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Reseñas Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

Laurin Talese y el teatro de las historias vivas

Las molduras doradas del Teatro Martí en la Habana Vieja pueden contagiar los espejismos. El teatro neoclásico tiene algo, un espíritu, que traslada a otra época. ¿Si Billie Holiday, la lady del jazz, no se hubiera muerto hace 65 años en Nueva York, habría venido a cantar aquí?

En la sala hay al menos 200 personas repartidas entre los butacones del nivel bajo y los balcones. Sobre el escenario está la vocalista Laurin Talese. Muchas gracias, dice en español. Después lanza una ráfaga de historias en inglés que nos traduce una chica: “Escribí esta canción sobre el amor, hay tantos tipos de amor: amor por tu gato, amor por tus hermanos…”. Talese es jazzista, nació en Ohio, se enamoró de Philadelphia, cantó muchos otros géneros antes de descubrir la cadencia del jazz y este abril vino a Cuba. “…amor por tu otra mitad continúa—, y el amor que sientes por tus padres y también el amor por tu mejor amigo, que a veces escogemos como a nuestra familia, y de hecho esto es lo que dice esta canción: This Love.

Laurin Talese Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

“En Cuba tenemos un reto, queremos mostrar poblaciones vulnerables, a la comunidad afro, a las mujeres. Laurin Talese es especial porque tiene una historia muy importante. Es una mujer que está en el jazz, un género tradicionalmente de hombres”, explica Xavier Billingsley, agregado cultural de la embajada de Estados Unidos en Cuba. 

Hay mujeres que están en industrias que tienen números altos de hombres pero están trabajando fuertemente para representar temas de género. Mujeres con la capacidad de emprender su negocio, su arte y que escriben su propia música, ahonda Billingsley sobre por qué Talese celebra en La Habana el Mes de la Historia de la Mujer. Además de una agenda de conversatorios con jóvenes emprendedoras cubanas, la jazzista planificó dos conciertos en la Isla.

Aunque Laurin está en el Caribe sigue habitando otros espacios. Remueve los acordes de Night Song, de otra grande del jazz: Sarah Vaughan, y cuenta que hace tiempo la cantó en Colombia. Después salta al idioma portugués con Djavan. Canta Flor de lis sin torcer ni un solo tono, ni un giro de la bossa nova. Su voz corta como cuchillas de afeitar en las muñecas. 

“Quiero hacer otra canción para ustedes. La escribí junto a una de mis amigas. Éramos jóvenes cuando escribimos esta canción juntas; estábamos cada una atravesando una ruptura, y créanlo o no, éramos las mujeres las que estábamos mal; nos equivocamos; fuimos inmaduras e irrazonables. Escribimos esto cuando nos dimos cuenta de que fuimos tontas”. Cuando el público escucha Forgive and forget no lo sabe, pero está como rehén de un viaje. Talese los ha zambullido de golpe en el interior de su pasado. Y de su dolor.

Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

“No te vayas lejos de mí”. Parece ser el camino inevitable. Reconstruir un amor perdido con las notas del jazz. “Don’t go away from me”. Y la voz sale fresca, como recién empapada de olas y puesta a secar cuidadosamente en la arena.

“Cuando era joven todo era más fácil de categorizar, bueno o malo, pero cuando crecemos nos volvemos más sabios. Hay muchas cosas por el medio”, explica Talese acerca de las piezas musicales de su álbum más reciente Museum of living stories.

Habla también de su experiencia observacional creando este disco e incluso de otros matices que no dice pero están ahí, como la juventud, la afroamericanidad, las raíces interminables de los árboles genealógicos. “Algunas historias se las escuché a mis amigos, otras las viví y otras eran secretos y nunca confesaré de qué van en realidad”, anota.

Anything, Rain Song, Quiet, Centerpiece. Las canciones y los fragmentos esquirlados de vida y Laurin Talese y detrás, la pantalla con fotos antiguas, en sepia, fundiéndose en una cuadrícula del océano. Fotos que parecen aleatorias, de una mujer con lentes enormes, otra sosteniendo un cigarro. El close up a una sonrisa con dientes muy blancos, seis hombres alineados, con sombreros y camisas almidonadas, Laurin jovencísima ante el piano. El mar se mueve como si amenazara con desbordarse en la sala.

La jazzista le cuenta al público del aroma de la lluvia, de las noches insomnes con la garganta atravesada por la injusticia, por la rabia; entona muchas quejas a la muerte. Habla de cuando vio en los noticiarios cómo le habían arrebatado la vida a un hombre en la calle: “Y lo filmaron en TV, ¿cómo puede ser tan pequeña la vida de un ser humano [para] que se la quiten así?”. We carry on like normal, canta. Es un solo verso y contiene esa polisemia maldita de los músicos, que dicen en cinco palabras: vi morir a un hombre y el mundo siguió como si no pasara nada.

Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

Laurin Talese en el Teatro Martí. Fotos: Cortesía de la Embajada de Estados Unidos

“Tenemos una última canción —presenta—, la escribí para mis tías. Son tías que sueñan y te llaman al teléfono, y dicen: ‘Tuve un sueño sobre un pez ¿Hay algo que me quieras decir?’. Por eso les escribo a los adivinos: Soothsayers”. 

Acaba el concierto, todos aplauden. El teatro se vacía, el silencio empieza a embadurnar las paredes, las columnas. 

Es 2024 y Billie Holiday no está en el Caribe. Han pasado décadas desde la noche en que unas monjas la encerraron en una habitación con el cuerpo de una chica muerta, para castigarla. Décadas desde que rogó por un trabajo en Pod’s and Jerry’s y fue incapaz de marcar tres pasos de baile y dijo esas palabras “Seguro que puedo cantar ¿Pero qué de bueno tiene de eso?”. Ha pasado tiempo suficiente para escrutar su historia y enfocarla con decenas de luces distintas y revivirla en un escenario de Filadelfia, con la obra de teatro Lady Day at Emerson’s Bar & Grill y la voz de Laurin Talese. En este nuevo siglo, Talese y Holliday pueden abalanzarse juntas hacia “el purgatorio de los bares” y fusionar sus penas para inscribirlas al sonido único del jazz.

Es abril y Laurin Talese canta. El Teatro Martí respira entre los escombros del Hotel Saratoga, y La Habana está casi tan desierta como una sala sin función. Billie Holiday no está muerta.

Lorena Alemán Massip Más publicaciones

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