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Artículos Imagen tomada del blog de Juan Miguel Morales López/

Juan Formell: “Este amor que no se muere”

El gusto por Los Van Van es, posiblemente, el único punto de esa cosa inefable llamada cubanía que sobrevivió en equidistancia una vez que nos metimos de lleno en la polarización política. Es raro, pero raro de verdad, encontrar a un cubano o a alguien nacido en Cuba, por “patón” que sea, al que Los Van Van no le revuelvan el lado gozón o, si está lejos, el lado nostálgico. O ambos al unísono. El hombre que consiguió, quizás sin proponérselo conscientemente, ese milagro, se llamó Juan Formell Cortinas y se marchó del plano terrenal hace hoy una década. Nada fue igual desde entonces. Sobre su legado, sus influencias y lo que se le extraña, hablan aquí algunos de los más importantes músicos populares cubanos.

Manolito Simonet

Juan Formell significó mucho en mi carrera. Los Van Van fueron a tocar a Camagüey y, hablando allí con Formell, le dije: “voy para La Habana a trabajar; tengo una propuesta de tocar el piano con la Revé”. Él me dijo en ese momento: “¿Cómo vas a ir a tocar el piano con la Revé si tú eres un director de orquesta? Tú tienes que crear una orquesta en La Habana porque La Habana lo necesita; una orquesta como Maravillas de Florida, tú tienes la capacidad de hacerlo”. 

Realmente Formell le ha hecho mucha falta a la música popular cubana; no solamente a los músicos, también a los bailadores, que siempre tenían una nueva oferta salida de la creación de Formell. Yo pienso que hoy en día hay muy pocos creadores con el nivel de Formell.

Recuerdo que en Disneylandia, en Francia, tocamos juntos en un festival. Unos periodistas estaban detrás de él para hacerle una entrevista, pero imagínate, Formell acababa de llegar. Me dijo: “ya estos periodistas me tienen loco”. En el momento de empezar Los Van Van, los periodistas vinieron por la parte de atrás y le dijeron: “Formell, para hacerte la entrevista antes de que empiece la orquesta”, y les dijo: No, ya yo decidí otra cosa: que ustedes se paren allá en la consola y escuchen la orquesta, y escriban lo que les dé la gana. Y a mí me dejan tranquilo”. 

 

Issac Delgado

Yo crecí con la música de los años 70. Mi juventud la hice bailando con Los Van Van en la escuela; me considero un vanvanero de corazón. Y después que lo conocí, creo que le debo, le agradezco mucho que haya sido uno de los primeros valedores que he tenido como músico, como vocalista con una orquesta. Incluso tuve la suerte de que me hiciera una canción que se llama Ashé pa’ ti cuando salí de NG la Banda para que la cantara con Los Van Van en un programa de televisión; la tengo siempre presente para, en un momento determinado, hacer una versión. 

Formell es un artífice de la música popular cubana, ya se ha dicho mucho de él. El concepto de crónica que narró en sus canciones es un sello, una forma de hacer. Su ausencia se ha notado muchísimo, primero como líder, un líder nato al que todos nosotros íbamos a buscar consejo, una ayuda de cualquier tipo.

Van Van es el buque insignia de la música popular cubana bailable; posee la virtud de ser una orquesta típica y al mismo tiempo una banda de música popular bailable de nuevo estilo, porque él logró mantener los violines dentro de su agrupación y luego agregar los trombones; yo creo que es una manera de ver la música desde aquel momento con una visión de futuro; eso se extraña de Juan Formell. Se extraña su carisma, la amistad, el amor, lo que nos transmitió; y a 10 años nos parece mentira que eso haya sucedido porque la gente como él uno no admite que se te vayan del lado. Es una realidad que físicamente no está, pero está como un mentor con sus ideas, con todo lo bello que nos dejó Juanito Formell.

Cuando hicimos la gira con aquel famoso Team Cuba de la Timba, estábamos en París y me dijo: “Mi chama, te voy a hacer un regalo”. Y el regalo de Juanito fue que se sentó con la guitarra y me cantó el coro de El solar de la California, una canción que yo hice gracias a que él me regaló el coro, ¿no?: “Welcome to the Solar de la California, el de la calle Crespo between San Lázaro y Colón”. Me puso en un aprieto como artista, como compositor o como intérprete cuando me dio esa tarea de hacer una canción desde un coro y, además, me dio la satisfacción de poder ser coautor en un tema junto con él, es una canción de ambos.

Cándido Fabré

Ay, mamá, claro que sí. Juan Formell ha sido fuente de inspiración para muchos creadores y particularmente impactó en mí desde que yo era un estudiante de primaria. Ya yo escribía mis primeras canciones, pero al ir escuchando la música de Los Van Van y ver aquellas canciones tan contagiosas, me di cuenta de que estábamos en presencia de un hombre que vino a ser un motor impulsor para la música cubana, a darle un nuevo toque a la música popular bailable y eso impregnó en mí hasta el sol de hoy. Juan Formell llegó para quedarse y para darle vida y fuerza a los creadores, y yo altamente agradecido de sus influencias y su grandeza.

