Ilustración: Alejandro Cuervo.
Ilustración: Alejandro Cuervo.

La Guarandinga. Capítulo 2: Musas y güijes

17 minutos / Rita del Prado

27.09.2021 / Artículos

La semilla de la idea nació literalmente sobre ruedas, y es que la sensación de viaje, de caminos por recorrer, ha sido siempre un signo de nuestro proyecto. O mejor, diría que ha sido una actitud del espíritu, en esa emoción compartida por conocer otros espacios, otros lugares, otras personas. 

El desplazarse de un punto a otro, de un pensamiento a otro, la vocación de vuelo, la libertad del movimiento en todo su sentido, ha sido un sello en esta aventura que bautizamos como La Guarandinga.

Era la media mañana de un día de abril de 2006, cuando el Dúo Karma y yo viajábamos en una guagüita por avenidas habaneras para cantar juntos en un evento organizado por el Centro Martin Luther King (CMLK), al que nos habían invitado. Durante el trayecto conversábamos sobre el Festival Internacional de la Canción Infantil Cantoalegre en Medellín, en el cual nos presentaríamos en octubre de ese año y la conversación se enfocaba en hallar un concepto para la nueva propuesta que íbamos a llevar.

Durante aquel coloquio tripartito rodante visualizamos que, durante esos días en Medellín, íbamos a compartir escenarios e ideas no solamente con colegas y público colombiano, sino también con invitados de Argentina y Brasil, cuyo trabajo estaba ligado profundamente a sus raíces culturales, y ya sabemos lo movilizadora que puede ser la ilusión de un encuentro con artistas de otras regiones. 

Terminada nuestra participación en el evento del CMLK retomamos la conversación en distintos momentos sobre el nuevo proyecto y después de pasar por varias posibilidades, llegó la iluminación. Crearíamos un espectáculo que recorriera los géneros de nuestra música cubana, enlazándolos a códigos lúdicos, a lo que añadimos  el gran reto: serán todas canciones originales. 

Lo que siguió fue investigar y  componer. 

Desde el instante mismo en que definimos la brújula a seguir, intuimos que estábamos emprendiendo un camino lleno de lindas vibraciones y de infinito aprendizaje. Muy temprano en la historia del proyecto sintetizamos el concepto esencial en la siguiente premisa: defender la identidad de manera divertida.

La elección de la imagen de la guarandinga como ícono identificativo nació también de los primeros encuentros. Inicialmente nos atrajo la sonoridad simpática de la palabra, y luego el símbolo que mezcla el desenfado con esa voluntad e ingenio del espíritu campesino, generador de semejante criatura mecánica, híbrido de tractor y guagua  para trasladarse entre montañas.  El hecho de viajar por las raíces culturales en un vehículo auténticamente cubano marcó una pauta expresiva y una especial energía. 

Pero la experiencia de crear en colectivo y defender un proyecto entrelazando inspiraciones e ideas no siempre resulta una empresa exitosa, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado durante varios años a la zona de confort de componer en solitario, como era mi caso, o componer como binomio autoral, siguiendo la sintonía de la pareja amorosa, como Xóchitl y Fito.

Digamos que el proyecto pudo haberse quedado apenas en un buen intento de colaboración y sin embargo resultó ser no solamente una vivencia divertidísima, sin tropiezos, sino también uno de los procesos creativos más fecundos y de mayor aprendizaje que me haya unido a otras personas. 

Creo que la fluidez de esta mezcla de musas triplicadas y güijes iluminadores se debió a que teníamos una especie de pacto tácito de respeto y libertad, donde los egos nunca intervenían de manera improductiva, porque cada quien aportaba lo mejor que sabía hacer y entregaba sus momentos más inspirados al proyecto, mientras las otras dos miradas hacían de contrapartida o seguían la lógica de una idea y aportaban elementos importantes. Estos roles se iban alternando sin que hubiera un decreto para garantizar la “democracia artística”. Simplemente sucedía de ese modo, dejando las individualidades a su aire creador, con una sensación natural de confianza de los tres en el equipo. Así se creó un estilo de trabajo permanente en el que cualquier ocurrencia viajaba de una mente a la otra como en un juego más y regresaba enriquecida a quien la había generado, de manera que el espíritu de estas canciones lleva un “ADN guarandinguero” que viene siendo algo mucho más profundo que la suma o la repartición de tres autorías.

