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Entrevistas Portada del álbum

María Victoria Rodríguez: nuevo disco, mucho trabajo y ¡un pedazo de voz!

Todavía me “destornillo” de la risa cuando María Victoria habla sobre su etapa rockera. Ni Merceditas Sosa, su mamá, entendía aquel “desbarajuste” que no dejaba dormir a los vecinos de El Vedado. Hoy, con pantalones apretados como antes, reconoce que tales inicios le sirvieron para encontrar su estilo en estos casi cuarenta años de carrera. Claro, las influencias familiares también aportaron a su formación. Por ejemplo, es muy poco conocido que su abuelo, Felo Sosa, de Canarias (España), fue quien introdujo la música campesina en la familia, y que en la década del ’40, aproximadamente, creó un trío con sus hijas Hilda y Merceditas. El Trío Sosa ―me cuenta María Victoria― llegó a presentarse en emisoras radiales de La Habana al lado de los poetas Jesús Orta Ruiz y Justo Vega, entre otros. De los tres, la que logró hacer una carrera más sostenida fue Merceditas, “La Reina de las Tonadas”.

Hoy, María Victoria es conocida mayormente por sus temas de música campesina, pero a la vista está que puede cantar lo que quiera. Con ese pedazo de voz, no digo yo.

—Tú has dicho que el público te ha encasillado en la música campesina, ¿realmente es así?

—Al principio sí, y me costó mucho trabajo imponerme con productores que desarrollaban otro tipo de género. Cada vez que me escuchaban veían a una cantante de música guajira, de criollas. Pero muchas personas también me dieron oportunidades de poder cantar trova, sones, boleros y, en algunas ocasiones, baladas, canciones, hasta rumba. Ya cuando las personas empezaron a conocerme más y vieron en mí un abanico más amplio, empezaron a verme como una cantante más completa. El diapasón se abrió un poco y eso me favoreció como artista. Créeme que siempre es un reto, aunque me siguen mirando como la cantante guajira, cosa que no me minimiza para nada, al contrario, lo hago con muchísimo orgullo y prestigio.

Tampoco es un género fácil…

—¡Para nada! No todo el mundo puede cantar música campesina. A veces lo miran como algo insignificante y resulta ser que cuando otros artistas y músicos han venido a “mi territorio”, para decirlo de alguna manera, les ha costado un poco de trabajo hacerlo dignamente. (Se ríe).

Pero esencialmente, ¿qué pasó para que te vieran así?

—Yo tuve la oportunidad de darme a conocer muy joven, con 19 años, de la mano de Celina González y Reutilio, su hijo. Celina me quería llevar a los grandes escenarios donde ella estaba: Colombia, México, Europa…, y yo tuve mucho miedo porque me asociaban con la voz de ella. Decían que la imitaba, que me parecía físicamente. Claro, muy pocos han escuchado a mi madre y quien lo ha hecho notará el enorme parecido. ¿Qué pasa con Celina y María Victoria? Bueno, mira: Celina era una mujer con un carácter interpretativo impresionante y un carisma que por favor. Siempre la admiré por eso; también componía como una diosa, además de su sencillez y humildad. Todas esas cosas me llenaron en la vida, tenían que ver con mi persona, me nutrí de esa energía. Celina vio en mí la posibilidad, como te decía, de llevarme a todos esos lugares porque ya estaba mayor, quería dejar a alguien que cantara sus obras y me vio en ese momento como una continuadora. Fíjate que nunca digo “heredera”. Después enfermó y de repente no se oía la voz de Celina, desgraciadamente. Había un silencio dentro de la música campesina hasta que después de vivir siete años en España, vine y empecé a cantar los temas de Celina porque ella me lo pidió.

—¿Ya eras religiosa antes de conocerla?

—Religiosa siempre fui, pero no practicaba la religión yoruba. En mi casa eran católicos y mis abuelas espiritistas.

—¿Ella influyó en tu decisión?

