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Reseñas

Live at Texas Avenue /Arthur Luis

Aquí, sentada en un tren con destino a Santiago de Compostela en plena madrugada de mayo, he decidido terminar de una vez por todas esta reseña que lleva casi un año estancada en mis archivos. Desde aquella primera escucha descubrí a un Arthur Luis diferente al habitual, más cubano, más de terruño, de nostalgias y morriñas encontradas. Reconocí una vida que no ha hecho más que empezar en esta convulsa y bonita realidad que está viviendo, aunque no se crea, el arte cubano en el mundo.

Hace unos días escuchaba el último episodio del podcast Los Casetes de AM:PM, titulado Música y Migración en Cuba, en el que tuve el placer de colaborar contando mi experiencia migratoria hace casi un año, de Cuba a España. Y ahora pensaba en este disco, que es la foto más actual de este músico, de todo lo que ha recogido a lo largo de los años; un resumen de su niñez, su adolescencia, su juventud, su migración y su presente. Un panorama que por estos tiempos se hace cada vez más habitual en muchas generaciones de músicos cubanos.

Por si no lo conocen, Arthur Luis Álvarez es pianista y saxofonista de oficio, oboísta de formación. Natural de Sancti Spíritus, de su cabecera municipal, específicamente de la calle Bayamo. Un joven que ha logrado a lo largo de sus 28 años —casi todos en la música— forjar una carrera que se sustenta en la creación musical libre y concienzuda, entre ser músico de banda, acompañante, solista, arreglista y compositor. A lo mejor lo conocen de verlo tocar piano y teclado en la banda Cimafunk, o de las noches neoyorquinas a dúo con el trompetista Diego Hedez, y con el proyecto People of Earth, banda integrada por muchos cubanos residentes en Estados Unidos.

Fotos cortesía del artista

Recuerdo cuando decidí escribir este texto hace ya un año. El disco me cautivó a primera escucha, por lo natural, sensitivo, etéreo; por los efectos sonoros, la producción, por el lugar en el que fue grabado —del que probablemente pronto escucharán muchísimo—; por las personas que grabaron, por todo el arte de ese antro musical y el talento innato de Arthur. Luego de que me encantara, hablamos un par de veces. Por Whastapp me contó la historia de cada uno de los temas (hoy por hoy guardo cada audio); y por Meet, tuvimos una especie de charla, un día de tarde, cuando aún yo trabajaba en el Isa y Arthur vivía en New York. Aquí me contó la historia de su vida, curiosa.

Pero en esta reseña impera la música. Comenzamos entonces, por orden, porque este es un disco conceptual. Ya desde su setlist cuenta una historia que tiene inicio y continuo desarrollo.

On my way es el primer track de Live at Texas Avenue. La manera que tuvo Arthur de contar sus primeros años en la música, la duda constante sobre si ser deportista o músico. Típica experimentación de sensaciones de los comienzos, donde estás perdido y no sabes lo que quieres, porque eres un niño y, lógicamente, la vida no se ve tan real como el presente. Dejas el deporte para sentarte a estudiar solfeo y teoría como Arthur, a tocar oboe, un instrumento que casi nadie conoce, y que, si no lo estudias bien, no tienes cómo sonar bonito. Dejas de ser “normal”, para ser responsable a los siete años y tener una carga de horas tensionadas. Estas irán desde esa calma melódica que caracteriza a esta pista, de frases respiradas, muy armónicas, por 8vas, en re menor, en Busca del Sueño.

Ya suena el segundo tema y me siento identificada, perdida y encontrada en esta nebulosa clara de la vida de los músicos profesionales en Cuba, que como Arthur y yo han vivido muchos altos y bajos a lo largo de casi más de quince años en el mundillo. En Busca del Sueño vamos todos, pero Arthur, particularmente, desde reiteraciones melódicas, jazziadas —o mejor dicho, blueseadas— en un piano que siente junto a él los recuerdos de esos primeros años como estudiante. Acordes disminuidos tensionan algunos pasajes para acercarse a la canción y los motivos filinescos que me encantan. Este tema es más libre, más improvisado, es el camino de arenas movedizas del que les hablaba. Arthur al principio no disfrutaba su instrumento, no sabía si seguir en la música. Pero le fue cogiendo el gusto, ¡y cuál gusto!, que el oboe se convirtió en una herramienta de improvisación muy bestial, como muchos recordarán en algunos concursos de Jo jazz, en su etapa de estudios en el Conservatorio Amadeo Roldán.