Con independencia de quien compusiera cada canción, ya fuese en colectivo o en dúo o de modo individual, diseñamos juntos el proyecto en su conjunto, buscando variedad y equilibrio, elegimos los posibles géneros musicales, investigándolos y “casándolos” con distintos recursos de interacción de los juegos infantiles tradicionales. Por otro lado, dejamos que la imaginación creara personajes ligados a la fauna, la flora, el paisaje, las costumbres, las tradiciones cubanas, la idiosincrasia. 

En la medida que avanzábamos aquel proceso pasó de ser la gestación de una propuesta en función de un festival para convertirse en una necesidad de conexión creciente con la identidad, impulsada por la emoción de ser puente con el público de todas las edades. Nuestra música tan sólida en sus esencias, tan diversa, tan renovada de generación en generación, nos daba toda la confianza para reinventar lo aprendido, como quienes exploran una mina generosa bajo la certeza de hallar en cualquier rincón un montón de tesoros inspiradores. 

Fue totalmente deliberada nuestra intención de transmitir giros del lenguaje, referentes, localismos, contenidos desconocidos no solo para enriquecer oídos foráneos, sino también como un modo de autoconocimiento desde nuestra pertenencia a la cultura de la nación. Descartamos de antemano esa tendencia tan frecuente en el mundo de la canción infantil, que prefiere evitar las palabras “extrañas”, alejadas del habla cotidiana y sustituimos ese criterio por otra premisa que nos gustó mucho más: la música y el juego son buenos vehículos para enseñar lo menos visible, pues realmente una de las tantas virtudes de la infancia es precisamente el don de preguntar sobre lo desconocido y asimilar con avidez lo novedoso. 

El sincronismo de nuestro pequeño equipo guarandinguero también implicaba un consenso importante: proteger los instantes de recogimiento, mientras las obras y los conceptos no estuviesen maduros para compartirse y, a la vez, entender en cuál momento una canción o juego necesitaba probarse en público, o en un pequeño grupo, buscando retroalimentación.

Recordar esa etapa creativa me remite a una escena en casa de Xóchitl anotando a seis manos una lista de nombres propios lo más pintorescos posibles que rimaran con distintas regiones de este archipiélago para trazar un viaje en todas direcciones, con personajes que van y vienen de una provincia a la otra. De estas movidas múltiples por la geografía isleña, que suelen llenar las carreteras y los caminos, nació la canción tema del proyecto En guarandinga por toda Cuba.

Dicho sea de paso, nos encantaría que el público guarandinguero cuyas regiones no mencionamos, temiendo volver infinita la canción, sepa que por supuesto está incluido en nuestros afectos y, en todo caso, culpamos a los güijes que tal vez en aquellos momentos andaban distraídos saboreando coquitos y no nos soplaron, por ejemplo, una frase como “¿Dónde va, dónde va, dónde va Melissa? Va de regreso para Artemisa”.

Las canciones que fueron naciendo y perfilándose en nuestros talleres cotidianos comenzaron a divertir a las personas a nuestro alrededor y esta alegría espontánea fue acompañando el proyecto con naturalidad, iluminándolo de manera muy especial. Descubríamos en esas personas un gesto de identificación con el lenguaje guarandinguero, demostrando reconocerse en las palabras, los sonidos y los códigos humorísticos.

Había también un elemento que influía poderosamente en la creación, especialmente en los temas compuestos entre todos, y era el juego de las tres voces. No era nada raro en esa etapa vernos probando una armonía o alguna melodía de pregunta y respuesta por alguna calle de la ciudad, o en el tiempo de espera de alguna gestión de trabajo, o en momentos posteriores a presentaciones con otros colegas.  

Con las primeras canciones que estuvieron listas nos presentamos en la Sala Caturla del Teatro Amadeo Roldán, escenario que ya habíamos compartido desde la etapa prehistórica de Juglares y duendes y ahora servía de andén para abordar la guarandinga en su primer viaje con público. Siendo todavía pocas las obras del proyecto, en esa ocasión añadimos al programa algunas canciones y juegos de nuestras andanzas anteriores y convocamos a un público más bien cercano. La respuesta que recibimos fue sorprendente en el sentido más grato, o como decimos en dialecto guarandinguero: fue una sorpresa soñada.

Entre esas primeras creaciones estrenadas en aquel concierto, además de la canción tema, el son montuno En guarandinga por toda Cuba  y el chachachá Polimita y Chivo , también estaban las que siguen:

Mambo Congrí

A propósito de recetas, mezclamos varios ingredientes: por un lado la recreación de la sonoridad del género y por otro la “fórmula mágica” de nuestros tradicionales moros y cristianos o congrí (según el color de los frijoles), fórmula que descubrimos en el juego de pregunta y respuesta. Como en muchas otras canciones del repertorio guarandinguero, aquí tampoco faltaron homenajes.  