—No, para nada. Eso fue algo personal. Problemas de la vida que me llevaron por ese camino, sola. Yo introduje la religión yoruba en mi casa y el público me ha respetado. He conocido a personas que me han dicho: “cuando cantas temas de religión no te escucho, pero cuando haces música guajira, sí”. Y yo les respondo: “No se preocupe: cuando usted me escuche con cosas yorubas, apague el televisor o la radio, y cuando cante un bolero o un son que le llegue al alma, me pone a todo volumen”. (Se ríe). Lo importante es ser buena persona, mi hermano, no importa la religión que profeses.

Hace poco descubrí un tema tuyo dedicado a Celia Cruz que se publicó hace 17 años. ¿Se difundió aquí en Cuba?

—No, fue directo para Estados Unidos. Yo siempre he admirado a Celia y no ligo el arte con la política. En algún momento he tenido que cantar canciones políticas porque hay temas que me llegan al alma y los interpreto, claro. Pero nunca pensando en ningún tipo de oportunidades, ni tomar esa posición para algo personal. María Victoria va donde su corazón y sus principios la lleven.

Que hablen si van a hablar es el nuevo disco de María Victoria Rodríguez, producido por el sello cubano BisMusic y totalmente diferente a lo que hasta ahora hemos visto de ella. En las notas para el álbum, la musicóloga Neris González sostiene que el material “apuesta íntegramente por la defensa de temas inscritos en los códigos sonero-salseros abordados desde una óptica contemporánea, con el valor añadido de presentar a su protagonista no solo como intérprete de alto calibre, sino además como autora absoluta de cada pieza que integra el fonograma”.

González Bello destaca el trabajo del productor José Manuel García y del cantante y compositor Maykel Dinza, quien se desempeñó, además, como orquestador e intérprete, ejecutando el bajo, piano y teclados.

Para María Victoria es, sencillamente, un regalo que ella misma se da, por varias razones:

“Es la oportunidad de dar a conocer mi obra. Los diez temas son de mi autoría [tiene compuestos más de 400 títulos] y no quiero demostrar nada a nadie. Está hecho para los bailadores. Tiene salsa, son, una mezcla con “merengón”, algo raro, pero sabroso. Es el sexto disco con BisMusic y el cuarto que hago con José Manuel García. Él y yo hacemos un binomio espectacular. Con tan solo mirarnos, sabemos lo que queremos. Y también agradezco muchísimo a Maikel Dinza porque vistió cada tema con elegancia”.

—Entonces, hay trabajo suficiente…

—Por suerte, yo no me puedo quejar. Doy gracias a Dios y a todo lo que me administra porque siempre estoy haciendo algo. No paro en mi casa y me llaman para alguna grabación, una colaboración, un espectáculo. Y todo eso, por supuesto, me motiva.

—¿Y después de este disco qué podemos esperar?

—Lo voy a decir para que nadie me robe la idea. (Se ríe). Tengo un proyecto que consiste en llevar los temas de Silvio Rodríguez a otras sonoridades. Ojalá le guste porque lo voy a hacer con muchísima admiración.

—Me dijeron que tu hijo también canta…

—¡Los dos! Mi hijo, Julio César Vázquez Rodríguez es bailarín, coreógrafo, cantante y también compone. Y mi hija, Ismary Álvarez Rodríguez es intérprete y compositora. Fueron un regalo, siempre quise tener dos. Que Dios me les dé salud, porque son seres humanos extraordinarios. Julio César vive en Italia y allá está haciendo su carrera con esfuerzo, pero superándose todos los días. Me manda la última canción por WhatsApp para que le dé mi opinión, y así estamos. Con Ismary ya me has visto en la televisión y también me acompaña en algunos espectáculos. Tiene un talento increíble. Y mi nieta también quería cantar, la escuché y le dije que no, que se dedicara a otra cosa (ríe).

Nos toca ahora escuchar lo nuevo de María Victoria y hablar, claro, hablar todo lo que queramos. Algunos quizá no le perdonarán este giro de ciento ochenta grados y otros, en cambio, comprobarán que una artista con esas dotes vocales puede hacer de todo, si se lo propone.

Jaime Maso Jaime Masó Torres Ni periodista, ni conductor de programas radiales, ni tan serio como en esta foto. Más publicaciones

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