Fotos cortesía del artista

Llegamos a Ostinato Cubano, rítmico y caractoso, juguetón, un poco timbeao también. El comienzo es un tumbao ampliado con una melodía que funciona de leit motiv durante los 4:33’ que dura la pista. Recuerda a las danzas de Caturla y Lecuona, a ese pianismo único de los siglos XIX y XX en los salones cubanos. Arthur es un poco de eso también, muy melódico por los instrumentos de viento que estudió en su formación en el conservatorio de música, pensativo y analítico por su formación teórica, y con su fusión natural entre el mundo clásico y el popular.

A La Isla Desconocida, llegamos, nos encontramos, y nunca salimos, lamentablemente. Es un llanto por lo que somos y dejamos de ser cuando pisar sus calles ya no es una realidad, cuando lo dejamos todo buscando un sueño, que quizás se cumpla, o quizás no. La melodía en la menor me recuerda mucho a ese empezar de Lo ves de Alejandro Sanz. Es un tema que me hace pensar en las bandas sonoras de los filmes cubanos de comienzos de este siglo, de telenovelas que vimos de niños; de la vida de cada cubano que pasa todos los días y no te enteras, hasta que sales de esa burbuja a conocer el mundo, y te encuentras con que lo de siempre y habitual en tu vida, es más desconocido de lo que pensabas. Un lugar al que siempre querrás volver, porque está inyectado en tus venas pero que te han arrancado para siempre de tu realidad. Así estamos y estaremos por algún rato, y Arthur lo siente en carne propia. Lo siente Charly Siaba, que está grabando este disco desde la sala de su casa. Lo sienten también Ana Tejeda e Hilaria Cacao, estoy más que segura. Un público tan íntimo, que también es protagonista de las historias que Arthur cuenta con cada nota improvisada.

En Duende con Mendó, el pianista talentoso saca a pasear sus nuevas vivencias en la música, viajando el mundo y captando como esponja todas las culturas de los países que conoce. Aun así, improvisa desde un tumbao cubano, lo que da a entender que no perderá su identidad jamás. Lo reafirma y lo canta. Es cubano en Japón, Australia, en donde sea. Es como un niño que incluye de todo en su proceso creativo, con corazón, con ganas, con ese Mendó que se clava directamente en nuestra idiosincrasia y del que no sabemos soltarnos.

Casi llegamos al final de esta historia con Norte, que representa ese sueño cumplido, la continuación de un camino que no ha sido fácil, pero sí fructífero, de un joven al que le queda un mundo por decir en la música. Son los sonidos que ha conocido en sus viajes pero, esencialmente, los sonidos de Estados Unidos, ese norte que lo ha acogido como un nuevo hogar, lleno de música y cultura. Son los sonidos del Soul, R&B, del jazz y la música negra más pura de New Orleans, de las vibras de Houston, las noches de élite en los bares de New York, son sonidos de canción; es el resumen también melódico de muchas frases de los temas anteriores. Es el paisaje improvisado a través de una progresión de acordes, de bajeos que conducen la melodía.

Fotos cortesía del artista

Arthur se siente libre, realizado y con muchas ganas de seguir conociendo y aprendiendo. Luego de tantos años ha encontrado su camino, por otros lugares, creciendo cada día, incluyendo sonidos a su imaginario. Tocando lo que siente, lo que vive y recreándolo en historias que, hace más de un año, nacieron por accidente en la sala más cósmica, especial y cubana de una calle de Houston.

He llegado a Santiago, reconstruyendo desde una nueva escucha la historia de Arthur Luis Álvarez, el pianista funkero de Cimafunk, el oboísta excepcional escondido detrás del jazzista, compositor, arreglista y también del maestro de música.

Con Live at Texas Avenue se abre un mundo de posibilidades musicales que marcan el inicio prometedor de una obra elocuente, sentida y bien bonita dentro de la carrera artística de Arthur. Sigamos soñando y cumpliendo sueños como este músico que para mí —y para muchos, seguramente— con esta primera producción es ya un cubano más universal.

foto de avatar Meily Téllez Siempre corriendo por la Habana. Una nerviosa que se duerme viendo series. Su tiempo es para la música y su familia. Sueña con producir y cantar en muchos escenarios. Una musicóloga con papeles queriendo ser muchas cosas... Más publicaciones

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  1. Nany Tapisquen dice:

    Excelente músico y persona. Hijo amigo. El mayor de los éxitos 👑

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