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Reseñas

La cubanidad según Eva

Fusión Cubana. Cubanidad “In Between”: La Escena Musical Alternativa Cubana Transnacional, el nuevo libro de la Dra. Eva Silot Bravo, hace una fotografía de “dos orillas” opuestas que se entrelazan; dos orillas que se hacen múltiples porque, aunque Miami sea la segunda ciudad con mayor población cubana, los músicos de la isla tocan en Quito, Lima, París o cualquier capital que les haga espacio, y la autora lo deja claro.

Eva Silot arranca con una frase que define en parte su texto: “La diáspora cubana está entre las cinco más importantes entre los latinos en Estados Unidos”. Ahí quedan expuestas ya dos orillas reconocibles, desde donde se desatan los extremos. La una ha intentado eclipsar a figuras de primer nivel como Willy Chirino, Paquito D’Rivera, Celia Cruz o Donato Poveda. La otra, aplasta discos en plena calle en protesta por conciertos en La Habana, o va con todo contra Los Van Van o Silvio Rodríguez.

Silot Bravo habla de esa Cuba que no es de un lado o del otro, sino del país que somos, queramos o no, porque compartimos la lengua, el congrí, los muertos o figuras altísimas de la música como la propia Celia Cruz, La Lupe, Olga Guillot, Miguelito Valdés, Arsenio Rodríguez, Pablo Milanés, Juan Formell y Tata Güines.

La autora además abunda sobre los músicos académicos, jazzistas y cantautores; aprecia a Pedrito Martínez con la misma organicidad con la que apunta a la obra de Boris Larramendi.

De modo que en Fusión Cubana. Cubanidad “In Between”: La Escena Musical Alternativa Cubana Transnacional, queda plasmada la experiencia de una mujer que fue diplomática de Cuba en las Naciones Unidas por siete años, se asentó brevemente en México, residió luego en Miami, y vive actualmente en Oakland. El análisis de Silot va más allá de lo meramente musical y revisa la mirada de las autoridades culturales desde la óptica racial, política, incluso sexual. En el texto, uno puede encontrar sucesivas referencias a lo que han hecho los músicos cubanos en los últimos 40 años, con las contradicciones lógicas, las disidencias, las incomprensiones y los estrepitosos signos de estolidez.

La imparcialidad no existe del todo, el adjetivo que escogemos nos coloca a un lado u otro. La Dra. Eva Silot Bravo, que vive en Estados Unidos, puede quedar expuesta, pero se las ve con las citas de uno u otro sitio, porque, aunque su campo de estudio es la música cubana fuera de fronteras, la verdad es que aquí las fronteras quedan atadas a un estadio que poco tiene que ver con la geografía. La cubanidad no ocurre ya en una isla, sino que la isla se ha ampliado. De ahí que tanto Yusa como Dafnis Prieto o Yosvany Terry lleven en sí la cubanidad que existe en Aimé Nuviola o Vanito Brown, y que en la Isla uno puede encontrar en un Vivanco o Ray Fernández, o en la rara nostalgia que se escuchó en Buena Vista Social Club.

El libro hace entonces ese análisis, mira desde una apertura hermosa la cultura y las influencias que en ella han tenido las sucesivas crisis, la caída de muros, las incidencias del mercado y otros aspectos extra musicales que influyen, queramos o no, en la música. 

Tiempo Libre, Yosvany Terry, los timberos, el Sonido de Miami, Aldo López Gavilán, Pedro Luis Ferrer y la carrera del extra clase Alain Pérez, se entremezclan en este análisis, donde queda claro que lo cubano no se ha quedado en la Isla; al contrario, en cada oleada migratoria ha salido en las guitarras, las congas, los bajos de músicos a veces formados en la academia o dueños de un acervo cultural profundo, sin más escuela que el barrio.

A la estudiosa no se le queda fuera el hecho de que el reguetón, con su cabeza negadora, con sus furibundos enemigos, conquistó una ciudad que en algún momento se le hacía difícil entender a los cubanos que llegaban de la Isla. Miami, que fue difícil para grandes estrellas cubanas asentadas en ese lugar, no pudo contra el influjo de los irreverentes reguetoneros que han terminado inevitablemente proponiendo una Cuba nueva, un hombre nuevo que nada tiene que ver con la propuesta clásica.

Definitivamente, este es un libro a tener en cuenta para comprender de mejor manera la música cubana hecha por nuestros artistas, estén donde estén. Un país que por mucho tiempo parecía ocurrir solo en su interior, ha resultado cantar en muchas partes sin perder su esencia, muchas veces a contrapelo con las ganancias. Silot lo ejemplifica al hablar de Habana Abierta, al exponer el hecho de cantar sobre Cuba y mantener una nacionalidad a riesgo de perder réditos. Quizá ahí esté parte de su naturaleza, en insistir, porque la cubanidad no les deja hacer ciertas “concesiones”.

Silot muestra en su libro que, desde lejos, los músicos —sin pensarlo tal vez— sacan el Matamoros que la Isla les puso dentro y son tan cubanos como el que se arregla el sombrero hoy en Jimaguayú (escuchando a Maluma). La autora invita a pensar a profundidad la música cubana de la diáspora, atravesada por la política, la raza, los encontronazos históricos, el mandato patriarcal, la sexualidad y esa necesidad de irse y, sin embargo, seguir siendo cubanos; como atados a aquello que Zygmunt Bauman llamó la dulzura de la pertenencia.

Rogelio Ramos Domínguez Escribidor de versos y canciones. Periodista a tiempo completo y sobre todo padre de Claudia Ramos. Más publicaciones

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