En el tema entrelazamos la evocación evidente del emblemático Mambo no.5 de Dámaso Pérez Prado con el guiño a una agrupación contemporánea: Vocal Sampling, en esas secciones onomatopéyicas de instrumentos de viento metal, a tres voces.Y el personaje de la cocinera nació tratando de imitar la risa contagiosa y la voz de una simpática guantanamera que desempeñaba este oficio en el poblado de Santa Catalina en el municipio Manuel Tames, a quien había conocido años atrás en mi paso por Guantánamo.

Controversia murcielaguina

El punto guajiro resultó una atmósfera propicia para recrear una contienda peculiar, donde un par de murciélagos belicosos, imponiendo sus respectivos criterios, se apropian de una de las múltiples variantes de la tonada campesina cubana. Este tema reverencia a esas célebres y geniales parejas de poetas repentistas, en especial a la de los legendarios Justo Vega y Adolfo Alfonso, cuyas controversias magistrales y apasionadas marcaron hitos en la música campesina cubana.



El potrico de la volanta

Un natural sentido de pertenencia a La Habana trajo a La Guarandinga un género de ida y vuelta: la habanera, con su aire dulce y melancólico, convertida en un juego de respuesta gestual con el público, más bien dirigido a edades tempranas que, por su atmósfera sosegada, pudiera funcionar en ocasiones como canción de cuna.

En su contenido, aprovechando la movilidad del personaje del potrico distraído, el texto recorre algunas calles de La Habana Vieja, que desde la época colonial tomaron su nombre de figuras y sucesos sociales, religiosos y militares. 

Estas primeras canciones se fueron deslizando en  otras presentaciones que teníamos en distintos espacios habaneros y sentíamos que, de algún modo,  encendían nuevas sonrisas de complicidad en el público.

Otro gran impulso de buena energía creadora fueron las giras a la región oriental del país, auspiciadas por el Instituto Cubano de la Música, entonces dirigido por Abel Acosta quien apoyó mucho al proyecto desde sus comienzos. 

A dichas giras nos acompañó un amigo cercano y querido, realizador radial y audiovisual, defensor a toda prueba de la cultura cubana, Felipe Morfa, a quien debemos, entre otras cosas, además de la compañía y la labor de difusión, gran parte del registro fotográfico de esos tiempos. 

Y no es caprichoso ni casual citar estas andanzas por tierras orientales, ligadas a la etapa de la creación, porque justamente en la cercanía con el público en su propio entorno recibimos esos maravillosos signos de alegría y aceptación que le dan el horneado final a las canciones nuevas. La Guarandinga definitivamente ya se desbordaba de los espacios privados de nuestros talleres, de nuestro público habanero más inmediato y comenzaba a salir a la luz que la había inspirado: la luz de Cuba. 

En Holguín, entre conciertos, subir y bajar las escaleras de la Loma de la Cruz y contemplar un memorable amanecer en las alturas, sellamos un lazo entre creación y realidad y reconocimos cuánta inmensidad se puede condensar en una frase de una canción. 

Lo mismo sucedió actuando en el decimonónico Teatro Manzanillo, y al respirar el aire del Golfo de Guacanayabo, o andar las calles, parques y plazuelas de Bayamo. 

Aunque ya habíamos estado en esos lugares en movidas trovadorescas antes de La Guarandinga, incluso antes de conocernos, regresar a la región, ya siendo su toponimia parte de nuestra obra, nos conectaba de una manera distinta y muy poderosa.  

Actuar en la comunidad campesina de Monjará, en el municipio Guisa, provincia Granma, y percibir la deliciosa ingenuidad del público al creerse que estábamos improvisando de verdad en la controversia murcielaguina, como los maestros repentistas, se sintió como jugar a “ser grandes”.

Muchas vivencias de aquellos días fueron fuente de inspiración de otras canciones que siguieron:  

En camino a Guardalavaca

En nuestro paso por la provincia de Holguín, antes de pisar las arenas de la hermosa playa Guardalavaca, por la carretera vimos a lo lejos la famosa elevación nombrada Silla de Gibara (semejante a una silla de cabalgar) y fue inevitable ponernos a «chapotear» sobre el asombro de Cristóbal Colón al llegar a nuestra tierra.
En esos días tuve un sueño nítido, diría que cinematográfico, con la imagen de la Silla de Gibara. Una vista panorámica tridimensional, a todo color. La veía desde arriba y de cerca, desde el prisma  de quien va en el lomo de una gaviota y nació en camino a Guardalavaca.
No niego la deuda estética de este tema con el grupo argentino Les Luthier en sus magistrales parodias de la historia, y añado la confesión de otra deuda no evidente que viene de una vivencia juvenil: durante los 80 nuestro entrañable historiador Eusebio Leal dio una de sus fascinantes charlas sobre identidad cubana y desde entonces yo guardaba en la memoria sus comentarios sobre el intento de Colón de rebautizar con el nombre de Juana a nuestra Isla, que por suerte no se concretó. Eusebio terminaba su charla diciendo: “Figúrense, jóvenes, ahora en vez de cubanos, nos llamaríamos juanos o tal vez isabelos”.

