / Los Van Van

A finales de 2023, después de una larga espera (y no exagero al decirlo, si tomamos en cuenta lo que representa un trienio en la era digital), fue presentado el disco Modo Van Van, la más reciente producción de la legendaria banda. 

El grupo, ícono dentro de la música popular bailable cubana, se eleva por derecho a un rango patrimonial con sus 54 diciembres de trayectoria: más de medio siglo en la empresa de demostrar que sí, “aquí se puede bailar mejor”.

Este es el cuarto álbum dentro del proceso de reinvención y continuidad de un legado. La banda asume como meta mostrarse con buena salud y atractiva para un público joven mayormente ajeno a este estilo musical. Pensando en ellos, apostaron por una fórmula probada que acelera el ritmo y cuida el tránsito entre cadencias viejas y otras con cierta evolución. 

El disco tiene una duración aproximada de 45 minutos. Breve y vivaz; un montuno para zarandear los pies. Las nueve canciones, inéditas en su mayoría, hacen un barrido social sobre las dinámicas de las redes sociales, amores, desamores, habladurías… 

Como de costumbre, aparece otra composición de Juan Formell, titulada Tierra, mar y cielo. Esta, junto a Perfectamente imperfecta, de Jorge Leliebre, en la voz de Vanessa Formell, son las canciones en el disco dirigidas al público femenino. Ambas son portadoras de mensajes estereotipados, carentes de perspectiva de género, con prejuicios que se refuerzan aún más cuando los canta una mujer.

Imagen tomada del perfil de Facebook de la agrupación.

Con tanto hilo del que tirar en esta sociedad machista, sería deseable mostrar matices diferentes que superen tópicos frecuentes como la sexualización, la frivolidad, la dependencia sumisa, entre otros. Una orquesta de su calibre ya nos sorprendió una vez al convocar a una mujer a su nómina. Ahora podrían sentar nociones dentro de la música bailable, y hasta la sociedad. 

Siguiendo la tradición de retratar en su songo aristas populares de nuestra realidad, escogieron esta vez los tejemanejes de la conectividad a Internet: el servicio que se incorpora tarde y con daños. 

Modo Van Van inicia el disco mientras convida a entrar en estado bailable. Bla, bla, bla redunda sobre los enredos virtuales, y Tienes que parar, al igual que Solicitud de amistad, corre similar suerte. 

Sin importar cuán verosímil sea el argumento, inundar una propuesta con jerga tecnológica equivale a echar a andar la maquinaria de la obsolescencia. Se siente forzada esa manera de querer, justamente, conectar con las generaciones más jóvenes. Como ejemplo, el coro de Amiga mía (disco Legado, 2017), que decía “Mamita, descarga el Imo”, una aplicación popular en su momento pero que ya apenas se usa. 

El desamor y la fraternidad componen otro bloque temático. Ven, dame un abrazo resulta una canción amena en términos generales, aunque falla por condensar de golpe demasiadas frases manidas. La instrumentación resalta por los violines y trombones, y se agradecen los sonidos electrónicos que, junto a los cambios de tempo, evitan la monotonía. 

El tema lo interpreta Mandy Cantero, quien también repite en la pieza Canta la Ceiba, de Calixto Cayava —única pieza versionada, para cerrar este fonograma—. Aquí todo vanvanero de larga trayectoria podrá darse un sorbo de nostalgia.

Con una letra que en su primer segmento suena a la orquesta de décadas atrás, después del coro acontece de todo: los solos de Samuel en la batería (recurso recurrente), y la inspiración del cantante que cabalga tras el ritmo de la canción. Quienes hayan escuchado el arreglo anterior, notarán que este es más dinámico y que redobla el sabor. 

Musicalmente, el volumen cumple con sus asignaciones. La sonoridad es inconfundible, si bien no explora más allá de su zona de confort. Limitar la experimentación parece parte del método para mantener el sello de la banda. Ello conduce a reciclar estribillos y pasajes conocidos en las canciones nuevas —simulando un gran popurrí— lo cual, a la larga, le resta novedad al álbum. Queda la sensación de haber escuchado piezas de un rompecabezas caprichosamente acopladas. 

Un elemento a destacar son los invitados del disco, pues se trata de una nueva generación que se integra. Miguel Ángel Rasalps en el piano, interpretó el puente de Solicitud de amistad, mientras que Jonathan Formell tocó el solo de guitarra eléctrica en Tierra, mar y cielo.

Imagen tomada del perfil de Facebook de la agrupación.

En lo que concierne a las letras, amerita revisar ciertos puntos. A una orquesta como Los Van Van no le urge perseguir las tendencias. Tampoco debería darse el lujo de trocar poesía por aceptación mientras se amolda a los tiempos venideros.

Al mencionar esto, recuerdo la canción Montuno (disco Chapeando, 2004) cuando cuestiona:

¿Será posible 

Componer un montuno

Con un texto profundo

Y que sea bueno para bailar?”.

La interrogante mantiene vigencia hoy, si miramos con detenimiento la trivialidad de ciertos textos en el disco, en los cuales se aprecia un verso llano, sin complicaciones, ahogado por la prevalencia de coros contagiosos. 

De igual forma, asoman otros vicios: la confrontación con ese enemigo omnipresente, del que tanto se habla en la música popular bailable; el afán por subrayar la continuidad, la defensa a ultranza del legado, y la referencia al Grammy que data de 1999.

El diseño de portada, al estilo pop, insiste en el concepto simple que define el título del álbum. La producción salió bajo el sello discográfico Amboss Media y Bis Music, dedicada a la memoria de Juan Carlos Formell, bajista, compositor y arreglista del grupo, fallecido meses atrás. 

Estamos ante una obra eminentemente bailable, desprovista de grandes hits que retumben en casas, fiestas y “motorinas” a lo largo de la Isla. Modo Van Van sirve como señal de vida hasta que aparezca la próxima actualización. 

La música imperecedera nace de las épocas, los contextos, y las personas que la crean. No siempre se tiene la fortuna de que los elementos cristalicen en obras maestras. Toca aceptar que la orquesta está tomando caminos dictados por el momento que vive, y quizás no es justo que se le mida con la vara de sus fundadores. Más allá de cuán azaroso sea el porvenir, con toda seguridad, siempre será Van Van.

Eusebio Linares Barthelemi Más publicaciones

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