Magazine AM:PM
Publicidad
Artículos Foto: Cortesía de Belinda Romeu

Mario Romeu: un prodigio en la música cubana

Mario Romeu, gloria de la música cubana, llega a su centenario este 27 de abril. Aquel domingo de 1924, en Regla, nacía un prodigio musical de una familia con raíces profundas en nuestra cubanía. A los tres años tocaba el piano a cuatro manos junto a su padre en el Teatro Nacional. El Diario de la Marina, y el Excelsior, en julio de 1927 publicaron unas notas bajo el título: No sabe leer ni escribir, y ya es un virtuoso. Allí se podía leer:

“…este niño a los tres años de edad hace cosas sorprendentes en el manejo del piano y demuestra una clarísima comprensión musical; es conveniente significar que este ‘micro pianista’ solo ejecuta aires cubanos”.

Armando Romeu, padre del joven prodigio, y su hermana Zenaida, lo iniciaron y guiaron de manera certera en el estudio del instrumento. Desde su adolescencia tuvo la orientación del profesor Hascha Fischermann y llegó a convertirse en su pupilo predilecto.

En 1937, con 12 años, realizó una larga gira con la Banda de Música de la Marina, dirigida por su padre, con la que se presentaron en 36 ciudades de Estados Unidos interpretando el Concierto para piano y orquesta No. 2, de Beethoven y la Fantasía húngara, de Liszt. Durante el viaje, la Sra. Curtis, fundadora del Instituto Curtis de Filadelfia —uno de los más exigentes y destacados a nivel internacional— le otorgó una beca extraordinaria de piano. La prensa publicó: Triunfó un niño de doce años en Estados Unidos.

Mario Romeu se caracterizó por su versatilidad: podía tocar una noche Variaciones sinfónicas, de Cesar Franck, y a la siguiente, obras al estilo de los más grandes jazzistas de la época junto a la Orquesta del Cabaret Tropicana. Intérprete, compositor, director musical, director de orquesta, arreglista, Maestro.

Foto: Cortesía de Belinda Romeu

La eclosión de la televisión como medio masivo de comunicación impactó al mundo a principios del siglo XX. Nacida en 1950, la televisión cubana contó desde sus inicios con la figura de Mario. Desde ese año trabajó como solista y pianista acompañante en diversos programas habituales como Feria en la Pantalla y Noche Tropical, además de dirigir musicalmente el programa infantil La escuelita.

Desde 1953 sus dotes excepcionales le permitieron simultanear la pianística con la dirección orquestal; componía jingles para spots comerciales mientras actuaba en sketches humorísticos. Fue intérprete habitual de Concierto General Electric en CMQ Radio y, desde 1954, en Tu poema y tus canciones, de lunes a sábado por el Circuito Nacional Cubano, acompañó las declamaciones de Julio Capote.

En 1959, tras la fundación del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) dirigió, junto a otros ilustres directores, la Gran Orquesta del ICRT, donde  realizó una extensa labor como intérprete y difusor musical, abarcando todos los géneros y estilos, desde la música popular cubana, hasta lo más selecto del repertorio sinfónico.

Infinidad de artistas cubanos y extranjeros actuaron bajo su batuta. Suman miles los programas de televisión y de radio, grabaciones en los estudios del ICRT, Radio Progreso, Egrem, Icaic. Los estudios de televisión y grabación se convirtieron en su medio natural; verlo actuar no solo era un maravilloso acontecimiento, sino un verdadero privilegio. Se consagró a estos medios sin imaginar que, desde ese momento y hasta el final de su vida, serían sus perennes escenarios.

Foto: Cortesía de Belinda Romeu

Durante los primeros años de la fundación del ICRT, Mario compuso varias piezas musicales icónicas como el tema del primer animado, El pececito valiente, y también el que identificaba al programa de televisión Aquel anochecer.

El 25 de noviembre de 1966, el Consejo Nacional de Cultura ofreció en el teatro Amadeo Roldán el concierto titulado Lecuona in memoriam, por el tercer aniversario de la muerte del insigne maestro, en el que Mario acompañó a Esther Borja. También asumió la dirección musical de Viva la Operetta, para el Teatro Musical de la Habana.

A finales de los 80, llegó a la gran pantalla, sumando otro hito a su trayectoria, La Bella del Alhambra, dirigida por Enrique Pineda Barnet. La canción de Rachel, tema de sublime inspiración que ha trascendido a su tiempo, lleva su impronta.

Foto: Cortesía de Belinda Romeu

Su entrega incondicional, sencillez, calidad humana, su disposición para compartir conocimientos con los demás, lo identificaron siempre. Se dedicó a desarrollar y afianzar la cubanía en la interpretación pianística, a apoyar a nuevos talentos sin pedir nada a cambio, con el solo objetivo de que también  hicieran realidad sus sueños.

Su estilo inconfundible carga linaje cubano y alcance universal. Su sensibilidad interpretativa trascendía lo físico o el virtuosismo de los genios. Con un sonido catalogado por músicos excelsos como único, parecía acariciar las cuerdas del piano, más que percutirlas. Le honraremos y recordaremos por dejar huellas en la cultura cubana, por su genialidad, maestría y humildad, que lo hicieron un ser y un artista maravilloso. Mario Romeu es, y será siempre, música.

Niurka Lecusay Más publicaciones

Deja un comentario

Aún no hay comentarios. ¡haz uno!

También te sugerimos