Raspadura y panela  

En la comunidad rural de Monjará encontramos un rústico cachumbambé, típico de los parques de aquellas zonas montañosas. La experiencia de jugar en él con los niños a quienes les habíamos cantado momentos antes fue un motivo que poco después habitó la canción Raspadura y panela que terminamos en Medellín, en paralelo con Sucu sucu de la cola, días antes del festival de Cantoalegre. 

Raspadura y panela, esa suerte de diccionario de términos cubanos y colombianos, fue de algún modo la canción de gratitud a la tierra que acogió por primera vez nuestra alianza y nos movilizó a trabajar intensamente para tener listo en pocos meses este panorama cultural cubano, resumido en un grupo de canciones y juegos; pero antes de llegar a esa estación de La Guarandinga que fue Medellín 2006, todavía en Cuba, nacieron otros temas. 

Empeliculados

El espíritu de la trova tradicional cubana fue el sustrato melódico y rítmico para esta libre adaptación del conocido juego: Sube el telón…Baja el telón… ¿Cómo se llama la obra? ; solo que, en esta canción , los términos se refieren al mundo del cine, aunque del original sí conservan el recurso de hacer malabares con palabras, jugando con sonoridades semejantes y significados inesperados. 


La conga del ciempiés

La obra más extensa de todo el repertorio de La Guarandinga resultó ser esta conga- canción que combina variantes rítmicas de la conga a la usanza de Santiago de Cuba y de La Habana respectivamente, y basa su dramaturgia en el progreso de las tandas de zapatos que se va calzando el personaje de La Ciempiesa Teresa, en medio del apremio de su esposo, el Ciempiés, angustiado por la inminente partida del tren que supuestamente van a tomar con destino a los carnavales de Oriente.
La semilla a partir de la cual desarrollamos esta historia, viene de una de las tantas agudas frases que decía con frecuencia la inolvidable y querida Teresita Fernández: “Quien tiene en su casa 40 pares de zapatos, una de dos: o tiene complejo de ciempiés o no le importa que 39 personas anden descalzas por ahí”. 

Luego de aquellos primeros momentos creativos en La Guarandinga finalmente el Festival Internacional de Cantoalegre nos recibió en sus escenarios de Medellín y otros espacios culturales de Antioquia, juntándonos con excelentes artistas invitados como Mariana Baggio y Martín Telechanski de Buenos Aires, y el Dúo Rodapião de Minas Gerais. Por esos días acudió el público colombiano de todas las edades, profesionales de la pedagogía, la música, la literatura, las artes escénicas. Qué conmovedor escuchar la palabra guarandinga pronunciada con picardía y ternura en voces y acentos distintos, como si estuviésemos dándole un código secreto a las personas que acudían a nuestras presentaciones para abrir una puerta peculiar a la cultura de nuestro país. La Guarandinga añadía por primera vez a sus colores, la alegría y el asombro de personas de otras latitudes.

Creo que durante esta etapa de gestación tuvimos la gran suerte de dar pasos coherentes de acuerdo a los momentos de maduración del proyecto. No siempre esto ocurre así, ni siempre está en manos absolutas de los artistas.

Como evidencian estos relatos, nuestra alianza creativa se alimentó desde el principio de magisterios iluminadores, de gente diversa, de momentos mágicos y de historias aprendidas.
La tradición musical nos ofrece todas esas vueltas de perfeccionamiento y síntesis que, a lo largo del tiempo, han aportado las manos cultoras de cada género, enlazadas al pueblo que busca su imagen en el espejo de la música y el arte.
De tales güijes y duendes, nació la savia que impulsó el comienzo del viaje de nuestra guarandinga. 

Rita del Prado

Habanera, trovadora, compositora y juglar Doctrina: Siempre crear Deporte: Cazar auroras. Desde siempre y hasta ahora me dedico a la canción. Los buenos públicos son los de todas las edades y voy de juego en verdades según pida la ocasión.

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