Anécdotas con Juan Formell tengo varias, aunque no convivimos en la misma ciudad, no compartimos tantas veces el escenario; pero hay una muy curiosa que me marcó y es que recuerdo que en algún momento hicieron un evento en La Habana, en el Karl Marx, que se llamó Irakere en Buena Compañía, donde los principales músicos iban a representar a sus agrupaciones acompañados por Irakere. Yo debía cantar El sombrero de yarey, pero el maestro Pachi [Naranjo] no presentó el arreglo, quiere decir que yo no tenía tema para cantar. En el repertorio que Irakere estaba tocando había un tema antológico, —no voy a decir ahora qué tema—, y en ese yo me iba a insertar. Al tratar de hacer lo que me tocaba, recuerdo que el maestro Oscar Valdés, Dios lo tenga en la gloria, me escribió una cuarteta y yo con mucho respeto le dije: “Mire, disculpe, yo no estoy acostumbrado a que me escriban nada, yo lo improviso; de todas formas, si no me queda bien, ustedes me dicen y yo me aprendo esta que agradezco que usted haya escrito”. Entonces cuando estoy improvisando en el montuno, interfiere Tony Calá, que era un gallo de pelea, se metió y tal vez me dijo dos o tres cosas, y yo que siempre he sido un guerrero de la tarima, le respondí, y ya la cosa se estaba poniendo un poquito caliente. Eso fue en el ensayo, y en eso se levanta ese hombre inmenso que se llama Juan Formell, a pedir, por favor, que él había venido y que se estaba dando el lujo de escuchar a Cándido Fabré con ese estilo de improvisación único, y él quería escucharme porque durante la noche ya no lo iba a poder hacer. Recuerdo que eso dio pie a que Chucho se parara y dijera: “José Luis —recuerdo que le decía José Luis a El Tosco, que Dios lo tenga en la gloria— dile a tu cantante que cuando Cándido está cantando, no lo moleste”. Eso es algo que me marcó tanto porque, que un hombre como Juan Formell se levante de su luneta y se detenga para decir que quería escuchar a Cándido Fabré con su estilo sin igual…, me llenó de mucho regocijo y me dio más confianza también. 

Juan Formell llegó para quedarse en mi corazón porque siempre supo reconocer lo que yo hacía, siempre supo estimularme. Un día que vinieron Los Van Van a Manzanillo, yo tenía catarro, un catarro terrible y recuerdo que le dije a Mayito: “No me llames, que estoy con fiebre, no puedo cantar ni nada”. Pero Mayito me llama y yo estaba que no podía, hice un poquito por “salir del paso” y le expliqué que tenía catarro, que no estaba bien, y Formell me dijo: “Estés como estés, eres Cándido Fabré”. Así era Formell, inmenso.

Alexander Abreu

Para Juan Fomell era muy importante la reacción del bailador. Él iba caminando a la delantera de generación en generación. Es por eso que su orquesta tiene tantos años y se mantiene hoy en los primeros lugares de la preferencia del público y, sobre todo, de muchos jóvenes que los mantienen vivos. Y eso es una de las cosas que he tratado de hacer a lo largo de los 17 años que llevo con mi orquesta: buscar la manera de evolucionar e ir buscando la forma de no quedar atrás, porque así mismo como uno se va poniendo viejo se va poniendo vieja la música, pasan generaciones y vienen nuevos creadores. Pero para Juan siempre fue muy importante esto, y eso es una de las cosas más grandes que yo he aprendido y una de las influencias más fuertes que tengo de él.

Diez años sin Juanito son diez años sin su obra, sin su maestría; diez años donde tendríamos que ir a buscar a los archivos para mantenerlos vivos. Son diez años de una pérdida muy grande para nuestra música. Diez años sin un motor que impulsa, sin alguien que se preocupa por el bienestar y la salud de la música cubana y de los músicos cubanos. Juan era nuestra bandera, era el hombre que siempre estaba discutiendo y defendiéndonos; son diez años sin él y, yo, personalmente, lo extraño mucho, lo extraño mucho mucho mucho.

Cuando le di el disco Pasaporte para que hiciera las notas, fue algo muy importante para él. Juan se pasaba la vida diciéndole a las personas que Havana D’Primera y Alexander Abreu eran los del momento, los que venían ahora mismo a sostener esta música. Cuando lo escuchó, me llamó y me dijo que el disco estaba genial y que le gustaban todos los temas. Su preferido era La celosa, porque era otro ritmo, se parecía mucho a las cosas que había hecho en su vida. Le gustaba mucho el coro “Pasa, pasa esta página”. Estaba muy emocionado con ese tema, pero me dijo que Se te olvidó quién soy yo tenía un coro muy largo, que para él ese tema no iba a funcionar para nada. Imagínate tú, que terminando el disco, el más grande te dice que ese tema tiene un coro muy largo. Pasó el tiempo y el tema funcionó, es uno de los que Havana D’Primera tiene como clásicos, se creó un estilo. A mí me costó mucho trabajo dejarlo, pero bueno, tuve que confiar en mí en ese momento. Pasó el tiempo y, cuando me vio de nuevo, me dijo: “Me ganaste, el tema funcionó”.

 Maykel Blanco

Juan Formell ha sido uno de los músicos que más ha influenciado en mi carrera, no solo en mí sino también en muchos músicos de mi generación y otras, con una claridad y capacidad tremenda para saber lo que deseaba el bailador. Como compositor tenía una creatividad espectacular; creador de un género que tanto ha hecho bailar a Cuba y al resto del mundo. Su manera muy peculiar de dibujar el bajo en la música popular bailable fue lo que hizo que desde niño tuviera esa admiración por el maestro. Tanto así que cuando fundé mi propia agrupación decidí defender el songo, claro está, desde mi perspectiva, pero songo al fín.

Su ausencia se siente desde el aporte que le brindaba a todos su creación y ser el motor impulsor que significaba tanto para su orquesta como para los demás. Para muchos también un hombro donde apoyarse con sus sabios consejos; además, fue un mensajero y mediador para defender criterios y necesidades que a veces no dependían de los músicos sino de las instituciones que nos representan, y al estar él por medio, por un respeto muy bien ganado, eran más tomados en cuenta.

Con el maestro Juan tengo unas cuantas anécdotas, creo que la más significativa fue la primera vez que le extendí la mano; sentí que le estaba dando la mano a un Dios de la música.

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