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Reseñas Portada del álbum

Los fieles amantes de la rumba/ Rumba All-Stars

Cuando arribaron a Cuba los primeros africanos, lo hicieron encadenados, bajo mil vicisitudes y con la turbación propia de quien es arrancado de su espacio y arrojado a la existencia en una tierra extraña y hostil. Historias, anécdotas y leyendas sobre su integración sobran en la historia de Cuba; pasados los siglos, la herencia africana se ha confirmado como parte indiscutible de la cultura nacional. Hay elementos dentro de ella, que resultan imprescindibles a la hora de definir las características musicales del país. La rumba, cocinada en nuestra isla con ingredientes que trajeron aquellos primeros esclavos es, sin lugar a dudas, uno de ellos. Este complejo musical, que incluye entre otros ritmos el yambú, el guaguancó, la columbia y la jiribilla, tiene un arraigo que trasciende el ambiente meramente sonoro y que ya en el siglo XX se convirtió en un punto de encuentro de la realidad social cubana.

El grupo Rumba All-Stars se reconoce heredero del legado de rumberos como Mulense, Tata Güines y Andrea Baró, así como de miles de músicos anónimos. Con la producción musical Los fieles amantes de la rumba, realizan una variada representación de los géneros rumberos que circulan en nuestra isla desde hace siglos.

Este, su álbum debut, fue lanzado el 5 de mayo pasado, por la discográfica Miguelito León. Está compuesto por trece temas que se mueven entre la canción religiosa y sincrética que caracteriza a nuestra isla (Santa Bárbara o Imploración a Oshún), el costumbrismo más decimonónico (Pregón y El escobero) o la adaptación, con la magnífica reinterpretación del antológico Las mañanitas. La ontología de la rumba, entendida como un corpus musicum que integra en sí mismo un sistema con diferentes variantes, se encuentra representada a lo largo de la producción con temas, sobre todo, de yambú y guaguancó, que se explayan en una clave para que el bailador, complemento determinante para este complejo musical, sea capaz de disfrutar el ritmo en toda su expresión.

Llaman la atención dos temas dentro del álbum que se identifican con el nombre de intro, una especie de tráiler de lo que se avecina. Se trata de Tá José y Mi vecina. El primero narra la historia de un negro que, se dice, hace unos 300 años se hizo padre nganga dentro de la religión del palo mayombe. Es ese Tá José al que, como fruto del sincretismo, aún se venera en la figura de la médium Leocadia Pérez Herrera en el habanero cementerio de Colón, aunque realmente ella respondiera a un espíritu llamado Hermano José. El segundo tema va de la mano del doble sentido al que nos acostumbró Faustino Oramas, El Guayabero, y en el diálogo que se establece al interior de la propia composición, se nos traslada a la cotidianidad de cualquier solar capitalino. Al escucharlos, se disfruta de una calidad sonora que ya nos había prometido con los previos de apenas segundos.

Taita Columbín, extensa canción de más de diez minutos, se mueve entre la lengua, la sabiduría africana y el juego de palabras, con aforismos que se acomodan a la columbia tradicional “del tiempo de España” tal cual dice Vadim Cárdenas, voz de la agrupación. Paraná por su parte es un yambú que comienza con un repaso de la herencia religiosa de la capital cubana y, a medida que se suceden los segundos, va subiendo en intensidad a la par que se incorporan coros de una melodía contagiosa y provocativa para el bailador. También está La lunita, de poco más de un minuto, un canto de amor en el que, a excepción de la voz, el resto de los instrumentos están completamente ausentes, en una recreación de solar tradicional, dejándonos con ganas de un “nosequé” innombrable.

Las mañanitas, ese tema que agigantó Pedro Infante y se ha vuelto sinónimo de fiestas de cumpleaños, es convertido en un guaguancó por la maestría de Rumba All-Stars y, junto a la letra clásica, aporta una “sabrosura rítmica” que la convierte en una joya dentro de la producción discográfica y de la rumba cubana en general. El añadido de frases imitando los cánticos de los negros durante la colonia, le otorga una valía renovadora donde se cuela, de forma magistral, la transculturación. Dos temas, África y Sentimiento profundo, rebuscan dentro de la fuerza de la rumba como fenómeno de raigambre popular, devenido en ritmo nacional y heredero de lo que trajeron en los barcos negreros alrededor de un millón trescientos mil seres humanos arrancados de su tierra originaria. En el primero, cantado junto a Frank Oropesa, se repasa la historia de “aquella maldad que profanó el alma de la humanidad” y se mantuvo por cientos de años como el ejercicio económico más rentable de Europa. Sentimiento profundo, aunque sigue la línea de la historia y la legitimidad de la cultura de origen africano, lo hace desde la fuerza que significa para el complemento de la cubanidad.

Los dos cantos de corte religioso son joyas de la producción, manteniendo la imagen de la rumba como parte fundamental del discurso, la cosmovisión y la mística africana. La Imploración a Oshún se introduce con un canto yoruba, meloso y zalamero, para luego pedirle que nos dé suerte y éxitos en el amor. Es un tema que combina la tradición del ritmo de origen africano con la herencia hispana de principios del siglo XVII. Resulta curioso cómo el otro tema de corte espiritual, Santa Bárbara, utiliza la denominación católica de Shangó para contar parte de la cosmogonía del ritual al orisha. Una característica de ambas canciones es que, a medida que avanzan, se van intensificando, mientras los coros y los instrumentos (chequeré, tambores batá, cencerro y clave) van entrando de a poco y terminan siendo una fiesta de imploración. Un ritual musical mágico-religioso que nos transporta al tiempo en que los negros llegaban arrastrando cadenas a los puertos del norte de “La Siempre Fiel Ysla de Cvba”.

Si bien la producción recoge solo algunos temas entre los varios que durante años ha interpretado el grupo, se percibe una dinámica espiritual donde reluce el Calabar maternal y las bahías adoptivas de La Habana y Matanzas. El cuidado y la pulcra selección son un regalo para el universo rumbero, en particular, y cubano, en general.

Los fieles amantes de la rumba es la respuesta a la pregunta metafísica de ¿quiénes somos? Es un álbum que respeta al público, ansioso por ampliar la fiesta cuando llegue más bebida al solar y, bajo el influjo de la tumbadora, el chequeré y la clave, se pida más música y más rumba.

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